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05/07/2023


La Libertad (con mayúscula) es una aspiración humana que se sitúa por encima de todas las virtudes. Es un anhelo profundo de cada individuo, una búsqueda constante que nos impulsa a alcanzar su máxima expresión en nuestras vidas. Sin embargo, a lo largo de nuestra existencia, nos encontramos encadenados por dogmas de diversa índole, que limitan nuestra capacidad de ser verdaderamente libres. Entonces, ¿qué significa el concepto de Libertad en el contexto de nuestras emociones, nuestros miedos y nuestras propias acciones? y ¿cómo podemos acercarnos cada vez más a esa ansiada libertad interior?

Desde el nacimiento, nuestras mentes se ven influenciadas por dogmas carcelarios que nos condicionan y limitan. Ya sean dogmas políticos, religiosos, ideológicos o incluso deportivos, estos sistemas de creencias nos atan y nos impiden desarrollarnos plenamente. Sin embargo, aunque podamos liberarnos de ellos, como ejemplo de una cadena de la que creo que nadie se libra, es un tipo de miedo; existe un miedo constante, latente, evolutivo y a veces inconsciente, que nos persigue a todos por igual: el miedo a perder a un ser querido. Este miedo, aunque egoísta en su naturaleza, es una cadena de la cual resulta extremadamente difícil liberarse debido a nuestra naturaleza emocional y evolutiva. Podemos encontrar consuelo en la idea de la inmortalidad del alma y en la noción de que somos seres trascendentes, pero el miedo a la pérdida de un ser querido siempre estará presente. Este miedo, aunque podamos apaciguarlo y relegarlo a un segundo plano en nuestra conciencia, sigue acechándonos hasta el último día de nuestra existencia material. Es una cadena que nos ata a nuestra condición humana y que, por su propia naturaleza, resulta casi imposible de romper.

Otra fuente de limitación en nuestra búsqueda de libertad radica en nuestras propias acciones. Cada gesto, palabra, deseo, sentimiento, descuido, omisión, recuerdo, insinuación, inseguridad, intención y vicio contribuyen a una cadena que nos aprisiona psicológicamente. Nuestras máscaras psicológicas, compuestas por todas estas acciones y más, juegan un papel crucial en nuestra sensación de estar encerrados en una cárcel de cristal. Para liberarnos de estas cadenas, es necesario escudriñar nuestras acciones a través de la razón pura. Este proceso, aunque extremadamente desafiante, nos permite tomar control sobre nuestras acciones antes de que se manifiesten. Requiere un profundo autoconocimiento, una conciencia aguda de nuestras máscaras psicológicas y un compromiso constante con nuestra existencia y la de los demás. Al aplicar hábitos que prioricen la razón sobre la acción, podemos aprender de nosotros mismos, pulir nuestras imperfecciones y romper la mayoría de las cadenas que nos mantienen prisioneros.

Si bien la libertad completa puede resultar inalcanzable, debemos esforzarnos en nuestro viaje hacia la libertad interior. A través del constante uso del hábito, podemos acercarnos a esa anhelada libertad, rozándola mínimamente y sintiéndola muy cerca en nuestro interior. Al trabajar en nuestro autoconocimiento, en nuestra empatía, respeto y humildad, podemos allanar el camino hacia la libertad, liberándonos de las cadenas que nos atan y abriendo paso a una plenitud personal y espiritual.

La búsqueda de la libertad es un camino arduo, pero necesario para el desarrollo humano. Aunque nos enfrentemos a dogmas, miedos y nuestras propias acciones, podemos encontrar la libertad interior a través del autoconocimiento y el dominio de nuestras emociones y comportamientos. La libertad total puede ser inalcanzable, pero a medida que nos acercamos a ella, experimentamos una sensación de plenitud y realización que nos permite vivir con mayor autenticidad y paz interior. En consecuencia, es el compromiso constante con nuestra propia evolución y el deseo de trascender nuestras limitaciones lo que nos permitirá tocar la punta de nuestros dedos en la búsqueda de la libertad.

Lic. Nelson J. Ressio.

