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03/06/2016


Le llaman el "Canon de las Proporciones Humanas", circunscrito dentro de la representación geométrica de la cuadratura del circulo, y que recibe su nombre en honor a un arquitecto de la antigua Roma, y que representa las proporciones Divinas de las que el cuerpo humano es poseedor, y que no es mas que un Efecto, que demuestra que, a veces, lo que parece Caos, se constituye como una manifestación arquetípica que simboliza tanto al Universo Interno, como al Universo Externo, al Microcosmos y al Macrocosmos, como innegables sinónimos que ocultan innumerables Misterios Naturales, determinados estos, por lo que a simple vista o al vuelo de un rápido prejuicio, parecerían dominados por la ausencia de Leyes correspondientes a un Orden Natural, pero que en realidad, en esencia, nos muestran, que ambos Universos, el externo y el Interno, aparentan estar constituidos por el Caos, siendo que se encuentran brillantemente conformados por leyes que aun, en su mayoría, no hemos comprendido, de manera tal de que, lo que hoy entendemos como Caos, finalmente lo podamos comprender como Orden, un Orden oculto, pero Orden al fin y al cabo, constituyéndose como un evidente ejemplo, de que la Geometría se encuentra directamente relacionada con la Creación, debido al accionar esencial, de una ciencia espeluznante, como alguna vez lo pronuncio Albert Einstein, y que dicha ciencia es la física de partículas, o también denominada, Mecánica Cuántica.

A estas supuestas proporciones provenientes desde lo Divino, los griegos la llamaban Proporción Áurea o la Divina Proporción, y que se constituye, matemáticamente hablando, como la razón media matemática, entre la suma de la unidad, mas la raíz cuadrada de 6, dando un resultado dentro del conjunto de los números irracionales, pero que, tanto su parte entera, como sus dos primeros, -de sus infinitos decimales-, son muy representativos, tal como lo son los tres primeros números de PI. Y esta Razón Áurea, de la que estoy refiriéndome, se denomina en Geometría, como el numero griego FI, o también como el numero griego Tau, es decir, dicho numero representa el valor resultante de la relación media de dos segmentos consecutivos, y la suma de ellos.

Euclides, expresó lo siguiente, respecto del número áureo, o número de oro:
"Se dice que una recta ha sido cortada en extrema y media razón cuando la recta entera es al segmento mayor como el segmento mayor es al segmento menor".
Otro de los grandes filósofos y matemáticos que se ocuparon de esta razón áurea, fue Platón, el cual, y si bien se extendió hasta querer representar la estructura completa del Cosmos, -palabra esta que significa Orden-, desarrolló una serie de sólidos geométricos, conocidos como: Sólidos Platónicos, simbolizando cada uno de ellos, a los 5 elementos, tal como también se encuentran circunscritos dentro del Hombre de Vitruvio y de la Estrella Flamígera, y cada uno de los sólidos platónicos  se relacionan con cada uno de los elementos  de la Naturaleza, y que son: tierra, fuego, aire, agua y la Quintaesencia, el Ether, el Akasha, o mas entendible, el Universo, por lo que: la tierra esta asociada al cubo, el fuego al tetraedro, el aire al octaedro, el agua al icosaedro, y finalmente el Universo, como el mismísimo Todo Causal, esta asociado con el dodecaedro.

