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21/12/2023


En las sombras del tiempo, emerge la enigmática figura de Jano, el ianitor supremo que guarda las llaves simbólicas, las cuales abren las puertas cósmicas del devenir anual. Estas llaves, más que simples artefactos, encierran el misterio de las Puertas Solsticiales, marcadores celestiales cruciales en el vasto ciclo zodiacal.

Jano, desempeñando el papel de ianitor, no solo controla las puertas del tiempo, sino que también desentraña la simbología axial de las llaves. Estos atributos se convierten en símbolos axiales, desbloqueando las dimensiones temporales y conectando pasado y futuro. En este complejo tapiz simbólico, las llaves revelan su poder para abrir la puerta hacia diferentes realidades temporales.

Dentro del misticismo hindú, Jano comparte un nexo profundo con Civa, también conocido como Shiva. Ambos comparten el título de "Señor del triple tiempo", custodios de una eternidad que se desenvuelve en pasado, presente y futuro. Esta conexión transversal destaca la universalidad de arquetipos que trascienden las barreras culturales.

Las Puertas Solsticiales, marcadores celestiales de gran relevancia, están íntimamente ligadas al ciclo zodiacal, guiando los destinos de los astros y la vida en la Tierra. Jano, en su papel cósmico, preside estas puertas, que ofrecen acceso a las dos mitades del ciclo zodiacal: la ascendente y la descendente. Así, su papel como "Señor de las dos vías" se manifiesta, conectando las corrientes místicas de derecha e izquierda, representadas por la letra Y de los pitagóricos.

La cosmovisión cristiana presenta el "Reino de los Cielos", un término que encuentra eco simbólico en las llaves de Jano. Según la tradición, estas llaves abren y cierran las puertas hacia lo trascendental, y el deva-yana señala la vía por la cual se alcanza ese reino celestial. La dualidad de las llaves, una de oro y otra de plata, evoca los "grandes misterios" y los "pequeños misterios", conectando el simbolismo cristiano con las antiguas tradiciones.

En la antigua Roma, los Collegia Fabrorum, custodios de misterios iniciáticos vinculados a las artesanías, estaban bajo la presidencia de Jano. Esta asociación revela su papel como dios de la iniciación, una función vital que trasciende las civilizaciones. La continuidad de esta tradición en el cristianismo se manifiesta en las festividades solsticiales de Jano, ahora personificadas en los dos San Juan, reflejando la transmisión ininterrumpida de conocimientos iniciáticos.

El término "johannita", que designa el aspecto esotérico de la tradición cristiana, trasciende las apariencias religiosas. En la masonería, heredera directa de las antiguas corporaciones, las festividades solsticiales persisten como testimonios vivos de este legado. Las corporaciones medievales, especialmente la de los constructores, mantuvieron viva la llama de la iniciación, siendo los dos San Juan sus patronos, de donde surge la conocida expresión "Logia de San Juan" en la masonería actual.

En el vasto lienzo de la historia, Jano y sus festividades solsticiales se entrelazan con la espiritualidad cristiana, fusionando antiguas raíces con las ramas de la tradición medieval. La doctrina tradicional de las puertas solsticiales, con sus conexiones iniciáticas, perdura en la masonería especulativa moderna, donde las festividades solsticiales, dedicadas a los dos San Juan, resuenan como un eco lejano pero poderoso.

Al explorar más allá de las fronteras culturales, la figura de Hermes Trismegisto, el místico y alquimista de la antigüedad, revela sorprendentes resonancias con Jano. Ambos personajes encarnan la triple manifestación del conocimiento, revelando la atemporalidad de ciertos principios simbólicos que han perdurado a lo largo de las eras.

En resumen, la figura de Jano, como ianitor de las puertas cósmicas, portador de llaves simbólicas y "Señor del triple tiempo", se erige como un faro que ilumina las sendas del conocimiento y la iniciación a lo largo de la historia. Sus conexiones con Civa, las Puertas Solsticiales, el ciclo zodiacal, el Reino de los Cielos, el deva-yana, los Collegia Fabrorum, el término "johannita", las corporaciones medievales, la Logia de San Juan y Hermes Trismegisto revelan una riqueza simbólica que trasciende las barreras temporales y culturales, sirviendo como guía para los buscadores de la verdad en todas las épocas.

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10/07/2018

Visita mi página, "El Hombre de las 101 Mil Caras": https://www.facebook.com/ElHombreDeLas101MilCaras
Mas allá de los conceptos propios y específicos del Kundalini y de la energía que parte desde la base de la Columna Vertebral, hasta llegar a la cúspide, a abrir el tercer ojo, a la Corona, al despertar de la conciencia; dicho despertar de la conciencia, jamás llegará solo, sino que, conlleva una necesidad implícita, y que tiene que ver con la voluntad; con la perseverancia; con la vocación; con el desprendimiento de la percepción errónea, de que lo material y los lujos, es lo que nos va a hacer felices; con el entendimiento de que nuestra estadía aquí en la Tierra, es efímera y a la vez, pasajera y corta; con la comprensión de que, sumado a lo anterior, somos uno con el universo, y sentirlo de esa manera; con el entendimiento de que todos somos dioses, aunque pocos se dan cuenta de ello; con el destino implícito de que, el despertar verdadero, junto con lo anterior, llegará cuando comienzas a ser Dios dentro de ti mismo, es decir, cuando comienzas a liberarte de los egos, es decir, de las bajas pasiones, herencia propia del reino animal, y al mismo tiempo, comenzar a enaltecer las virtudes, y/o a crear nuevas, y conjuntamente con ello, a ser creativo en un amplio espectro del pensamiento, es decir, a crear, lo que sea, pero a crear, ya que, heredamos esa cualidad universal, de ser creativos, tal como lo fue nuestro Universo en sus inicios, y lo sigue siendo hoy en día, pero, para crear, a veces se necesita destruir, y al igual que lo ha hecho siempre, nuestro Universo externo, el Macrocosmos, también debemos hacerlo con el Microcosmos, con el Universo interno, con nosotros mismos, debido a que, tanto el macro, como también, el microcosmos, ambos, en esencia, son lo mismo, y por lo tanto, ese despertar de la conciencia, es como un vendaval de información que fluye por nuestra mente, vendaval que debemos aprender a canalizar de alguna manera, y esa manera, es la creatividad, es nuestro trabajo de ser dioses, es nuestro destino de liberarnos de las hipocresías, del individualismo, del odio, del simplismo y de las banalidades, propios de esa poderosa fuerza sexual que proviene desde la base del Kundalini, para poder llegar a la Corona, es decir que, nuestro Tercer Ojo, el verdadero Despertar, se darán en el preciso momento (momento que puede ser bastante largo, dependiendo de la voluntad, perseverancia y vocación que nos impongamos a nosotros mismos), momento en el que comprendamos, que somos capaces de transmutar, lo que sucede en la base misma, de nuestra Pirámide Corporal, Pirámide esta, con su base o fundamento compuesto de 4 lados simbólicos (4 elementos, es decir, lo material), la cual es la base misma del Kundalini, y poder llegar a transmutar dicha materia, -eso que nos mantiene aferrados a lo meramente terrenal-, hacia lo eminentemente espiritual, y que es el quinto elemento, el Pináculo de la Pirámide, y el cabezal de la Vara de Hermes, el Tercer Ojo mismo, y en términos cerebrales, la Glándula Pineal. Todo lo anterior, es una gran analogía, -u otra manera de ver el ascenso hacia el Despertar de la Conciencia-, a la Estrella Flamígera y el Hombre de Vitruvio, ya que nuestro trabajo, es simple en esencia, pero trabajoso en sus aspectos particulares, porque debemos transmutar 4 en 1, es decir que debemos trabajar para llevar a nuestro ser, desde el "plano" físico, terrenal, básico, y meramente animal (base de la Pirámide, de la Vara de Hermes, del Kundalini, de los 4 vértices inferiores de la Estrella Flamígera) hacia concebir a nuestro ser, en tanto que persona, como una existencia delimitada por lo mental y por lo espiritual, (es decir, el uno, todo lo superior, respecto de lo detallado en el anterior paréntesis), dejando atrás, o al menos, intentándolo, a nuestra herencia animal básica (dejando atrás el 4, a la materia misma).

