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31/07/2023


En los recónditos intersticios de la mente humana se oculta un territorio enigmático y complejo conocido como el inconsciente colectivo y personal. En este enorme reino oculto reside la sombra, una faceta oculta de la psique que alberga pensamientos, deseos y temores reprimidos. Nos adentraremos entonces, en el tema de la sombra el cual nos invita a emprender una travesía de autorreflexión y de autoconocimiento para comprender su poderosa influencia en nuestra psicología.

La sombra puede entenderse como aquellos aspectos de nuestra personalidad que preferimos ignorar o negar, tanto a nivel individual como colectivo. Estos aspectos ocultos de nosotros mismos pueden manifestarse de manera indirecta, influenciando nuestro comportamiento sin que lo percibamos claramente. Ignorar la sombra puede llevarnos a enfrentarnos a conflictos internos y a repetir patrones no deseados en nuestras vidas. Podemos comparar la sombra con una sombra literal que nos sigue a dondequiera que vayamos, siempre presente aunque no siempre visible. Nuestras experiencias, traumas y enseñanzas pasadas proyectan esta sombra psicológica, moldeando nuestras acciones y elecciones de manera inconsciente. Aceptar su existencia y explorarla de manera consciente nos permite comprender aspectos profundos de nuestra psique y encontrar una mayor autenticidad en nuestras interacciones y decisiones.

En este contexto, el viaje de autorreflexión implica enfrentar nuestros temores y limitaciones internas. La sombra a menudo alberga miedos y deseos reprimidos que pueden obstaculizar nuestro crecimiento y desarrollo personal. Al confrontar estos aspectos oscuros de nosotros mismos, podemos liberar su poder sobre nuestras vidas y alcanzar una mayor integridad.

Dentro de este marco, debemos explorar cómo la sombra puede manifestarse en diferentes áreas de la vida. Por ejemplo, abordando el temor a la sombra de la introversión, la que puede llevar a evitar ciertas situaciones sociales o enfrentar dificultades en la comunicación interpersonal. Asimismo, el miedo a ser juzgados o desvalorizados por otros, puede influir en nuestra autoestima y en cómo nos presentamos ante el mundo. El temor a no ser aceptados tal como somos puede llevarnos a ocultar ciertos aspectos de nuestra personalidad o a evitar tomar riesgos en la vida.

El viaje hacia la autorreflexión también implica enfrentar nuestras ambivalencias internas y encontrar un equilibrio entre nuestros impulsos y deseos opuestos. Es menester destacar entonces, la importancia de la autosuperación intelectual y personal, lo que sugiere la necesidad de crecer y de evolucionar como individuos para alcanzar una mayor plenitud. Y no nos debemos olvidar de la voz interna, de esa voz que a veces parece no detenerse, proveniente desde la sombra y que intenta influir en nuestras decisiones y en nuestras acciones. Al reconocer esta voz, de la que a todo ser humano es receptor consciente o inconscientemente, y resistir sus intentos de dominar nuestra conciencia, podemos tomar las riendas de nuestras vidas y dirigirlas hacia nuestros objetivos y aspiraciones.

Debo enfatizar también, la importancia de aceptar y de abrazar nuestra sombra en lugar de reprimirla o de negarla. Al aceptarla, nos permitimos vivir una vida más auténtica y significativa, liberándonos de las ataduras de la ambivalencia y del miedo.

Por lo tanto la sombra es un aspecto esencial de nuestra psicología, y que puede ejercer una poderosa influencia en nuestras vidas si no se la aborda de manera consciente. El trayecto particular hacia la autorreflexión nos lleva a explorar nuestra sombra y a integrarla en nuestra identidad para alcanzar una mayor plenitud y autenticidad en nuestras relaciones y decisiones. Cada paso en este viaje es esencial, y cada aspecto de nuestra sombra merece ser reconocido y entendido para lograr un mayor autoconocimiento y crecimiento personal.

Lic. Nelson J. Ressio.

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26/10/2020


El individuo nace de su antigua persona al haber elevado su conciencia; mientras que la persona que se mantiene en un estado de estasis respecto de lo mismo, sin poder individuar, no logra actuar sobre sus egos. 

El individuo es Terrenal y Universal; mientras que la persona es únicamente Terrenal. 

El individuo ve la utilidad del vacío existente dentro de una jarra; mientras que la persona solo ve a la propia jarra y no concibe las propiedades de su vacío. 

El individuo es Uno con la Naturaleza y con los demás seres humanos; mientras que la persona es uno con su individualismo. 

El individuo entiende a la pobreza de espíritu como una consecuencia de la riqueza de desvalores; mientras que la persona no entiende ni transforma sus propios desvalores por no comprender su pobreza de espíritu. 