Y en relación a los sólidos platónicos, los cuales encierran, en esencia, a aquel número áureo, a aquella Divina Proporción, tal como el Hombre de Vitruvio, podemos hacer interesantes abstracciones respecto de cada uno de ellos, ya que, por ejemplo, la Tierra, se encuentra asociada al Cubo, cuerpo Geométrico éste, que demuestra la solidez en si misma y por si misma, la conjunción de ángulos rectos dentro de 6 caras o planos cuadrados, simbolizando la solidificación, la perfección y todo lo contrario a lo volátil y disperso. En cuanto al Tetraedro, el cuerpo que simboliza al fuego, no es mas que una Pirámide triangular, tal cual lo hace una fogata que se eleva desde la Tierra hacia el Cielo, de tal manera, que describe una forma "Pira-Midal", palabra ésta que esconde al prefijo "Pira", que del griego significa fuego, el cual transforma la materia, es decir, lo que hay en la base de la pirámide, en energía, es decir, su pináculo, por consiguiente, es una transmutación del cuerpo en espíritu. En cuanto al Octaedro, que está representando al aire, y que no es mas que la unión de dos pirámides contrapuestas, unidas por su base, puedo inferir su simbolismo, tal como la perfección de la materia, -representada por ambas bases cuadradas de ambas pirámides-, hacia el espíritu, cuya dualidad explicita, evidencia la omnipresencia de la energía transformada, y que percibimos como aire. En cuanto al sólido denominado Icosaedro, que representa al elemento Agua, simboliza al germen de la vida, a la base fundamental de toda existencia biológica sobre la Tierra, a la Generación de toda materia que se diferencie de lo inerte, de toda materia desprovista de la chispa vital que particularmente nos caracteriza como seres humanos. Y el ultimo solido, el que simboliza al mismísimo Universo, al Ether, a la Quintaesencia, al Chi, al Prana, a la Corona o Kether del Árbol Sefirótico de la Cábala, a la cima flamígera de la pirámide inacabada, a lo que se encuentra mas allá del final superior de la Escalera de Jacob, al vértice superior de la Estrella Flamígera, al pináculo esférico del Caduceo, a nuestra Glándula Pineal, a la Conciencia del Yo alcanzada por el acto de devastación de los egos, al lugar mismo en el que, dentro de un Templo Sagrado, ocupa el Egrégoro, y un largo etc., dicho solido, es el dodecaedro, que con sus doce caras pentagonales, reúne y contiene a todos los demás sólidos platónicos antedichos, uno dentro del otro, hasta que una recta y el punto sean la mínima expresión, tal como el Universo contiene a la Tierra, y esta a su vez, a los demás 4 elementos, y estos a su vez, a los átomos. Todo esto, a partir de un aparentemente simple número irracional que representa la relación de dos rectas con la suma de estas, a un número de oro, impreso desde el Infinito, por el diseño proveniente desde la Unidad, por sobre todo lo creado por la acción de las manos duales del Demiurgo, es decir, por el propio creador de este último sólido platónico, y de todos sus sólidos interiores, hasta llegar a la perfección mostrada por el cuerpo humano... por el Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci.

Por lo tanto, y como podemos llegar a entender, nada se escapa a la perfección determinada por un aparente caos, caos que no sería otra cosa, que un Orden, respecto del cual, todavía no le hemos podido determinar la totalidad de sus leyes, tal como lo expresa uno de los 7 principios del Hermetismo.

Pero hay mas, respecto del Hombre de Vitruvio, ya que debemos recordar, que las proporciones del mismo, se encuentran determinadas por un número irracional, simbolizado por dos letras griegas, Fi o Tau, y es en esta última letra, la letra Tau, en la que me detendré a hacer una interesante analogía, ya que representa, siempre desde mi punto de vista, a la novena sefirot cabalística, al Yesod o Fundación, que no es mas que la serpiente, actuando como un poderoso arquetipo de los misterios de la sabiduría, también oculta a la muerte simbólica que es vencida por el sacrificio, tal como Cristo lo hizo sobre su propia Cruz Tau, es la Cruz de los Elegidos, es un símbolo femenino de las diosas madres, principio este, que se conforma como el propio origen de los dioses masculinos, tal como Cristo, que con su Cruz Tau femenina, fue el punto de partida para su apoteosis, para su posterior transformación en Dios, luego de su previo sufrimiento y muerte. Y sin dejar de lado al Cristo crucificado, no hago mas que pensar en sus analogías posturales con el Hombre de Vitruvio, ya que ambos se dispusieron de forma tal, que representan todos los principios y misterios Universales, que hacen necesario, que el Hombre pudiera entenderlos, ya que, si este Hombre light, egoísta e individualista de hoy en día, con sus egos exaltados por la acción de las diferentes metodologías propagandísticas y de mercadotecnia, no acepta, que la belleza proveniente desde el sufrimiento y del sacrificio -algo inentendible para muchos y solo comprensible para unos pocos- sufrimientos aquellos, que nos impone la vida misma, y que son parte necesaria, y no así suficiente, del maravilloso y trabajoso proceso que nos lleva a transformarnos en dioses de nosotros mismos, de llegar a nuestra tan necesaria apoteosis, tal como lo hizo Cristo, en alcanzar el Ether, en alcanzar la cima de la Pirámide, el despertar de nuestra Conciencia, en terminar de ascender aquella Escalera de Jacob, tal como Jesús, luego de finalizado su ritual, justo al tercer día de su paso por su muerte simbólica, ya que todos debemos morir, para poder llegar a ser dioses de nuestro propio microcosmos, para luego serlo hacia el exterior. Pero, para ser dioses, primero debemos entender al Hombre de Vitruvio, y toda la filosofía que contiene y la que de él se desprende y relaciona. Seremos los dioses de nosotros mismos, para luego poder serlo, con los demás, cuando comprendamos que el sufrimiento real y la muerte simbólica, son dos columnas necesarias para transformarnos, para ser Hombres nuevos, para dejar de lado la mediocridad que hoy nos rodea a cada paso que damos, para que terminemos siendo Superhombres, para que "nuestra obra sea coronada al final".


