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30/03/2018


Con respecto a los números 11 y 13, tan utilizados, implícita y explícitamente, hoy en día, bajo todo ámbito imaginable, se dice, que los 3 clavos que clavaron a Jesucristo en la Cruz, medían, justamente, entre 11 y 13 centímetros. Y los tres clavos de Jesús, si los colocamos a los 3, verticalmente, se verían de la siguiente manera: "TTT", por lo que, se asemejan mucho, a la letra hebrea "vav", que es similar a una "T", de manera gráfica, y que tiene un número simbólico asignado, y ese número es el "6", por lo tanto, las 3 letras "TTT", conforman un 666, además, el "Vicarivs Filii Dei", el Vicario del Hijo de Dios (el verdadero título del Papa), cuyos valores de las letras de la frase anterior, en Latín, suman 666, las tres letras "vav" o "T" juntas, conforman los 3 clavos que clavaron a Jesucristo sobre su Cruz, y por lo tanto, esos 3 clavos, nos indican, simbólicamente hablando, la propia humanidad inherente de Jesucristo, (siendo el 3 un número masculino), clavado en la Cruz, (siendo el 4 un número femenino), la dualidad perfecta que nos recuerda nuestra innegable naturaleza dual e inseparable, es decir, que el hombre Crístico, jamás se separará de su Cruz, de su otra esencia femenina, y une el simbolismo de los 3 clavos, los tres "vav", los 3 "T", con el 666, El Número del Hombre (varón y mujer, aunque por ser par, tiene connotaciones femeninas). Y esta idea se aplica a la inversa también, es decir, lo femenino, siempre tiene también, su parte masculina, unida por los mismos clavos. Incluso, me atrevo a citar la conocida frase que dice: "Siempre, detrás de un Gran Hombre, hay una Gran Mujer", pues, dicha frase se refiere, de acuerdo a mi manera de desvelar el simbolismo, a lo siguiente: "Jesucristo, es decir, un Gran Hombre, siempre estará unido a una Cruz, es decir, a una Gran Mujer", Cruz aquella, que estaría representando a María Magdalena, la esposa de Jesús, aquella mujer pelirroja, el cual es un color similar a la madera con que fue construida la Cruz. Jesucristo, unido a María Magdalena, y esta a aquel, por medio de los 3 clavos que representan al 666, al número representativo de la innegable dualidad del Hombre. El 666 no esconde a una bestia, y mucho menos al Anticristo, sino que, su simbolismo, nos expresa que el verdadero Dios, está dentro de cada uno de nosotros, y no en el afuera, porque todos (varón y mujer) estamos unidos, por aquellos 3 simbólicos clavos, en una perfecta sinfonía, por medio de los números 11 y 13. Detrás de un Gran 13 (1+3=4), siempre hay una Gran "4" (la Cruz es el cuaternario) obteniendo de esta manera un 44 y si lo reducimos a un solo dígito, obtenemos un 8, el número de la Cristiandad, representado, entre otros simbolismos, por los Caballeros Templarios a través del Octógono que hicieron manifiestos en muchas de sus construcciones medievales.