El individuo entiende su lugar en el colectivo humano y natural; mientras que la persona no llega a construir su fundamental sentido de interrelación con el entorno. 

El individuo permanece en el centro y a la vez es dueño de sondear los extremos pero jamás deja de retornar hacia el centro; mientras que la persona es eminentemente extrema y descentralizada de la esencia que nos ha impreso la naturaleza desde tiempos inmemoriales. 

El individuo, aunque virtuoso en muchos aspectos, es humilde; mientras que la persona, solo se desvalora con cada uno de sus pasos, y además, no conoce la humildad. 

El individuo vive del silencio escuchándolo todo; mientras que la persona habla de todo sin llegar a vivir para escuchar nada. 

El individuo contempla la Luz desde su humana oscuridad; mientras que la persona surca por su propia oscuridad destemplando a toda Luz que esté a su alcance. 

El individuo es consciente de que el contenido es más importante que el contenedor; mientras que la persona, instintivamente, exalta el contenedor por sobre su contenido. 

El individuo ve a los ricos y a los pobres como iguales; mientras que la persona no se percata de los pobres a la par que mantiene su atención egóica sobre una constante comparación con los ricos. 

El individuo mira; mientras que la persona, ve. 

El individuo escucha, mientras que la persona oye. 

El individuo es silencioso porque ha desarrollado una constante charla hacia su interior; mientras que la persona es imparablemente ruidosa porque no le es posible entablar una mínima relación de dominio conversacional respecto de sus egos. 

El individuo logra pasar desapercibido; mientras que la persona ostenta sus trofeos sobre su efímero podio de indiferencias. 

El individuo debe desaparecer para poder llegar a ser; mientras que la persona, por medio de sus máscaras inconscientes, infructuosamente intenta ser como respuesta a sus ansias de nunca desaparecer. 

El individuo tiene porque carece; mientras que la persona carece porque tiene. El individuo no desea nada, y por ello tiene todo; mientras que la persona desea todo, y por ello no tiene nada. 

El individuo es un pensador basado en el constante análisis de su "Si Mismo" como punto de partida para construir su sabiduría; mientras que la persona es un conocedor enmarcado en el incesante escrutinio de los "si Mismos" de terceros. 

El individuo es introyectivo; mientras que la persona es disruptiva. 

El individuo ni alaba y ni concibe ser alabado; mientras que la persona vive para obtener sus cuotas periódicas de alabanzas y de ese modo poder continuar con su acostumbrada dosis diaria de muerte. 

El individuo entiende la escases y el sufrimiento como el principio de la abundancia y la felicidad siendo consciente de que todo es cíclico; mientras que la persona busca con arduo empeño a la abundancia y a la felicidad y huye de la escases y del sufrimiento porque no entiende de que todo es cíclico, aunque ese ciclo dure varias vidas y varias muertes. 

El individuo no fuerza ninguno de los hechos de posible suceder para que las cosas ocurran tal y como él no lo ha pensado, siendo dichos hechos, sus esperados acordes; mientras que la persona existe en el vano esfuerzo diario de que los hechos aún no ocurrentes se le manifiesten de una u otra forma inimaginable tal y como él lo ha pensado siendo dichos hechos, sus inesperados discordantes. 

El individuo, sin estar presente, es parte de todo y de todos; mientras que la persona que intenta estar presente en todo no logra ser parte de nada ni de nadie. 

El individuo piensa en no acaparar nada, y por eso puede obtener todo; mientras que la persona acapara todo lo que esté a su intelectual alcance, y por eso no tiene nada. 

El individuo hace de su existencia una religión, en donde su único Dios se constituye como el "politeísmo" de su "Si Mismo"; mientras que la persona hace de su religión una gran parte de su anhelada y múltiple existencia en donde su único Dios es el que proviene desde un lugar muy externo a su incomprendido "Si Mismo". 

El individuo piensa que sabe lo que siempre piensa; mientras que la persona cree que sabe lo que del exterior le ha provenido. 

El individuo muere una y mil veces para llegar a ser; mientras que la persona necesita tener para no morir una y mil veces. 

El individuo conlleva la sabiduría de la Nada gracias a sus constantes pensamientos sobre el Todo; mientras que la persona arremete con la intelectualización del Todo aunque no logre obtener la sabiduría de la Nada. 

El individuo comprende y aprehende el vacío de la Nada y por ello se siente constantemente satisfecho; mientras que la persona en todo momento se halla en un estado de insatisfacción por el hecho de no hallarle lógica alguna al vacío. 