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30/11/2015


La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.

Confucio.

De arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba; de la individualidad a la universalidad, de la universalidad a la individualidad; del Diseñador al Demiurgo, del Demiurgo al Diseñador; de la Mónada a la Tétrada, de la Tétrada a la Mónada; de la Unidad del Espíritu a la Dualidad material, de la Dualidad material a la Unidad del Espíritu; de la Luz de la Razón a la oscuridad de la ignorancia, de la oscuridad de la ignorancia, a la Luz de la Razón; de las virtudes de la conciencia con predominio por sobre los pasiones de la inconsciencia, de los vicios de la inconsciencia oscureciendo a las virtudes de la conciencia; del espíritu por sobre la materia, de la materia por sobre el espíritu; del la quintaesencia por sobre los cuatro elementos, de los cuatro elementos por sobre la quintaesencia; energía y materia, materia y energía; la Divina Providencia, la Divina Proporción inscrita por la naturaleza en el cuerpo humano, representado por el Hombre de Vitrubio, pero hay mas; la estrella Sirius, el Dios Egipcio Anubis, el Dios Horus, el Sol, el símbolo de la Piña que representa la Glándula Pineal del cerebro, la Pentalfa del Dios Egipcio Hermes o el Dios Mercurio para los Griegos... de la manera que lo expresé, es la Estrella Flamígera, utilizada en un sentido dual, es decir, con un vértice hacia arriba y con los dos hacia abajo, o con los dos vértices hacia arriba y con uno hacia abajo... dos símbolos emblemáticos emanados desde un mismo objeto, y que portan entre sus imágenes arquetípicas objetivas, no solamente lo anteriormente expresado, sino que también, se le suman innumerables interpretaciones adicionales, propias de la doctrina de las escuelas filosóficas, pero también, de parte de la consciente subjetividad de quien la interpreta, de quien la hace suya. Y una buena manera de adueñarse de su contenido arquetípico, es hacer que nos represente, en primera instancia, todo lo absoluto en el ser, en la justicia, en la realidad, en la razón y en la verdad.

En relación con los templos, como por ejemplo, el Templo de Salomón, la Estrella Flamígera, se posa de una manera muy elocuente, con ambos vértices inferiores sobre las columnas “J” y “B” respectivamente, en dirección hacia el Occidente, hacia la oscuridad, hacia las tinieblas de la Ignorancia y de los vicios que retrotraen al ser humano en dirección a un inevitable destino individualista y materialista, mientras que el vértice superior de la Estrella, se ubica justo en el lugar en donde se sitúa el Egregoro, ese Ser luminoso que logra hacer circular la energía y la Palabra, de manera tal de que, todos los iniciados en los pequeños y grandes misterios, se sientan conectados entre todos y con todos, el Egregoro se conforma como el vértice superior de la Estrella Flamígera que apunta hacia el Oriente, hacia la Luz, hacia la claridad del pensamiento, del discernimiento y del domino de las bajas pasiones, y constituyendo el pentágono, que se conforma por las líneas que se entrecruzan por el centro de la Estrella, como el lugar exacto dentro del Templo de Salomon, en donde se ubica la Génesis de la Luz que iluminan los trabajos allí realizados. Pero, nos restan ambos extremos de la Estrella Flamígera, los cuales, uno apunta hacia el Norte, y el otro hacia el Sur; en definitiva, la Estrella Flamígera, no solamente representa al Gran Diseño, a la Creación y a la Destrucción del Macrocosmos, sino que también, al Microcosmos, representado por el Templo eminentemente material, como así también, al Templo material y espiritual del cuerpo humano.

