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06/05/2013
A este nuevo aspecto en el que me voy a explayar ahora, lo tomaré desde una perspectiva muy alejada de mi ser, donde aplicaré una total objetividad… dentro de mis humanas posibilidades, por supuesto, y como trato de hacerlo cada día.
Todos sabemos que el día 13 de febrero del año 2013, se desencadenaron dos eventos muy significativos para el mundo entero, concurriendo ambos en un lugar revelador… también para la humanidad; y que fue la renuncia del Papa Benedicto XVI y la caída del rayo sobre la cúpula de laBasílica de San Pedro, en el Vaticano. Tres coincidencias… dos eventos… y un lugar… todos muy manifiestos para mas de mil millones de cristianos en todo el mundo… en el mismo día. (Ver mi publicación anterior sobre este tema).
Esa pregunta que a veces dejamos inconscientemente relegada en un rincón de nuestra mente es: ¿porque solemos airarnos con el prójimo... con el próximo, solo por tener diferencias?... será que esa ira proviene de ciertas diferencias de pensamiento!!!... como por ejemplo, por diferencias sociales y culturales!!!... o por diferencias de credo!!!... o por diferencias del color deportivo!!!... o por diferencias políticas!!!... o por diferencias raciales!!!... o por diferencias de sexo!!!... o peor aún, por todas ellas en conjunto!!!
La ira y el odio generados inútilmente por esas diferencias, llevan al ser humano, a cometer necedades innecesarias y totalmente antagónicas a lo que debería ser una sociedad libre y justa. Libre de ataduras psicológicas (como las descritas arriba) y justa, en el sentido de que todos sus integrantes iluminen a los demás por medio de una fuerza muy poderosa, la cual, hoy en día, es pasible de un gran olvido y desinterés, y que es la Tolerancia. Y esto solamente para empezar a mejorar como sociedad!!!
Pues las enseñanzas milenarias de quien, entre muchos otros, fue un Gran Ser Tolerante, deben hacer reaccionar al ser humano mediante el uso del raciocinio, y no por el efecto de aplicar dogmatismos religiosos, que se terminarán derrumbando por su propio peso; y preguntándonos firmemente todos los días; valiéndonos de las enseñanzas de ese Gran Hombre de carne y hueso, hijo de la unión carnal de una Mujer y un Hombre (y no de una mujer y un espíritu), y Maestro de maestros, el cual fue Jesús; ¿el porqué a veces procedemos de tal o cual manera negativa con el prójimo, por el solo hecho de tener aquellas diferencias?... Las diferencias nos deben construir y no destruir, ya que, por una innegable naturaleza evolutiva (y no por el designio de una deidad omnipresente y antropomorfizada por religiones creadas por humanos) somos eminentemente, seres de razón, podemos pensar, sacar conclusiones, y hasta prevenir eventos futuros gracias a los hechos del pasado, con lo cual, razonablemente siempre podremos hacerle frente; sin confrontamientos pasionales, y solo por medio del uso del pensamiento objetivo; a esa tan inevitable diversidad humana.
Nelson J. Ressio.
Lo original salta a la vista. Lo original queda libre de toda incertidumbre. Lo original no solo se verifica en un solo aspecto de algo o de alguien, sino en todas las demás fachadas de ese algo o alguien. Lo original se distingue por sobre lo superficial, por sobre lo accidental, por sobre la mentira y la charlatanería; y con solo observar todo "lo demás", lo original siempre conlleva el sello de su propio creador o de su portador, y aunque ese sello no este explicito, o bien esté oculto bajo un infaltable velo de humildad, la originalidad siempre se manifestará de algún modo. El ser original es nuestra condición “sine qua non” que por medio de la cual, nos permite ser quienes somos, y no ser quienes quisiéramos ser, o quienes otros quisieran que seamos.
La originalidad y la humildad deben ir de la mano, ya que si se es original y no se es humilde, se cae en el error de creerse apoteótico, de pretenderse un ser superior a los demás, olvidándose por completo de quienes y cuan importantes son “los demás”. Pero, por el contrario, si esa originalidad va de la mano de una verdadera humildad, esas incontables “demás” personas originales y humildes… tendrán a uno más, entre sus atestadas filas. Y por consiguiente, el buen destino de la humanidad aún continuará teniendo esperanzas.
Nelson J. Ressio
En el vasto universo de la comprensión humana, nos encontramos constantemente ante la difícil tarea de abordar conceptos, actos, acciones, comportamientos, eventos, noticias, palabras, decisiones y frases. ¿Cómo es posible comprender y luego formar opiniones sobre ellos cuando, en principio, resulta arduo hallar verdades absolutas?
Cada individuo, al emitir o recibir un comentario, se enfrenta a una parte de la verdad, pero no a la verdad misma en su absoluta plenitud. Aceptar cualquier mensaje, opinión, acto, acción, comportamiento, evento, noticia, palabra, decisión o frase de otro ser humano como una verdad absoluta nos sumerge en uno de los errores cotidianos que cometemos a lo largo de nuestra vida.