Cuando logramos lo anterior, comenzamos a crear, comenzamos a comprender al mundo, de otra manera, siempre desde nuestro imperfecto punto de vista, aunque, perfectible, por supuesto. Comenzamos a tomar todo el poder que proviene desde la base misma del Kundalini; esa energía, del "plano" material, ascendente, energía meramente sexual, simbolizada por las dos serpientes enroscadas en la vara o báculo; y tomamos todo ese poder, y lo aprendemos a llevar hacia nuestra mente, transmutando lo que nos hace seres meramente animales, propios del "plano" material, a ser seres de Amor y de Luz, propiamente dicho.

Y no sorprende, que las serpientes enroscadas, sigan un patrón similar a la doble hélice del ADN (ADaN), y ese patrón doble, del ADN, contiene en su constitución morfológica, la esencia del número PHI, la esencia misma del propio Universo, que todo lo impregna, y es la base de nuestra esencia para llegar a obtener el Amor y la Luz, a través de PHI.

Por ello necesitamos ascender, o transmutar la energía de lo material, en energía cerebral, porque, las ideas que aportemos al mundo, podrán transformarse en soluciones progresistas para toda la humanidad, basadas en el Amor, y en la Luz, fundamentado, todo lo anterior, por la Creatividad misma proveniente desde PHI, es decir, desde el Universo mismo. Y dichas ideas que el mundo necesita, no necesitan nombres, porque son ideas destinadas al bien común, y por ende, cuando nos desprendemos de aquellos 4 lados, de las tiranas fuerzas de la materia, de lo material, cuando nos despojamos de la necesidad material y egóica, de llegar a ser ricos, y de esa necesidad de tener todo lo que por nuestro mundo sensible ingresa; porque, lo anteriormente expresado, es propio de la base del Kundalini, de la base de la Pirámide, es propio de los 4 vértices inferiores de la Estrella Flamígera; cuando nos desprendemos entonces, de lo material, seremos seres de Amor y de Luz, siempre comprendidos entre la imperfección que caracteriza a nuestra especie, por supuesto.

Por otro lado, el Despertar de la Conciencia, -la cual es un proceso inciciático, es similar a muchas auto iniciaciones juntas y progresivamente ascendentes, como si fueran incontables chispas mentales una después de la otra, y cada una mas arriba y mas grande que la anterior, o bien, también comparo a aquel Despertar, como un cúmulo extendido en el tiempo, de interminables clics mentales, es como la ocurrencia de varios tipos de frases con una especial y repetitiva semántica, dichas todas y cada una, de manera interna, como por ejemplo: "Ahh, ahora comprendo"-, todo ello, nos hace ver, o mejor dicho, mirar hacia adentro, muchas otras cosas mas, como por ejemplo, el mirar -siempre de manera esotérica-, que, tenemos que vivir pensando en despegarnos de lo animal, tal como decía anteriormente, y comprender a la par, de que tenemos el deber de  transmitírselos a nuestras familias, a nuestros hijos, esposa o esposo, y a todos los demás que podamos, y un ejemplo de esa transmisión hacia los demás, es está Página Web.

Obviamente, que, el alimentar a nuestras familias, el mantener un hogar, el pagar impuestos, etcétera, es decir, el tener que mantener todo lo anteriormente dicho, necesita de un ingreso digno, porque ¡debemos vivir!, y vivir en este mundo, en el que hoy nos toca, dentro del actual tiempo evolutivo; pero jamás el ser humano debe ir por el camino de la vida, con la supuesta creencia, de que la riqueza material, nos resolverá todos los problemas, porque a veces, los problemas, son una construcción mas de notros mismos, y muchas veces, como consecuencia de darle rienda suelta a los egos, es decir, en ese justo momento, en el que, el ser humano, todavía continúa viviendo en la base del Kundalini, en la base "Plana" de la Pirámide, en las 4 puntas de la Estrella Flamígera, etcétera, sin saber, o sin querer realizar el trabajo de transmutar, aquella energía terrenal y animal, en Amor y en Luz. Entonces, cuanto más nos elevamos, cuanto más aceptamos, a cada momento, a nuestros pesares diarios, cuanto mas aceptamos que el sufrimiento es parte de nuestro crecimiento interior, -ya que toda piedra sufre al labrarla-, cuanto mas nos mantenemos tranquilos ante las vicisitudes y ante los sufrimientos internos y de los que nos rodean, y al mismo tiempo, sabemos transmitir a los demás, dicha tranquilidad y aceptación, es justamente allí, el momento en el que nos elevamos, el momento en el que comenzamos a abrir nuestro tercer ojo, o mejor dicho, el justo instante en el que nuestra capacidad de mirar mas allá de lo evidente, se hace patente y real, y es allí, el momento en el que comenzamos a escapar de la Caverna de Platón, es allí, el preciso instante en el que dejamos de ver sombras en la pared, para pasar a mirar los verdaderos objetos o sujetos que proyectan dichas sombras.

Y otro dato más que deseo agregar, en este gran y arduo proceso del Despertar de la Conciencia, es que debemos tomar el impostergable hábito, de recordar nuestros sueños, y no así, el llegar a reprimirlos, incluso, tomar el hábito de ser partícipes activos en nuestros sueños, el llegar a tener los que se denominan, Sueños Vívidos, es decir, y para explicarlo mejor, el despertarnos en el medio de los sueños, debido a algún motivo "x", y luego de ese motivo "x", mantenerse pensando en dicho sueño, y volver a dormirnos, pero ahora, con una diferencia  muy sustancial, con respecto a un sueño "común y corriente", y que es, el ingresar al sueño, el que teníamos antes del motivo "x" que nos despertó, e ingresar de manera consciente, dentro de ese mundo onírico de los sueños, y actuar de manera consciente, dentro de esa energía proveniente desde lo inconsciente, volvernos hacia adentro, introyectarnos dentro de nosotros mismos, y luego, en el verdadero momento de despertar, de levantarnos de la cama, poder analizar y comprender, qué es lo que nos quisieron decir las imágenes que nos mostraron nuestros sueños, interpretarlos, y hacerlos conscientes. Y nunca dejar este otro hábito, -sumado al anterior, de recordar los sueños, y no vivirlos como en este caso-, porque sino dejamos este otro hábito, estaremos inmersos en una maravillosa relación biunívoca, de nuestra conciencia, de nuestro Yo, con nuestros Homínidos y con nuestros Reptiles que llevamos en nuestro Sistema Límbico, esos seres arcaicos, los cuales son los que se dedican, entre otras labores, a construir nuestros sueños de cada día, y debido a ello, debemos entablar una gran relación con ellos, entendiéndolos, traduciendo sus mensajes, hacia el tipo de mensajes que la consciencia entiende, porque nuestro inconsciente, es una parte esencial de cada uno de nosotros, es una parte que sabe todo de nosotros, de manera individual y también colectiva, y que, se yerguen como los seres internos, -y que si bien demandan recompensas propios de ellos, de los egos-, son los que nos quieren decir ciertas verdades propias, verdades estas, que nuestra conciencia, muchas veces, no llega a darse cuenta.

Nelson J. Ressio.


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21/10/2017


Vamos a pensar que Pitágoras estaba en lo cierto, además de tener en cuenta de que ciertos nuevos escritos, recientemente encontrados, según se publica en este artículo en inglés, en la página theonion.com, fueran de puño y letra de él. Y cuando expreso lo primero, de que Pitágoras estaba en lo cierto, me refiero a la supuesta conspiración de los triángulos que él mencionaba, y que por tanta obsesión (o intuición basada en una mente elevada, como veremos mas adelante) de su parte, lo llevara a quedarse solo en la vida, únicamente en la compañía de sus amados triángulos.

Para este análisis, vamos a partir del sistema de medidas de un triángulo, propiamente dicho, y no así, de la entidad triángulo en sí misma. Entonces, y como todos lo sabemos, desde que nos adoctrinar…, perdón, desde que nos enseñaron en la escuela primaria y secundaria, y luego, los que tuvimos el valor de pasar por la universidad (pública) al mismo tiempo de trabajar 8 horas diarias (incluyendo tiempos de guardias laborales), tenemos muy bien arraigado en nuestra memoria, gracias al esfuerzo y al hábito constante, que la base fundamental de la Geometría y de la Trigonometría, se constituye como los denominados grados sexagesimales. Lo que aprendimos, y lo que luego hemos seguido aplicando, dicha ciencia maravillosa, hasta estos días, es lo mas básico de aquella ciencia, y que se constituye como la suma de los 3 ángulos internos de cualquier triángulo, arroja un "innegable" valor de 180º, es decir, un ángulo llano, lo cual es, si queremos comenzar con asociaciones, la mitad de una circunferencia, la cual mide 360º, algo que la mayoría que huye de la zona de confort, lo sabemos bien. Y con esto, y a partir de esto, tanto la geometría como  también, la trigonometría, se fundamentan en este sistema de grados angulares sexagesimales.

