21/10/13


Aviso: este escrito es para personas libres de dogmas religiosos. Si eres un religioso sin poseer un base mínima de apertura mental, por favor trata de no leer lo que sigue, ya que podré herir tus sentimientos, lo cual, no es para nada mi intención. Solo escribo mis creencias como un Deísta más, de entre tantos.

¿Que es la Fe? ¿Cual sería la respuesta extraordinaria para esa pregunta extraordinaria?

La palabra Fe, proviene del latín, que significa "fider", "confiar". Y desde mi punto de vista, la Fe se encuentra directamente relacionada con la confianza depositada sobre algo o sobre alguien, respecto de los que estamos totalmente seguros de que existen pruebas extraordinarias que nos darán respuestas, igualmente de extraordinarias, respecto de aquella Fe, puesta sobre ese algo (un evento, un sujeto o un objeto), o sobre ese alguien.

La Fe mueve montañas, expresa un dicho muy extendido por el mundo entero. Pero, ¿que tipos de montañas mueve la Fe? Algunos de ustedes, a estas alturas, podrán estar respondiendo aquella pregunta, mediante el siguiente pensamiento: "Si, la Fe mueve montañas... pero de dinero". Con lo cual, en parte, estoy de acuerdo, debido a que, la Fe que no se deriva de la confianza virtuosa hacia algo o hacia alguien, la única manera de mantenerla "viva" es mediante la acumulación de adeptos a ella. ¿Y como se acumulan adeptos? Como históricamente se lo ha hecho, y que es hacer "creer", -bajo pena de recibir un cierto castigo divino "in aeternum"-, a un grupo masivo de personas, que; sus acciones, sus pensamientos, sus actitudes, sus vocaciones, sus desengaños, sus hipocresías, sus miedos, sus esfuerzos, sus trabajos, sus amores, sus familias, sus odios, sus rencores, sus destinos, sus desdichas, sus vicios, sus conquistas, sus felicidades... en resumen  sus vidas enteras; se encuentran bajo la "tutela inteligente" de parte de una deidad antropomorfa que obra, piensa y decide por ellos... y por sus vidas. En respuesta a ese miedo inducido, a "morir para siempre" bajo las llamas eternas del Infierno de Dante, las masas de personas, mantienen una pesada cadena psicológica unida firmemente hacia quienes les profesan esa Fe engañosa, pero además, como base principal para que esa cadena sea mas fuerte, les hacen rendir homenaje por cada suceso propio o externo, hacia un Dios invisible con forma humana, omnisciente, omnipresente y omnipotente. Un Dios... que se cree que existe. ¿Solo eso basta? ¿Solo basta creer? Si alguna persona dogmatizada por esa Fe irracional se animó a leer este escrito, le pregunto: ¿Solo basta con creer en la existencia de algo que nunca se vio, se ve, ni se verá? ¿Solo necesitan creer?

Hagamos un ejercicio mental. Si dirige su mirada hacia un objeto, si coloca su atención auditiva sobre una melodía, si descubre en su refrigerador un cierto alimento con solo olerlo, si puede definir y determinar la naturaleza de algo con solo tocarlo, si su lengua le dice que lo que está saboreando es bueno... ¿que es lo que usted está haciendo realmente? Simplemente, como podrá coincidir conmigo, se encuentra percibiendo por medio de sus sentidos, la propia realidad que lo rodea, pudiéndola definir casi con precisión, qué tipos de objetos componen esa que es, su realidad, por lo que, nada mas y nada menos, se halla aplicando una básica forma del Método Científico, el cual se basa en dos columnas fundamentales y que son: la reproducibilidad y la refutabilidad. Con la primera de las dos, usted lo que hace es determinar, categorizar, adjetivar o bien, definir un cierto objeto de prueba, mediante la repetición del método que esté utilizando para tal fin. En nuestro ejemplo, el cual es muy sencillo, solo se encuentra utilizando sus sentidos de modo de poder percibir y luego definir un objeto (o un suceso), mirarlo varias veces, escuchar esa melodía repetitivamente, oler de manera constante y creciente dentro de su refrigerador, tocar dicho objeto muchas veces o degustar algo por un tiempo prolongado. Esta primera columna del método científico, denominada: reproducibilidad, es la que usted se encuentra utilizando para lo anteriormente citado. En cuanto a la segunda columna, la llamada: refutabilidad, usted, mediante sus reiteradas pruebas empíricas sobre ciertos objetos -perceptibles por los sentidos-, puede cambiar de parecer respecto de aquellos, en la medida de que sus repeticiones -al usar sus órganos sensoriales- vayan agregando información para que refute o reafirme la definición exacta de dicho objeto. Pues bien, con estas dos pruebas, respecto del ejemplo citado mas arriba, usted se encontrará en una condición sine qua non de afirmar que, los objetos que percibió repetidamente por medio de sus sentidos, son de tal o cual naturaleza, y principalmente, en ese momento se haya con la autoridad empírica de afirmar la existencia de los mismos. Sus sentidos percibieron y definieron, para luego constatar la inequívoca -aunque relativa- existencia de dichos objetos. Su percepción le ha indicado que, debe creer sin dudar, que ciertos objetos, dentro de su alcance perceptivo, existen.

