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13/07/2023


En ocasiones, la realidad que nos rodea se muestra ante nosotros con una crudeza desgarradora, revelándonos aspectos del mundo que preferiríamos ignorar. Como afirmó el célebre psicólogo Carl Jung: "No hay iluminación sin oscuridad, ni conocimiento sin enfrentar las sombras". Es en ese momento, cuando nuestros ojos se abren a la tristeza del esclarecimiento, que nos encontramos frente a una encrucijada: ¿caminar con pies que no sienten el suelo, huyendo de la verdad, o enfrentarla valientemente, abrazando el conocimiento y la comprensión? Este dilema, permeado de profundidad y significado, es el punto de partida para adentrarnos en un viaje hacia el esclarecimiento, en el cual la tristeza se entrelaza con la esperanza, y la ignorancia busca ser iluminada por la sabiduría. Aquí, analizaremos la naturaleza de este viaje y reflexionaremos sobre su efecto en nuestra vida y en la sociedad que habitamos.

En el vasto panorama de la psicología humana, la tristeza juega un papel crucial en nuestro desarrollo y crecimiento personal. A través de sus lágrimas, se despliega una paleta emocional que nos conecta con nuestras experiencias más profundas. Como afirmó el renombrado psicoanalista Sigmund Freud: "La tristeza es como una puerta que se abre a las profundidades del alma, permitiéndonos explorar nuestras emociones más íntimas y desencadenando un proceso de autodescubrimiento". La tristeza, en su esencia, puede considerarse un eco emocional de nuestras experiencias y pérdidas. Es un recordatorio de nuestra vulnerabilidad y fragilidad como seres humanos. A través de ella, nos adentramos en las profundidades de nuestro ser, donde residen nuestras verdaderas pasiones, anhelos y miedos. La tristeza nos despoja de las máscaras que llevamos puestas y nos invita a confrontar nuestra autenticidad más genuina. En el ámbito de la psicología, se ha destacado el papel terapéutico de la tristeza. A través de su expresión y exploración, nos brinda la oportunidad de procesar nuestras emociones y sanar heridas emocionales. Como afirmó la psicoterapeuta Elizabeth Kübler-Ross: "El duelo es la forma en que nos curamos de nuestras pérdidas. Es a través de la tristeza que podemos encontrar consuelo y avanzar hacia la aceptación". Además, la tristeza nos invita a reflexionar sobre nuestros valores y prioridades en la vida. En momentos de profunda tristeza, nos encontramos en una encrucijada que nos permite cuestionar el propósito de nuestras acciones y reevaluar nuestras metas. En palabras del filósofo Albert Camus: "En medio de la tristeza, surge una oportunidad para redefinirnos y encontrar un nuevo significado en nuestra existencia". En el contexto de la psicología positiva, la tristeza también desempeña un papel importante. Al permitirnos experimentar la gama completa de emociones humanas, incluida la tristeza, cultivamos una mayor apreciación por la alegría y el bienestar. Como afirmó la psicóloga Barbara Fredrickson: "La tristeza nos permite saborear y valorar la felicidad de una manera más profunda. Solo a través de la tristeza podemos entender y apreciar plenamente la belleza de la vida". La tristeza en el amplio campo de la psicología humana es una experiencia enriquecedora y transformadora. A través de ella, nos sumergimos en nuestra propia esencia emocional, sanamos heridas, reflexionamos sobre nuestros valores y cultivamos una mayor apreciación por la vida. Al abrazar la tristeza como parte integral de nuestro ser, nos adentramos en un camino de autodescubrimiento y crecimiento personal, donde la comprensión y aceptación de nuestras emociones más profundas nos permiten vivir una vida más auténtica y significativa.

Al emprender este recorrido hacia el esclarecimiento, nos encontramos con poderosos símbolos y comparaciones que nos ayudan a comprender su naturaleza. Podemos pensar en el despertar como el amanecer de un nuevo día, donde la oscuridad de la ignorancia se desvanece gradualmente ante la luz del conocimiento. En este sentido, el proceso de esclarecimiento se asemeja al renacimiento de la aurora, donde el sol emerge victorioso sobre las sombras de la noche. Asimismo, el esclarecimiento puede ser considerado como un viaje al centro de nosotros mismos, donde exploramos las profundidades de nuestra psique y confrontamos las verdades incómodas que residen en nuestro ser. Esta travesía puede ser comparada con el mito de Ulises, quien emprendió un largo y arduo viaje de regreso a casa, enfrentando peligros y desafíos en su búsqueda de conocimiento y comprensión. Del mismo modo, en nuestro camino hacia el esclarecimiento, debemos navegar por los mares turbulentos de nuestras propias emociones y enfrentar las sirenas tentadoras del conformismo y la complacencia. En lo filosófico, el esclarecimiento nos invita a cuestionar las estructuras de pensamiento establecidas y a explorar nuevos horizontes de comprensión. Siguiendo los pasos del filósofo René Descartes, quien afirmó "Cogito, ergo sum" (Pienso, luego existo), nos encontramos en una búsqueda constante de verdades y significados más profundos. El esclarecimiento nos lleva a examinar nuestras creencias arraigadas y a desafiar los dogmas impuestos, en un esfuerzo por alcanzar una mayor autonomía intelectual y una comprensión más completa de nosotros mismos y del mundo que habitamos. Desde una perspectiva simbólica, el viaje del esclarecimiento puede compararse con el camino del héroe, descrito por el mitólogo Joseph Campbell. En este arquetipo narrativo, el héroe se aventura en lo desconocido, enfrenta pruebas y desafíos, y emerge transformado y enriquecido por la experiencia. De manera similar, en nuestro viaje hacia el esclarecimiento, nos encontramos con desafíos que ponen a prueba nuestra voluntad y nos confrontan para que superemos nuestros obstáculos internos y externos. Al final de este camino, nos transformamos en seres más conscientes, capaces de enfrentar la verdad y de trascender nuestras limitaciones. El viaje hacia el esclarecimiento es un proceso fascinante y profundo, donde nos encontramos con un rico tapiz de símbolos y comparaciones que nos ayudan a comprender su significado. Desde el amanecer de un nuevo día hasta el viaje del héroe, estos elementos simbólicos nos guían en nuestro camino hacia una mayor comprensión, autenticidad y sabiduría. Al embarcarnos en esta travesía, hacemos nuestro el desafío de conocer y de enfrentar la verdad, y nos transformamos en seres más plenos y conscientes de nuestro propósito en el mundo.

