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20/03/2024


Dentro de mi particular entretejido mental respecto de la política global, quiero expresar una reflexión, un tanto profunda creo yo, respecto del verdadero poder que yace tras las cortinas del escenario democrático.

Todos los seres humanos nos hallamos frente a un tablero en el cual los actores políticos se ordenan como meros peones dependientes de una fuerza superior, una sinarquía global que trasciende las fronteras nacionales y los espectros ideológicos. Esta compleja red de influencias corporativas, revestida con el ilusorio manto de la democracia, opera en las sombras, trazando los destinos de naciones enteras mientras los políticos, ya sean de derecha, izquierda o centro, actúan dentro de los límites establecidos por esta élite invisible.

Es fundamental comprender que la dicotomía política tradicional, entre izquierda y derecha, es más una construcción conceptual que una realidad palpable. Así como los hemisferios cerebrales trabajan en armonía para coordinar las funciones del cuerpo, los supuestos opuestos políticos colaboran en la perpetuación del status quo impuesto por la sinarquía global. En este vasto escenario geopolítico, la democracia se convierte en un velo tras el cual se oculta la verdadera maquinaria del poder, donde los políticos son simplemente actores en una representación preestablecida.

El concepto mismo de democracia se ve cuestionado cuando se comprende que su existencia es más una idea que una realidad palpable. Así como los colores blanco y negro son interpretaciones del cerebro humano sobre el espectro lumínico, la democracia y los países son construcciones mentales que sirven para mantener el orden establecido por la sinarquía. Esta Noocracia, o gobierno de la mente, se erige como la verdadera fuerza detrás de las decisiones políticas, mientras los líderes visibles son simples ejecutores de un guion preestablecido.

En mi ideograma enmarañado de poder, algo complejo diría yo, al menos para mí, cada movimiento político es parte de una coreografía predefinida, donde los políticos actúan como marionetas en manos de una élite invisible. Desde las altas esferas del poder, se diseñan los destinos de naciones enteras, mientras la población se debate en una ilusión de libre albedrío. Protestas, elecciones y debates políticos son parte del teatro diseñado para mantener la ilusión de participación ciudadana, mientras la verdadera toma de decisiones queda en manos de unos pocos.

La reacción impulsiva ante memes políticos sin un análisis profundo es sintomática de la complacencia en la que nos sumerge el sistema. Los medios de comunicación, lejos de ofrecer información imparcial, son instrumentos de manipulación al servicio de la sinarquía. Es necesario cuestionar las narrativas preestablecidas y buscar más allá de la superficie para comprender la complejidad de las fuerzas que moldean nuestro mundo. La comprensión de esta realidad compleja e intrincada invita a una profunda reflexión sobre el verdadero alcance del poder político. Más allá de las apariencias, se encuentra una red de influencias y estructuras que trascienden las fronteras y las ideologías. Solo al despojarnos de las ilusiones creadas por la sinarquía global podemos comenzar a vislumbrar la verdadera naturaleza del poder en el mundo contemporáneo.

Como dijo Maquiavelo en su obra 'El Príncipe': 'Los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio'. Y como afirmaba Montesquieu: 'Cuando el poder legislativo y el ejecutivo están reunidos en una misma persona o en un mismo cuerpo de magistrados, no puede haber libertad'.

Por lo tanto, después de reflexionar sobre las palabras de Maquiavelo y de Montesquieu, podemos ser dueños de una perspectiva que al menos nos intriga, sobre el entramado de poder que gobierna nuestros destinos. Por encima de las corporaciones y de las estructuras políticas visibles, se alza la figura de la Noocracia, una entidad de entidades, invisible, y que con el paso del tiempo, y desde épocas inmemoriales, moldea cada vez más -yo diría al 100% a estas alturas-, el curso de la historia humana. Es de suma importancia entender que esta fuerza no necesariamente busca dañar al ser humano, sino más bien dirigir su evolución hacia un futuro prediseñado, tal como lo haría un arquitecto al derribar una pared antigua para erigir una nueva, usando materiales más avanzados y duraderos. La sinarquía global y la Noocracia operan como los arquitectos del destino humano, trabajando en las sombras para remodelar la estructura misma de la sociedad. Su objetivo no es simplemente mantener el statu quo, sino más bien guiar la evolución de la especie hacia un estado superior de organización y conciencia. Así como aquel arquitecto ve más allá de la estructura actual para visualizar el edificio futuro, estas entidades vislumbran un destino más elevado para la humanidad, uno en el que las limitaciones del pasado son reemplazadas por nuevas posibilidades y potenciales.

Y es en este laborioso proceso de construcción y reconstrucción, la inevitabilidad de un punto de inflexión, es decir, de que algunas estructuras antiguas deban ser derribadas, por más arraigadas que estén en la sociedad. Sin embargo, es menester el comprender que este proceso no busca la destrucción por sí misma, sino la transformación hacia algo mejor y más adecuado para el futuro de la humanidad. Así como ese arquitecto elimina una pared vieja para dar paso a la nueva, la Noocracia y la sinarquía trabajan para eliminar las barreras del pasado y construir un futuro más sólido y prometedor. Y es aquí, en este punto de entendimiento, cuando aumenta nuestra comprensión de lo que nos rodea, la cual se hace cada vez más profunda cuando nos acercamos más y más respecto de nuestra particular introyección semántica en cuanto al papel que cumplen estas fuerzas invisibles, y es en esta etapa en donde podemos encontrar una visión más esperanzadora del futuro. Aunque puedan parecer ominosas desde la superficie, su objetivo último es el progreso y la evolución de la humanidad hacia un estado superior de existencia. Al igual que aquel arquitecto que trabaja en la oscuridad para luego dar brillo y belleza, la Noocracia y la sinarquía trabajan en las sombras para esculpir un destino digno de la grandeza humana.


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