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16/08/2017


Ya sea, gracias a los míticos y Bíblicos, Adán del génesis como mero efecto de un proceso Creador y Causal; Tubal-Caín, representando la sabiduría de la metalurgia y del progreso en general; Moisés, personaje múltiple adoptado por el judaísmo, el cristianismo, el islamismo y el bahaísmo, encomendado por Dios para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud egipcia; Noé, considerado por algunas religiones, como el padre de la humanidad, luego del simbólico Gran Diluvio Universal; o aun más reciente que aquellos, nos encontramos con la leyenda –o realidad histórica– del hábil artesano y alquímico hermético, Hiram Abif, –hijo de una viuda de la tribu Neftalí y de su padre, originario de la región de Tiro, al sur de lo que es hoy el Líbano– cuya etimología de su nombre, de origen fenicio, nos revela la frase: “Mi Hermano el Exaltado”, mítico arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén, templo erigido tras dos prominentes columnas de bronce, nombradas ambas, por aquel artesano Hiram, como Jaquim –significando “Dios establecerá”– y Boaz –significando “la fortaleza de Dios”–, quien luego, el Maestro Hiram, fue asesinado por la injerencia de tres personas llenas de ambición, fanatismo e ignorancia, en respuesta a su categórica negación ante los amenazantes pedidos de aquellos, de que éste les entregara los secretos y la palabra sagrada, ambos utilizados por él, para la construcción de los Templos; por otro lado, también, y gracias a otros sucesos y personajes más comprobados históricamente, como los propios egipcios, con sus milenarias e imponentes construcciones basadas en la aplicación de su incuestionable geometría, pasando por los más recientes, como la Orden de los Caballeros Pobres de Cristo, también conocidos como los Caballeros Templarios; siguiendo por los Rosacruces, orden fundada en 1614 era vulgar, por un tal Christian Rosenkreuz –claro seudónimo de quien le dio el nombre a aquella orden–; y hasta los propios humanistas del Renacimiento del siglo XIV, con rasgos ideológicos como la filosofía, el arte como mimetismo y como actividad intelectual y analítica, el antropocentrismo, la fe en los valores del hombre en tanto que su universal, el aprecio por ciertas virtudes como el esfuerzo y la autosuperación, el uso de la razón pura, el éxito del comercio económico, el desprecio por todo tipo de guerra, el equilibrio en la elocuencia, el ennoblecimiento platónico de la realidad, el optimismo enaltecido frente al pesimismo, el retorno a las primeras fuentes del saber, el uso de la lógica frente al autoritarismo medieval, el respeto a la mujer, la búsqueda de la espiritualidad con uno mismo –el esoterismo– y no tanto lo externo y lo materialista –el exoterismo– y el reconocimiento de los valores humanos… todo lo antedicho, mitos, historia, personas, virtudes y valores… y mucho mas, convergieron en lo que hoy conocemos como una institución dedicada a la ferviente exaltación de las mas puras virtudes humanas, a la transmutación de nuestras bajas pasiones en eternas potencialidades, al uso de la razón basada en la filosofía por sobre todo dogmatismo y fanatismo, a la filantropía, como una mano extendida y ofrecida sin pensar en obtener nada a cambio, para los que mas la necesitan… esto es la Masonería.

La Masonería, institución actualmente especulativa, que a través de los años, –y fundamentada en lo anteriormente dicho, y deviniendo ésta desde los primeros constructores, albañiles, o mas bien, masones operativos de la edad media–, ha sabido construir y moldear, por la acción heroica, libre, igualitaria y fraterna de sus hombres, el destino de la mayoría de los pueblos del mundo, encauzándolos, a través de sus procesos libertadores e independentistas, hacia un libre albedrío institucional, en el que los propios países recién emancipados, comenzaron un lento, pero imparable proceso decisorio, fundacional y organizativo de sus instituciones estructurales, hacia un estado soberano al servicio del pueblo, en los cuales, la mano de la Masonería, y siempre a través de sus hombres, estuvo, está y estará siempre presente. Y digo estará, porque al iniciarnos en esta tan augusta institución, con el solo hecho de consentir, aceptar y prometer llegar hasta derramar nuestra propia sangre para salvaguardarla en todo lo que ella encierra, desde aquellas respuestas que lacramos por medio de un sello de fuego en nuestros corazones, y constituidas por el mas sincero y humilde convencimiento, la estamos haciendo eterna.

Esta tan trascendental fraternidad, de espíritus libres, de almas iluminadas con la luz de la sabiduría, esparcida por toda la faz de la tierra, es la génesis del mundo moderno, liberal, e independiente, y de todo proceso que se base en derechos indiscutibles como: la libertad y la independencia cualquiera sea su origen, eso si, respetando en todo momento y con igual predisposición de nuestra parte, –como base fundamental de aquellos dos inalienables derechos de los pueblos–, tanto las constituciones profanas como también las masónicas, ya que no debemos confundir libertad con libertinaje, pudiendo definir a esta última, como una especie de libertad sin control, la cual, para nada es sinónimo de crecimiento y evolución de los pueblos, sino que, mas bien, representa el atraso de los mismos, quedando estancados y sucumbidos bajo la ambición, el fanatismo y la ignorancia.

La institución masónica, edifica templos de virtudes, construidos para, por, y dentro de cada uno de los hermanos que la conforman, como así también, aquellas virtudes, son volcadas con humildad y respeto, hacia toda la sociedad profana, con el objetivo y la meta establecidos en el mejoramiento de la vida en este, a veces, tan atormentado planeta.