La tristeza, en su esencia, puede considerarse una musa que inspira nuestra búsqueda de significado y propósito en la vida. En el ámbito creativo, numerosos artistas, escritores y músicos han encontrado en la tristeza una fuente inagotable de inspiración. Como afirmó el poeta Rainer Maria Rilke: "La tristeza puede ser un puente hacia los reinos más profundos de nuestra creatividad, donde nacen las obras maestras". Desde el punto de vista psicológico, la tristeza nos permite conectarnos con nuestras emociones más íntimas y vulnerables, brindándonos una valiosa oportunidad de autorreflexión y autoexploración. En momentos de tristeza, nos sumergimos en las profundidades de nuestra psique, examinando nuestras experiencias pasadas, nuestras relaciones y nuestros deseos más profundos. En este estado de introspección, podemos descubrir nuevas perspectivas, encontrar respuestas y abrirnos a una mayor comprensión de nosotros mismos. Además, la tristeza nos insta a abrazar nuestra humanidad compartida y a desarrollar una mayor empatía hacia los demás. Al experimentar la tristeza, reconocemos que el sufrimiento y las luchas son parte integral de la experiencia humana. Esta comprensión nos permite conectar de manera más profunda con las emociones de los demás, fomentando la compasión y la solidaridad en nuestras interacciones. Como dijo el líder espiritual Dalai Lama: "La tristeza nos enseña la importancia de tender la mano a aquellos que sufren, de ofrecer consuelo y apoyo mutuo". En el ámbito de la filosofía, la tristeza nos invita a reflexionar sobre la naturaleza transitoria de la vida y de la impermanencia de todas las cosas. En la filosofía budista, por ejemplo, se considera que la tristeza surge del apego y del deseo insatisfecho. Al comprender la naturaleza efímera de las experiencias y la impermanencia de todas las cosas, podemos aprender a dejar ir y encontrar una mayor paz interior. En lo mítico, la tristeza ha sido personificada en numerosas figuras arquetípicas, como las sirenas que atraían a los navegantes con su canto melancólico o las ninfas de los ríos llorosos. Estos mitos nos recuerdan la poderosa influencia de la tristeza en nuestras vidas, así como su capacidad para seducirnos y sumergirnos en estados emocionales profundos. La tristeza, lejos de ser simplemente una emoción negativa, puede considerarse una musa que nos inspira en nuestra búsqueda de significado y autenticidad. A través de su poderosa influencia en el ámbito creativo, psicológico, filosófico y mítico, la tristeza nos invita a explorar nuestras emociones más profundas, a conectar con los demás en un nivel más humano y a reflexionar sobre la naturaleza transitoria de la vida. Al abrazar la tristeza y permitir que nos guíe en nuestro camino, nos abrimos a un mundo de belleza, autodescubrimiento y crecimiento emocional.

Desde una perspectiva filosófica, el esclarecimiento nos invita a cuestionar nuestra propia existencia y a explorar el sentido de la realidad. En las palabras del filósofo alemán Friedrich Nietzsche: "Aquel que lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en uno de ellos. Y si miras por mucho tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti". Esta cita ilustra la necesidad de enfrentar las verdades incómodas y los desafíos existenciales que el esclarecimiento nos presenta, sin caer en la trampa de la negatividad o el nihilismo. El esclarecimiento nos lleva a adentrarnos en los laberintos de la mente y a cuestionar las estructuras de pensamiento que hemos aceptado como verdades absolutas. En este sentido, podemos citar a Immanuel Kant, quien nos insta a "atrévete a saber" y a liberarnos de la tutela de la autoridad y la ignorancia. El esclarecimiento nos anima a desafiar las creencias arraigadas y a buscar respuestas por nosotros mismos, en lugar de aceptar pasivamente la información que se nos presenta. Asimismo, el esclarecimiento nos invita a explorar los límites de nuestro conocimiento y a reconocer la finitud de nuestra comprensión del mundo. Siguiendo los pasos del filósofo existencialista Jean-Paul Sartre, podemos afirmar que la búsqueda del esclarecimiento implica un constante acto de creación y reinvención de nuestro ser. Sartre nos recuerda que somos seres en constante devenir, con la capacidad de trascender nuestras circunstancias y elegir nuestro propio camino hacia la autenticidad y la libertad. En lo simbólico, el esclarecimiento puede ser comparado con el mito de Prometeo, quien desafió a los dioses al robar el fuego y entregárselo a la humanidad. Esta transgresión simboliza la búsqueda del conocimiento y el poder transformador del esclarecimiento. Así como Prometeo enfrentó castigos y sufrimientos por su valentía, aquellos que se aventuran en el camino del esclarecimiento pueden enfrentar la resistencia de las estructuras establecidas y las fuerzas del conformismo social. En el ámbito psicológico, el esclarecimiento nos invita a explorar nuestras propias sombras y a confrontar nuestras limitaciones y miedos. Siguiendo la teoría del psicólogo suizo Carl Jung, el proceso de individuación implica la integración de los aspectos oscuros y desconocidos de nuestra psique, lo cual requiere valentía y autoconciencia. El esclarecimiento nos desafía a enfrentar nuestras propias contradicciones y a reconocer nuestra responsabilidad en la creación de nuestro propio destino. El esclarecimiento nos invita a cuestionar nuestras creencias, a explorar los límites de nuestro conocimiento y a enfrentar nuestras sombras internas. Desde una perspectiva filosófica, simbólica y psicológica, el esclarecimiento representa un desafío constante de autodescubrimiento y crecimiento personal. Al adentrarnos en este camino, nos enfrentamos a la posibilidad de la trascendencia, la liberación y la transformación interior.