Pero, siguiendo el análisis del artículo que intenta convertir al Gran Pitágoras en un loco y paranoico, nos debemos hacer la siguiente cuestión, y que es, ¿porqué Pitágoras pudo haber llegado a tal conclusión aparentemente obsesiva y paranoica, como lo expresa aquel artículo? Bueno, desde mi punto de vista triangular, (por sino lo saben, al igual que muchos, también poseo 3 ojos, conformando entre ellos, un triángulo "omnividente") y Pitágoras pudo haber llegado a la conclusión que detallo en el título de este artículo, gracias al maravilloso número 9. Incluso, podría afirmar yo, que fue mas allá, y que se habría obsesionado, -pero no así, que se haya vuelto paranoico-, con 3 números totalmente significativos para la existencia humana, y que son: el 3, el 6 y el 9, y su mente rebelde, habría querido ir más allá aún, de modo de encontrar que, los triángulos podrían fundamentarse en otro sistema de medida de grados, y diferentes a los grados sexagesimales, tal como yo lo expreso en el párrafo anterior, en que, el Gran Pitágoras, intentara responderse a la pregunta, ¿porqué los triángulos deberían medirse única y exclusivamente mediante la relación con los números 3, 6 y 9?

Como sabemos, todas y cada una de las medidas de un ángulo de un triángulo, se reducen a 9 (realicen los cálculos ustedes mismos y se darán cuenta), constituyéndose este número 9, como el número que representa al Universo mismo, a la Creación Universal, al Big Bang, al Dios que sea concebido por cada cual, al Arquitecto del Universo, o bien, como queramos denominarlo, ya que en definitiva, en la ciencia no ortodoxa, si bien se respetan las convenciones y  las denominaciones, los nombres dados por las corrientes del misticismo y el sincretismo filosófico y religioso, todos apuntan a un mismo suceso astronómico, a niveles subatómicos y a resultados de las interacciones cuánticas que les sucedieron. El 9 es un número divino, por así llamarlo, y como tal, encierra entre sus entrañas de perfección, lo que se denomina, la Universalidad de la Perfección de Dios, o si queremos hacerlo más terrenal, la Universalidad de la Perfección Numérica, es decir que el número 9, es a la vez, 3 veces 3 (Es como Mercurius Ter Máximus, el Gran Hermes, el 3 veces Grande entre los Grandes, hermetismo que, respecto del cual, sabemos muy bien que Pitágoras fue un gran estudioso y creador de una hermandad hermética destinada a la filosofía, a la música y a las matemáticas), entonces, el número 9, representa a Dios mismo, al Arquitecto del Universo, al Hermetismo, a una filosofía oculta y milenaria, que le precede al querido hermano Pitágoras, y que el Gran Hermes podía comprenderlo claramente, por entre sus intrincados intersticios matemáticos y filosóficos, pero quizás, Pitágoras, solo se encontraba muy cerca de encontrar la respuesta a sus intuiciones, muy cerca de hallar la respuesta a esta supuesta conspiración que él mismo mencionaba (y que expresa el artículo que ha originado esta reflexión de mi parte), pero no pudo demostrarlo, aparentemente, pero su poderosa intuición comprendía muy bien que existía, -o existe-,  un gran secreto extra, velado para su entendimiento, y que terminó destruyéndolo, tanto a el, como a sus relaciones familiares cercanas y no tan cercanas, debido a su supuesta “paranoia”, paranoia que yo la denominaría de otra manera, fundamentado en mi propia experiencia, y que se corresponde con el impulso innato de la inteligencia, ese impulso que nos permite ir más allá de lo evidente, porque la poderosa intuición de Pitágoras, así se lo exigiría, segundo tras segundo de su vida, una y otra vez, como un mazo golpeando sobre un cincel que da forma a una roca, como comprendiendo de manera casi exacta, lo que él estaba realizando. La intuición muy rara vez se equivoca, y menos que menos, cuando el intelecto del ser que es dueño de aquella intuición, crece y crece todos los días, segundo tras segundo, y más aún, si el intelecto se halla enfocado hacia una rama específica de una determinada ciencia. Pero, por desgracia, -o no tanto, si se tiene el valor suficiente-, todo tiene su costo, cuando la intuición es poderosa, y la persona que la experimenta, se torna en un gran buscador de la verdad, -de su verdad al menos-, y como los seres que se encuentran a su lado no logran llegar a comprender dicha intuición, debido a que no tienen el intelecto suficiente, como para posteriormente, construir por si mismos, un cierto nivel de empatía, de manera tal de decirse a sí mismos, -tal como no le sucedió al Gran Pitágoras-, “yo apoyo a mi esposo e inculcaré lo que mi esposo hace, a nuestros hijos de modo de que todos estemos casi al mismo nivel”, pero lo anterior, rara vez sucede, salvo que, al menos, la pareja se encuentre en similares vías de estudio y de búsqueda de las verdades escondidas a los ojos que no son capaces de mirar mas allá de lo evidente, ambos, aquella pareja y a la vez, padres, fundamentados en sus propias intuiciones, pero, si ambos buscan similares verdades, sus intuiciones, también serán muy similares, por no decir, idénticas, porque, como sabemos, la intuición se constituye como el momento exacto en el que, tu “3 veces Grande entre los Grandes” interior, tu Hermes interior, tu Dios interior, te está expresando que, lo que has podido intuir, luego de un magnánimo trabajo de deducciones tras deducciones, es una verdad plenamente aceptable, tan aceptable, que superará con creces, a todas las demás intuiciones de otras personas que no se han dispuesto a estudiar el mismo objeto de estudio con el mismo ahínco y dedicación que el primero. La intuición se fundamenta en el intelecto, en el empirismo y en el método científico, sea cual sea el método que se utilice, con el objetivo ineludible de encontrar la verdad que se estaba buscando, y cuanto más intelecto se posea, la intuición que deducirá la conclusión final, será la más correcta y poderosa de todas las demás intuiciones que se han basado en un intelecto y en un trabajo de campo más pobre. Esto, sin ser un dogma, es por lejos, una norma universal, solo comprendida por quien la practica día a día.

Hermes, el gran Mercurius Ter Máximus, el Gran Toth o Imhotep, el que ha creado los fundamentos filosóficos de las filosofías egipcias y griegas, "el que posee las 3 partes de la Filosofía del Mundo", filosofías estas, que luego, y con el tiempo, transmutaron hacia un gran abanico de sincretismos religiosos, e incluso dentro de las órdenes filosóficas y de moral; Hermes es el Gran Protagonista, es el Gran Transmutador de los metales, es el que transforma el plomo (recién iniciados) en un reluciente trozo de Oro ("maestros"), Hermes, es el que se constituye en esa personalísima y muy interna chispa que se le revela al que logra comprender y aprehender su verdadera misión dentro de una cierta orden, y esa Chispa, aquel Hermes interior, es el Gran Secreto de cada pedazo de plomo que logra transmutar en un reluciente trozo de Oro, es decir, la mencionada chispa, el hermetismo en funcionamiento interno, es aquella intuición haciendo lo suyo, en cada paso del camino filosófico / iniciático de una persona, tal como un gran alquimista.