Y me atrevo a expresar lo siguiente, en cuanto a la creciente cantidad de personas, entre las cuales, me incluyo, que hemos visto (y lo seguimos haciendo, cada vez con mayor cantidad de ocurrencias) lo que Carl Jung denominaba, en su libro, "Sincronicidad", como "eventos a-causales, estadísticamente significativos", y en este caso, con respecto a los dos clavos que medían 11 centímetros, y que se corresponde con los que atravesaron las muñecas de Jesucristo, para terminar clavados en la madera de la Cruz; y lo que mencioné antes, que me atreveré a expresar, es que esos eventos a-causales, en relación con los clavos de las manos de Jesucristo, representan al tan observado por muchos: 11:11, ya sea en relojes de todo tipo, y en otros conteos numéricos, en patentes de automóviles, y un gran etcétera. El 11:11, respecto de lo cual, he escrito este artículo, representaría, nuestra Sincronicidad con nuestro Dios interior, con nuestro Yo, con nuestra Alma, porque ésta debe ser lo mas Cúbica posible (666), para convertirnos, cada vez más, en mejores personas; y justamente, aquel 11:11, al sumar sus unos, obtenemos 4, el número femenino que representa a los 4 elementos, a la materia, al Hombre (en tanto que Universal, masculino y femenino); pero también representa a un cuadrado, y como la letra "vav", posee el valor numérico 6, como sabemos, un Cubo, posee 6 caras, y nuestra Alma, o bien, nuestra psique profunda, debe quedar lo mas cúbica posible, eliminando sus asperezas, es decir, nuestros egos, para convertirnos en mejores seres humanos, y ese 6, de la letra "vav" de forma similar a un clavo, es decir, de esta forma: "T", en conjunto simbólico con el 11:11, es decir, los 11 centímetros que tenían los clavos de Jesús, que sostenían, como cual tormento interminable, sus manos, y su propio cuerpo, y un 11 por cada mano, estos últimos conforman los 4 lados de un cuadrado, y en relación con el 6, valor numérico de la letra "vav", conformarían, entre ambos simbolismos, el Cubo, nuestra propia Alma, o Psique profunda, la que debemos saber trabajar, por medio, justamente, de nuestras propias manos, las mismas manos que detuvieron a Jesucristo, en su propia Cruz femenina. Por otro lado, el clavo que sostenía, a modo de otra tortura constante, los dolientes pies de Jesús, uno sobre el otro, debía ser un poco mas largo, por ello, el número 13, simbolizaría la superposición de nuestras bajas pasiones, las que van en contra de construir nuestra Alma Cúbica, construida por medio del 11:11, por medio del Cuadrado en relación con la letra "vav" lo que conforma un Cubo por medio de su valor numérico, el 6... en definitiva, construida por medio de nuestras manos, en lo alto de nuestra dualidad, masculino-femenino. La unicidad superpuesta de los pies de Jesús, por medio del Clavo de 13 centímetros, nos indicaría lo que expresé antes, pero también, la manera en la que fue crucificado, San Pedro, y que fue de manera inversa a la de Jesús, con la unicidad hacia arriba, y la posibilidad, o el simbolismo, de construir nuestra Alma Cúbica, hacia abajo, ya que, Pedro el Apóstol, negó 3 veces a su Maestro, antes de que cantara el gallo, frase que le profetizó, según la Biblia, su propio Maestro Jesús. En este último caso, el 13 queda en lo alto, y el 11:11, el Cubo, el Alma, en el lugar de las bajas pasiones, porque Pedro, no pudo construirse a si mismo, de tal manera de que, a las preguntas de las personas, de que si, conocía a Jesús, el pudiera haber respondido de manera afirmativa. Jesús es el Maestro, y por ello, el 11:11 (los dos clavos de 11 centímetros, cada uno) está por sobre la unicidad y superposición que simboliza el número 13 (el único clavo de 13 centímetros, en los pies del propio Jesucristo), mientras que Pedro, no llegó a ser un Maestro, y en lugar de ello, todo lo contrario, porque en él, prevaleció el 13, por sobre el 11:11, el clavo de los pies inmóviles, por sobre los clavos de las manos que construyen. Incluso, la Cruz misma, tiene 4 cuadrantes (lo femenino), conformando un Cubo velado, pero, un Cubo al fin. Este es el mensaje velado, desde mi punto de vista, que nos demuestra la crucifixión, que nos debemos construir a nosotros mismos (Jesucristo), para no dejar rienda suelta a nuestros egos (Pedro).

Y tengamos en cuenta, que la mujer, representada por la Cruz, en cuanto a su dualidad con Jesucristo, también posee el 11:11, por sobre el 13, y el mismo simbolismo se aplica para la dualidad inherente al varón y a la mujer.