Gracias a esta gran fraternidad universal, la cual, haciendo honor a todo su linaje histórico que carga sobre su espalda virtuosa, y que detallé en el comienzo de esta plancha, se han fundado, no solo países por medio de los procesos independentistas como el de nuestro país y revoluciones como lo fue la francesa, sino que también, instituciones humanitarias como la Cruz Roja, los Boy Scouts, el Rotary Club, el Club de Leones; además de dar al mundo, como ninguna otra institución lo ha hecho, incontables músicos, escritores, actores, escultores, científicos –de todas las variedades de ese saber–, políticos, militares, incontables Premios Nobel, docentes, y hermanos de las demás ramas del arte y de la ciencia, y que aquí he omitido por razones de tiempo y espacio; todos los anteriores, revestidos con la inextinguible y poderosa Luz masónica, cuyos personajes eran, son –y serán– portadores de una genialidad que ha trascendido –y trascenderá– sus propias existencias. 

Y continuando con los innegables y trascendentes aportes de la masonería a este mundo, de la misma manera, podemos ver la indiscutible mano masónica en muchos otros ámbitos de nuestras vidas, como por ejemplo la constitución del estado laico para todos sus organismos administrativos, de seguridad, políticos y de enseñanza, en todos los niveles, consiguiendo con ello, igualdad, libertad de conciencia y de elección de las personas, respecto a su credo, el cual queda relegado naturalmente a un lugar totalmente fuera del estado. La laicidad, no solo se basa en el respeto a la pluralidad de pensamientos e ideologías de cada individuo en un estado soberano, sin imponer ninguna ideología o dogma que encadene mentalmente a las personas, sino que también, se dedica a lo que realmente le compete, y que es el conseguir que el estado se enfoque en el bienestar, –en todos los aspectos de la vida–, de los habitantes que yacen bajo sus normas.

Y como si lo anterior fuera poco, la masonería ha creado equipos de football como por ejemplo, River Plate, en nuestro país, y otros mas; además de haber fundado, ni mas ni menos, que las bases mismas de este deporte, constituyéndose todo lo relativo a las reglas del football, el 26 de octubre de 1863 era vulgar, a través de la English Football Asociation, en una reunión de masones, en la taberna Reina Elizabeth nº 11, en Londres.

Como vemos, y para finalizar, esta augusta y respetable institución, desde sus inquietantes inicios, ha podido esparcir su Luz a todos los que han pasado bajo su filosofía, por lo que, aquellos personajes, aquellos sucesos, aquellas antiguas civilizaciones y ordenes iniciáticas que la antecedieron, no vivieron ni sufrieron en vano, ya que pudieron trascender en conjunto, para forjar lo que hoy en día es la Masonería.

Nelson J. Ressio.


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09/07/2015

Esta imagen es totalmente reveladora. Solo hay que Mirar más allá... de lo evidente.


Antes de continuar leyendo, abramos nuestras mentes... ¡por favor!, porque, la pregunta que hace al título, es extremadamente amplia -como reveladora es la imagen que lo corona-, y como muchos sabemos, el mundo se encuentra dividido por innumerables factores, factores estos que fueron creados por la propia mente humana colectiva, entre los cuales se encuentran el football, (como único deporte divisor de masas, y no así, en tanto que deporte destinado al mejoramiento mental y físico del ser humano); las religiones extremadamente dogmáticas y que toman a una Revelación Divina como la única guía para las decisiones individuales y colectivas; y los partidos políticos basados en ideologías retrógradas y que ya no tienen más cabida en este Nuevo Mundo que se avecina.

El ser humano se encuentra absolutamente dividido por aquellos y otros factores más, dentro de un aparente estado de aletargamiento sin precedentes, totalmente independizados de la Verdadera Independencia, de esa Independencia que une lo disperso, que hace mirar a los que solo ven, que hace escuchar a los que solo oyen, esa Independencia por la que debemos festejar todos los días de nuestras vidas hasta la desaparición corporal. Y, ¿a que Independencia me refiero? Pues, a la Independencia que nos convierte en Hermanos con todos los habitantes de este planeta Tierra y con todo otro ser vivo de todas las especies, y a la Independencia que nos da el deshacernos de todas las cadenas antedichas; deportivas, religiosas y políticas, todas ellas, en tanto que extremos dogmas opresores de mentes desprotegidas intelectualmente; y en el deshacernos de otra cadena más, la principal, la que nos aleja entre Hermanos, de la verdadera Independencia, y que es la que nos divide a nivel planetario: las fronteras nacionales.