Es fundamental comprender que, a raíz de lo anteriormente expuesto, solo alcanzaremos una aproximación a esa verdad absoluta cuando las distintas partes o personas que presentan sus propias verdades relativas logren consensuarlas en una única verdad razonablemente construida.
De esta manera, nos encontraremos frente a la mejor de todas las verdades. Aquellas verdades parciales, que se aceptan tímidamente, generan confusión, mientras que aquellas que se acercan a ser absolutas y son reconocidas promueven el entendimiento y el uso de la razón.
Como afirmaba en mi reflexión previa, la búsqueda de la verdad absoluta implica considerar las diferentes perspectivas que cada individuo aporta. Siempre encontraremos valor en la diversidad de opiniones y experiencias que conforman nuestra realidad. Al explorar múltiples puntos de vista, nos acercamos a una comprensión más profunda y enriquecedora de los fenómenos que nos rodean. Y para ilustrar esto, imaginemos una conversación entre personas de distintas culturas y trasfondos. Cada uno compartirá su visión única sobre un tema en particular. Aunque cada perspectiva pueda parecer parcial en sí misma, cuando estas se unen, se genera un mosaico de ideas que se entrelazan para formar una representación más completa de la realidad.
Es importante destacar que este proceso no se trata de diluir las diferencias entre las perspectivas, sino de reconocerlas y valorarlas como contribuciones valiosas en la búsqueda de una verdad más comprensiva. Al unir nuestras miradas y experiencias, logramos superar las limitaciones inherentes a nuestra propia subjetividad y nos acercamos a una aproximación más precisa de la verdad.
En el campo de la ciencia, por ejemplo, encontramos un claro ejemplo de cómo el consenso y la acumulación de evidencia nos acercan a verdades más sólidas. Los científicos plantean hipótesis y realizan experimentos para probar su validez. A medida que otros investigadores repiten y validan estos experimentos, se fortalece el fundamento de conocimiento y se avanza hacia una verdad más firme y aceptada por la comunidad científica. Y es así que, incluso en ámbitos científicos, es esencial seguir cuestionando y explorando nuevas ideas. Como afirmó el físico Richard Feynman, "La ciencia es la creencia en la ignorancia de los expertos". Esta perspectiva nos recuerda que incluso las verdades aparentemente sólidas pueden ser desafiadas y revisadas en pos de un mayor entendimiento.
En definitiva, la búsqueda de la verdad absoluta nos lleva a reconocer la importancia de la diversidad de perspectivas y la necesidad de construir un consenso razonable entre ellas. Al combinar diferentes visiones, podemos acercarnos a una verdad más amplia y enriquecedora. En lugar de buscar una única verdad definitiva, debemos abrazar la continua exploración y el diálogo constructivo que nos permiten expandir nuestros horizontes y alcanzar una comprensión más profunda del mundo que habitamos.
¿Quién decepciona a quien?
¿El sujeto que decepciona a otro sujeto, y que este cree ser receptor de esa decepción, y por lo tanto la acepta?
O, ¿Ese mismo sujeto, que cree que otro sujeto lo ha decepcionado, pero que éste último está convencido de no creer ser el emisor de esa decepción sobre el otro, aunque aquel se halle totalmente sugestionado de que éste, sí lo ha contrariado?¿Quién decepciona a quien?
¿Algún día habrá mas personas “a mi vista” con las suficientes “agallas” como para aceptar y reconocer sus errores? Y de aquí surge una pregunta muy corta y sencilla, ¿de que manera?
En primer lugar, aceptándolos, ya que estarán dando un claro ejemplo de poseer en sí mismos un ser de pura grandeza y credibilidad.
En segundo lugar, se aproximarán cada vez mas hacia la tan ansiada sabiduría, con el simple ejercicio repetitivo de ir aprendiendo de esas faltas.
En tercer lugar, podrán corregir lo que estuvo mal, y no tendrán que dar explicaciones apócrifas a cada tercero que se muestre “asombrado” por esa decepción, y que éste tercero le pregunte algo así como… “¿pero… que paso con?…” “¿y por qué estas así?”, etcétera, etcétera; respondiendo por medio de un talante engañoso (por parte de quien se siente “decepcionado”) y a cada tercero que le pregunte. Y al cual (a ese “supuesto decepcionado”) le llegará el momento en que la olla le reventará frente a su propia “moral y ética”.
Y en último lugar, de modo de corregir el mal rumbo, podrá reparar los daños, respondiendo a las cuestiones que se le planteen (antes de que se generen dichas decepciones) sin evasivas ni demoras, y siendo justos, retributivos y equitativos a la hora de pensar en el elemental brío de ciertas personas, y no suponiendo que éstas últimas son de hierro y su decepción solo “viaja en una única dirección”.
¿Quién decepciona a quien entonces?
Pues, habría que replantearse varias veces esa pregunta ¿no?… ¿Quién decepciona a quien?... ¿Quién decepciona a quien?... posiblemente, la decepción dé mas de un salto, y retorne, por su propia naturaleza y concepción, al que se siente decepcionado… debido a su íntima génesis delusoria.
Nelson J. Ressio.
01/11/2012
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