Y para terminar, lo mismo puede decirse de otros simbolismos que representan la dualidad y la "cubicidad" del Alma, en contraste con las bajas pasiones, pero en muchas otras culturas, y, como lo expresaba antes, ellas las conjugan de otras maneras diferentes al cristianismo, pero que, en su esencia arquetípica, su representación psíquica, simbolizaría lo mismo.

Nelson J. Ressio.

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30/11/2015


La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.

Confucio.

De arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba; de la individualidad a la universalidad, de la universalidad a la individualidad; del Diseñador al Demiurgo, del Demiurgo al Diseñador; de la Mónada a la Tétrada, de la Tétrada a la Mónada; de la Unidad del Espíritu a la Dualidad material, de la Dualidad material a la Unidad del Espíritu; de la Luz de la Razón a la oscuridad de la ignorancia, de la oscuridad de la ignorancia, a la Luz de la Razón; de las virtudes de la conciencia con predominio por sobre los pasiones de la inconsciencia, de los vicios de la inconsciencia oscureciendo a las virtudes de la conciencia; del espíritu por sobre la materia, de la materia por sobre el espíritu; del la quintaesencia por sobre los cuatro elementos, de los cuatro elementos por sobre la quintaesencia; energía y materia, materia y energía; la Divina Providencia, la Divina Proporción inscrita por la naturaleza en el cuerpo humano, representado por el Hombre de Vitrubio, pero hay mas; la estrella Sirius, el Dios Egipcio Anubis, el Dios Horus, el Sol, el símbolo de la Piña que representa la Glándula Pineal del cerebro, la Pentalfa del Dios Egipcio Hermes o el Dios Mercurio para los Griegos... de la manera que lo expresé, es la Estrella Flamígera, utilizada en un sentido dual, es decir, con un vértice hacia arriba y con los dos hacia abajo, o con los dos vértices hacia arriba y con uno hacia abajo... dos símbolos emblemáticos emanados desde un mismo objeto, y que portan entre sus imágenes arquetípicas objetivas, no solamente lo anteriormente expresado, sino que también, se le suman innumerables interpretaciones adicionales, propias de la doctrina de las escuelas filosóficas, pero también, de parte de la consciente subjetividad de quien la interpreta, de quien la hace suya. Y una buena manera de adueñarse de su contenido arquetípico, es hacer que nos represente, en primera instancia, todo lo absoluto en el ser, en la justicia, en la realidad, en la razón y en la verdad.

En relación con los templos, como por ejemplo, el Templo de Salomón, la Estrella Flamígera, se posa de una manera muy elocuente, con ambos vértices inferiores sobre las columnas “J” y “B” respectivamente, en dirección hacia el Occidente, hacia la oscuridad, hacia las tinieblas de la Ignorancia y de los vicios que retrotraen al ser humano en dirección a un inevitable destino individualista y materialista, mientras que el vértice superior de la Estrella, se ubica justo en el lugar en donde se sitúa el Egregoro, ese Ser luminoso que logra hacer circular la energía y la Palabra, de manera tal de que, todos los iniciados en los pequeños y grandes misterios, se sientan conectados entre todos y con todos, el Egregoro se conforma como el vértice superior de la Estrella Flamígera que apunta hacia el Oriente, hacia la Luz, hacia la claridad del pensamiento, del discernimiento y del domino de las bajas pasiones, y constituyendo el pentágono, que se conforma por las líneas que se entrecruzan por el centro de la Estrella, como el lugar exacto dentro del Templo de Salomon, en donde se ubica la Génesis de la Luz que iluminan los trabajos allí realizados. Pero, nos restan ambos extremos de la Estrella Flamígera, los cuales, uno apunta hacia el Norte, y el otro hacia el Sur; en definitiva, la Estrella Flamígera, no solamente representa al Gran Diseño, a la Creación y a la Destrucción del Macrocosmos, sino que también, al Microcosmos, representado por el Templo eminentemente material, como así también, al Templo material y espiritual del cuerpo humano.

