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07/09/2020

 “Lo maravilloso de la intuición es que nos demuestra a cada instante, qué tan cerca nos encontramos de la Gran Verdad, qué tan profundo la portamos y desde qué tan lejos la traemos”.

“Como la Creación fue la Causa, y nosotros, los humanos, sus efectos, no tienes porqué dudar de que eres el indiscutible poseedor de la potestad derivada de lo primero, para crear tu propio Universo”

Nelson J. Ressio.

Prólogo.

Esta obra, denominada “Homo Universalis”, se constituye como una auténtica representación de lo que todo ser humano debería analizar y realizar, durante el lapso de su existencia corpórea; no tal cual como está escrito en este libro, ya que es un ejemplo particular, sino que, tal como está escrito en la esencia que emana desde cada uno de los seres humanos de esta Tierra, cada cual con su propio sello; y esas esencias únicas, las que poseemos todos los habitantes del planeta, son, por Designio Universal, incomparables entre cada una de ellas, pero que, de seguro, en ciertos aspectos, aquellas esencias individuales, se unen con –y entre- todas las demás esencias, para converger, satisfaciendo de esa manera, una unión de esencias individuales, las que logran construir una Supra-consciencia, un Egregor; y ésta es la manera en la que concibo el impostergable paso de ser, seres humanos terrestres, a ser, seres humanos celestiales; de ser, Homo Sapiens Sapiens, a ser, Homo Universalis.

Con cada uno de los capítulos de esta obra, el lector podrá percibir que comienza a elevarse por la escalera del pensamiento profundo, no solo por la del propio autor, sino que, principalmente, por la del propio lector, para arribar de esa manera, a los capítulos finales… Supra-conscientes; mediante los impulsos correctos que cada capítulo es capaz de brindar y de lo que el lector se dará cuenta al poder descubrir y conformar por si mismo, sus propios impulsos de crecimiento, los del conocimiento y los que todos los seres humanos heredamos de la Creación Universal, y que todos deberíamos practicar en la realidad individual y colectiva: la Creatividad. Y en esos capítulos finales al que el lector habrá llegado, transitando previamente por los escalones necesarios como para comprender el final de esta obra (y el comienzo de la propia), se percatará, a ciencia cierta, de que ha llegado a obtener para sí, una especie de Apoteosis inicial, una transformación propia, desde ser un humano terrestre, a ser un Humano Universal; esa luminosa manera de conformarse para si mismo, la cualidad en la que dichos últimos capítulos “muestran… lo que muestran”; por lo tanto, es preciso e indispensable, atravesar esta obra con la mente bien abierta a las diferentes Posibilidades del pensamiento y de la creatividad, y desde el primer capítulo, como para llegar a entender, aprender y aprehender los últimos, esos últimos capítulos que simbolizan la convergencia de diferentes saberes, en uno solo… Apoteótico, Celestial… Universal; y que le revelarán al lector, la Posibilidad que tiene cada ser humano, de subir, escalón por escalón, por las afanosas gradas de la reconfortante escalera del pensamiento profundo y del conocimiento aplicado a la creatividad; y que, con la claridad puesta en esa meta elevada y luminosa, la cual se relaciona con la construcción del Si-Mismo por –y en- cada uno de los futuros Homo Universalis que lean esta obra, por lo que cada quien obtendrá la potestad de obtener su propio poder para construir todo lo que se proponga en su ascensión por esta escalera –a veces rectilínea y a veces zigzagueante- que se denomina como, “Camino de la Vida”.

Ser Homo Universalis, se constituye como una muestra ejemplificadora y desde el punto de vista del escritor, de la misión que cada uno de los seres humanos de este planeta debe realizar en su propia existencia corpórea. 

Homo Universalis muestra un ejemplo de que todo ser humano es inmortal… aunque todavía no se haya percatado de ello.