En el tejido de la sociedad, la tristeza del esclarecimiento nos confronta con la indiferencia y la ignorancia de aquellos que se aferran a la comodidad de la ilusión. La tristeza del esclarecimiento puede ser comparada con la historia de la caverna de Platón, donde los prisioneros, encadenados desde su nacimiento, solo pueden ver las sombras proyectadas en la pared frente a ellos. Estas sombras representan las ilusiones y las falsedades que se les presentan como la única realidad. Al igual que los prisioneros de la caverna, aquellos que eligen ignorar el esclarecimiento se aferran a una versión distorsionada y limitada de la verdad. Prefieren permanecer en la comodidad de sus creencias y opiniones preconcebidas, rechazando cualquier información o perspectiva que desafíe su visión del mundo. Como resultado, se vuelven insensibles a las verdades incómodas y a las realidades más profundas que subyacen en la existencia humana. La tristeza del esclarecimiento también pone de manifiesto la paradoja de la libertad y la responsabilidad. En palabras del filósofo francés Jean-Paul Sartre: "Estamos condenados a ser libres". El esclarecimiento nos confronta con la responsabilidad de elegir, de tomar decisiones conscientes y de enfrentar las consecuencias de nuestras acciones. Sin embargo, muchos eligen huir de esta responsabilidad, prefiriendo refugiarse en la comodidad de la ignorancia y la falta de compromiso con el mundo que les rodea. En este contexto, la tristeza del esclarecimiento nos muestra el contraste entre aquellos que despiertan a la realidad y se sumergen en la búsqueda de la verdad, y aquellos que se contentan con vivir en una superficialidad engañosa. Es como si existiera un abismo entre ambos grupos, donde los esclarecidos caminan por un sendero empinado y rocoso, mientras que los indiferentes flotan en una burbuja de inconsciencia, ajena a las verdades más profundas y significativas de la vida. La tristeza del esclarecimiento también nos lleva a reflexionar sobre el papel de la educación y la difusión del conocimiento en la sociedad. La falta de acceso a la educación de calidad y la desigualdad en el acceso a la información pueden perpetuar la indiferencia e ignorancia de muchos. Es fundamental promover una educación que fomente el pensamiento crítico, la curiosidad intelectual y la apertura hacia nuevas perspectivas. Solo a través de la educación y la conciencia colectiva podemos superar la tristeza del esclarecimiento y construir una sociedad más justa y consciente; en fin, nos confronta con la indiferencia y con la ignorancia que prevalecen en la sociedad. Nos muestra la brecha entre aquellos que buscan la verdad y la profundidad de la existencia, y aquellos que se contentan con vivir en una realidad superficial y engañosa. Esta tristeza también nos llama a reflexionar sobre el papel de la educación y la difusión del conocimiento en la superación de la indiferencia y el despertar de una conciencia colectiva. Al enfrentar esta tristeza, podemos abrir las puertas hacia una sociedad más consciente y comprometida con la búsqueda de la verdad y el crecimiento humano.

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26/10/2020


El individuo nace de su antigua persona al haber elevado su conciencia; mientras que la persona que se mantiene en un estado de estasis respecto de lo mismo, sin poder individuar, no logra actuar sobre sus egos. 

El individuo es Terrenal y Universal; mientras que la persona es únicamente Terrenal. 

El individuo ve la utilidad del vacío existente dentro de una jarra; mientras que la persona solo ve a la propia jarra y no concibe las propiedades de su vacío. 

El individuo es Uno con la Naturaleza y con los demás seres humanos; mientras que la persona es uno con su individualismo. 

El individuo entiende a la pobreza de espíritu como una consecuencia de la riqueza de desvalores; mientras que la persona no entiende ni transforma sus propios desvalores por no comprender su pobreza de espíritu. 

El individuo entiende su lugar en el colectivo humano y natural; mientras que la persona no llega a construir su fundamental sentido de interrelación con el entorno. 

El individuo permanece en el centro y a la vez es dueño de sondear los extremos pero jamás deja de retornar hacia el centro; mientras que la persona es eminentemente extrema y descentralizada de la esencia que nos ha impreso la naturaleza desde tiempos inmemoriales. 

El individuo, aunque virtuoso en muchos aspectos, es humilde; mientras que la persona, solo se desvalora con cada uno de sus pasos, y además, no conoce la humildad. 

El individuo vive del silencio escuchándolo todo; mientras que la persona habla de todo sin llegar a vivir para escuchar nada. 

El individuo contempla la Luz desde su humana oscuridad; mientras que la persona surca por su propia oscuridad destemplando a toda Luz que esté a su alcance. 

El individuo es consciente de que el contenido es más importante que el contenedor; mientras que la persona, instintivamente, exalta el contenedor por sobre su contenido. 

El individuo ve a los ricos y a los pobres como iguales; mientras que la persona no se percata de los pobres a la par que mantiene su atención egóica sobre una constante comparación con los ricos. 

El individuo mira; mientras que la persona, ve. 

El individuo escucha, mientras que la persona oye. 

El individuo es silencioso porque ha desarrollado una constante charla hacia su interior; mientras que la persona es imparablemente ruidosa porque no le es posible entablar una mínima relación de dominio conversacional respecto de sus egos. 

El individuo logra pasar desapercibido; mientras que la persona ostenta sus trofeos sobre su efímero podio de indiferencias. 

El individuo debe desaparecer para poder llegar a ser; mientras que la persona, por medio de sus máscaras inconscientes, infructuosamente intenta ser como respuesta a sus ansias de nunca desaparecer. 

El individuo tiene porque carece; mientras que la persona carece porque tiene. El individuo no desea nada, y por ello tiene todo; mientras que la persona desea todo, y por ello no tiene nada. 

El individuo es un pensador basado en el constante análisis de su "Si Mismo" como punto de partida para construir su sabiduría; mientras que la persona es un conocedor enmarcado en el incesante escrutinio de los "si Mismos" de terceros. 

El individuo es introyectivo; mientras que la persona es disruptiva. 

El individuo ni alaba y ni concibe ser alabado; mientras que la persona vive para obtener sus cuotas periódicas de alabanzas y de ese modo poder continuar con su acostumbrada dosis diaria de muerte. 

El individuo entiende la escases y el sufrimiento como el principio de la abundancia y la felicidad siendo consciente de que todo es cíclico; mientras que la persona busca con arduo empeño a la abundancia y a la felicidad y huye de la escases y del sufrimiento porque no entiende de que todo es cíclico, aunque ese ciclo dure varias vidas y varias muertes. 

El individuo no fuerza ninguno de los hechos de posible suceder para que las cosas ocurran tal y como él no lo ha pensado, siendo dichos hechos, sus esperados acordes; mientras que la persona existe en el vano esfuerzo diario de que los hechos aún no ocurrentes se le manifiesten de una u otra forma inimaginable tal y como él lo ha pensado siendo dichos hechos, sus inesperados discordantes. 