Pero, el problema de Pitágoras, un Gran Iniciado en los pequeños y Grandes Misterios, es que él estaba en lo correcto gracias a su poderosa intuición; pero su intuición llegó a ser tan arrolladora, que las personas que estaban a su lado, no llegaron a comprenderlo en absoluto, debido a aquella diferencia intuitiva de la que yo hablaba en párrafos anteriores; y dichas personas, sus familiares y amigos, como es de esperar en este punto, comenzaron a pensar que Pitágoras se estaba volviendo paranoico, que estaba inútilmente obsesionado, que se había convertido en un simple "loco" embarcado en una búsqueda sin tener ningún sentido ni ninguna dirección, pero, la realidad era, -a mi modo de ver este tema-, que todos, -o la mayoría-, de las personas que se encontraban alrededor de una persona como Pitágoras, la misma persona que que había conseguido desarrollar una gran intuición, respecto de algún tema en particular, había conseguido también, -y sin quererlo-, quedarse solo en el mundo de las relaciones interpersonales, debido a que, las personas que lo acompañaban en su vida diaria, los que estaban a su lado, comenzaron a creer que esa gran intuición de Pitágoras, era algo patológico, en lugar de comprender, -a duras penas, al menos-, que lo que Pitágoras hacía, se correspondía con un comportamiento relacionado exclusivamente a una Alta Revelación que trasciende al pensamiento común y corriente. Por lo tanto, este gran matemático, no es comprendido por los que lo rodean, y como consecuencia, una vez mas, podemos darnos cuenta de que la soledad es el destino de quien se eleva, y en el caso de Pitágoras, su elevación intelectual y de conciencia, terminó con su vida, gracias al poder de las masas incultas. La soledad es el destino ineludible de la persona que comienza a percibir una chispa hermética, -o divina-,  tras de otra, Revelación tras Revelación, todas y cada una, en el profundo interior de la mente de quien intuye con gran poder mental; y con cada uno de estos luminosos eventos, sucediéndose constantemente, la conciencia se eleva cada vez más, mientras que las conciencias colectivas de las personas que los rodean a los primeros, a los que logran elevarse, continúan estando estancadas en comparación. Por lo tanto, estas últimas conciencias no exaltadas por ninguna chispa divina interna, no lograrán comprender nunca a una conciencia superior que ha sido exaltada (como resultado de su propio esfuerzo personal) por infinidad de chispas divinas (o ideas reveladoras y únicas), y que ha sido una conciencia superior, como respuesta al trabajo y a la dedicación, virtudes estas que requieren de la voluntad, del esfuerzo y del hábito, todos ellos, inquebrantables. Hoy en día, el que se ha elevado, es visto por los ojos de las masas, como un loco desde el punto de vista de la mayoría, porque la mayoría está estancada en su zona de confort, y el salir de allí, por sus propios medios, para intentar elevarse, requiere el sacrificio antes dicho, y pocas personas desean sufrir por propia decisión. La mayor parte de la sociedad actual no soporta sufrir, y ese sufrir, ese caminar simbólico, con ambas manos y con ambas rodillas, todo al mismo tiempo, embarradas debido al fango pegajoso que aflora sobre el suelo de las oscuras profundidades del Averno, nos abre las puertas para que, luego de aquel transitar cual reptiles, nos podamos elevar cada vez más alto, cual aves con grandes y extendidas alas, sobre aquel camino filosófico / iniciático. Pues Pitágoras se había elevado tan alto, que los demás lo vieron como un loco, como un desquiciado, como un paranoico que necesitaba de manera urgente, un psicólogo (pero en aquellos tiempos, la psiquiatría, prácticamente no existía, como para que el doctor que hubiese tratado a Pitágoras, llegara al diagnóstico que era un hombre totalmente sano), sabiendo que Pitágoras era el mas sano de todos los que lo rodeaban, pero, por ahora, así se constituía aquella sociedad, y la sociedad actual no dista mucho de aquella, la que intenta reprimir, de manera automática instintiva, casi animal, a la persona que logre elevarse por sobre ellos, y al preciso instante en el que este no se deja intimidar por las masas dormidas, y continúa elevándose constantemente, allí es justo instante en el que la sociedad comienza a estigmatizarlo, a crucificarlo, a quemarlo en la hoguera de las banalidades y de los simplismos. Pero para sortear esto último, existe algo que se denomina carácter, y sumado éste, a la voluntad, la persona que continúa elevándose, se convierte en alguien imparable, teniendo bien en mente, que el costo de estar a mayor altura, mas solo se encontrará a futuro, rodeado únicamente por otros que también se han elevado, los cuales, son la minoría (aunque he percibido últimamente, o bien intuido, un creciente aumento de la conciencia de las masas, para mi gran alegría). Ese es otro de los grandes secretos de la Escalera de Jacob, ya que, solo es posible ascender por cada uno de sus escalones, de una persona a la vez, mientras tanto, la mayoría de ellas se queda en la base, algunas a la espera de subirla, y mirando hacia arriba (algo muy bueno), y otras personas, solo se mantienen observándola desde lejos, como si fuera un objeto decorativo, y no por lo que es, un elemento arquetípico, con una representación psíquica muy poderosa. Recordemos, si nos elevamos, conlleva aquel costo que mencionaba anteriormente, es decir, el costo de que las personas que nos rodeaban sea cada vez menor. ¿Estás dispuesto a este otro "sacrificio"?

Pues Pitágoras no estaba paranoico, a mi juicio luego de intuir este tema, sino que él era dueño de una enorme intuición, intuición que al parecer no le dio todas las respuestas que él esperaba, pero que, de todas maneras, estuvo a punto de hallarlas. Y como sabemos, el Número PHI, la razón áurea, el número que representa a todo, -y al Todo-, en el Universo, en esencia, está representado por triángulos, y como consecuencia, nosotros, los seres humanos, somos un conjunto de triángulos regidos por PHI, tal como Pitágoras supuestamente les decía a sus congéneres; además de que, todo los que percibimos en la naturaleza, como por ejemplo, el patrón de crecimiento de las ramas de los árboles, de las hojas sobre dichas ramas, del centro y hojas de un girasol, de la caparazón de un caracol, del pabellón auditivo, y de, hasta la espiral galáctica, en definitiva, la Razón Áurea, repleta de triángulos, posee una base trigonométrica, y por lo tanto, el triángulo se halla en su esencia mas profunda, tal como sucede, por ejemplo, en los Fractales, conocidos científicamente como los Conjuntos de Mandelbrot, en donde el triángulo es la esencia de todas sus dimensiones, y Pitágoras logró, en sus propios tiempos, y con el gran teorema que lleva su nombre, conformar su propio árbol fractal pitagórico. Es decir que, mediante su teorema, que expresa que el cuadrado de la hipotenusa, es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, logró unirlos de manera reiterada, y cada vez mas pequeños, en un árbol pitagórico, conformando un gran fractal, con tendencias a que si este árbol creciera mas y mas, la acción de PHI, se haría muy evidente. Dios dibuja el Universo mediante fractales pitagóricos.

El sistema de grados sexagesimales actual, se lo debemos a los babilonios, más específicamente a Hiparco, porque a este se le ocurrió dividir un círculo en 60 partes (debido a las propiedades de divisibilidad del 60), como base para todos los demás cálculos existentes y por existir, por lo tanto, de esa manera quedó expresado que, 3 veces 60, constituía a la mitad de un círculo, mientras que 6 veces 60, conformaban un círculo completo (la circunferencia de la Tierra en la que se Hiparco fundamentó), y por ende, los triángulos, más específicamente, sus ángulos, desde aquel entonces, y hasta nuestros días, se regirían por el mencionado sistema de medida babilónico. Pero, ¿quién puede ser capaz de expresar que Hiparco tenía toda la razón? Es solo un sistema de medida que inventó una persona llamada Hiparco, nada mas que eso, sin otro fundamento, al menos que yo sepa. Pero, si yo me subiera a mi flamante máquina de viajes hiperdimensionales, y me trasladara al pasado, justo al tiempo de Hiparco, y le impidiera que él creara dicho sistema, ¿Cuál sería el sistema que tendríamos, y respecto del cual, Pitágoras aparentemente dudaba y pensaba que existía una especie de conspiración, que por intermedio de la cual, le ocultaban una verdad mayor que la revelada por Hiparco al mundo entero? Por lo pronto, no serían grados sexagesimales al menos los que regirían nuestra geometría actual.

No olvidemos que el conocimiento es poder, pero el conocimiento oculto es el que domina a cualquier otro poder, y es el que se encuentra por encima de aquél. Entonces, la gran intuición de Pitágoras, pudo haber llegado tan lejos como para entender que, “algo no encajaba” y que, por así decirlo, Hiparco no había transmitido a los iniciados babilonios, toda la verdad sobre los triángulos.

Pero, ¿cuál era, -o es- aquella verdad? ¿Existía otro sistema de medida, que no sean los sexagesimales, y únicamente destinados a los altos iniciados maestros, tal como sucedió con los jeroglíficos egipcios destinados a los altos sacerdotes, y que no pudieron ser descifrados hasta la aparición de la Piedra Rosetta? ¿Cuál sería el otro sistema de medida que a los ojos e intuición del Gran Pitágoras, no pudo aplicar a aquellos conspiradores triángulos?

Nelson J. Ressio.


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30/11/2015


La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.

Confucio.

De arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba; de la individualidad a la universalidad, de la universalidad a la individualidad; del Diseñador al Demiurgo, del Demiurgo al Diseñador; de la Mónada a la Tétrada, de la Tétrada a la Mónada; de la Unidad del Espíritu a la Dualidad material, de la Dualidad material a la Unidad del Espíritu; de la Luz de la Razón a la oscuridad de la ignorancia, de la oscuridad de la ignorancia, a la Luz de la Razón; de las virtudes de la conciencia con predominio por sobre los pasiones de la inconsciencia, de los vicios de la inconsciencia oscureciendo a las virtudes de la conciencia; del espíritu por sobre la materia, de la materia por sobre el espíritu; del la quintaesencia por sobre los cuatro elementos, de los cuatro elementos por sobre la quintaesencia; energía y materia, materia y energía; la Divina Providencia, la Divina Proporción inscrita por la naturaleza en el cuerpo humano, representado por el Hombre de Vitrubio, pero hay mas; la estrella Sirius, el Dios Egipcio Anubis, el Dios Horus, el Sol, el símbolo de la Piña que representa la Glándula Pineal del cerebro, la Pentalfa del Dios Egipcio Hermes o el Dios Mercurio para los Griegos... de la manera que lo expresé, es la Estrella Flamígera, utilizada en un sentido dual, es decir, con un vértice hacia arriba y con los dos hacia abajo, o con los dos vértices hacia arriba y con uno hacia abajo... dos símbolos emblemáticos emanados desde un mismo objeto, y que portan entre sus imágenes arquetípicas objetivas, no solamente lo anteriormente expresado, sino que también, se le suman innumerables interpretaciones adicionales, propias de la doctrina de las escuelas filosóficas, pero también, de parte de la consciente subjetividad de quien la interpreta, de quien la hace suya. Y una buena manera de adueñarse de su contenido arquetípico, es hacer que nos represente, en primera instancia, todo lo absoluto en el ser, en la justicia, en la realidad, en la razón y en la verdad.

En relación con los templos, como por ejemplo, el Templo de Salomón, la Estrella Flamígera, se posa de una manera muy elocuente, con ambos vértices inferiores sobre las columnas “J” y “B” respectivamente, en dirección hacia el Occidente, hacia la oscuridad, hacia las tinieblas de la Ignorancia y de los vicios que retrotraen al ser humano en dirección a un inevitable destino individualista y materialista, mientras que el vértice superior de la Estrella, se ubica justo en el lugar en donde se sitúa el Egregoro, ese Ser luminoso que logra hacer circular la energía y la Palabra, de manera tal de que, todos los iniciados en los pequeños y grandes misterios, se sientan conectados entre todos y con todos, el Egregoro se conforma como el vértice superior de la Estrella Flamígera que apunta hacia el Oriente, hacia la Luz, hacia la claridad del pensamiento, del discernimiento y del domino de las bajas pasiones, y constituyendo el pentágono, que se conforma por las líneas que se entrecruzan por el centro de la Estrella, como el lugar exacto dentro del Templo de Salomon, en donde se ubica la Génesis de la Luz que iluminan los trabajos allí realizados. Pero, nos restan ambos extremos de la Estrella Flamígera, los cuales, uno apunta hacia el Norte, y el otro hacia el Sur; en definitiva, la Estrella Flamígera, no solamente representa al Gran Diseño, a la Creación y a la Destrucción del Macrocosmos, sino que también, al Microcosmos, representado por el Templo eminentemente material, como así también, al Templo material y espiritual del cuerpo humano.

En lo que respecta al Pentágono central de la Estrella Flamígera, podría decir que, inevitablemente, me traen a la conciencia, varias representaciones arquetípicas del propio cuerpo humano, como los 5 sentidos y los 5 dedos, dedos de esas cuatro Herramientas naturales que nos permiten trabajar y deambular por la madre Tierra, y que son los dedos de los pies y de las manos, todos estos, como partes vitales de nuestro cuerpo, ­los sentidos y los dedos, que nos hacen, no solo ser individuos autónomos, sino que además, nos ayudan a definir y a modificar nuestro entorno, a nuestro antojo y a nuestra conveniencia, siempre y cuando dicha conveniencia se encuentre enmarcada con lo que el vértice superior de la Estrella Flamígera representa, mas no así, con los vértices inferiores o laterales. Además, el Pentágono representa en mi mente, a un Templo Perfecto, a los 5 escalones que representan la Inteligencia, la Rectitud, el Valor, la Prudencia y la Filantropía, pero también, al símbolo del Pentágono lo considero como un emblema inequívoco de la transmutación de lo que está abajo, ­la materia, la dualidad de las bajas pasiones, es decir, aquellos dos vértices; en lo que está arriba, ­en la energía, en la conciencia, en esa unidad que se desprende del vértice superior. Además, y prosiguiendo con el Pentágono, éste símbolo circunscrito e inseparable de la Estrella Flamígera, y además, existente gracias a ésta, me indica que no podremos alcanzar la Luz de la conciencia, no tendremos las Herramientas necesarias para transmutar, para Resolver y Coagular nuestro plomo, el que nos empuja hacia el suelo, en un oro reluciente, que nos elevará hacia el cielo, es decir, no tendremos las Herramientas para pasar de ser orugas que solo se arrastran a nivel de la tierra, a ser una bella mariposa Monarca que vuela muy alto... muy arriba.

Con la mente consciente, subjetiva, ­con ese vértice superior de la Estrella Flamígera haciéndolo nuestro, logramos Mirar hacia arriba, logramos la ascensión de nuestra propia materia, logramos nuestra Apoteosis, logramos tocar el mismísimo Cielo, logramos alcanzar a nuestros propios dioses interiores, nuestra propia Divinidad, logramos hacer consciente lo inconsciente, logramos hacer subjetivo lo objetivo, logramos la fase de la Citrinitas alquímica, logramos hacer nuestra esa Cruz que traemos desde el mundo profano, Cruz aquella, que por la cual y a través de la cual, y luego de una muerte simbólica, logramos al fin, la resurrección, nuestra propia resurrección, hacia ser seres completamente nuevos y perfectibilistas, luego del innegable, pero bello sacrificio que implica el transitar por la vida misma... en definitiva, logramos la Claridad de nuestra Conciencia por sobre las confusiones que se desprenden de la materia, representadas por los 4 vértices inferiores de la Estrella Flamígera.

Pero existe otro símbolo inseparable de la Estrella Flamigera y que se circunscribe dentro del Pentagrama conformado por el entrecruzamiento de sus líneas, y que es la letra “G”, respecto de la cual no me explayaré aquí, mas que expresar que, dicha letra, muy simbólica, termina de conformar un suprasímbolo de Generación y de Regeneración, de amor y de Luz, letra que representa al Hombre libre y de buenas costumbres, Hombre que ha descubierto la Luz de la Razón, luego de aquella apoteosis, de aquella crucifixión muy asemejada a la perfección, emanada del Hombre de Vitrubio, Hombre que emerge de la oscuridad que trae desde el mundo profano, en dirección a la Luz de la Perfección de su propia psique.

La Estrella Flamígera, el Pentagrama, la letra “G” el Cuerpo Humano y el Templo, el Microcosmos y el Macrocosmos, todos ellos asimilados en nuestra psique, por la simple acción de observar un símbolo extremadamente importante y representativo de la persona que desea mejorarse a si mismo... y por ende... a los que lo rodean, y al mundo entero.


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08/03/2014


Es posible que algunos que lean el título de esta publicación se preguntarán o afirmarán, de que dicho título es un error de mi parte, ya que el construir algo tan magnánimo como las pirámides de Egipto, comenzando desde arriba y finalizando abajo, simplemente, no tiene sentido; bueno, es decir, sí tiene sentido, y es justamente desde arriba hacia abajo, y hasta podrán llegar a pensar, con cierta razón, que mi supuesto error está basado en un sinsentido semántico, en lugar de geográfico. Pues mi respuesta a ello es que, aunque no tenga sentido semántico, si tiene sentido místico, pero aplicado a la propia realidad, y voy a explicar lo que yo entiendo, en relación a que, las pirámides fueron construidas desde arriba hacia abajo guiados por las enseñanzas ancestrales provenientes desde el mismísimo núcleo de la civilización egipcia. Incluso, cuando comience yo a explicarles esta idea, que a primera mano, aparenta ser totalmente absurda, tiene una gran base lógica, en cuanto al proceso de construcción de dichas proezas arquitectónicas.

