20/3/15

 El Idealismo nos propone que optemos por dos vías de pensamiento en cuanto al uso de la razón; la primera es el objeto conocido y la segunda el sujeto que se conoce, y es este último el que coloca sobre lo primero las características que aquel tendrá. El objeto conocido no es mas que una manifestación, en grado y forma, de una realidad que se encuentra muy ligada al grado y forma del mismísimo universo. Por ejemplo, esta computadora, que por medio de la cual estoy escribiendo este pensamiento, no existiría como la definí antes, si yo no fuera un sujeto cognoscente, es decir una entidad pensante, consciente de si misma y de lo que le rodea, y por ende, con el poder mental de darle a esta pequeña manifestación del universo, -que es esta computadora-, el grado y forma que perciba de ella, y ese grado y forma se traducen en las propiedades de este objeto conocido, como color, tamaño, capacidad de procesamiento, y un gran etcétera. Por lo tanto, yo, sujeto cognoscente, con capacidad de adjetivar todo grado y forma que el universo me presente ante mis sentidos -al igual que todo ser humano sobre la faz de la Tierra- soy el único ser -en tanto que humano- capaz de dar existencia a cierto objeto conocido -o a conocer- e imprimirle sobre él, su grado y su forma, es decir, sus propiedades que luego lo definirán como tal o cual cosa, y por consiguiente, será un objeto más del mundo de las apariencias; pero, ojo, solo para mi mismo, que soy el que le está aplicando ciertas propiedades intrínsecas a una manifestación del propio universo, pero para otras personas que no tienen noción de la existencia de esta computadora, al no poder adjetivarla, al no ser sujetos cognoscentes actuando sobre un objeto conocido -o a conocer-, para estas personas, esta computadora no existe en el mundo de las apariencias, -de sus apariencias-, y queda relegada, para ellas, solo al mundo de las ideas, de lo trascendental, sabiendo que el pensamiento es, en primera instancia, lo único que existe, debido a que el pensamiento humano, es a la vez, sujeto cognoscente y objeto conocido.

Pero, ustedes se preguntarán, ¿que tiene que ver todo lo anterior con las ideologías penetrando dentro de las escuelas de ideas?

Primero que nada, desde mi punto de vista, existe un Orden, Orden que creo yo, debe ser inamovible, respecto de las ideologías y de las escuelas de ideales -o de ideas-, y es que las ideologías -o entes ideológicos- no deben ingresar dentro las escuelas de ideales, por el nefasto hecho, de que ideologizan la pureza de la razón de dichas escuelas de ideas, pero sí, debe suceder lo opuesto, es decir que, las escuelas de ideales deben permear todo ente ideológico que exista sobre la superficie de nuestro planeta. Esto debe constituirse como una condición sine qua non, como un dogma inamovible, incluso, me expreso a riesgos de mencionar la palabra dogma, porque si bien me siento muy en desacuerdo con ella, hay cosas que no deberían modificarse cuando atentan contra la evolución de la propia especie humana.

Los entes ideológicos, aquellos lugares -o grupos de personas- en donde la relación que existe entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido, solo se da por la acción de un único principio rector, que es la ideología, -y por ende un innegable pensamiento impuro por el hecho de no ser libre-, y no por el elemento mas poderoso que tiene el ser humano, y que es el uso de la razón, -y por ende, la pureza del pensamiento libre-, entonces, aquellos lugares en donde se fomentan las ideologías y en donde se desempeñan seres humanos capturados por ellas, estos últimos no deberían ser sujetos considerables para ingresar a una escuela de ideales, porque ejercen sus ideologías carcelarias, como sujetos cognoscentes que son, -y estoy seguro de que en la mayoría de los casos, es de manera inconsciente-, sobre los otros sujetos cognoscentes que se hallan dentro de las escuelas de ideales o de ideas envueltos por la maravillosa pureza de la razón, esa razón libre de toda cadena ideológica y dogmática que el ser humano ha sabido romper a lo largo de su historia.