El individuo, sin estar presente, es parte de todo y de todos; mientras que la persona que intenta estar presente en todo no logra ser parte de nada ni de nadie. 

El individuo piensa en no acaparar nada, y por eso puede obtener todo; mientras que la persona acapara todo lo que esté a su intelectual alcance, y por eso no tiene nada. 

El individuo hace de su existencia una religión, en donde su único Dios se constituye como el "politeísmo" de su "Si Mismo"; mientras que la persona hace de su religión una gran parte de su anhelada y múltiple existencia en donde su único Dios es el que proviene desde un lugar muy externo a su incomprendido "Si Mismo". 

El individuo piensa que sabe lo que siempre piensa; mientras que la persona cree que sabe lo que del exterior le ha provenido. 

El individuo muere una y mil veces para llegar a ser; mientras que la persona necesita tener para no morir una y mil veces. 

El individuo conlleva la sabiduría de la Nada gracias a sus constantes pensamientos sobre el Todo; mientras que la persona arremete con la intelectualización del Todo aunque no logre obtener la sabiduría de la Nada. 

El individuo comprende y aprehende el vacío de la Nada y por ello se siente constantemente satisfecho; mientras que la persona en todo momento se halla en un estado de insatisfacción por el hecho de no hallarle lógica alguna al vacío. 

El individuo sabe que el vacío existe porque algo lo contiene y por ello se centra en la impermanencia del contenedor para seguir conociendo todos los vacíos posibles; mientras que la persona no entiende la importancia del vacío porque ronda los extremos de la necesidad de la permanencia del contenedor, tal como si una copa fuese más importante que el vino en su interior o que el cuerpo humano fuese más importante que los actos altruistas derivados de él. 

El individuo entiende a la vida eterna a través de sus actos y ejemplos, por el hecho de ser; mientras que la persona busca el tener como para instaurar una falsedad inconsciente respecto de lo que considera inaceptable, es decir, su propia e inevitable muerte. 

El individuo sabe que la muerte es un tránsito hacia un nuevo individuo debido a que el vacío debe ser comprendido desde la vida siendo un nuevo cuerpo, su nuevo contenedor; mientras que la persona conoce o cree que la muerte es el final, y que después de ella no hay nada más que oscuridad, por el hecho de que no ha logrado comprender la importancia del vacío y su necesidad de un contenedor recurrente. 

El individuo sabe que ignora, y por intermedio de ello no ignora lo que sabe y por lo tanto sabe lo que debe saber a cada momento; mientras que la persona cree que sabe o cree que no ignora y por ello no sabe lo que sabe y no sabe lo que ignora y como consecuencia no logra llegar al saber, sino que mas bien, al creer que cree, y al creer que conoce, y por lo tanto sus momentos están repletos de creencias y no de sapiencias. 

El individuo trasciende los límites de su Si Mismo sin siquiera intentar trascenderlos; mientras que la persona, al imponerse límites, nunca conocerá su posibilidad de trascendencia y nunca logrará mirar y actuar más allá de aquellos.

Este Nuevo Mundo, que comienza el 1º de enero de 2021, no necesita personas... necesita más individuos.

Nelson J. Ressio.

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02/03/2019

Dibujo hecho por mi, en el año 1982.

Hoy he escuchado una frase que está consiguiendo destruir a las familias en todo el planeta, y la escuché en un lugar, respecto del cual, por el momento, no lo recuerdo, mas que nada, quizás, debido a la inmensa cantidad de fuentes de información diversas que tenemos a nuestro alcance todo el tiempo, y que al final del día, uno termina mezclando dichas fuentes, si es que no fuimos lo suficientemente previsores, como para dejar plasmada dicha frase y su fuente, en algún lugar de nuestros propios registros; del mio en este caso particular.

Pero, vayamos a la frase, porque es la que logra teñir de rojo escarlata, a este mundo de hoy en día. Y la mencionada frase, debido a que, mas atrás en el tiempo, la he escuchado, quizás con algunas variantes que no afectan al verdadero sentido semántico de dichas frases, las cuales, en esencia, se las pronuncie como se las pronuncie, si se respeta un determinado constructo semántico, todas se refieren a expresar hacia -y sobre- una tercera persona, el mismo significado. Por ejemplo, he escuchado, o visto, o leído, a una mujer casada, estigmatizar a su marido, con el estereotipo peyorativo y malvado de denominarlo "machista", sin tener en cuenta, de que dicho marido, es muy posible que sea, no solamente todo lo contrario a un machista y a un feminista, sino que, ese esposo, marido, novio, etcétera, pueda ser que sea un verdadero "Famillista", y con esta palabra, Famillista (mi ideal, un tanto utópico de una familia bien construida y mantenida en todos sus aspectos que la definen); creo que es una palabra inventada por mí, porque el diccionario me indica que está mal escrita; pero, de todas maneras, se entiende, y además, se me dio la gana de crear una nueva palabra, ¿existe algún impedimento al respecto? Pues, para mi, no; y les expresaba que, el ser un varón Famillista, es intentar, dentro de nuestra imperfecta humanidad varonil, exaltar lo mas importante que existe en este planeta; la Familia; y que esté con la mayor cohesión familiar, de valores morales, de virtudes, y de amor verdadero y expresivo, por sobre todas las cosas, y entre todos los miembros, ya sean, padres y madres, con su hijos; o si quieren todo desorganizado, en cuanto al orden de exposición de mi lista precedente, el amor verdadero y expresivo, reitero, entre hijos, primero, y consecuentemente, hermanos, hacia sus padres, madre y padre;... en definitiva, es lo mismo, el orden no altera el producto, y un inquebrantable viceversa.

