9/11/13

Como lo dice Platón en su escrito, Timaios, Timaeus o Timeo (56b): "... como una pirámide sólida viene a ser la forma del elemento y el germen del fuego...", la palabra misma, pirámide, le recuerda a aquel filósofo, a una fogata, la cual se eleva hacia el cielo, como una fiel pirámide, por medio de la energía de su gran base combustible, originaria y primordial, hasta su propia cima, hasta su pináculo. El fuego encendido a partir de los elementos combustibles, forman una clara silueta piramidal. Por ello, dicha acepción que le da nombre a estas milenarias construcciones de Egipto -y sin olvidarme de las otras miles que existen por todo el mundo- deriva tanto del griego como del egipcio. Del griego se toma la palabra "Pyr" que significa "fuego" y del egipcio la palabra "Met" que se refiere a una medida. Por consiguiente, es lógico asumir que la palabra "Pirámide" representa una medida respecto del fuego. Pero, ¿que fuego? Posiblemente lo que nos está indicando la etimología de dicha acepción, es que las obras arquitectónicas, bajo su denominación, representan también una forma de medir el fuego, pero el fuego que simboliza el espíritu de los dioses de aquellas épocas. 

Cuanto mas grande es la pirámide, mas fuego es medido, o sea, mas fuerza ejerce como para guiar al espíritu de los dioses hacia el pináculo, hacia la cima... hacia las estrellas.

También podemos imaginar a ese fuego del espíritu de los dioses, como la Luz de la sabiduría que ellos necesitaron para guiar a su pueblo, hacia el ser y hacia el hacer, de lo cual, muchos somos conscientes hoy en día.

Pero, mas allá del origen de la palabra Pirámide y de sus variadas y posibles significaciones, estas estructuras en si mismas encierran un enigma que hasta hoy en día no es posible desvelar por completo. El solo pensar que se debían mover miles de bloques de granito -por pirámide- pesando cada uno de ellos, desde 2, hasta 20 toneladas aproximadamente, nos hace imaginar las mas variadas técnicas de construcción que podrían haber empleado, e incluso, algunos van mas allá con su imaginación, y se les ocurre proponer la idea de que seres de otros mundos, fueron los verdaderos Arquitectos y Maestros de dichas construcciones, y también los que proveyeron la tecnología, de manera tal, de que los hombres destinados a las construcciones de dichas monumentales creaciones, les fuera mucho mas fácil su trabajo.

En primer lugar, mi opinión personal respecto de todos y cada uno de los monumentos construidos sobre la faz de la tierra, fueron imaginación y obra del propio ser humano, y no de una ayuda extraterrestre, como proponen los teóricos de los alienígenas ancestrales, ya que la sola idea de relegarles a aquellos, tan fascinantes construcciones, no hace mas que restarle importancia, además de desvalorizar el gigantesco esfuerzo -físico, mental y espiritual- que han realizado incontables personas para que estas moles arquitectónicas tuvieran un lugar, y luego de mucho tiempo, las estemos contemplando hoy en día.

Pienso yo, que el ser humano tiende a empequeñecerse ante lo que no comprende o ante lo que no puede sobrepasar con sus brazos alzados en dirección al cielo. Todo lo que es mas grande -conceptual y realmente- para el ser humano, desde mi punto de vista, genera en él, una concepción errada de lo que tiene ante su ya de por si, bombardeada percepción sensorial. Como sabemos, el ser humano, a veces es presa de ese gran fenómeno monstruoso que es el miedo -ya sea innato o inducido- quien, ante lo que no conoce y ante lo que lo supera, ya sea un determinado problema, o un objeto de la vida real, o la adversidad misma, tiende a contraer su conciencia y ser reactivo, en lugar de ampliar su estado consciente y ser proactivo. Cuanto mas conciencia de si mismo -y de su entorno cercano o lejano- tenga el ser humano mas proactivo será y mas pequeñas le serán las cosas grandes, mas pequeños le parecerán los problemas, mas pequeños -relativamente hablando- le serán los objetos -las pirámides en este caso-, y mas pequeña le será la adversidad en la que se encuentre sumergido. El miedo recluye, retrae, esconde, oculta, encierra la mente humana, y únicamente el ser humano reacciona cuando el miedo se transforma en una amenaza para la vida, para sus pensamientos o para sus creencias.

Por lo tanto, la reactividad no hace mas que desconocernos, tanto a nosotros mismos, como al mundo que nos rodea. Con lo cual la única manera de abrirnos hacia la conciencia es siendo proactivos. Pues lo seremos.

Proactivamente hablando, aquellas majestuosas construcciones milenarias de Egipto -sin olvidarme de las de todo el mundo- hoy las podemos apreciar, admirar, y no dejar de pensar en ellas, valiéndonos de una colosal empatía, para tratar de comprender de qué manera utilizaron sus conocimientos e ingenio, para levantar aquellos monumentos a los dioses, aquellas construcciones que "miden" el "fuego del espíritu" de sus deidades... aquellas Pirámides.

Para empezar a esbozar una mínima idea de cuales fueron las metodologías que aplicaron sus constructores milenarios, no nos queda otra alternativa que valernos de dos herramientas muy útiles a la hora de obtener un razonamiento a priori respecto de sucesos, de objetos o bien de sujetos, respecto de los cuales, los desconocemos, debido a una falta de pruebas concretas; dichas herramientas son: la especulación y la imaginación.

