6/5/13


Aviso: este escrito es para personas libres de dogmas religiosos. Si eres un religioso sin poseer un base mínima de apertura mental, por favor trata de no leer lo que sigue, ya que podré herir tus sentimientos, lo cual, no es para nada mi intención. Solo escribo mis creencias como un Deísta más, de entre tantos.

Cuando llegará el momento, en que el ser humano sea totalmente libre de razonar todo cuanto ocurre en esta tierra, cualquier tema o evento, sin depender primero de la acción aparentemente “telépata”, de una deidad antropomorfa, cualquiera sea esta, nunca vista, nunca escuchada, nunca presentida y un gran etcétera de “nuncas”. Lo único que se logra, esperando eternamente que dicha deidad “haga por nosotros” es que no lleguemos a confiar en nosotros mismos como sociedad, como seres humanos de razón, prosiguiendo simplemente, y por medio de nuestros ojos, mirando solo hacia el frente dentro de un templo material, en lugar de que nosotros seamos el templo receptor de nuestros propios ojos… de nuestra propia mirada espiritual.


Luego de que la humanidad aprenda a mirarse introspectivamente, sabrá mirar, hacia los costados… hacia los otros… hacia los demás… hacia los demás templos humanos, y no hacia el frente y dentro de un solo templo.

De todas maneras, si creo en que un proceso, una entidad creadora infinita, en tanto que ente incognoscible y no pensante, aunque eminentemente mental, nos ha dado la Posibilidad de creer en nosotros mismos; mas, no nos ha dado la esperanza o Fe; y para nada acepto (y esto fue un proceso natural en mi, desde mi infancia) que solo un grupo de hombres haya designado que debemos creer en una entidad pensante, con forma humana y ajena a nuestra especie; especie a la que tanto le ha costado evolucionar dentro de este enigmático y a la vez, maravilloso mundo.

Ahora, algunos me han propuesto la idea de que sin Fe (dogmática) no podré lograr la espiritualidad tan necesaria en estos tiempos de cambios y sufrimientos. Sin Fe en un Dios (externo a mi propio interior) omnipresente, omnisciente, castigador de “pecados”, etc., no podré soportar los embates de la vida, dicen. Pues a ellos les he respondido que nunca he estado más cerca de la espiritualidad que hoy día, debido a que he echado mano de aquella Posibilidad que hablaba antes, la Posibilidad que tenemos todos y que recibimos del Proceso Creador Causal y que solo algunos las saben utilizar, por desgracia. Es la Posibilidad de obtener la verdadera espiritualidad, que es la del autoconocimiento.

Existe una frase concebida unos dos mil años antes de Jesucristo, que reza lo siguiente: 

“Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses”.
Pues la posibilidad de pensar introspectivamente; relacionado a lo que estamos haciendo mal, para corregirlo y aprender de ello, y a lo que estamos hacemos bien, para mantenerlo como está o mejorarlo; es el gran Don que recibimos de la creación. La Posibilidad de amar a los demás como a uno mismo, la Posibilidad de ser tolerantes, la Posibilidad de ser libres de ataduras psicológicas, la Posibilidad de no odiar a los demás por el solo hecho de ser diferentes en cualquier sentido imaginable, la Posibilidad de ponerse en el lugar del otro antes de disponernos a juzgar, la Posibilidad de no renunciar a la lucha ante las adversidades, la Posibilidad de saber esperar con la mayor sabiduría posible ante lo que todavía no se nos ha dado, la Posibilidad de que como seres pensantes seamos dueños absolutos de aumentar nuestro nivel de autoconciencia. Tenemos la Posibilidad, y lo escribo con mayúscula, ya que eso es lo que se nos ha dado al momento de ser los transcendentales efectos de un Todo incognoscible y Causal.

Yo he escrito en una oportunidad, lo siguiente:

Cuando se ora a Dios, en el silencio de nuestra espiritualidad, ¿que es lo que realmente debemos pedir?