Ahora vamos al otro "lado" de la familia de los mayores, en este caso, el padre, diciéndole a su esposa; munido por el mismo adjetivo "descalificativo" y maléfico, de que ella es una Feminista, por el hecho de que, quizás, el padre entiende una determinada situación, desde su propio y subjetivo punto de vista; y con ello, no comprende el punto de vista de la madre/esposa, porque ambos puntos de vista, el del esposo y el de la esposa; siempre en este segundo caso; no son mas que proyecciones de la mente de uno mismo, proyectada sobre la mente del otro; es decir que, lo que piensa el padre, respecto de la madre, en este caso, de que es feminista, es una proyección de la mente del esposo, sobre la mente de la esposa, pero el verdadero significado semántico se da en la mente del padre, o esposo, y no en la mente receptora de la madre o esposa, debido a que, la madre, en este caso, no va a hacer feminista, porque el esposo se lo diga, o se lo grite, porque la madre o esposa, solamente, es una mera pantalla blanca receptora del pensamiento del padre o esposo; y entonces, quizás, y si analizamos a la madre o esposa, nos encontraremos con una verdadera "Famillista", que intenta, por todos los medios imperfectos, pero perfectibles, y posibles, de que la cohesión y el crecimiento saludable de su familia (esposo, esposa, e hijo/a/s) sea la mayor de sus responsabilidades Famillistas, tal como con su esposo, en donde, en la primera explicación, yo  lo ejemplificara. 

Y no solamente, la familia completa debe ser "Famillista" de manera de que, dicho trabajo entre comillas, y de forma solitaria, lo lleve a cabo, solo uno, o bien el otro, del subconjunto de los padres, dentro del conjunto familiar; todo lo contrario, porque ambos padres también podrían llegar a ser unos verdaderos y poderosos Famillistas, ambos, al mismo tiempo, y estarían en una verdadera conjunción, y dichas conjunciones, se corresponden con mis palabras "mágicas", relacionadas a la familia, y que hacen que las mencionadas familias, sean muy unidas, y lo sean, para siempre, sin que la disyunción aparezca jamás.

De todas maneras, ahora viene la parte en donde les podría bajar al ánimo, a los lectores de este artículo, debido a que, la sociedad actual, banal, simplista, ególatra, materialista, obsesiva, y podría decir, sin llegar a equivocarme nunca, hasta ser una sociedad portando una verdadera "maldad encubierta e inconsciente"; sociedad que necesita lo que no necesita; que necesita ser feliz con lo que no la hará feliz; que se corrompe, porque los demás se corrompen; y que corrompen a los demás, para no cargar solos, con su propias culpas resultantes de sus actos corruptos, debido a los eventos futuros respecto de los que se dedican a pergeñar, solitariamente, en sus oscuras y húmedas noches de pesadillas. Pues esta misma sociedad; la misma que, en una muestra, el 85% de una gran cantidad de personas, se ríe de un niño moreno con una gran sonrisa de felicidad efímera, porque está sosteniendo un gran y rico repollo; esa misma sociedad, es la que, constantemente; y la mayoría de las veces, sin darse cuenta, debido a que, su conciencia casi inexistente, y sus egos exaltados, los hacen desconocedores de la verdadera esencia humana; es esa sociedad maldita, la que logra convencer a los padres o esposos, a los que se basaban en aquella palabra, quizás, inventada por mi, es decir, el "Famillismo", para luego, actuar en consecuencia, y fundados en una gran astucia, similar a un verdadero animal que lleva carroña para su madriguera, y digo similar, porque en estas personas, malvadas, prevalecen los actos egóicos, por sobre los actos basados en la "desconocida" conciencia elevada. Por lo tanto, y como consecuencia de lo anterior, la Sociedad Malvada, logra atraer para sus fauces, a padres o esposos, con hijos en casa; para que piensen que, ni uno y ni el otro, ni el padre y ni la madre, son ambos, "Famillistas", sino que desean que piensen y se convenzan de que son, Machistas o Feministas, según el caso; y en base a ello, los padres o esposos, ahora convertidos en "Ex-Famillistas" (inventé otra palabra, ¡y compuesta!), debido al constante e innecesario contacto social corruptor, comenzarán a creer, por ejemplo, la esposa y madre empezará a convencerse, de que su esposo es un "simple machista", en lugar de seguir convencida de la realidad, y que es que su esposo es un convencido Famillista o cohesionador familiar nato y necesita de que las Piedras familiares estén todas en su lugar; y lo mismo sucede, si lo miramos desde el otro punto de vista, desde el esposo y padre, ya que si éste comienza a ser convencido, "gracias" al accionar de aquella sociedad corruptora, de que su esposa, madre de sus hijos, es feminista, en lugar de lo que era hasta ahora, su actual y propio autoconvencimiento de la verdadera realidad, es decir, de que su esposa, es una verdadera y practicante Famillista, y protectora de los valores familiares.