El individuo sabe que el vacío existe porque algo lo contiene y por ello se centra en la impermanencia del contenedor para seguir conociendo todos los vacíos posibles; mientras que la persona no entiende la importancia del vacío porque ronda los extremos de la necesidad de la permanencia del contenedor, tal como si una copa fuese más importante que el vino en su interior o que el cuerpo humano fuese más importante que los actos altruistas derivados de él. 

El individuo entiende a la vida eterna a través de sus actos y ejemplos, por el hecho de ser; mientras que la persona busca el tener como para instaurar una falsedad inconsciente respecto de lo que considera inaceptable, es decir, su propia e inevitable muerte. 

El individuo sabe que la muerte es un tránsito hacia un nuevo individuo debido a que el vacío debe ser comprendido desde la vida siendo un nuevo cuerpo, su nuevo contenedor; mientras que la persona conoce o cree que la muerte es el final, y que después de ella no hay nada más que oscuridad, por el hecho de que no ha logrado comprender la importancia del vacío y su necesidad de un contenedor recurrente. 

El individuo sabe que ignora, y por intermedio de ello no ignora lo que sabe y por lo tanto sabe lo que debe saber a cada momento; mientras que la persona cree que sabe o cree que no ignora y por ello no sabe lo que sabe y no sabe lo que ignora y como consecuencia no logra llegar al saber, sino que mas bien, al creer que cree, y al creer que conoce, y por lo tanto sus momentos están repletos de creencias y no de sapiencias. 

El individuo trasciende los límites de su Si Mismo sin siquiera intentar trascenderlos; mientras que la persona, al imponerse límites, nunca conocerá su posibilidad de trascendencia y nunca logrará mirar y actuar más allá de aquellos.

Este Nuevo Mundo, que comienza el 1º de enero de 2021, no necesita personas... necesita más individuos.

Nelson J. Ressio.

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31/12/2018


Los seres humanos, no cambiamos, solo nos valemos de máscaras para simular cambios o estados alternativos de conciencia, en determinados momentos en los que nos enfrentamos a diferentes situaciones, las que podrían tener ciertas características de "situaciones comunes y corrientes de la vida cotidiana". Algo normal y de todos los días y que ningún ser humano se escapa de lo anterior.

Ahora bien; existe un único evento, de entre muy pocos similares (algunos iniciáticos con fines de autoconocimiento), en el que el ser humano, realmente... cambia su estructura psicológica interna, como si ocurriera, de repente y sin aviso de ninguna índole, una abrupta y muy dañina tormenta; la que a todo saca de su contexto original; la que a todo reescribe en un instante; la que a todo le quita sus colores originales, y como consecuencia, solo los tonos grises toman el lugar en donde antes existía preeminencia de un imponente cromatismo; la que logra, con su fuerza desgarradora, desconectar lazos, que antes parecían inalterables. Es esa tormenta; es ese evento; el cual logra, por medio de una destructora y totalitaria efectividad, de que el ser humano, cambie de verdad y para siempre, sin posibilidad alguna de volver hacia atrás, tal como a si de intercambios de máscaras psicológicas quisiera referirme nuevamente. Esa tormenta a la que hago referencia, y de manera metafórica, es la causante del verdadero y único cambio de un ser humano, es una tormenta creada y dirigida por terceros, para el momento en el que estos, aplasten vilmente... la desesperación de un determinado ser humano.

La desesperación, se relaciona con la acumulación de opciones agotadas como para sobrellevar una vida normal; se relaciona con el último intento, de quien se está ahogando, por encontrar una rama, aunque sea débil y pequeña, como para asirse de ella, y ayudarse a si mismo para salir flote, o al menos, poder mantenerse en la superficie; se relaciona con encontrarnos, de un momento al otro, parados en el borde de un gran abismo de incertidumbres; se relaciona con caer en una aparente eternidad, en dirección hacia aquel abismo, sin que jamás podamos divisar el fondo, y al mismo tiempo, sin que nos percatemos, sin llegar a darnos cuenta nunca, de que también ha desaparecido la superficie, ya que no se halla más al alcance de nuestra visión; la desesperación se relaciona con el último y humilde grito de ayuda que un ser humano pueda esgrimir, valido por las pocas fuerzas que en ese momento puedan subsistir dentro de él. Teniendo en cuenta lo que significa la desesperación, y basado en lo inmediato anterior a este párrafo, nos podremos hacer una idea de lo crítico que es, el que éste estado del ser humano, sea aplastado, sin aplicar siquiera, un mínimo de empatía previa, porque, al hacerlo, al aplastar la desesperación de una persona, sin mediar sentimientos constructivos de ningún tipo, tal como lo expresé al comienzo, logran, y con gran efectividad, que esa persona, se convierta en otra, y muy diferente, a su estado de ser anterior; es el único y verdadero cambio, el de que, la personalidad logre ser mutada por otra, o bien, se consiga generar una mezcla de ambas personalidades, es decir, la personalidad previa a la destrucción de la desesperación, y la personalidad posterior al mismo evento.