El ser humano, desde tiempos inmemoriales, ha evolucionado sin fronteras nacionales, yendo y viniendo, de aquí para allá, tal cual por donde le indicaba la intuición y la razón, para el bienestar colectivo y el propio. Miles de individuos siendo "uno con el entorno", "uno con el planeta Tierra", "uno con el Universo", sin divisiones virtuales fronterizas que los separaran unos de otros. Únicamente, las divisiones geográficas se interponían entre un grupo y otro de seres humanos.

Llegado un cierto momento, el Hombre comenzó a dividirse, justo cuando comenzó el concepto de propiedad, sea esta propiedad un par de cubiertos, una casa, un castillo, un pueblo, una ciudad... un país; a medida de que se comenzaba a comprender el valor material de las posesiones, el ser humano fue creando divisiones, primero en el mundo de las ideas, y luego en el mundo de las apariencias, divisiones que, a partir de allí, se han transformado en un dogma inamovible, porque, el hecho de pensar en dividir para triunfar, era pensar en crear una división para proteger, desde aquellos cubiertos, hasta crear una gigantesca muralla para proteger a un gran país. Dividir, desde tiempos inmemoriales, y hasta estos días, es sinónimo de protección de lo que se posee. Dividir era, y es, al mismo tiempo, triunfar y proteger. Pero el dividir para triunfar se ha degradado hoy en día, hasta tal punto de imprimir una potencial regresión evolutiva sobre toda la especie humana, a través de aquellos inventos, antes mencionados, como el football, las religiones y las ideologías políticas, todos estos, divisores por naturaleza, porque conllevan en sus entrañas informales (y no así en sus normativas), las bases para la división del ser humano.

Con el hecho de dividir, el ser humano lograba triunfar y proteger sus posesiones, creando un verdadero dogma en la psique de toda la especie humana, dogma que nos dice que, dividir es bueno, y que si nos separamos dentro de la misma especie, por medio de divisiones virtuales, denominadas límites, o fronteras nacionales, es una gran manera de triunfar ante todo lo demás y de proteger todo lo que pudimos conseguir como un grupo -entre tantos- que subyace dentro del concepto de nación.

La verdadera independencia, proviene de comprender nuestro lugar individual en el mundo, y que los procesos independentistas forjados por los padres fundadores de cada país, fueron solo, grandes y necesarios pasos tendientes hacia la última gran fase independentista que verá el Hombre... la de la independencia de las fronteras nacionales que nos separan como si fuésemos diferentes planetas dentro de uno solo... algo descabellado para el siglo en que vivimos. Somos una sola nación... la Tierra... y nuestro límite... es que no tenemos límites, ni mentales ni geo-físicos, por ello es que somos Homo Sapiens Sapiens, y no llegamos a esto, para hundirnos en nacionalismos retrógrados y anti-evolutivos.

El ser humano se siente satisfecho por las divisiones que ha conseguido, porque el dogma que dice "divide y vencerás", está fijado con fuego en la mente colectiva. Pero, como sabemos, todo dogma requiere de un gran esfuerzo de parte de la psique colectiva e individual, para que pueda ser reemplazado por una gran idea de Unión. ¿Y como lo hacemos? Lo hacemos comenzando a pensar en la especie humana como un todo indivisible, porque unidos llegaremos 
más allá que nuestra propia imaginación, llegaremos a aquella verdadera Independencia.

Pensemos a este planeta, sin fronteras nacionales, sin divisiones que nos transformen en bandos u opositores entre nosotros mismos, porque no deben existir los bandos, debido a sus inherentes y evidentes características divisoras, y tampoco debe existir la oposición, por la misma razón.

El bando debe ser uno solo, conteniendo dentro a toda la humanidad, a todos los seres humanos, bajo una misma Independencia, y que es, la verdadera Independencia, la de las divisiones que nos separan y que nos generan odios de todo tipo.

Cuando seamos libres de todo lo que nos divide como especie, de todo lo que nos hace enfrentar, de todo lo que nos hace tener odios de todo tipo, de todo lo que nos hace asesinar a otros por reivindicar preceptos dogmáticos de las organizaciones mencionadas anteriormente, justo allí, ocurrirá la verdadera Independencia, porque seremos independientes, pero no de una facción de nuestra propia especie, sino de lo que potencialmente se ha transformado en una amenaza de destrucción para la raza humana, y que son algunas de nuestras propias creaciones eminentemente divisoras.

Seamos independientes de nuestro lado oscuro.

Debemos Independizarnos de todo lo que nos empuja hacia la oscuridad. La Verdadera Luz es Independencia. Una conciencia elevada es Independencia. La Unión es Independencia. La Libertad es Independencia. El ser virtuosos es Independencia. El tener la idea de que somos una especie -junto a muchas otras- que flotamos sobre esta roca en un inmenso espacio que no está vacío, y que así como la Tierra no es el centro del Sistema Solar tampoco el Homo Sapiens Sapiens es el centro del Universo... incluso eso... es Independencia.

Nelson J. Ressio


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