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11/03/2020


En cuanto al simbolismo de "Lavarse las Manos", el mundo está "invocando" a Poncio Pilatos, quien se lavó las manos, ante el sufrimiento de otra Persona. Entonces, esto quiere decir que, no nos debemos lavar más las manos, frente al sufrimiento de los demás, simbólicamente hablando, y hagámoslo en la realidad, con las imperfecciones inherentes al Ser Humano, por supuesto, pero todos poseemos, esa posibilidad -y multitudes de otras- a nuestro alcance.

Por otro lado, el simbolismo de NO TOCARSE, ni de besarse, etcétera, se corresponde con la "Resurrección de Jesucristo", quien le expresó a María Magdalena, lo siguiente: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17). Y esto último, significa que, para que Magdalena lo pudiese tocar nuevamente, Jesús debería primero, obtener su propia Apoteosis, y por el trabajo de sí mismo sobre sí mismo, es decir, al estar clavado en la Cruz (esa figura femenina que lo sostuvo hasta lo último, desde atrás, pese a sufrir los mismos daños que Jesús), y al perdonar a sus mártires, Él demostró Amor (poderoso sentimiento que se corresponde, simbólicamente hablando, con el Corazón, y con el Hijo), mientras que, al resucitar, todavía le quedaba un proceso por realizar, y que era el de llegar al uso pleno de la Razón basado en su intelecto conseguido por Él mismo, y de una Conciencia elevada (es decir, el Cerebro, lo cual se corresponde con el significado del Padre). Jesús dijo: "Nadie llega a mi Padre, sino a través de Mí" (Juan 20:17), y esa frase simboliza que, "Nadie llega al buen uso de la razón y de una conciencia elevada, es decir, a la propia Apoteosis (señal de la Cruz, en forma vertical, sobre la frente), sin antes saber qué es el Amor, representado por el Hijo (señal de la Cruz, en forma vertical, pero ahora, sobre el Corazón); por lo tanto, la Razón y el Amor, deben ir de la mano, en todo ser humano", y de una manera meramente conjunta, he inseparables. Ya sabemos lo que sucede cuando existe mucha razón y nada de amor, ¿no es cierto? Entonces, si eres creyente en un Dios externo, recuerda que Jesucristo era un Hombre común que llegó a ser Dios consigo mismo, por basarse en la dualidad Razón-Amor, y cuando te Persignes (cuando te Signes o te Firmes hacia ti mismo), y expreses: "En el nombre del Padre, del Hijo...", estarás repitiendo constantemente, lo mismo que esto: "En el nombre de mi uso de Razón, y de mi capacidad de amar..."; por lo tanto, por más que te laves las manos, como Pilatos, sino utilizas la Luz de la Razón en conjunción con el Amor, solo lograrás odiar a través del intelecto que hayas logrado construir en ti mismo; el Amor no necesita tanto Intelecto para amar, pero, el Intelecto necesita mucho del Amor para desarrollarse correctamente, porque de lo contrario, nuestra especie estará en un grave problema; problema éste, que ya lo tenemos desde hace mucho tiempo, el de que éste mundo se fundamente más, en la capacidad intelectual de manera disyuntiva con respecto a la capacidad de amar. La Conjunción del Padre y del Hijo, del Sol Circundando e Iluminando el Intelecto de Jesucristo y del Amor, debe ser la norma, y no la excepción.

Todos podemos ser Jesucristo, y/o los demás profetas sincréticos de las otras religiones; en definitiva, todos podemos ser Héroes Solares, y que como han podido observar en las imágenes de Jesucristo, siempre hay un Sol Coronando su cabeza, mientras que en el Padre, en esa Hipóstasis de 3 en 1, denominada Santísima Trinidad (heredada de la Tríada Osiríaca egipcia, con Osiris, Isis y Horus), existe una figura geométrica muy diferente a la de los Héroes solares y a la de los Santos (las de los cuales, son figuras circulares), y que en aquella Hipóstasis, es el Triángulo, símbolo inequívoco del Padre, es decir, del Uso de la Razón. Nadie llega al Triángulo, sino a través del Círculo; Nadie llega a ser Dios de si mismo, sino a través de convertirse en un Héroe Solar, en un Maestro Ascendido; Nadie llega al verdadero uso de la Razón, sino a través del fundamento del Amor; Nadie llega a hacer consciente lo inconsciente (por medio del uso de la Razón, del Padre, del Triángulo, del Universo), sino a través de los valores éticos y morales necesarios para una sociedad justa (por medio del uso del Amor, de una conciencia elevada, del Hijo, del Círculo, del Sol), ya sea que dichos valores provengan de un estamento laico, o de uno religioso; y la anterior dualidad, es casi irrelevante, debido a que, la moral y la ética, no son virtudes, únicamente subordinadas bajo la potestad de otros entes que no sean el del propio Templo Humano.