El ser humano, puede mejorarse a si mismo, y de mil maneras diferentes, con mil herramientas arquetípicas distintas, y llegar al Gran Logro, a obtener la Opus Magnum, de que su personalidad brille cada vez mas. Y aquellos cambios aparentes, en ciertos aspectos de dicha personalidad, solo se deben a respuestas instintivas como reacciones variadas ante un cierto contexto que acciona frente a él. Esto, es un trabajo, casi que de todos los días (y de toda la vida), para el que ha aprendido a valerse de aquellas herramientas arquetípicas.

Pese a lo anterior, lo expresado no se condice con un cambio verdadero en la forma de ser, o personalidad, de un ser humano, sino que, mas bien, en un mejoramiento de su psique profunda, en detrimento de los egos y al mismo tiempo, como Proceso Magno de exaltación de sus virtudes. Esto es mejoramiento, mas no así representa en lo absoluto, un real cambio, uno de verdad, porque el cambio verdadero, jamás se logra por uno mismo, y siempre deben haber terceros que posean la capacidad psíquica (negativa o positiva) de causar el verdadero cambio en el individuo objetivo.

Pues quienes aplastan la desesperación de una tercera persona, lo único que han logrado conseguir con lo anterior, es cambiarla definitivamente y para siempre, de manera negativa, al principio, por mas que, esa persona a la cual se le ha aplastado su sufrimiento, luego de salir a flote y nadar hasta la orilla, logre salir ileso, fortalecido y con mas positivismo que nunca. Pero, eso si, no olviden nunca, que esta persona a la que le doblegaron su calvario, ya no será la de antes... jamás... nunca mas..., no porque no se desee cambiar (que es lo primero que replican los terceros), sino que, ¡porque ya se ha generado el gran cambio, por las manos de aquellos terceros!, y por mas que el ADN, una a todos los actores de los aquí detallados... esa será la única unión que quedará existente... por siempre.


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16/11/2017


Una Hermana de la vida, me realizó una pregunta respecto de las máscaras psicológicas que el ser humano porta en su psique, como un juego cuasi eterno entre la conciencia del Yo y el inconsciente colectivo. Mi respuesta, un tanto modificada para este artículo, fue la siguiente.

En primer lugar, debo aclarar dos peligros que acarrea el no identificar a nuestras máscaras, y uno de ellos es que el ser humano se vuelva una persona por demás extrovertida, adaptando su personalidad, su comportamiento, según la circunstancia que le toque vivir en ese momento (y un buen ejemplo de esto, es la demasiada exposición en las redes sociales, en cuanto a su vida privada, y a frases dirigidas, por ejemplo, hacia un hijo, pero escrito públicamente a través de alguna red social, en lugar de expresarlo personalmente, en privado, o  bien, otro ejemplo, el expresar que "yo estoy a favor de la lucha contra el cáncer", mientras que sus propios deberes para con sus propios semejantes cercanos, demuestran un comportamiento totalmente alejado de dicha frase, no aportando apoyo alguno, a quien es su "prójimo mas próximo", pero, externamente, queda escrito ante las amistades de las redes sociales, que quiere mucho y que "cría a su hijo con todas las virtudes de un gran padre, o madre" y que "apoya la lucha contra el cáncer", por lo tanto, este es un ejemplo del primer peligro en cuanto a que sus máscaras sean múltiples y no se percate de ello). El segundo peligro, es el identificar muy bien todas nuestras máscaras, o la mayoría de ellas, y que la personalidad no cambie en absoluto, independientemente del lugar, momento o circunstancia en el que dicha persona se encuentre inmersa, ya que su personalidad real, no demostrará cambios ante nada ni nadie, y si dicha personalidad es un tanto agresiva, intolerante, ignorante, sin empatía, etcétera, dicho comportamiento lo tendrá frente a cualquier persona o grupo de personas y en cualquier tiempo y lugar (y un buen ejemplo de esto es la persona que no logra encajar en la sociedad, o bien si llega a encajar, debido a que ha logrado hacer una carrera laboral, previo estudio universitario o por simple suerte del destino, por ejemplo, el maltrato a sus semejantes, será constante y sin altibajos). Entonces, creo yo que, en estos dos peligros o extremos, en cuanto a las máscaras, tiene mucho peso qué tipo de huella psicológica ha dejado el Ánima, en el inconsciente colectivo del hombre, y qué tipo de huella psicológica ha dejado el Ánimus en el inconsciente colectivo de la mujer. Tanto el Ánima, como el Ánimus, son huellas psíquicas que transmiten los padres a sus hijos, la madre le imprime el Ánima hacia el hijo varón, mientras que el padre le imprime el Ánimus a su hija. Ambos conceptos, deben ser manejados en el futuro, por parte de los hijos, de modo de llegar a la individuación del Yo, es decir, a ser un individuo "hecho y derecho", separado del ámbito paternal, comenzando un nuevo ciclo, con sus propios hijos.