Pero antes de pasar a explicar el método, respecto de cual, pienso yo que utilizaron para "elevar" esas tres luces, apuntando cada una de ellas, en dirección al cielo, hacia cada una de las tres estrellas del Cinturón de Orión, primero debo hacer alusión a un concepto ancestral emanado desde lo profundo de la filosofía egipcia, y que es el del Caduceo.

El Caduceo es un símbolo, que si bien algunos le atribuyen su origen a la antigua Grecia, el verdadero nacimiento de aquella representación arquetípica de una muy compleja realidad ancestral, se remonta al antiguo Egipto, de la mano del denominado como "El tres veces grande entre los grandes", Hermes Trismegisto, nombre, que al igual que el primero, es aparentemente representativo de una sola persona real, y que posiblemente haya sido un sacerdote egipcio llamado Imhotep, pero que también se encuentra relacionado mitológicamente con el dios egipcio Tot (o Thoth) y con el dios heleno Hermes, o como también, en latín se lo ha denominado como Mercurius Ter Maximus, el dios griego Mercurio. El que lo llamaran "El tres veces grande entre los grandes", mas allá de sus numerosos nombres, su humanidad se fundamentaba en una gran y esclarecida naturaleza humana, el de poder ver ciertas realidades universales que la mayoría de los mortales de ese tiempo no podían ver, el de poder entender al mundo y al universo de una manera que, si lo comparáramos con ciertos conocimientos de hoy en día, parte de su legado, tendría una gran similitud con la Física de partículas o cuántica, con lo más pequeño y esencial y que impregna toda la materia visible e invisible, es decir, con el mismísimo átomo, y por otro lado, con la Física Clásica, la que explica el funcionamiento del mundo y del universo, y cuyas leyes percibimos con nuestros sentidos físicos. Pero, su mente no solo se impregnó de las vibraciones del mundo microscópico, sino que también lo hizo con las del mismísimo macrocosmos, analizando todo lo que se encuentra entre medio de estos dos infinitesimales extremos. El Tres veces grande entre los grandes, Hermes Trismegisto, Imothep, Tot o Thoth y Mercurius o Mercurio, fue el real y a la vez místico y mítico personaje egipcio, creador de la Filosofía Hermética y de la Alquimia, magníficos legados éstos, filosóficos por cierto, y que abordaré en alguna otra publicación, ya que no es el tema central de ésta.

Pero, retornemos al método, respecto del que me imagino, se utilizó para construir las pirámides de Egipto, desde arriba hacia abajo, y no como clásica y conservadoramente se piensa que fueron construidas, y que es desde abajo hacia arriba.

Pensemos. Respecto del método, mínimamente explicado por mí hasta ahora, -solo nombrado-, le asigno una importante relación con el símbolo del Caduceo, es decir que, lo que quiero hacer ver aquí, es que toda la civilización egipcia; toda su mitología, sus creencias, sus tumultuosas religiones politeístas y monoteístas, todo ello y mucho más; se fundamenta en el simbolismo del Caduceo de Hermes Trismegisto. Es decir, que en el momento en el que los arquitectos egipcios se dispusieron a diseñar el proceso de construcción de las pirámides, -y a las pirámides en sí mismas-, me es lógico y hasta con mucho sentido común, el pensar que han utilizado una manera que sea lo mas eficiente, -metodológicamente hablando-, y representativa del macrocosmos, como también del microcosmos-, simbólicamente hablando (universo y ser humano).

Y aquí es donde puedo conjugar los arquetipos junto con la realidad, es decir, relacionar el símbolo que sostiene a la psique y a lo físico, con lo que sostiene a una construcción, -tan colosal como la del cuerpo humano-, y que son las pirámides de Egipto. Es así estimados lectores, el cuerpo humano fue tan o más complejo construir que una pirámide de piedra, y ni que hablar de construir el Alma. Pero la respuesta a la construcción de las pirámides, desde arriba hacia abajo, se encuentra, desde mi humilde opinión, en el mismísimo simbolismo del Caduceo (o Vara de Hermes), palabra que proviene del griego que significa "Vara de olivo adornada con guirnaldas". Y como dato adjunto, se desprende de la mitología griega la afirmación de que el mismísimo dios Apolo fue el que le regaló el Caduceo a Hermes Trismegisto.

Entonces, ¿de que manera se basaron los constructores de tales obras de ingeniería, -como lo son las pirámides de Egipto-, utilizando el Caduceo o Vara de Hermes, para construir dichos monumentos a los dioses, desde arriba hacia abajo? Bueno, he aquí mi idea.

El Caduceo, o Vara de Hermes, se compone de una vara central, junto con dos serpientes enroscadas por sobre aquella, coronado todo lo anterior con dos alas extendidas de cisne blanco en la parte superior, y entre éstas, una representación de lo que sería la glándula pineal de nuestro cerebro, la que debemos ejercitar con ciertos pasos habituales de modo de alcanzar la conciencia del si, y despertar del sueño -en plena vigilia- en el que nos encontramos como seres humanos bombardeados por la acción de la superficialidad, emanada ésta desde el insensible mundo light. Dicha vara central se la entiende como la columna vertebral -o soporte estructural- de todos los otros arquetipos que se desprenden de éste símbolo del Caduceo, es la que sostiene todo lo demás. Por otro lado, las serpientes entrelazadas representan; además de la energía vital que fluye desde abajo hacia arriba y desde arriba hacia abajo; un gran número 8 simbolizando un claro equilibrio entre dos fuerzas antagónicas, es decir, entre el bien y el mal, entre lo masculino y lo femenino, entre lo positivo y lo negativo, entre la Luz y la oscuridad, entre el saber y la ignorancia, entre el sol y la luna, entre el cielo y la tierra, entre la mente y el corazón. Mientras que las alas de cisne, desplegadas ambas a cada lado de la parte superior de la vara, simboliza al mensajero de los dioses, quien tiene la facultad de moverse de un lugar a otro, con inigualable premura, éstas también representan a los hemisferios izquierdo y derecho de nuestro cerebro, en un balance perfecto entre ellas, y alrededor del último símbolo, el cual es el que representa a nuestra glándula pineal, la cual, y como detallé mas arriba, debe activarse por medio del ejercicio habitual del conocerse a uno mismo. Este símbolo, es una completa manera de representar la evolución de nuestra conciencia. Y cuando despertamos a la verdadera conciencia, despertamos a la vida.

Ahora, teniendo en cuenta cuan importante fue -y es- el símbolo del Caduceo en la civilización egipcia, podemos ir haciéndonos a la idea de que, si el mencionado concepto arquetípico fue tan importante en las vidas de los egipcios, puedo llegar a imaginarme que, así como dicho símbolo es un diseño que soporta la ascensión del ser humano hacia la apoteosis, es decir, hacia ser dioses, hacia la iluminación, hacia la conciencia del si, también puedo imaginarme lo contrario, o sea que, como las pirámides debían ser monumentos dedicados a los dioses, éstas deberían haber sido construidas desde la morada de los propios dioses -cielo- hacia la morada de los hombres -tierra-, es decir, desde arriba hacia abajo.

Y en este punto me voy enfocando, respecto de lo que me he imaginado yo que aplicaron los egipcios para construir eficientemente sus pirámides, y siempre en relación al Caduceo.

Como expliqué mas arriba, este símbolo se sustenta por una vara central (o columna), que la energía representada por las serpientes (o fuerza) fluye desde abajo hacia arriba y desde arriba hacia abajo, y que la conciencia (o inteligencia) es la que se encuentra en la cima rigiendo todo lo que se halla debajo. Con esta base, se me ha pasado por la mente, la idea de que los arquitectos egipcios no construyeron las pirámides colocando piedra por piedra, accediendo difícilmente desde los costados, por medio de rampas inestables y kilométricas, sino que lo hicieron desde el centro y desde arriba, desde la cima de una gran y única columna, imitando a la vara central del Caduceo de Hermes. ¿Y que elemento del mundo real pudo haber sido dicha columna? Simple respuesta, un obelisco de piedra caliza, que, si bien los mayores obeliscos egipcios conocidos no superan los 40 metros de altura, éste obelisco, ésta piedra inicial y fundamental para iniciar la construcción de las pirámides, pudo haberse construido en tres secciones de no mas de 40 metros de altura cada una, partiendo desde el centro geográfico desde donde se comenzarían a construir cada una de las tres pirámides que hoy todos conocemos. Y teniendo en cuenta que la Gran Pirámide de Guiza ostenta unos 139 metros de altura, tres secciones de aquellos obeliscos, uno encima del otro, -dependiendo del avance en la construcción-, es una muy posible proeza para los egipcios ya que con solo observar todo lo demás que han construido durante su "estadía" en este mundo, muy productiva para la humanidad, lo anterior no les significaría reto alguno.

