12/2/14

El gran filósofo, matemático y físico francés, René Descartes -también llamado, Renatus Cartesius-, se dice que afirmó alguna vez la siguiente frase: "Pienso, luego existo", la cual es la mas conocida y utilizada en diferentes ocasiones, pero existe una frase hallada en su famoso "Discurso del método", escrito en 1637, que expresa lo siguiente, al respecto de la anterior frase:
"Pero en seguida advertí que mientras de este modo quería pensar que todo era falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese algo. Y notando que esta verdad: yo pienso, por lo tanto soy, era tan firme y cierta, que no podían quebrantarla ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos, juzgué que podía admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que estaba buscando".
Por lo tanto, y en base a estas propuestas del gran Descartes, puedo llegar a afirmar lo siguiente, y sin temor a equivocarme, que no debemos olvidar de que el pensamiento es energía y que la energía es equivalente a la materia, por lo tanto, podemos llegar a concebir a nuestros pensamientos respecto de algo o de alguien, como un conjunto semi aglutinado de energía, provista de un nivel de masa significativo, muy ínfimo, pero masa al fin, y si nuestros pensamientos tienen masa... así como nuestra Tierra, por medio de su masa gravitacional, -basada en un cúmulo de partículas denominadas gravitones las cuales conforman en conjunto un campo denominado gravitatório-, por lo que, dicha masa gravitacional le pone un freno a la velocidad de escape, sobre esa fuerza centrífuga que hace que nuestra Luna siempre tienda a escaparse de nuestra vista (y en verdad lo está haciendo unos centímetros anuales)... nuestros pensamientos, enfocados éstos sobre algo o sobre alguien, ya sea sobre un problema, sobre una creación artística, sobre un sentimiento constructivo o destructivo... todos esos tipos de pensamientos masivos, por su intensidad, son los que nos hacen existir, ya que, de alguna manera estamos haciendo las veces de lo que hace nuestra Tierra con la Luna, es decir, atrayendo o reteniendo objetos, conceptos, personas... hacia nosotros... así como repelerlos también... entonces, debido a esta esencia masiva, mas allá de que la frase correcta es la que se indica en el segundo párrafo de arriba, la "equivocada" también define nuestra existencia en base al solo pensar, ya que pensando definimos, definiendo conocemos, conociendo interactuamos, e interactuando atraemos o repelemos... siendo nuestros pensamientos la única génesis de todo ello... por lo cual, existimos.

El tema de existir para luego pensar, me parece a mi, que todo existe si lo podemos definir con nuestros pensamientos posteriores a nuestra existencia. Todo lo que definimos existe, incluso a nosotros mismos, ya que, sino tenemos conciencia de nosotros mismos, no nos podríamos autodefinir y por lo tanto... no existiríamos... es decir, no hay otra opción que la de Descartes, desde mi opinión, ya que el que algo exista se corresponde con un pensamiento humano dejando de lado a toda otra especie sobre la faz de la tierra, por lo que el hecho de existir es posterior a la propia manifestación corporal del ser humano, o sea que, para poder existir, primero hay que pensar, y no al revés, siempre basándome en el hecho de que el pensamiento define, y al definir algo, ese algo existe.

Es simple, y estimo que debemos mantenernos en lo que expresó el filósofo René Descartes, ya que, pienso yo que, el existir está determinado por el poder de definir que tiene la mente humana, y nada más que ello. Sino somos capaces de definir, por ejemplo, nuestra propia existencia humana, en consecuencia, no podemos asignarle a ella, cualificación alguna, ni la adjetivaremos, ni la delimitaremos, ni le daremos entidad, y por ende, tampoco le daremos la esencia que se corresponde con la real existencia. 

Por todo esto, es ilógico, desde mi punto de vista, que hablemos de existir primero y pensar después, ya que, para poder darle entidad a una manifestación humana (u a otra cosa de este mundo y del universo) es menester el llegar a poder definirla en la mayoría de sus aspectos constitutivos, como detallé mas arriba. 

Por ejemplo, un perro no existe para si mismo, -ni por si mismo-, ya que él no se puede autodefinir, no puede darse ese aspecto entitativo que define su verdadera existencia, y solamente, este animal existe para los demás que lo puedan definir, adjetivar, darle entidad, etc., y que es el propio ser humano que lo piensa, que le da entidad y que lo define, para luego plasmarle dichas adjetivaciones sobre su manifestación en el mundo físico, y con ello, ese animal existirá, si y solo si, porque se lo pudo definir, ya que todo ente indefinido es a la vez indeterminado y por ende incognoscible. 

Si ningún ser vivo sobre la faz de la Tierra tuviera uso de razón, no habría existencia alguna, ya que ninguna criatura estaría en condiciones de definir nada en lo referente a su contexto. Comparen esta idea con la imposibilidad que tiene la percepción humana de captar objetos dentro de la franja del espectro electromagnético, lo cual se corresponde con las frecuencias que le dan existencia al infrarrojo, con que, dichos objetos, realmente están allí, pero como no los podemos ver, no los podemos definir, y por ende no existen para nosotros... ¡no existen!... por lo tanto, para que estos objetos bajo el espectro infrarrojo existan para nuestro uso de razón, es necesario poderlos percibir con ayuda extra, o sea, con dispositivos que potencien nuestros sentidos (como por ejemplo las cámaras infrarrojas) y al momento de percibirlos, a través de dichas cámaras, recién los definiremos y les daremos existencia. Por lo cual, es imposible razonar, desde mi óptica, en el que debemos existir primero, para posteriormente pensar, cosa que me parece que es totalmente ilógico y se escapa a todo sentido común. 

Y como buen ejemplo, al momento de morir, es automático y particular para la persona que falleció, que su cerebro deje de recibir sangre desde el bombeo de su corazón, es decir que, sin sangre no puede pensar, y por ende, no puede definir, y por consiguiente no puede darle existencia, ni a si mismo, ni a todo lo demás. Antes de que se quedara sin sangre, o sea, antes de fallecer, esta persona podía definir y dar existencia a todo y a si mismo, pero luego de la muerte, para ella, todo lo externo deja de existir, incluso su propio cuerpo. Bien se dice por ahí, cuando alguien fallece... tal o cual persona "dejó de existir a la hora ...."... ¿no?... bueno, es lo mismo, ya que, lo que lo hacía pasible de recibir la condición de ente existente, era su pensamiento, su ser, su ego, su yo... su Alma... y al desaparecer ese yo, esa persona no existe más, ni para él mismo, ni para el mundo que lo rodea (por lo menos, en este lado de su entrelazamiento), debido a que su esencia, su Alma, no se encuentra más dentro de él para poder autodefinirse y definir su entorno, para luego dar existencia a todo ello. Para nosotros, aunque muy triste, ese cuerpo, será un envoltorio material, nada más, ya que, lo que lo hacía existir era ese "no se qué", proveniente desde su Yo muy especial que lo hacía ser lo que era... Cuando alguien se muere, sentimos que ya no está más, debido a que su ser dejo de ser.

Primero debemos pensar, para luego existir, además de darle existencia a toda otra manifestación externa al ser humano. Debemos percibir una cierta realidad a través de alguno de nuestros sentidos (o con alguna ayuda mecánica para ellos) para poder tener el verdadero derecho que nos imprimió la creación alguna vez, de adjetivar primero para dar existencia después. 

Por todo lo anterior, y apoyando fuertemente la frase del filósofo Descartes, nunca la existencia se antepone al pensamiento, porque a la existencia la define el que piensa, por ende, éste último ser pensante es el que ocupa el primer lugar.

Nelson J. Ressio


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