Ahora bien, en cuanto a las máscaras, creo que es algo inevitable, por lo que a todos nos toca el tener que identificarlas y luego trabajar sobre ellas, porque, por ejemplo, la máscara que usamos cuando estamos frente a un familiar, no será la misma máscara que utilizará nuestra psique al estar frente a un personaje de renombre, o bien a un personaje detestable, etcétera, en definitiva, siempre, de manera inconsciente, nos colocamos máscaras, dependiendo del contexto en el que estemos sumergidos. 

Esas máscaras no nos definen -o convierten- como un psicópata, o como un narcisista, o como una persona que tenga Trastorno Obsesivo Compulsivo, etcétera, sino que, cada máscara que nos colocamos al cambiar nuestro ambiente externo, nos asigna ciertas propiedades de comportamiento o nueva personalidad, con lo que, una determinada máscara nos hará mas humildes, y otra máscara nos hará mostrarnos como si sabemos de todo, y otra máscara nos configurará de una manera enérgica y de características de liderazgo, mientras que otra máscara nos convertirá en un especialista en Apología Socrática, para poder revelar las falsas máscaras de los demás, y un gran gran etcétera. Pero, y siempre hablando desde mi humilde punto de vista, desde esta máscara que porto en este momento, está en nosotros, el intentar unificar aquellas máscaras, en la menor cantidad posible de nuevas máscaras contenedoras de las propiedades de las primeras. Está en nosotros en el intentar trabajar nuestra psique (nuestra piedra en bruto) para que cada vez  mas, utilicemos menos máscaras, y sepamos reunir todas las propiedades de las viejas máscaras, en una sola, o bien, en la menor cantidad posible de ellas. Debemos ser y comportarnos de igual manera, en diferentes situaciones y lugares, y ante diferentes personas o grupos de personas, debemos intentar ser una sola máscara, (sin llegar al límite del segundo peligro, cuando tenemos unas pocas máscaras, y que detallé mas arriba), y debemos ser nosotros mismos, aceptarnos tal como somos, resolver y coagular todas las presiones provenientes desde el Ánima o el Ánimus (dependiendo del sexo), y continuar con el trabajo de unificar las máscaras, hasta que la simpleza de nuestro comportamiento nos diga, o bien, nos revele la gran pregunta existencial: ¿Quién soy? Y es justamente allí, en ese preciso instante en el que una chispa, desprendida del Cincel contra la Piedra (la psique, el inconsciente) nos quite el velo para que expresemos para nosotros mismos, con los ojos bien abiertos, y la mandíbula inferior caída sobre el pecho, con una gran cara de asombro, y diciendo ¡Ahora se quien soy y se cual es mi misión en el mundo! Y es en este punto, cuando las personas comenzamos a dejar la hipocresía detrás (algo que portan la mayoría de las máscaras) porque cuando logramos disminuir la cantidad de máscaras, de igual manera, también disminuye la "dosis" de hipocresía que podemos demostrar a los demás (primer peligro detallado mas arriba).

Cuanto mas y mas nos conocemos, no nos importará si estamos frente a un espejo, frente a un familiar, frente a un amigo, frente a un presidente o frente a un extraterrestre, porque el habernos quitado (o reunido) la mayoría de las máscaras (que son las impurezas de la piedra bruta) en una sola como mínimo utópico, habremos llegado a una etapa de conciencia elevada, en una etapa que estará mas cercana al Homo Sapientísimus, pero mas lejos del Homo Sapiens Sapiens actual, y habremos conseguido transformar lo inconsciente, en pura conciencia, habremos logrado transformar todas las pulsiones homínidas/reptiles provenientes desde el inconsciente, en CONDUCTAS basadas en la razón pura. A veces uno no logra soportar -o tolerar- que los demás todavía estén repletos de máscaras (y todavía, para colmo, cometiendo los dos peligros nombrados mas arriba, sin percatarse en absoluto de ello), pero, esa también es una máscara, la de la intolerancia, otra que nos debemos quitar, y que es la máscara que nos impide ser seres empáticos, y esperar a que, los que todavía viven  en los peligros que acarrea el ir por la vida intercambiando máscaras, algún día, logren llegar a ver aquella chispa que les responda a aquella pregunta existencial.