Cuando esto sucede, cuando la sociedad maléfica, anteriormente descrita, logra absorber a un "Famillista", ya sea al esposo, o a la esposa, o bien a ambos, y estos últimos no logran darse cuenta de este tipo de Abducción Social, es decir, no se percatan en absoluto, de que están siendo absorbidos por aquella maldita sociedad repleta de "simios con comportamiento complejo", la ruptura familiar de estos esposos e hijos, esta asegurada, será un hecho a todas voces, y la sociedad, en su conjunto, emitirá su juicio, el cual les servirán para aplacarle sus propias y ahora eternas culpas, eso si, aplacarlas temporalmente (y lo lamento si ya vendiste tu alma al diablo), y son las culpas aquellas, las que les dicen:
"¡Esta bien, si, hahaha, es cierto, por donde te cruces, siempre hay alguna persona que tenía una familia completa, y ahora, los esposos -padres- de esa familia, ya se separaron, y sus hijos andan sueltos, de acuerdo a donde los lleve el viento, de aquí para allá! ¡Es que... ya somos grandes ¡vieja!, hay que ser felices y divertirse... nosotros, los padres separados [convertidos por la sociedad maléfica, de "Famillistas" a los calificativos ignorantes y propio de simios, de "machistas" o "feministas", para que de esa manera, la familia se corrompa por la única acción de ella misma, porque se confunden las virtudes, con las mentiras provenientes desde la sociedad malvada], y es esa misma sociedad la que dice, por dar un mínimo ejemplo, ¿!debemos salir, y divertirnos un poco mas no!? Eso de estar al cuidado de la cohesión matrimonial, y por ende y como consecuencia directa, de la felicidad, de la salud y del futuro casi asegurados de los hijos, gracias al fortalecimiento de la relación del esposo con la esposa, y viceversa, ¡cansa un poco, ¿no?! Mas vale, dejemos a un lado a los machistas o a las feministas, y dejemos a los que en realidad eran Famillistas, en casa, o donde sea, de veletas, que se los lleve el viento mientras tomamos cervezas, porque la cohesión de la familia, no es lo importante ¡no!!! ¡¡¡Lo importante es pasarla bien!!! No importa que se debilite la unión matrimonial, ya es hora de divertirse, no importa que los hijos fracasen, si los padres estamos para eso, para divertirnos, mientras nuestros hijos, volando por ahí y por allá, hacen algo, lo que pueden y tienen a su alcance, quizás venderán manzanas en el mejor de los casos, o porros, en el peor, y algunos son pisoteados mientras venden lo que tengan a mano, y luego fracasan, y luego dejan de divisar sus efímeros y utópicos horizontes de su posible e imaginado futuro,... y luego se ¡suicidan!!! ¡Viva la diversión de nosotros los grandes carajo! ¡abajo a los machistas, abajo a las feministas!!! [y en base a lo anterior, no se dan cuenta que están aplastando a los Famillistas de ambos sexos, esposo y esposa, y por ende, arruinando el futuro de sus hijos, y de la familia completa], pero, no pasa nada, dejemos que la sociedad nos invite una cerveza, porque, quizás, "debería salir más, con mis amigos de 50 o 60 años", [mientras lo mas importante, la unión matrimonial se termina destruyendo, y con ello, por obvias razones, la familia completa], pero ¡vayamos al bar de la esquina porque es hora de divertirse, y dejemos a estos machistas o a estas feministas que se queden con sus futuros hijos fracasados, encerrados, mirando las pantallas!!![mientras los sigue acaparando aquella sociedad maléfica]".
Y por lo tanto, el sufrimiento de los que menos deberían sufrir; y por los que somos Famillistas, y por los que daríamos la vida: nuestros hijos, también está asegurado, y sellado mediante un sello de madera de Cedro y subconformado por una esponja de aleación de goma absorbente de tinta reforzada con una aleación de algo de Titanio. Es decir, el sello de: "Familia destruida", quedará entrecruzado en el final de la última hoja del libro familiar, para siempre, por no haber tomado la decisión correcta, o por no haber luchado, para elevar nuestras conciencias, como padres, y que, tanto, el padre, como la madre, intenten tener casi el mismo nivel de conciencia, porque, de lo contrario, de la disparidad de niveles de conciencia, provienen en las conocidas desavenencias, y la posterior absorción acechante, del padre o de la madre, -o de ambos-, por parte de aquella sociedad malvada,... la que "solamente quiere divertirse".

Como expresó Jean Jaques Rousseau: "El Hombre es bueno por Naturaleza; es la sociedad quien lo corrompe". ¿Que mejor simplificación  del tema expresado mas arriba no?


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15/12/2017


La indignación que me causa la incomprensión de la gente, respecto de ciertos temas, es atroz, teniendo en cuenta que las evidencias, y mas que ellas, cuando las pruebas están a la vista, y aunque se las muestras varias veces, aún así, siguen sin comprender. Y dichas pruebas se corresponden con el mundo de los eventos y de las cosas, hablando en general, simplemente para que se asimile lo que quiero que comprendamos entre todos en este nuevo artículo.

Tal y como lo he expresado en otro lugar, un buen ejemplo del entendimiento torcido y evasivo de ciertas personas es cuando, por ejemplo, en lugar del evento y la cosa real, lo reemplazamos por un evento y una cosa ficticia, para que nuestra comprensión sea mas amplia, antes de continuar leyendo este artículo, y de mi parte, tratándolo de escribir de la mejor manera posible. El ejemplo que mencionaba antes es el siguiente: "¿Porque será que a algunos, les muestras una manzana, les preguntas que es, y responden, que es una camisa azul con botones rojos?". La raíz semántica de la frase anterior, encerrada entre comillas, se corresponde con la constante tergiversación automática del entendimiento del receptor de un determinado mensaje, y basados en la anterior frase, terminamos preguntándonos, o bien, exclamando ¡pero si yo le mostré una manzana y únicamente le pregunté que era lo que veía! ¡Obviamente que la respuesta correcta es: manzana! Entonces, ¿porque, determinados grupos de personas, expresan cualquier otra cosa, en lugar de: manzana? ¿Porque ese intento, aparentemente instintivo y de auto-protección, de no poder llegar a esgrimir una respuesta lo mas cercana al respecto de lo que se pone en consideración a través del núcleo mismo de la pregunta? ¿Porque no se responde, simplemente: manzana? Pues bien, la respuesta, desde mi punto de vista, no se responde como debería responderse, debido al ruido e interferencia mental que generan los prejuicios, las subjetividades, basados estos en una pobre vida de virtudes y en una ausente vida dedicada a construir el intelecto. Esa es la respuesta lo mas objetiva posible, que esgrime mi elocuencia escrita, del porque ciertas personas no ven manzanas donde hay manzanas, y todavía afirman, con total autoridad, o bien, con una autoridad auto-proclamada, de que esa es la verdad, la pura verdad, y nada mas que la verdad; y que la persona que muestra la manzana, y al mismo tiempo, la misma que pregunta: ¿que es esto?, con el objetivo de obtener la respuesta que es la evidentemente correcta; dicha persona, esta última, "es la que está equivocada", y no así, la que da una respuesta apócrifa a cada cuestión que se le presente ante sus narices autoritarias.

Si bien, el comportamiento mas plausible o correcto, ante aquel escenario, anteriormente expuesto, luego de ser receptores de una respuesta errónea ante una cuestión tan evidente, es el de, literalmente "cerrar nuestra boca", saber detenernos a tiempo, y luego, continuar con nuestros quehaceres diarios de la vida en lo que nos concierne a cada uno. Con lo anterior nos damos cuenta de que hay ciertas personas que no son capaces de comprender a otras, aunque estas últimas sean tan elocuentes y evidentes por si mismas, tal como una manzana, con el resultado de que habría en este mundo, infinidad de capas de entendimiento de una cierta realidad, realidad que es evidente a todas luces, ya que no me refiero aquí a ciertas realidades mas complejas, oscuras y escondidas a la Luz de la razón humana, las cuales requieren mas tiempo y esfuerzo, individual o cooperativo, para aplicar el método necesario, de manera tal, que nos ayude a arribar hacia una verdad lo mas objetiva posible, tal como si fuera el fruto de un árbol de situaciones y de cosas, mucho mas complejo que el que aquí deseo poner en tela de juicio crítico, y con una esperanza de comprensión cada vez mas amplia por parte de todos. Por ello es que aquí intento analizar lo evidente, ese objeto de estudio que no requiere de metodología alguna para obtener una determinada verdad respecto de él, sino que requiere, simplemente, el uso de los 5 sentidos, mas el sentido común de vez en cuando.