Ahora, mi propuesta desprendida del potente simbolismo del Caduceo, para la construcción de cada pirámide, se fundamenta en ir colocando, a partir del centro de cada futura pirámide; y en tres etapas, dependientes cada una del avance de la construcción; cada obelisco enterrado el primero de ellos, en un centro, horadado en el propio suelo del lugar. Con esto, en principio, quedaría a la vista, el suelo donde se asentará la futura pirámide, sin nada más que con un obelisco de 40 metros sobresaliendo de aquel y perfectamente alineado con la tierra y con el cielo (con una de las estrellas del cinturón de Orión). A medida que se construye desde arriba hacia abajo, -idea que explicaré mas adelante-, al llegar con los bloques muy cerca de la cima del primer obelisco, otro obelisco es insertado sobre el primero, calzando uno dentro del otro, o bien, desbastando la punta del primero hasta que se forme un nuevo agujero entre los bloques recién colocados, es decir que, entiendo que se tuvo que hacer un trabajo de recorte de la punta del primer obelisco con el objetivo de dejar lugar, hacia abajo, para que pueda calzar el nuevo obelisco (es decir, el segundo de los tres), -basada dicho calce, en un método de encastre similar a los ladrillos de juguete-. De esta manera se repite el mismo método hasta colocar el tercer y último obelisco (dependiendo del avance de la colocación de los bloques, por supuesto). Pero aun resta explicar lo mejor, la gran pregunta, y es ¿de que manera utilizaron, -para mi ver-, los tres obeliscos centrales como grandes columnas, para subir cada bloque de piedra alrededor de estos, y colocarlos en su lugar? Pues a ello me dirijo ahora.

Veamos. Ya tenemos la idea de que los tres obeliscos, uno encima del otro, conforman lo mismo que está simbolizando la vara central del Caduceo, y que es la de ser la columna vertebral de todo lo demás, de soportar las fuerzas que provienen desde la base y desde el pináculo (serpientes), para luego guiarlas, por medio de las alas de cisne (cerebro) y la conciencia que representa el símbolo de la glándula pineal, hacia lo alto, hacia los dioses, y hacia abajo, hacia los hombres. Es decir que, dicha magnánima columna de piedra, constituida por los tres obeliscos, es la que conformará la gran columna vertebral que soportará a cada uno de los bloques que se usarán para construir la pirámide. Sin columnas, ninguna piedra podrá colocarse en su lugar. Sin la columna vertebral, las fuerzas duales que provienen desde abajo (desde la fuerza sexual), no se transmitirán hacia arriba -y viceversa-, y por ende, el cerebro y la glándula pineal dejarán de tener sentido. Ésta es la relación y la clave para entender la construcción de las pirámides de Egipto: la Vara, la Columna... el obelisco. Sin el obelisco, no se podrá alcanzar la morada de los dioses (el despertar de la conciencia).

Pero todavía les debo lo mas importante, ¿cómo se las construyeron desde arria hacia abajo? ¿Cómo es posible que algo se construya desde la cima, para terminar en su base? Bueno queridos lectores, este tema aunque muy simbólico, también se lo podrá interpretar de la manera en que les propongo: de arriba hacia abajo.

Comencemos. A estas alturas, -y mas allá de las anteriores especulaciones respecto de como irían encastrados los tres obeliscos, uno arriba del otro-, actualmente tenemos imaginado al primer obelisco enterrado y alineado, por lo que es menester el comenzar con el acarreo de los bloques hacia sus respectivos lugares.

Mas allá del acarreo desde el lugar de las canteras hacia el lugar en donde se construirán las pirámides, lo que nos tiene reunidos aquí es el de tratar de entender como se usaron cada uno de los obeliscos -o columnas rectoras- para acomodar cada piedra en su lugar basados estrictamente en el simbolismo del Caduceo, y desde "arriba hacia abajo".

Pues bien, mi idea al respecto, se basa en utilizar la cúspide de cada obelisco, ya ubicado en el centro de cada futura pirámide, como soporte superior, -o punta de grúa-, con dos guías en forma de túneles, los cuales traspasarán al obelisco de lado a lado, apuntando cada agujero horadado en lo mas alto de esta gran piedra fundamental, hacia los cuatro puntos cardinales. De esta manera, interiormente, en el vértice superior del obelisco, quedarán formados una especie de túneles horadados de lado a lado, uno encima del otro, de modo de que sendas y gruesas cuerdas puedan circular por entre ellos libremente, ayudadas por un lubricante que puede llegar a ser grasa animal, de manera tal de que las cuerdas no se desgasten y se corten con el uso.

Hasta aquí ya sabemos que mi idea se basa en utilizar cada obelisco como centro rector para la construcción de las pirámides, siguiendo el simbolismo del Caduceo, y que se utilizará cada extremo superior de ellos para que fuertes cuerdas circulen por los agujeros horadados en su parte superior. Y, ¿para que? Para que de un lado un grupo de cientos de personas puedan tirar de la cuerda, mientras que en el otro extremo de ésta, se encuentre un bloque, atado con la misma cuerda, listo para ser "levantado" hacia el centro, hacia a uno de los lados de la base del primero de los tres obeliscos. Desde el centro hacia los costados externos, y desde arriba hacia abajo, ese es el orden de construcción que propongo basándome en el Caduceo.

A estas alturas, el lector que ha llegado hasta aquí, ha sido acreedor de un conocimiento extra por sobre los que ya porta su sapiente humanidad, y ha sido el tenaz, el de mente abierta, el persistente, el curioso, el perseverante, el intrigado, el que desea explorar otras mentes, el amante de la diversidad de opiniones y pensamientos, el que también ha entendido las relaciones anteriormente puestas por mi para juicio de todos.

Por lo tanto, continuemos con la explicación del porqué afirmo yo, que las pirámides se han construido desde dentro hacia afuera y desde arriba hacia abajo.

De la construcción de las pirámides desde dentro hacia afuera.

En este paso, con el primer obelisco colocado firmemente en el centro de la futura pirámide, -ver gráfico de mas abajo-, y basándose en el sistema de agujeros y cuerdas engrasadas mencionado en párrafos anteriores, la construcción desde dentro hacia afuera, no es mas que el simple, pero a la vez, titánico trabajo de que cientos o miles de hombres y animales, tiren de una cuerda muy gruesa, para que la primer piedra rectangular (entre dos y veinte toneladas de peso), lista para colocar, se mueva hacia los pies del obelisco, específicamente hacia uno de sus cuatro lados. De esta misma manera lo hacen utilizando el otro agujero y con otra cuerda engrasada, de manera que se pueda colocar una segunda piedra sobre otro de los costados del pie del obelisco. Y lo mismo aplicado a los otros dos lados sobre el que restan colocar dos piedras mas.

Con esto tenemos cuatro primeras piedras colocadas en la base y alrededor del centro -conformado por la columna, por la vara del Caduceo, por el obelisco- de la que será una de las pirámides. Este proceso de cinchar, alzar y colocar, se deberá repetir hasta que toda la base cuadrangular previamente diseñada por los arquitectos egipcios, se encuentre completada con todos los bloques de piedra en su lugar. Visualmente al finalizar este paso, veremos la gran base de un piso de piedras y el obelisco sobresaliendo unos cuarenta metros desde el centro. Pero desde aquí la metodología de colocación de bloques debe cambiar, no así el método de cinchar y tirar por medio de cuerdas que pasan por los pequeños túneles agujereados en la cúspide del primer obelisco. A partir de aquí la construcción cambia al ir colocando los bloques desde el centro hacia afuera, como al principio, es decir que luego de comenzar a colocar el segundo piso de bloques de piedra, la mismísima forma de la pirámide irá naciendo desde el centro, es decir que toda colocación de nuevas piedras será para armar una nueva y pequeña pirámide sobre la anterior, hasta llegar al nivel de la cúspide del primer obelisco. Con esto se consigue que las piedras continúen siendo levantadas por un costado piramidal sin complicaciones extremas para su elevación. Y en cuanto a la elevación a nuevos pisos de las sucesivas pirámides interiores, para disminuir la fricción respecto del arrastre al momento de elevar las piedras por sobre la "ladera", es posible que se pudieran haber utilizado pequeñas piedras con forma de triángulo recto, de manera tal de colocarlas en cada escalón en "L" conformado por cada piso de cada nueva pirámide interior, a manera de rieles en subida, con el objeto de deslizar los bloques hacia arriba, sin mayores inconvenientes, incluso facilitando dicho trabajo por medio de la utilización de grasa animal para disminuir la fricción.