Yo mismo, todos, yo diría, en algún momento, dependiendo de las presiones externas e internas, y de la duración de las mismas, a veces, traemos a la conciencia, desde el olvido del inconsciente, alguna que otra máscara, la que hace tiempo que no utilizábamos, y que incluso, habíamos logrado transformarla en conciencia, pero, cuando aquellas presiones de la vida diaria, nos atacan por varios frentes, si no tenemos una buena manera de soportarlas por medio de la mayor o mejor inteligencia posible, las máscaras antes reprimidas, volverán a hacer lo suyo, desde lo "oscuro y húmedo" de nuestra psique profunda, pero, en cambio, sino nos permitimos que aquellas retornen, continuaremos con el gran trabajo de hacer consciente lo inconsciente, porque sabemos que aquella máscara de, por ejemplo, la ira, todavía sigue allí, pero cada vez que surge algo que nos intenta llevar expresar comportamientos airosos, al instante recordamos que la máscara siempre está pronta para retornar, y es nuestro trabajo el saber detectarla inmediatamente, para luego enviarla al rincón oscuro y húmedo desde donde provino. Y lo mismo aplica para la hipocresía, para la envidia, para la adulación, para la falta de empatía, y un gran etcétera.

Cuando controlamos nuestras máscaras, mas auténticos seremos en cualquier lugar y situación en que nos encontremos, y frente a cualquier persona.

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08/03/2016


¿Quién soy? Y a la respuesta a dicha pregunta la ubicaría yo, dentro de un difícil proceso de manifestación, de nuestro más preciado tesoro, y que es nuestra más profunda realidad intravertida, y dicho impulso de exponer lo existencial dentro de mi Alma, me ha llevado a la necesidad de revelar quién soy, a través de este artículo, el que he escrito con un cierto nivel metafórico, ya que, es necesario, a veces, incluir la metáfora cuando hablamos de nosotros mismos, cuando analizamos y expresamos quienes somos, ya que la metáfora, ayuda a que cada uno de ustedes; los receptores de esta externalización de mi actual Piedra Filosofal, todavía inconclusa, todavía imperfecta, todavía con un cierto desnivel con respecto al centro de la Tierra, todavía con ciertas salientes y hondonadas, pero innegablemente perfectible; puedan interiorizar en dirección hacia sus propias Piedras filosofales, de la manera en que la psique de cada uno, de ese dominio personalísimo, indivisible, pero individuable, lo pueda intravertir, es decir, que leerán mis palabras, respecto de quien soy, de manera metafórica, y el entendimiento de quién soy, será creado por sus propias mentes, mas no así, por mis propias palabras explícitas, ya que la semántica, el significado de las frases, si bien las emite una determinada persona, -en este caso yo-, el entendimiento de las mismas se corresponderá con la psique de cada uno de los receptores, en respuesta al entendimiento que cada uno le imprima a dichas metáforas, las que hablarán sobre mi, en unos párrafos más adelante, descontando que, de todos modos, todas las palabras antedichas, como también las que prosiguen, -de una manera u otra-, ya se encuentran expresando quien soy, aunque todavía no haya expresado yo metáfora alguna. Este escrito, es una especie de Tabla Esmeralda, sobre la cual me propongo a tallar ciertos elementos semánticos, cual receta de un humilde alquimista, los cuales, al unirlos a todos dentro de una vasija filosofal, y al entenderlos como un todo, se constituirá como la preparación final de ese Opus Magnum, de esa Obra Magna que nos lleva indefectiblemente al conocimiento de nosotros mismos.

Por lo tanto, me es de suma importancia aclarar antes, que no es mi intención romper el Egregor que se forme a su alrededor mientras lee estas palabras, no es mi intención alterar el orden mental de cada uno de ustedes, los lectores, no es mi intención perturbar el silencio en vosotros debido a la posible inquietud que les podrían generar mis palabras metafóricas siguientes, sino que, todo lo contrario, ya que es mi deseo, amplio y profundo, de que todos se puedan concentrar en la manera en que vuestras mentes les propongan el molde subjetivo respecto de lo que van a leer a continuación, ya que, al yo expresar quien soy, al mismo momento, sus mentes, sus percepciones subjetivas, también expresarán quienes son ustedes mismos, por una simple contra-analogía de mis pensamientos y los vuestros.