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30/11/2015


La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.

Confucio.

De arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba; de la individualidad a la universalidad, de la universalidad a la individualidad; del Diseñador al Demiurgo, del Demiurgo al Diseñador; de la Mónada a la Tétrada, de la Tétrada a la Mónada; de la Unidad del Espíritu a la Dualidad material, de la Dualidad material a la Unidad del Espíritu; de la Luz de la Razón a la oscuridad de la ignorancia, de la oscuridad de la ignorancia, a la Luz de la Razón; de las virtudes de la conciencia con predominio por sobre los pasiones de la inconsciencia, de los vicios de la inconsciencia oscureciendo a las virtudes de la conciencia; del espíritu por sobre la materia, de la materia por sobre el espíritu; del la quintaesencia por sobre los cuatro elementos, de los cuatro elementos por sobre la quintaesencia; energía y materia, materia y energía; la Divina Providencia, la Divina Proporción inscrita por la naturaleza en el cuerpo humano, representado por el Hombre de Vitrubio, pero hay mas; la estrella Sirius, el Dios Egipcio Anubis, el Dios Horus, el Sol, el símbolo de la Piña que representa la Glándula Pineal del cerebro, la Pentalfa del Dios Egipcio Hermes o el Dios Mercurio para los Griegos... de la manera que lo expresé, es la Estrella Flamígera, utilizada en un sentido dual, es decir, con un vértice hacia arriba y con los dos hacia abajo, o con los dos vértices hacia arriba y con uno hacia abajo... dos símbolos emblemáticos emanados desde un mismo objeto, y que portan entre sus imágenes arquetípicas objetivas, no solamente lo anteriormente expresado, sino que también, se le suman innumerables interpretaciones adicionales, propias de la doctrina de las escuelas filosóficas, pero también, de parte de la consciente subjetividad de quien la interpreta, de quien la hace suya. Y una buena manera de adueñarse de su contenido arquetípico, es hacer que nos represente, en primera instancia, todo lo absoluto en el ser, en la justicia, en la realidad, en la razón y en la verdad.

En relación con los templos, como por ejemplo, el Templo de Salomón, la Estrella Flamígera, se posa de una manera muy elocuente, con ambos vértices inferiores sobre las columnas “J” y “B” respectivamente, en dirección hacia el Occidente, hacia la oscuridad, hacia las tinieblas de la Ignorancia y de los vicios que retrotraen al ser humano en dirección a un inevitable destino individualista y materialista, mientras que el vértice superior de la Estrella, se ubica justo en el lugar en donde se sitúa el Egregoro, ese Ser luminoso que logra hacer circular la energía y la Palabra, de manera tal de que, todos los iniciados en los pequeños y grandes misterios, se sientan conectados entre todos y con todos, el Egregoro se conforma como el vértice superior de la Estrella Flamígera que apunta hacia el Oriente, hacia la Luz, hacia la claridad del pensamiento, del discernimiento y del domino de las bajas pasiones, y constituyendo el pentágono, que se conforma por las líneas que se entrecruzan por el centro de la Estrella, como el lugar exacto dentro del Templo de Salomon, en donde se ubica la Génesis de la Luz que iluminan los trabajos allí realizados. Pero, nos restan ambos extremos de la Estrella Flamígera, los cuales, uno apunta hacia el Norte, y el otro hacia el Sur; en definitiva, la Estrella Flamígera, no solamente representa al Gran Diseño, a la Creación y a la Destrucción del Macrocosmos, sino que también, al Microcosmos, representado por el Templo eminentemente material, como así también, al Templo material y espiritual del cuerpo humano.