Por lo tanto, y en base a todo lo anterior, pregunto nuevamente: "¿Porque será que a algunos, les muestras una manzana, les preguntas que es, y responden, que es una camisa azul con botones rojos?"

Y ante toda respuesta errónea a toda pregunta evidente, si bien no nos queda otra opción que alejarnos de ese impulso de querer obtener la respuesta obvia: "manzana", el silencio será nuestro siguiente accionar, con cada intento de explicar el porque una manzana es una manzana, el receptor de la pregunta intentará confundirnos con re-preguntas y con frases ad hominem, con lo cual, nos veríamos envueltos en una vorágine léxico/semántica interminable, y con las consecuencias que todos podemos llegar a imaginarnos, sin tener que detallarlas aquí. En definitiva, ante una situación como la planteada, la segunda acción, luego de obtener una respuesta incorrecta a una pregunta obvia, es huir lo mas pronto posible, no porque no queramos iluminar a dicha persona empecinada en decir que la manzana que le mostramos no es una manzana, sino que, debemos huir, debido a la negativa implícita, -encerrada en elucubraciones apócrifas respecto del objeto en evidencia-, de dicha persona, en querer comprender, lo que no puede, por la misma razón de lo que yo nombraba unos párrafos mas arriba y que resumo como la falta de virtudes morales y éticas sumada a la ausencia de todo intelecto, frente a la supremacía del individualismo, las banalidades, el simplismo, la ausencia de empatía y la creencia que la felicidad eterna es lo único que debemos anhelar en la vida, evitando con extremo fervor, todo sufrimiento que proviene del mejoramiento de uno mismo. Es como intentar clavar un clavo en la pared para poder colgar un cuadro con una bella pintura de una manzana a punto de caer sobre la cabeza de Newton; la pared y nuestros músculos deben sufrir, antes de que podamos disfrutar de una bella y elocuente pintura. Pues, estas últimas personas, intentan colgar sus cuadros sin martillo, sin clavo y menos que menos, sin dañar la pared, con la potente intención y la ferviente creencia, de que, aún así, obtendrán la felicidad al disfrutar de la belleza del cuadro "colgado por ellos", sabiendo que este último, se vendrá abajo ni bien despeguen sus manos de los marcos. Para disfrutar de la belleza interna, debemos utilizar un buen martillo y, de seguro, varios clavos, porque a veces, las paredes se resisten, y los clavos se doblan, uno tras de otro, por lo que, nuestra perseverancia nos llevará a buen puerto, y el cuadro lucirá firme, por mucho tiempo.

Por lo tanto, el querer colgar un cuadro, con solo presentarlo por medio de nuestras dos manos, sobre la pared, esperando que el cuadro no se caiga al soltar las manos, es lo mismo que expresar que una manzana no es una manzana luego de mirarla. Para dar la respuesta correcta a todo esto, para poder colgar el cuadro, y para poder expresar, que la manzana mostrada, es en realidad una manzana, no puede hacerse jamás, sin una cuota de lágrimas de nuestra parte, sin dejar un poco de nuestro ser dentro de la esencia de dichos objetos, y para ello, es necesario acercarnos a las virtudes y a alejarnos de los vicios, acercarnos a la moral, a la ética, al estudio, a la filantropía en silencio y sin ventilaciones hipócritas, al uso del silencio interior, al cultivo del intelecto, al alejamiento de lo banal y del simplismo, y a la práctica y cultivo constante de nuestro carácter, lo cual debe englobar y regir a todo lo demás.

Entonces, basado en todo lo anteriormente expresado, me voy a referir a un suceso de la vida real, el cual nos ha tocado vivir muy de cerca, y para nada me dedicaré a preguntar "si una manzana, al verla, o mejor aún, al mirarla, el receptor de la pregunta es capaz de expresar que es una manzana, o por el contrario, es capaz de esgrimir una respuesta errónea sin vacilar, como por ejemplo, que dicha manzana mostrada, es una camisa azul con botones rojos". Ahora, expondré un ejemplo de la vida real, y que nos ha tocado vivir de cerca, muy de cerca, y además, para que todo lo anterior se contextualice y se comprenda mejor.

Hace un buen tiempo ya; yo diría que hace mas de un año; vengo denunciando un acto totalmente banal, egoísta, inescrupuloso, riesgoso, repleto de desvalores implícitos, cargado de contenidos relativos a las pulsiones mas primitivas del ser humano, al igual que todo otro ser que tenga la capacidad de reproducirse, sobre la faz de la Tierra. Dicho acto, tuvo un emisor y un receptor; siendo el primero de ambos, una persona de unos 40 años, de sexo masculino, quien fue el que envío lo anteriormente citado, hacia un receptor, también de sexo masculino, de 13/14 años de edad, es decir, un niño, el cual se encontraba reponiéndose de 3 meses de quimioterapia. El emisor, de aquella bajeza moral y ética, descrita de manera implícita, mas arriba en este mismo párrafo, junto con quienes lo apoyan, no pueden distinguir que "hay una manzana en la palma de mi mano"; por lo que, contrariamente, lo que logran ver (porque ni siquiera miran), es una construcción significativa propia, tal como un fundamento correcto para todo contexto semántico que se encargue de limpiar sus culpas, y todo posible daño que haya podido causar con su envío. Y como última respuesta a mis variadas denuncias, ocurrió algo que debía ocurrir, porque no existe una acción sin una reacción, es decir, no existe una considerable y ejemplificadora consecuencia, tal como la que se ha desprendió de mi última denuncia, para un acto tan deplorable como el que intento describir aquí, de manera un tanto velada. Debe saberse que todo acto tiene sus consecuencias, toda acción tiene su correspondiente reacción, y si lo anterior se da con uno mismo, lo que sucede es un aprendizaje, y un acto meramente introspectivo, de crecimiento interior; pero, por el contrario, si el acto inmoral está dirigido hacia otra persona, en este caso, hacia un niño del mismo sexo que el emisor mayor de edad, lo que se dará como consecuencia directa, es un castigo, y no un aprendizaje; si el que castiga, en este caso yo mismo, en calidad de denunciante; tiene el suficiente carácter y la suficiente firmeza en sus convicciones como para hacerlo una y mil veces, y hacia los lugares y personas que sean necesarios, sin importar quienes sean estos últimos.