En consecuencia, la pregunta de ¿quién soy? se encuentra ligada a una relación biunívoca con ¿
quién fui? y con ¿quién quiero ser?, ya que, no debemos olvidar, que lo que queremos ser, es una proyección mental a futuro, cuantitativa, pero también cualitativa, del nivel de fuerza e inteligencia que podremos ser capaces de utilizar sobre aquella Piedra Filosofal que cada uno de nosotros portamos en nuestra psique. Pero también, la pregunta ¿quién fui? nos agrega una gran carga de responsabilidades presentes y futuras, porque la pregunta de ¿quién fui? nos invita a que constantemente realicemos lo que Gurdjieff alguna vez denominó como "auto observancia", ya que dicho ejercicio, que debería ser habitual en cada uno de nosotros, ya sea, el retroceder hacia lo que fuimos durante las 24 horas pasadas, o el retroceder hacia lo que fuimos muchos años atrás, porque una muy buena manera, creo yo, de entender quienes somos, y proyectarnos hacia el futuro, para saber, quienes seremos, innegablemente se fundamentará sobre las columnas que soportan nuestro accionar pasado, y mientras mas fuertes sean dichas columnas, mas virtuosa será la respuesta a la pregunta de ¿quiénes somos?

Entonces, ¿
quién soy?

Mi pasado, es un pasado que roza con la inconvencionalidad, con lo atípico, con la duda constante, con una sana y virtuosa rebeldía, con el entendimiento heredado de que la moral y la ética se constituyen -por lejos- como las virtudes magnas del ser humano, con la potestad auto-atribuida de construir una cosmovisión a mi manera, en el grado y forma en que mi propia conciencia me lo aprobara, mas no así, cuando me lo intentara aprobar una oscura conciencia colectiva, también es un pasado en el que aprendí a poner la duda ante todo y en todo momento, en relación al mundo que el Sistema imperante me ha propuesto, o querido imponer, desde que tengo memoria. Mi pasado me habla de librepensamiento, sin dogmas religiosos, -aunque con mucha espiritualidad-, sin dogmas políticos, -aunque con participación civil-, sin dogmas científicos, -aunque con un interés permanente en la ciencia-, sin cárceles para mi mente, -aunque haya estado rodeado de personas totalmente encarceladas-, pero todo esto tiene un costo para el que lo lleva adelante, y que es la esperada desaprobación de los que han aceptado al sistema sin dudar de él, de los que rápidamente han formado parte de la mente colectiva, de esa inconsciencia colectiva, que hace que muchos caminen -con sus mentes- en la misma dirección y sentido, y ese costo, lo he pagado, lo pago actualmente y lo seguiré pagando, pero ese costo, es directamente proporcional a la libertad de ser yo mismo, de haberme construido con la aprobación de mi propia conciencia, mas no así, con la aprobación de la inconsciencia colectiva, aquel costo, tampoco se compara con la libertad de pensamiento, con la libertad de emitir juicios críticos, sin importar qué Status Quo se moverá en el intento, y es en este sentido, cuando el altruismo comienza a ser cada vez mas fuerte dentro de mí. Mi pasado -y presente- está repleto de vivencias autónomas, mas no así, de vivencias automáticas. Fui, soy y seré el dueño de mi mismo. Pero, tengo un secreto, y que solo sus mentes subjetivas podrán develar, porque, como mencioné anteriormente, hablaré con metáforas, sobre quien soy, para que ustedes las desvelen en base a vuestros propios puntos de vista, ya que considero que cada individuo, se constituye como un reflejo de la Mente Universal, proyectado sobre la mente de los demás.

¿Quién soy? Pues, debo antes reiterar, que no deseo alterar el Orden imperante en vuestros pensamientos, ni deseo que el Egregor allí formado se disipe entre incómodas reacciones de vuestras mentes y cuerpos, por lo que, es mi deber solicitarles a todos, que sigan con sus mentes abiertas, como humildemente yo he abierto la mía para escribir estas líneas.

Lo que expreso a continuación, habla de quien soy en realidad, si bien lo que ya he mencionado, también ha sentenciado mucho respecto de quien soy.

Desde siempre he querido retornar al lugar Celeste de donde provengo, porque de niño lo he visto, y además porque no lo recuerdo muy bien, y también, debido a una sana curiosidad de mi parte, pero mi estancia temporal, aquí en el planeta Tierra, no hace mas que recolectar incontables e invaluables vivencias que cada día, al despertar, esta civilización coloca ante mis sentidos, llenándome de responsabilidades, las que intento cumplir en su totalidad; sin ventilaciones hipócritas de mi parte, la mayoría de las veces sin que nadie perciba que existo, sin que nadie me pueda recordar, aunque muchos sean los alcanzados; hasta que llegue el momento de retornar a aquel lugar de donde provengo... porque... lo he visto. Y esto último es muy importante, el saber de donde provenimos cada uno de nosotros, porque nos propondrá varios caminos hacia adelante, por los cuales transitaremos hacia el entendimiento de quienes somos, y al comprender hacia donde nos dirigimos. Y estimo yo, que en estos momentos, es posible que vuestras subjetividades estén alertadas, y así debe ser, porque el expresar quienes somos, el expresar de mi parte, ¿
quién soy?, en realidad no basta con emitir palabras explícitas sobre mi personalidad, sino que, las metáforas se constituyen como una gran invitación hacia el mundo de los arquetipos, que cada uno de ustedes construirá al escuchar, o leer, todas estas palabras, y en las que cada mayúscula se encuentra destinada a elevar su significancia.