Si le damos el primer lugar a la especulación e imaginación respecto de la idea de que seres de otros mundos han sido los que, de uno u otro modo, ayudaron a construir las famosas Pirámides de Egipto, o bien, que ellos mismos las construyeron sin la ayuda humana, no hacemos otra cosa que negar la capacidad creadora del propio ser humano, faltarles el respeto a quienes pusieron sus fuerzas, sus mentes... sus vidas enteras, para construir tales proezas arquitectónicas, y borrar del mapa a las especulaciones que apuntan al propio ser humano, y a sus ingenios, como los verdaderos hacedores de tales magistrales empresas. Con este hecho de aceptar, o siquiera, pensar de que seres de otros mundos viajaron miles de años luz con el objetivo de ayudarnos a construir miles de pirámides, sin dejar pruebas de ello, constituye lisa y llanamente, una negación de la capacidad humana, de negar el poder de llegar a ser como la mismísima creación, el negar rotundamente de que el ser humano también puede ser la Causa, y no simples y meros efectos receptivos de una Gran Causa externa e incognoscible.

También teorizan y se hacen las siguientes preguntas: ¿Porque existen formas piramidales en todos los rincones del planeta? Si esto sucedió hace 5 mil años o mas, como pudieron organizarse todos los constructores del mundo, como para construir monumentales obras en piedra, basadas todas en el mismo tipo de geometría piramidal? Obviamente debe ser por las conexiones que realizaron los extraterrestres, -se dicen para si mismos-, ya que en ese tiempo, no habría conexiones o relaciones humanas entre los diferentes continentes.

Pero, desde mi humilde opinión, les digo que esas preguntas tienen unas muy simples respuestas. Si son personas observadoras, podrán constatar de que la construcción piramidal se encuentra de una manera, casi innata dentro del ser humano. Por ejemplo, si le damos un grupo de cubos a un niño, para que éste los disponga de cualquier manera que se le ocurra, terminará haciendo una estructura piramidal, por el simple hecho de que, luego de sus múltiples pruebas y errores, la forma que le es mas estable, es la pirámide. Incluso, las montañas no se desmoronan ya que la mismísima naturaleza las construye con forma piramidal. La forma piramidal es la mas autosustentable de todas las formas, y por ende, un niño, o bien, los constructores de las pirámides de Egipto -y de las demás partes del mundo-, es la forma geométrica respecto de las que se basaron para construirlas, gracias a su solidez y a sus inherentes simplezas constitutivas.

Por tales motivos, y siempre desde mi perspectiva, los viajeros ancestrales de otros mundos, no tuvieron nada que ver en ninguna de las construcciones por las que el ser humano ha hecho tantos esfuerzos en crearlas. Y por la misma razón de que el ser humano cree que existe un Dios externo a si mismo, también cree que existieron entes externos a los constructores de las pirámides de Egipto. Desgraciadamente, es constante e histórico de que el ser humano trate de reemplazarse a si mismo, por entes externos -llamémosle dioses o extraterrestres- cuando su uso de razón no puede darle una rápida explicación a lo eventos, objetos o sujetos que no logra entender.

En consecuencia, desde mi perspectiva escéptica respecto del tema extraterrestre, el ser humano es el ganador absoluto de las medallas de oro que representan su propia evolución histórica, social y personal. No ha existido un ser mas gigante y poderoso que el ser humano, el cual ha logrado -para bien y a veces para mal- modificar su propio entorno, con el simple hecho de perseguir sus metas hasta hacerlas una realidad, sin importar el tiempo que pase para llegar a ellas. Las metas son todas alcanzables, porque sino, no serían metas, para pasar a ser simples caminos sin un final alcanzable. Para el ser humano todos los caminos tienen metas y solo el tiempo y la razón determinan cuando es el momento de alcanzarlas y no un ente o deidad externo a él.

Aquellos constructores, -personas como usted y como yo-, que lograron en conjunto proezas de dimensiones colosales, utilizaron su enfoque mental, su tenacidad, su geometría, su imaginación y su cuerpo, para mover piedras extremadamente pesadas de manera de colocarlas, -luego de extraerlas previamente desde las canteras ubicadas a cientos de kilómetros, para después tallarlas como las necesitaban que sean- una sobre otra, de tal manera, que aquella geometría, aplicada adecuadamente, les indicaba el justo lugar en donde deberían ir. Ni un centímetro mas, ni un centímetro menos.

Ahora bien, cual fue la tecnología con la que se basaron para mover -independientemente del lugar y de la altura- miles de piedras de 2 mil a 20 mil kilos de peso por cada pirámide; eso es un tema que queda hasta hoy en día, en el terreno de las hipótesis, sin que exista una manera lógica al ciento por ciento, de explicar dicha cuestión. Pero, lo anteriormente escrito, no habilita a que debamos creer que una "mano" extra-terrestre fue la que ayudó, o en el mejor de los casos, construyó, las pirámides. Ellos deben tener mucho trabajo en su mundo construyendo sus propios imperios.

Es mas, de todo lo anterior surge una pregunta un tanto comparativa, y es, ¿porque los extraterrestres tienen que poder hacer algo colosal en un mundo y en una atmósfera que no es la de ellos, y nosotros no lo podemos hacer en nuestro propio mundo y respirando la atmósfera en la que evolucionamos?

Y realizando otra comparación, entre arquitecturas milenarias y el ser humano, los mas de 8 mil kilómetros que conforman la Muralla China, la cual se extiende desde la frontera con Corea, al borde del río Yalu, hasta el desierto de Gobi, a lo largo de un arco que delinea aproximadamente el borde sur de Mongolia Interior, es la única estructura -hecha por el hombre- que es observable a simple vista desde el espacio, con lo colosal y laborioso que habrá sido el tener que construirla sobre las montañas. Ellos, ¿también fueron ayudados por los extraterrestres?

En consecuencia, el ser humano es capaz, no solo de apuntar sus estructuras piramidales hacia el cielo, sino que también de llegar al mismo cielo, y mas allá, en donde el único límite es nuestra propia mente y nuestra meta... las estrellas.


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