Pero esta persona emisora de aquella bajeza moral, y también, todos los que lo apoyan a su alrededor, debido a su negativo reconocimiento de su culpa, sumado a un intelecto totalmente vacío, y a unas virtudes y valores inexistentes, continúan viendo una "camisa azul con botones rojos en la palma de mi mano", en lugar de mirar lo que realmente es, una manzana, es decir, el llegar a reconocer que ha sido un hecho muy grave e inmoral. Obviamente, el castigo, como consecuente reacción de mi parte; quien soy el que posee y quien mira a la manzana perfectamente sostenida por la palma de mi mano, pero también como reacción de otra tercera parte; ha sido ejemplificador, debido a que esta tercera parte también vio la manzana en la palma de mi mano, mientras que el emisor de aquella inmoralidad, únicamente continúa viendo lo que quiere y necesita ver, al igual que todos los que lo apoyan a su alrededor.

Por lo tanto, y retornando al ejemplo de la manzana, no hay peor ciego que quien no quiere ver, expresa un dicho por ahí. No hay peor mentiroso he hipócrita, que quien no quiere reconocer sus errores, ni la verdad desprendida desde sus actos inmorales, y como tales, son personas peligrosas, porque el auto-convencimiento de que tienen la razón, contra el castigo aplicado (y sufrido por él mismo) por no tener la razón, castigo que estará siempre allí, recordándolo día tras día, noche tras noche; dicho conjunto de cosas antedichas, es un generador de odio en constante auto-represión, hasta tal punto, de que esta persona pueda llegar a cometer una locura, ya sea consigo mismo, o bien con los que antes lo apoyaban, o también, contra los demás, en este caso, con el niño receptor de aquella inmoralidad, o bien con el denunciante y generador del castigo, es decir, mi persona, o con quien sabe quien, de mi propio ámbito familiar muy cercano. La no aceptación de su culpa, el intento aparentemente eterno de querer ver una camisa azul con botones rojos, en lugar de una manzana, junto con el castigo aplicado (siempre hablando del propio sufrimiento del emisor de aquella inmoralidad, tal como lo expresa la Eterna Recurrencia), y con el saber, de manera inconsciente, que ha obrado mal aunque siga sin reconocerlo nunca, es como comparar el sufrimiento que les genera el monstruo que habita el Averno de Dante, hacia sus victimas.


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01/12/2017


Explorando las profundidades de la psique humana y las complejas interacciones entre virtud y sombra, la imagen precedente, nos sumerge en un fascinante laberinto de pareidolia y reflexiones existenciales. A través de un lenguaje intenso y evocador, se plantea la familiaridad inquietante de unas manos y cómo estas representan tanto la conexión con lo conocido como la amenaza para aquellos que carecen de virtud. En este texto, nos adentraremos en un viaje de introspección y análisis, donde la sabiduría, la ética y la moral se entrelazan con las sombras de la mente, revelando intrigantes paradojas y revelaciones inesperadas.

La fascinación por las manos y su poder evocador es un fenómeno que ha intrigado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. En la obra anterior, se plantea la sensación de familiaridad que pueden generar estas extremidades, aunque de manera irracional. Es interesante observar cómo nuestra mente, llena de sombras y divagaciones, puede desencadenar pareidolia, llevándonos a encontrar patrones y reconocer familiaridad en lugares inesperados. Es como si nuestras psiques atormentadas buscaran constantemente significado y conexión en el mundo a nuestro alrededor. Sin embargo, hay una dicotomía evidente entre aquellos que poseen una moral, ética y sabiduría elevadas, y aquellos que carecen de estas virtudes. En la imagen que se plantea, esas manos familiares parecen no comprender los valores y perspectivas sabias, e incluso llegan a actuar en contra de ellos. Surge entonces la paradoja de que incluso siendo la encarnación de la moralidad, la ética y la sabiduría, uno puede convertirse en una amenaza para aquellos que carecen de estas virtudes. Aquellos que se sienten amenazados buscarán destruir al individuo sin que la culpa pese en sus conciencias, aunque la culpa esté presente, latente y reprimida en lo más profundo de su inconsciente. Este proceso de destrucción puede ser comparado con la acción sigilosa de una araña que, poco a poco, succiona los jugos internos y putrefactos de sus víctimas. Curiosamente, aquellos que actúan como victimarios terminan siendo también víctimas de sí mismos. Las balas que se arrojan hacia el objetivo finalmente se estrellan contra un espejo de hierro, reflejando la realidad de su propia culpabilidad.

La imagen nos invita a reflexionar sobre la complejidad de las interacciones humanas y las sutilezas del comportamiento humano. Nos muestra cómo las percepciones subjetivas pueden influir en nuestras relaciones con los demás, generando un constante juego de pareidolia psicológica. Además, nos revela la paradoja de que incluso aquellos que encarnan la virtud y la sabiduría pueden ser considerados una amenaza para aquellos que carecen de estas cualidades. En definitiva, la reflexión y la introspección son fundamentales para comprender la complejidad de nuestras propias psiques y las dinámicas que se establecen en nuestras interacciones sociales. No podemos ignorar las sombras que habitan en lo más profundo de nuestra mente y, al mismo tiempo, reconocer que la virtud y la sabiduría pueden convertirse en armas poderosas en el juego de la vida.

Como afirmó Carl Jung, "quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta". Por lo tanto, es importante explorar nuestras sombras y comprender cómo nuestras propias acciones pueden influir en los demás, incluso cuando estamos convencidos de que nuestro camino está guiado por la moral, la ética y la sabiduría. Solo a través de esta conciencia y aceptación de la complejidad humana podremos navegar por las turbulentas aguas de las relaciones humanas con mayor claridad y compasión.

En un fascinante y profundo recorrido por la psicología humana, la imagen de arriba nos invita a reflexionar sobre la complejidad de nuestras interacciones y la importancia de la introspección. A través de metáforas poéticas y un estilo enigmático, se nos revela la paradoja de cómo la virtud puede convertirse en amenaza y cómo nuestras acciones tienen repercusiones en los demás. En última instancia, esa imagen nos impulsa a explorar nuestras sombras internas y a cultivar una comprensión más profunda de nuestra propia humanidad, con la esperanza de establecer relaciones basadas en la empatía y la compasión.


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