El repetir lo anterior innumerables veces, la pirámide se va construyendo desde su centro hacia su exterior, creciendo de a poco, pero siempre con forma de pirámide y guiada y erguida gracias a su "columna vertebral", gracias al primer obelisco, el cual, al quedar finalizada la primera etapa -de tres- podremos visualizar la gran base ya construida en la etapa de comienzo y colocación del obelisco, con su tamaño real, en base al diseño previo de la pirámide, y veremos una "pequeña" pirámide en su centro y una pequeña porción del primer obelisco sobresaliendo por su pináculo. Gran base, primera pirámide interior y cúspide del obelisco es lo que tenemos hasta ahora.

En cuanto a los demás pasos que restan; para que la pequeña pirámide central se duplique y luego se triplique, o sea dos pasos mas; dichos pasos se basan en colocar un nuevo obelisco por sobre el primero, horadando primeramente la punta de éste hasta una cierta profundidad, para que el segundo obelisco quede colocado y funcione de la misma manera que el primero, o sea, de columna rectora y de grúa tracción a sangre. Obviamente aquí la complejidad de levantar un obelisco de 40 metros hacia la sima de la primer pirámide tiene que haber sido colosal, y ni hablar del último obelisco.

También pensé en la posibilidad de que hayan utilizado un solo obelisco de 140 metros de largo, ya que, colocándolo en el centro de donde irá cada pirámide, todo lo demás se daría con el solo hecho de subir cada bloque de piedra para ir formando las pirámides interiores hasta que la exterior quede totalmente conformada alrededor de una sola columna rectora, de un solo obelisco. Esta es otra posibilidad que he barajado y que, aunque tallar y trasladar un solo obelisco de 140 metros hasta el lugar de cada pirámide, aunque no imposible, no me fue una opción tan práctica como la de los tres obeliscos, uno encima del otro. Y no nos olvidemos que los bloques interiores no tuvieron que ser necesariamente gigantescos, sino que pudieron haber utilizado bloques mas pequeños y manejables hasta el gran desafío final de los grandes bloques exteriores. Siendo mas pequeños los bloques interiores, habrá sido mas fácil el construir los pasadizos internos que todos conocemos, aunque sea en fotos o videos.

Con esto, mas o menos he explicado mi idea de que las pirámides fueron construidas desde dentro hacia afuera.

De la construcción de las pirámides desde arriba hacia abajo.

Esta metodología de construcción, desde arriba hacia abajo, -ver gráfico de mas abajo-, aparenta ser muy ilógica, sin sentido común, desprovista de toda norma de construcción que el ser humano haya inventado jamás; pero permítanme explicarles el porque pienso yo que que no es así, ya que, por lo que yo entiendo de mi propia idea, -y que puede llegar a ser descabellada para algunos y todo lo contrario para otros-, la construcción desde arriba hacia abajo ya, -y un poco queriéndolo así-, quedó explicada durante el transcurso de esta publicación, debido a la manera en la que se parte para colocar cada bloque de piedra (desde dentro hacia afuera) y que es desde arriba hacia abajo, es decir que para que todos los bloques que se puedan llegar a disponer debajo de cada obelisco, es condición necesaria que primero exista el obelisco, la vara, el Caduceo, de manera tal que todo lo demás tenga razón de ser, es decir que, si no existe una columna vertebral primero -un obelisco- nada de lo que se quiera intentar hacer debajo, tendrá sus frutos, ningún bloque de piedra podrá ser colocado en ningún lugar, debido a que, desde lo alto, no existe columna alguna que haga fluir las cuerdas engrasadas (alrededor del obelisco y desde cada punto cardinal) y desde arriba, desde el pináculo o cima de cada columna, con la fuerza de miles de hombres y animales tirando o cinchando de ellas, como si fueran la fuerza de las dos serpientes que rodean a la vara rectora del Caduceo, las cuales -dichas cuerdas- portan la energía que proviene desde las "profundidades de la tierra", es decir desde lo profundo y animal del hombre, desde la propia fuerza sexual humana, desde lo que en el Árbol de la Vida cabalístico (símbolo creado por el judaísmo y muy relacionado con el Caduceo o Vara de Hermes comparada aquí) árbol que se lo ha denominado "Sefirot", y cuya fuerza de la que hablo se le ha llamado "Yesod", que quiere decir justamente "el Fundamento, la Generación o piedra angular de la Estabilidad".

Por lo tanto, queda claro que la construcción, efectivamente es desde arriba hacia abajo, ya que la fuerza proviene desde arriba, la inteligencia y la conciencia simbolizada en el Caduceo, desde la cima de este, por algo que se asemeja a la glándula pineal, es la que pone en movimiento todas las demás partes que subyace a ésta.

En este punto del artículo, algún lector -con razón- se preguntará, "pero la fuerza proviene desde abajo, desde los hombres y animales que tiran de la cuerda y que están en la tierra y no en el cielo", a lo que yo propondría el siguiente punto de vista para entender que la fuerza se encuentra arriba y no abajo. Veamos. Es cierto que miles de hombres y animales habrán tenido que hacer mucha fuerza desde la base, desde la tierra, para que, por medio de una larga, muy larga cuerda, gruesa y engrasada en su mayor parte, y que surca de ida y de vuelta; con incuestionable firmeza ante tantas tensiones opuestas; por la cima del obelisco, se puedan mover las piedras en el lado opuesto a los que se encuentran tirando o cinchando; pero en este caso, y como en este mismo párrafo ya he demostrado que la fuerza se encuentra arriba y no abajo, por medio de ciertas palabras que han velado mínimamente dicha idea, podré decir explícitamente, que la fuerza se encuentra arriba, debido a que la mayor de todas las tensiones que debe soportar la cuerda, se encuentra localizada justo en la cima del obelisco, lugar desde donde la cuerda, no solamente nivela y retiene las fuerzas centrifugas de cada lado (hombres y bloque) sino que también sufre la torsión por el hecho de surcar el pequeño agujero en forma de túnel, dentro de la cima del obelisco. Es decir que, en la cima, o sea, desde arriba, se generan fuerzas centrifugas descomunales y fuerzas desiguales de torsión, en donde ciertos hilos deberán poder tener la capacidad de estirarse desigualmente, unos mas que los otros. Sin esas fuerzas que provienen desde lo alto, nada de lo que se encuentre debajo tendrá razón de ser.

Esbozo aproximado de mi idea detallada arriba.
Hacer clic sobre la imagen para ampliarla.


Esbozo aproximado de mi idea detallada arriba junto con los tres niveles de pirámides generadas con el proceso de construcción aquí planteado.
Hacer clic sobre la imagen para ampliarla.

Cada uno de los bloques de piedra; sin la fuerza rectora que surca la columna u obelisco, guiados por la inteligencia -es decir, la conciencia- proveniente desde su pináculo, desde su cima; no podrán ser colocados ni organizados en ningún lugar, ni conformar templo alguno. Queda demostrado aquí, que es imperiosamente necesario, que para todo templo; ya sea el dedicado a los dioses, como las pirámides, o el propio templo humano; haya una columna rectora que pueda transmitir las fuerzas y tensiones, desde abajo hacia arriba y desde arriba hacia abajo, como así también desde adentro hacia afuera, con el objetivo de que, al final de todo el esfuerzo de construcción (o de autoconstrucción, dependiendo del templo) todas y cada una de las piedras queden perfectamente ubicadas, unas junto a las otras, en una clara dirección hacia alcanzar la cima, el pináculo, el vértice principal, en donde el templo se conecta con el cielo, es decir, con la Luz de los dioses, gracias a las alas de cisne de aquellas dualidades nombradas mas arriba, pero con el control luminoso de lo que se debe encontrar en la mismísima cima del templo, del pináculo, en donde el símbolo de la conciencia se encuentra, en donde esa glándula pineal, es la que guía nuestra nuestros actos por medio de la conciencia plena lograda por el conocimiento de uno mismo.

Copyright by Nelson J. Ressio.

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