Lo que recuerdo si, desde pequeño, aunque parezca una coincidencia, o increíble, o bien un sueño, es que 7 luces, cual 7 palomas blancas, al lado de una trinidad de Luceros mas grandes, semejantes a una figura Taurina, me mostraban siempre el camino en dirección hacia el lugar en donde se encuentra mi origen, mi génesis, pero mi pasar por esta vida, acompañando a esta humanidad, me obliga y me responsabiliza, ineludiblemente, en aras de circundar constantemente, en circunvalar permanentemente, en deambular de por vida, Fundamentado siempre en 3 aspectos que rigen mi existencia, en 3 incipientes -pero poderosos- Luceros; que al igual que un Cinturón de un Cazador, fuertemente afirmado sobre sus dos columnas, es decir, sobre sus dos piernas, sobre la materia inerte y sobre la materia viva, aferrado al Anima Mundis, a esa Virgo Mater, a esa Naturaleza material, y que a todos nos Une como Principio Fundamental y que también nos constituye como verdaderos Filius Macrocosmi, nada mas y nada menos, que como el propio Cristo (u otros tantos pastores de la humanidad de otras filosofías mistéricas); esos 3 Luceros, tal como 3 pirámides de fuego, me iluminan desde siempre, desde que tengo memoria, y debido a ello, ha impulsado mi vocación, en dirección a transitar hacia esto que estoy haciendo aquí, en esta Tierra, y en este Templo, y hacia mucho mas que está por venir. He aprendido, -aunque me falta mucho todavía, gracias a nuestra propia e innata perfectibilidad-, a entender a la dualidad, a entender a aquellas piernas que sostienen a aquel Cazador, y que desde la oscuridad, desde la Fortaleza de mi espíritu, por mas que una columna de humo muy oscuro, intente ofuscar mis pensamientos, sé que la respuesta a ¿quien soy? en todo momento intentará dirigirme hacia un brillante Fundamento de Luz, ya que, mi Perseverancia se Encuentra en el Bien que yo haga a la humanidad, siempre desde el anonimato al que hacía referencia anteriormente, ya que mi filantropía, humilde por cierto, pero cada día en aumento, pasa por el principio de lo que hacemos por los demás, sin que los demás siquiera se percaten de mi presencia, de que alguien intenta trascender, y ser inmortal, -no a través de mi nombre, no a través de mi cara-; porque ello proviene desde la imperfección del ego, desde la imperfección de la piedra bruta; sino que, a través de mis propios actos, porque ello proviene desde la razón y la moral, todo lo cual es perfecto.

Las 7 estrellas dentro de una Trinidad de inmensos y Celestes Luceros, es mi destino como Alquimista de mi Piedra Filosofal, mientras aquí en la Tierra circunvalo alrededor de 3 incipientes y poderosas Fulguras, mientras deambulo alrededor de 3 Pirámides Ígneas, teniendo siempre presente que la dualidad se encuentra aferrada a aquella Anima Mundis, a aquella Virgen Madre, a aquella Naturaleza Material, que fluctúa entre mi oscuridad y mi Luz, entre el despliegue de mi Fortaleza y el Establecimiento de mi Inteligencia, en pos de que, cada vez que mis pasos se pierdan, -ya sea como reacción humana a mis propias adversidades, o bien, por la acción de un determinado Status Qúo-, logre yo retornar a la senda de la vocación, a la senda Crística, que en definitiva, significa dirigirme hacia la perfección, para luego, y al mismo tiempo, constituirme solo como la chispa inicial que logre encender la Antorcha del auto-perfeccionamiento de los que me rodean; fin logrado luego, por sus propios medios. Mi perfectibilidad me obliga a recorrer los lugares antedichos, una y otra vez, hasta que mi destino final, -aquellas 7 estrellas-, me encuentre ubicado en el lugar desde donde provengo, ya que, no soy solo de este mundo dividido... no soy solo de esta Tierra que clama silenciosamente por la Unificación... y también esto último habla mucho de mi. Si vuestros arquetipos recién generados en sus mentes, son lo suficientemente poderosos como para describirme... cosa que estoy mas que seguro de que así lo será... dichos arquetipos les mostrarán que solo soy una creación de la Mente Universal, -del Macrocosmos-, reflejada en la mente de los demás, -el microcosmos-... y hacia esa Mente Universal retornaré, ineludiblemente.

Nelson J. Ressio

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