En lo que respecta al Pentágono central de la Estrella Flamígera, podría decir que, inevitablemente, me traen a la conciencia, varias representaciones arquetípicas del propio cuerpo humano, como los 5 sentidos y los 5 dedos, dedos de esas cuatro Herramientas naturales que nos permiten trabajar y deambular por la madre Tierra, y que son los dedos de los pies y de las manos, todos estos, como partes vitales de nuestro cuerpo, ­los sentidos y los dedos, que nos hacen, no solo ser individuos autónomos, sino que además, nos ayudan a definir y a modificar nuestro entorno, a nuestro antojo y a nuestra conveniencia, siempre y cuando dicha conveniencia se encuentre enmarcada con lo que el vértice superior de la Estrella Flamígera representa, mas no así, con los vértices inferiores o laterales. Además, el Pentágono representa en mi mente, a un Templo Perfecto, a los 5 escalones que representan la Inteligencia, la Rectitud, el Valor, la Prudencia y la Filantropía, pero también, al símbolo del Pentágono lo considero como un emblema inequívoco de la transmutación de lo que está abajo, ­la materia, la dualidad de las bajas pasiones, es decir, aquellos dos vértices; en lo que está arriba, ­en la energía, en la conciencia, en esa unidad que se desprende del vértice superior. Además, y prosiguiendo con el Pentágono, éste símbolo circunscrito e inseparable de la Estrella Flamígera, y además, existente gracias a ésta, me indica que no podremos alcanzar la Luz de la conciencia, no tendremos las Herramientas necesarias para transmutar, para Resolver y Coagular nuestro plomo, el que nos empuja hacia el suelo, en un oro reluciente, que nos elevará hacia el cielo, es decir, no tendremos las Herramientas para pasar de ser orugas que solo se arrastran a nivel de la tierra, a ser una bella mariposa Monarca que vuela muy alto... muy arriba.

Con la mente consciente, subjetiva, ­con ese vértice superior de la Estrella Flamígera haciéndolo nuestro, logramos Mirar hacia arriba, logramos la ascensión de nuestra propia materia, logramos nuestra Apoteosis, logramos tocar el mismísimo Cielo, logramos alcanzar a nuestros propios dioses interiores, nuestra propia Divinidad, logramos hacer consciente lo inconsciente, logramos hacer subjetivo lo objetivo, logramos la fase de la Citrinitas alquímica, logramos hacer nuestra esa Cruz que traemos desde el mundo profano, Cruz aquella, que por la cual y a través de la cual, y luego de una muerte simbólica, logramos al fin, la resurrección, nuestra propia resurrección, hacia ser seres completamente nuevos y perfectibilistas, luego del innegable, pero bello sacrificio que implica el transitar por la vida misma... en definitiva, logramos la Claridad de nuestra Conciencia por sobre las confusiones que se desprenden de la materia, representadas por los 4 vértices inferiores de la Estrella Flamígera.

Pero existe otro símbolo inseparable de la Estrella Flamigera y que se circunscribe dentro del Pentagrama conformado por el entrecruzamiento de sus líneas, y que es la letra “G”, respecto de la cual no me explayaré aquí, mas que expresar que, dicha letra, muy simbólica, termina de conformar un suprasímbolo de Generación y de Regeneración, de amor y de Luz, letra que representa al Hombre libre y de buenas costumbres, Hombre que ha descubierto la Luz de la Razón, luego de aquella apoteosis, de aquella crucifixión muy asemejada a la perfección, emanada del Hombre de Vitrubio, Hombre que emerge de la oscuridad que trae desde el mundo profano, en dirección a la Luz de la Perfección de su propia psique.

La Estrella Flamígera, el Pentagrama, la letra “G” el Cuerpo Humano y el Templo, el Microcosmos y el Macrocosmos, todos ellos asimilados en nuestra psique, por la simple acción de observar un símbolo extremadamente importante y representativo de la persona que desea mejorarse a si mismo... y por ende... a los que lo rodean, y al mundo entero.


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