Ahora bien, ¿que se debe responder, cuando lo que se cree que existe, nunca pasó por el inevitable escrutinio de los cinco sentidos humanos? La respuesta, desde el punto de vista del dogmatismo religioso, de la propia teología, sería la siguiente: No es necesario percibir a la Fe por medio de los sentidos, ya que "la Fe es la certeza de lo que no se espera y la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1" o bien es "el asentimiento firme de la voluntad a una verdad basada sola y únicamente en la revelación divina".

¿Que les parecen dichas frases? Si bien las mismas han tenido incontables efectos "benéficos" durante muchos miles de años -y aún lo tienen hoy en día- sobre millones de personas en todos los países del mundo, -y sin olvidarme de los que perecieron en la hoguera por el único hecho de refutar esa mismas frases utilizando la razón y no el dogma-, en este siglo XXI, sin la Santa Inquisición (hoy denominada: Congregación para la Doctrina de la Fe) podemos afirmar, "sin miedo" a morir quemados, u otras atrocidades, que las frases citadas, no revisten ninguna lógica, ni invitación a que la esencia semántica de las mismas, sea corroborada, verificada y definida por medio de la percepción de los sentidos, ni mucho menos por la razón pura a priori, y ni que hablar por un análisis silogístico.

Entonces, lo que se cree que existe, es una indefinición en si misma, un acto puramente dubitativo respecto de algo, una dualidad afirmativa que a la vez es negativa, una simple duda sobre lo que en este caso es la Fe religiosa, la Fe en un Dios invisible. El afirmar: "Yo creo que Dios, y por ende la Fe, existen", se corresponde con una actitud dual sin fundamento empírico, revestida de una ambigüedad tal, de que, siempre que alguien pronuncie dicho pensamiento, se estará mintiendo a si mismo, adentrándose en el escabroso y peligroso terreno del autoengaño, de la falta de seguridad en dar una verdadera y razonable respuesta, (y nótese que escribí la palabra "una"), del pequeño sabor amargo que queda en lo mas profundo del pensamiento dogmático, de que pueda existir una mínima posibilidad de estar en el lado equivocado de esa dualidad, en el negativo, y tener que despertar un día, hacia una nueva espiritualidad sin un Dios invisible y sin una Fe en Él, y que inevitablemente tendrán que dirigirla hacia los hombres -en tanto que su universal-, o sea, hacia si mismos y hacia los demás, en lugar de mantener esa "confianza" en una deidad imperceptible y externalizada durante miles de años, por la acción ególatra de aquellos que necesitan mover ciertas "montañas".

El afirmar "Yo creo en algo" no habilita a ese "algo" para autoasignarse propiedades con el objetivo de "existir". Para que algo pueda existir, -es decir, ser definido, adjetivado, conceptualizado, delimitado, etcétera- únicamente el ser humano es el que tiene la posibilidad de usar la razón para ello. Ese "algo" en tanto que ente incognoscible e imperceptible, no es capaz de definirse, de adjetivarse, de conceptualizarse y de delimitarse a si mismo, ya que ese "algo" se corresponde a un objeto conceptual, receptor de la creencia de su existencia, y no así, de la "existencia de su creencia", o sea, -y explicando esto último-, de verificar, con nuestros sentidos -sumados al uso de la razón a priori, y sin olvidarme del método científico- de que ese "algo" exista para luego creer en él.

Recordemos que, el hecho de solo creer que existe algo, no determina la existencia de ese algo. El creer que Dios y la Fe existen, no determina la existencia de ellos.