Si yo quiero salud, Dios me dará salud?, o me dará la posibilidad de ser saludable; si yo quiero un trabajo, Dios me dará un trabajo?, o me dará la posibilidad de conseguirlo; si yo quiero ser feliz, Dios me dará la felicidad?, o me dará la posibilidad de ser feliz... Es tan evidente! Siempre tenemos las posibilidades a nuestro alcance, todo el tiempo, en todo lugar, y a veces nos hundimos en llantos porque esperamos que se concrete el hecho que pedimos, sin saber que lo que tenemos a nuestro alcance, venido de Dios (tal y como lo conciba cada uno), es esa Posibilidad. Cuando el Hombre sepa identificar las posibilidades que tiene de conseguir todo lo que le pide a su Dios, obtendrá su salvación. En cambio, mientras el Hombre espere la manifestación de los hechos pedidos, no será salvo, no se librará de la condición indeseable en la que se encuentra. La salvación, ese liberarse de una condición que no queremos, depende de la capacidad que tengamos, de escuchar a lo que Dios nos da sin siquiera pedirle, porque Dios "sabe" lo que es bueno para el Hombre, y lo que es bueno, es el tener la posibilidad de actuar en consecuencia, y cuando digo escuchar a Dios, me refiero a entender lo que no vemos, pero que está, y que es la Posibilidad. Nada provendrá materializado luego de una oración, sino hasta cuando incluyamos en las oraciones, la necesidad de que podamos identificar, mediante la razón, las posibilidades que tenemos a nuestro alcance, y es cuando no las sabemos identificar, cuando no logramos ser salvos. Oremos, desde la palabra de cada uno, desde la humildad de la palabra, para que nuestra mente, nuestro uso de razón, sepa hallar lo que ese Dios interior ya nos ha dado, y nos seguirá dando, y que es esa Posibilidad. Nunca recibiremos hechos, solo posibilidades.

Posibilidad, Posibilidad, Posibilidad… tenemos la Posibilidad de mejorar como seres humanos, esa Posibilidad está en nosotros mismos desde los orígenes de la razón. Y justamente eso es lo que ha realizado el hombre -hombre en tanto que su universal- desde tiempos inmemoriales, el mejorar constantemente como especie humana, echando mano de esa Posibilidad; hasta que, comenzaron a aparecer las religiones, eliminando estas, y de un plumazo divino, el ejercicio de introspección individual, para relegársela a una deidad divinizada y creada por humanos... por ellos mismos!!!

Y de algo antagónico al autoconocimiento, provienen las diferentes formas de fanatismos que todos conocemos. El fanatismo deportivo, el fanatismo religioso, el fanatismo político, el fanatismo hacia los pseudo ídolos, etc., han llevado al ser humano, históricamente, a cometer las mayores atrocidades que esta nave nodriza, que es nuestra tierra, ha soportado. El fanatismo es lo antagónico al autoconocimiento, y por lo tanto, contrario a aquella Posibilidad de la que hablé mas arriba. Mientras halla fanatismo de cualquier índole, seguirá habiendo crueldades en este mundo.

El dios y el diablo, tal como lo conciben las religiones, no son más que personajes de ficción representando la maldad y bondad humanas. No existe ni el paraíso ni el infierno, en tanto que lugares físicos, siendo ambos, representaciones de estados mentales del hombre, ya que somos nosotros mismos los que estamos en uno u otro estado mental. Somos nosotros, y no un ser superior, los que tenemos la Posibilidad de salir del “infierno” para ingresar al “paraíso”. Somos nosotros, los que, por medio del autoconocimiento, tendremos las fuerzas para hacerle frente a nuestras bajas pasiones (infierno), para permanecer para siempre en la dignidad y el respeto para con uno mismo y con los demás (paraíso).

No esperemos sentados a que un Dios externo a nosotros responda por nuestras súplicas; mas allá de que el echo mismo de imaginarse y concebir una súplica u oración, es un buen acto de reflexión; porque, si la misma está orientada hacia una deidad externa, serán pensamientos totalmente desperdiciados y sin ninguna “contestación”. Las súplicas deben ser hacia nuestro Dios interior, hacia nosotros mismos… y conoceremos el Universo.

Desde mi punto de vista, al fin la razón superará al dogma.
No nos olvidemos nunca de que tenemos esa Posibilidad.



 

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