¿Y que sucede cuando dos sujetos cognoscentes; uno basado en ideologías y el otro fundamentado en ideales, se internan en los intersticios del pensamiento, en pos de analizar un cierto objeto a conocer? ¿Se imaginan el resultado? Pues, desde mi punto de vista, el resultado, desde los comienzos, será desalentador y sin consensos, porque el grado y forma que le dé aquel primer sujeto cognoscente, basado en ideologías, no será el mismo grado y forma que le dará el segundo sujeto cognoscente, basado en la razón libre de cadenas psicológicas. Desde el comienzo habrá disenso, y que es muy bueno, y hasta necesario que lo haya, pero entre mentes libres de ideologías. El disenso, entre dos mentes, en la que una profesa ideologías, -y me refiero a esas ideologías muy arraigadas en sus psiques, mas no así, en ideologías basadas en simples actos simpáticos-, y con el disenso a la par de una mente que solo profesa el uso de la razón pura y libre de toda cadena psicológica, ese disenso, en muy pocos casos, creo yo, se transformará en consenso, o bien será un consenso impuro. El consenso impuro no es consenso, sino que, mas bien, un disenso muy bien adornado. Y es que debemos entender, que ese disenso adornado no es mas que hipocresía al servicio de un mundo que pide a gritos volverse a encontrar a si mismo, aunque la mayoría de las personas no se den cuenta de ello.

¿Que tenemos hasta aquí? Que las escuelas de ideales -o de ideas- no deben ser permeables a personas provenientes de las escuelas o entes de ideologías, debido a todo lo dicho anteriormente; pero, por el contrario, estos entes ideológicos, necesariamente deben ser permeados por personas que han surcado los caminos de las escuelas de ideales, de las escuelas de moral y de ideas, desde las escuelas de virtudes. Pero no al contrario.

Me considero un gran observador del Cosmos, de ese Orden que nos rodea, que aunque parezca Caos, es solo un Orden que todavía no pudimos comprender, y observo a mi entorno, desde las "pequeñas cosas", como una hormiga caminando sobre un pequeño cúmulo aglutinado de granos de arena, hasta el vasto y casi infinito universo, pasando principalmente, por este microcosmos humano tan desigual y moralmente deficiente. Y es sobre ese Caos, respecto del cual no podemos comprender a qué Orden pertenece, sobre el que debemos enfocar aquel consenso resultante de la razón pura y libre de cadenas psicológicas, y no desde el otro consenso, el que no es mas que un disenso adornado para que se asemeje a un consenso, pero este consenso es impuro, y siempre lo será.

Debemos tener presente, Todos y cada uno de Nosotros, que desde las escuelas de ideales -o de ideas- deben salir idealistas trascendentales que puedan ocupar luego, aquellos entes de ideologías, es decir que el flujo es de adentro hacia afuera. Y estos idealistas, estos pensadores que utilizan la razón pura y libre, deben haber ingresado a las escuelas de ideales, provenientes desde la pureza de su vida familiar y social, y no desde la impureza de aquellos entes ideológicos. Las escuelas de ideales y de virtudes deben ser máquinas generadoras de seres pensantes, basados en la constante tendencia hacia el querer comprender aquel Caos, Caos que no es mas que un Orden que todavía no se ha definido como objeto conocido por parte de algún sujeto cognoscente; ese Orden, que momentáneamente se disfraza de Caos, porque todavía no se lo ha definido como un objeto con propiedades inherentes que le den grado y forma, y por ende, Orden; es este Orden recién transformado del Caos, el que debe ser analizado solo por sujetos cognoscentes provenientes de escuelas de ideales, y no así, por una mezcla de sujetos de estas escuelas y de entes que profesan ideologías, porque ese Orden resultante, del que hago referencia unas líneas mas arriba, no va a tener la pureza y la libertad emanada de la relación que debe haber entre su grado y su forma, entre sus características, entre sus adjetivaciones aplicadas, y por ende, será un Orden apócrifo, que, en definitiva, será un Caos adornado para que parezca un cierto Orden, y como consecuencia, este mundo continuará llevando a la práctica decisiones -a modo de soluciones para los problemas cotidianos- que aparenten poner Orden por sobre el Caos, pero que, en realidad, solo le agregarán mas Caos, al Caos ya reinante.

Entonces, es menester comprender la idea anteriormente planteada, idea de la que estoy muy consciente de que es muy dura, porque existen muchos grandes pensadores que están dentro de aquellos entes de ideologías, desde mucho antes de ingresar a las escuelas de ideales y de ideas, y que podrían llegar a darle un verdadero Orden al Caos, y que podrían, y pueden, contribuir a que las decisiones que se apliquen sobre la realidad cotidiana de la raza humana, no estén regidas por un consenso impuro, sino que, por un consenso puro y libre de cadenas psicológicas, pero, por desgracias, estas personas, que saben dejar las ideologías a un lado, al momento de pisar el suelo sagrado de las escuelas de ideales, son los mínimos.

Los ideales deben impregnar a las ideologías, mas no así lo contrario. Si las ideologías impregnan a los ideales, siempre, siempre, siempre... el Caos seguirá siendo Caos y el Orden indefectiblemente tenderá a ser Caos.



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