En lo que respecta al Pentágono central de la Estrella Flamígera, podría decir que, inevitablemente, me traen a la conciencia, varias representaciones arquetípicas del propio cuerpo humano, como los 5 sentidos y los 5 dedos, dedos de esas cuatro Herramientas naturales que nos permiten trabajar y deambular por la madre Tierra, y que son los dedos de los pies y de las manos, todos estos, como partes vitales de nuestro cuerpo, ­los sentidos y los dedos, que nos hacen, no solo ser individuos autónomos, sino que además, nos ayudan a definir y a modificar nuestro entorno, a nuestro antojo y a nuestra conveniencia, siempre y cuando dicha conveniencia se encuentre enmarcada con lo que el vértice superior de la Estrella Flamígera representa, mas no así, con los vértices inferiores o laterales. Además, el Pentágono representa en mi mente, a un Templo Perfecto, a los 5 escalones que representan la Inteligencia, la Rectitud, el Valor, la Prudencia y la Filantropía, pero también, al símbolo del Pentágono lo considero como un emblema inequívoco de la transmutación de lo que está abajo, ­la materia, la dualidad de las bajas pasiones, es decir, aquellos dos vértices; en lo que está arriba, ­en la energía, en la conciencia, en esa unidad que se desprende del vértice superior. Además, y prosiguiendo con el Pentágono, éste símbolo circunscrito e inseparable de la Estrella Flamígera, y además, existente gracias a ésta, me indica que no podremos alcanzar la Luz de la conciencia, no tendremos las Herramientas necesarias para transmutar, para Resolver y Coagular nuestro plomo, el que nos empuja hacia el suelo, en un oro reluciente, que nos elevará hacia el cielo, es decir, no tendremos las Herramientas para pasar de ser orugas que solo se arrastran a nivel de la tierra, a ser una bella mariposa Monarca que vuela muy alto... muy arriba.

Con la mente consciente, subjetiva, ­con ese vértice superior de la Estrella Flamígera haciéndolo nuestro, logramos Mirar hacia arriba, logramos la ascensión de nuestra propia materia, logramos nuestra Apoteosis, logramos tocar el mismísimo Cielo, logramos alcanzar a nuestros propios dioses interiores, nuestra propia Divinidad, logramos hacer consciente lo inconsciente, logramos hacer subjetivo lo objetivo, logramos la fase de la Citrinitas alquímica, logramos hacer nuestra esa Cruz que traemos desde el mundo profano, Cruz aquella, que por la cual y a través de la cual, y luego de una muerte simbólica, logramos al fin, la resurrección, nuestra propia resurrección, hacia ser seres completamente nuevos y perfectibilistas, luego del innegable, pero bello sacrificio que implica el transitar por la vida misma... en definitiva, logramos la Claridad de nuestra Conciencia por sobre las confusiones que se desprenden de la materia, representadas por los 4 vértices inferiores de la Estrella Flamígera.

Pero existe otro símbolo inseparable de la Estrella Flamigera y que se circunscribe dentro del Pentagrama conformado por el entrecruzamiento de sus líneas, y que es la letra “G”, respecto de la cual no me explayaré aquí, mas que expresar que, dicha letra, muy simbólica, termina de conformar un suprasímbolo de Generación y de Regeneración, de amor y de Luz, letra que representa al Hombre libre y de buenas costumbres, Hombre que ha descubierto la Luz de la Razón, luego de aquella apoteosis, de aquella crucifixión muy asemejada a la perfección, emanada del Hombre de Vitrubio, Hombre que emerge de la oscuridad que trae desde el mundo profano, en dirección a la Luz de la Perfección de su propia psique.

La Estrella Flamígera, el Pentagrama, la letra “G” el Cuerpo Humano y el Templo, el Microcosmos y el Macrocosmos, todos ellos asimilados en nuestra psique, por la simple acción de observar un símbolo extremadamente importante y representativo de la persona que desea mejorarse a si mismo... y por ende... a los que lo rodean, y al mundo entero.


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