En lo que respecta al Pentágono central de la Estrella Flamígera, podría decir que, inevitablemente, me traen a la conciencia, varias representaciones arquetípicas del propio cuerpo humano, como los 5 sentidos y los 5 dedos, dedos de esas cuatro Herramientas naturales que nos permiten trabajar y deambular por la madre Tierra, y que son los dedos de los pies y de las manos, todos estos, como partes vitales de nuestro cuerpo, ­los sentidos y los dedos, que nos hacen, no solo ser individuos autónomos, sino que además, nos ayudan a definir y a modificar nuestro entorno, a nuestro antojo y a nuestra conveniencia, siempre y cuando dicha conveniencia se encuentre enmarcada con lo que el vértice superior de la Estrella Flamígera representa, mas no así, con los vértices inferiores o laterales. Además, el Pentágono representa en mi mente, a un Templo Perfecto, a los 5 escalones que representan la Inteligencia, la Rectitud, el Valor, la Prudencia y la Filantropía, pero también, al símbolo del Pentágono lo considero como un emblema inequívoco de la transmutación de lo que está abajo, ­la materia, la dualidad de las bajas pasiones, es decir, aquellos dos vértices; en lo que está arriba, ­en la energía, en la conciencia, en esa unidad que se desprende del vértice superior. Además, y prosiguiendo con el Pentágono, éste símbolo circunscrito e inseparable de la Estrella Flamígera, y además, existente gracias a ésta, me indica que no podremos alcanzar la Luz de la conciencia, no tendremos las Herramientas necesarias para transmutar, para Resolver y Coagular nuestro plomo, el que nos empuja hacia el suelo, en un oro reluciente, que nos elevará hacia el cielo, es decir, no tendremos las Herramientas para pasar de ser orugas que solo se arrastran a nivel de la tierra, a ser una bella mariposa Monarca que vuela muy alto... muy arriba.

Con la mente consciente, subjetiva, ­con ese vértice superior de la Estrella Flamígera haciéndolo nuestro, logramos Mirar hacia arriba, logramos la ascensión de nuestra propia materia, logramos nuestra Apoteosis, logramos tocar el mismísimo Cielo, logramos alcanzar a nuestros propios dioses interiores, nuestra propia Divinidad, logramos hacer consciente lo inconsciente, logramos hacer subjetivo lo objetivo, logramos la fase de la Citrinitas alquímica, logramos hacer nuestra esa Cruz que traemos desde el mundo profano, Cruz aquella, que por la cual y a través de la cual, y luego de una muerte simbólica, logramos al fin, la resurrección, nuestra propia resurrección, hacia ser seres completamente nuevos y perfectibilistas, luego del innegable, pero bello sacrificio que implica el transitar por la vida misma... en definitiva, logramos la Claridad de nuestra Conciencia por sobre las confusiones que se desprenden de la materia, representadas por los 4 vértices inferiores de la Estrella Flamígera.

Pero existe otro símbolo inseparable de la Estrella Flamigera y que se circunscribe dentro del Pentagrama conformado por el entrecruzamiento de sus líneas, y que es la letra “G”, respecto de la cual no me explayaré aquí, mas que expresar que, dicha letra, muy simbólica, termina de conformar un suprasímbolo de Generación y de Regeneración, de amor y de Luz, letra que representa al Hombre libre y de buenas costumbres, Hombre que ha descubierto la Luz de la Razón, luego de aquella apoteosis, de aquella crucifixión muy asemejada a la perfección, emanada del Hombre de Vitrubio, Hombre que emerge de la oscuridad que trae desde el mundo profano, en dirección a la Luz de la Perfección de su propia psique.

La Estrella Flamígera, el Pentagrama, la letra “G” el Cuerpo Humano y el Templo, el Microcosmos y el Macrocosmos, todos ellos asimilados en nuestra psique, por la simple acción de observar un símbolo extremadamente importante y representativo de la persona que desea mejorarse a si mismo... y por ende... a los que lo rodean, y al mundo entero.


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