Algunos me han propuesto lo siguiente: "¿y de los milagros que piensas? ya que hay milagros que la ciencia no los ha podido explicar, con lo cual, ahí reside la Fe". A los cuales yo les respondo con un simple pensamiento, y es que, los llamados "milagros" no pueden ser explicados por la ciencia... todavía. Lo que aquellos "representantes de la divinidad en la tierra" que manejan las "montañas de Fe", han creado como milagros, es debido a que la ciencia que debería explicar un cierto suceso que para ella, hasta el presente, es inexplicable, se debe lisa y llanamente a que la ciencia no se encuentra con la maduración metodológica suficiente como para dar una explicación a dicho misterioso evento. Por tal motivo, lo inexplicable, automáticamente se lo asocia -y ha sido así durante siglos- a una concepción dogmática que trata de explicar un evento mediante términos provenientes de la divinidad, el cual pasa a ser un hecho "meramente" Divino. Pero, nada mas alejado de la realidad, ya que, al citar el siguiente ejemplo, el concepto de milagro queda anulado de raíz. Veamos. Cuando la ciencia se encuentra en una encrucijada metodológica, trata de reiterar su trabajo de campo, hasta que una hipótesis quede totalmente demostrada. Pues bien, y yendo en dirección hacia el ejemplo, el mismo lo puedo definir de la siguiente manera (el cual es solo respecto de la maduración del método científico): Como sabemos, la mínima parte, la esencia constitutiva de la materia, es el átomo, el cual fue descubierto hace mucho tiempo, aplicando el método científico, basándose repetitivamente en aquellas dos columnas nombradas mas arriba. El resultado: la definición -en principio teórica, pero hace muchos años que también lo es empírica- del átomo, como un conjunto de partículas subatómicas que lo constituyen y lo definen. Dichas partículas constituyentes, a su ves, también se han podido definir, en lo que se denominan como sus propiedades intrínsecas (carga, masa, espín, decaimiento, etcétera). Con esto podemos ver que la ciencia ha podido definir la esencia del universo que es la energía, pero sin olvidar que la maduración científica es eterna, ya que, dentro de un tiempo considerable, serán descubiertas nuevas propiedades de la materia, y por ende de la energía. Ahora, volvamos en el tiempo, unos años antes a que se descubriera el átomo, a lo que yo pregunto: ¿Porque en ese momento, la ciencia -que de por cierto, se encontraba muy avanzada para esa época-, no podía darle explicación a la concepción esencial mínima de la materia? No podía explicarlo por el mismo hecho que hoy en día no puede explicar lo que el dogma denomina como "milagro", por la simple razón de que, en ese momento del pasado, no se encontraba con la suficiente maduración metodológica, como para darle una explicación a lo que hoy llamamos átomo. Luego de madurar o crecer metodológica y empíricamente hablando, la ciencia pudo al fin, arrojar Luz respecto de aquellos conjuntos de dualidades onda-corpusculares que le dan entidad al átomo. Lo mismo sucede con los "milagros". Debido a ello, es el que sea muy importante que las personas encadenadas a un dogma crean en los milagros, ya que mantendrán su Fe Divina, y por ende, sus mentores eclesiásticos... podrán seguir moviendo "montañas".

También recordemos que solo fueron seres humanos los que crearon la Fe, hace miles de años. Y son "los mismos" que hoy en día necesitan mantener las cadenas que atan psicológicamente a las personas, para que aquella "creencia en una cierta existencia", haga mantener su "imperio de montañas"... de confianza o de Fe. Las personas que mantienen ese dogmatismo carcelario, deberán hacerle caso a esa pequeña parte de aquella dualidad creacionista que nombré mas arriba, para poder abrir sus mentes cada vez más hacia la espiritualidad para con el verdadero Ser que existe, y que se tiene evidencias irrefutables de que se lo puede definir, adjetivar, conceptualizar... percibir... y que es el propio ser humano. La verdadera espiritualidad no proviene de aquellas "montañas de Fe", ya que dichas montañas se encuentran en el afuera, son externas a nosotros. La verdadera vida espiritual es con uno mismo, entendiéndose, conociéndose, viéndose a si mismo en el espejo de sus luminosas virtudes, así como en el espejo de sus oscuras pasiones, de manera tal, de que el primer espejo, algún día, refleje tanta Luz... tanta Luz (entiéndase Luz como sabiduría)... que el segundo espejo, sea inexorablemente transmutado en un nuevo receptor de virtudes, y aquellas oscuras pasiones desaparezcan para siempre.

Tengamos Fe, confianza, creencia en lo que existe, y no en lo que otros nos han dicho -o nos dicen, o nos quieran hacer creer- que existe. Tengamos Fe en nosotros mismos, como individuos, para luego tenerla hacia los demás.


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