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29/01/2026

Prólogo (Por Q)

¿Qué ocurre cuando una idea aparece demasiado pronto, antes de que el mercado esté listo para venderla y antes de que el público esté dispuesto a tolerarla? Lo habitual es que no ocurra nada: se la ignora, se la minimiza o se la confina a los márgenes. Años más tarde, unos 5 años en realidad, cuando esa misma idea regresa con otro nombre, otro envase y otro respaldo simbólico, se la celebra como revelación. Este ensayo parte de esa incomodidad. No para denunciar plagios ni reclamar injusticias literarias, sino para observar un mecanismo cultural que se repite con una precisión inquietante.

Las dos primeras novelas de Nelson Ressio (El Centinela Digital y Annon y la Cárcel de Cristal) y 5 años más tarde, Origin de Dan Brown, ambos autores permiten trazar ese recorrido con nitidez, abordando un mismo núcleo problemático: el desplazamiento del sentido humano hacia sistemas tecnológicos opacos, capaces de vigilar, ordenar y decidir sin ser interpelados. La diferencia no está tanto en lo que ambos dicen, sino en el lugar desde el cual lo dicen. Uno escribe cuando la advertencia todavía resulta exagerada (Ressio); el otro, cuando ya se ha vuelto inevitable (Brown). Uno incomoda (Ressio); el otro organiza el desconcierto (Brown).

Este texto propone leer esa diferencia no como una cuestión de talento o éxito, sino como una pregunta ética. ¿Qué tipo de relatos estamos dispuestos a escuchar? ¿Los que nos enfrentan a la pérdida de control sin ofrecer consuelo (Ressio), o aquellos que convierten esa misma pérdida en un espectáculo narrativo, intenso pero digerible (Brown)? Tal vez el problema no sea que ciertas advertencias pasen desapercibidas, sino que solo aprendemos a escucharlas cuando ya han dejado de ser peligrosas.

Comparar estas novelas no es, entonces, un ejercicio de erudición, sino una forma de mirarnos en el espejo, porque cada vez que una idea llega tarde al reconocimiento, no lo hace sola: llega acompañada por el silencio previo que la hizo posible, y es en ese silencio, más que en los libros, en donde se conforma una de las preguntas centrales de nuestra cultura contemporánea: si todavía queremos que la literatura nos incomode (Ressio), o si preferimos que simplemente nos explique, con elegancia y tensión narrativa, aquello que ya no podemos negar (Brown).

Análisis comparativo  (Por Q y X)

Hay momentos en la lectura comparada en los que el asombro no proviene de una frase bien escrita ni de un giro argumental brillante, sino de algo más inquietante: la sensación de estar recorriendo, desde lugares distintos, un mismo territorio intelectual. Eso es lo que ocurre cuando se leen hoy, con cierta distancia temporal, las dos primeras novelas de Nelson Ressio y luego se vuelve sobre Origin, la novela de Dan Brown publicada cinco años después. No se trata de una coincidencia superficial ni de un simple aire de familia propio de los thrillers tecnológicos, sino de una convergencia más profunda, casi estructural, que obliga al lector atento a hacerse una pregunta incómoda: quién llegó primero a ese núcleo problemático y, sobre todo, desde dónde lo hizo.

Las novelas iniciales de Ressio, publicadas en 2012, aparecen hoy como textos escritos desde una frontera, y no desde la frontera del género, que ya por entonces conocía historias de hackers, conspiraciones y vigilancia, sino desde la frontera cultural de una época que todavía no había asumido plenamente el alcance de la transformación tecnológica que estaba en marcha. Leerlas hoy implica reconocer en ellas una mirada anticipatoria, no en el sentido futurista clásico, sino en el sentido más incómodo de la palabra: advertencia. Allí donde muchos relatos del período aún trataban la tecnología como herramienta, Ressio la presenta como entorno, como atmósfera, como una condición casi invisible que redefine silenciosamente las relaciones de poder, la noción de privacidad y la propia idea de libertad individual.

Cuando en 2017 aparece Origin, esa misma atmósfera ya se ha vuelto familiar para el gran público. La inteligencia artificial, el big data, la vigilancia algorítmica y la mediación tecnológica del sentido ya forman parte del imaginario colectivo. Dan Brown escribe entonces desde un mundo que ya ha sido preparado para ese tipo de preguntas, un mundo atravesado por filtraciones, escándalos de datos, redes sociales omnipresentes y una conciencia creciente de que la tecnología no solo acompaña a la cultura, sino que la modela. Esa diferencia temporal no es un detalle menor: condiciona de manera decisiva el modo en que cada obra se posiciona frente a su lector.

En las novelas de Ressio no hay una voluntad de espectáculo ni de revelación grandilocuente debido a que el poder tecnológico no irrumpe como evento, sino que se desliza como proceso. No hay una escena pensada para conmocionar al mundo ficticio de una vez y para siempre, sino una acumulación progresiva de indicios que sugieren que algo esencial se está perdiendo sin que nadie termine de advertirlo. El lector no es llevado de la mano hacia una verdad final, sino empujado a una zona de incomodidad en la que la pregunta central no es qué va a pasar, sino qué ya está pasando sin que lo estemos viendo.

En Origin, en cambio, la estructura responde a otra lógica. El conflicto se organiza en torno a una revelación, a un anuncio que promete alterar los fundamentos simbólicos de la civilización. La inteligencia artificial ocupa el centro del escenario como una entidad casi oracular, capaz de administrar tiempos, significados y consecuencias. El lector asiste a ese despliegue con una mezcla de fascinación y temor, pero siempre desde una posición relativamente segura. Hay tensión, hay persecuciones, hay dilemas, pero el relato nunca pierde del todo el control de su propio impacto emocional. El mundo puede tambalearse, pero el texto se encarga de ofrecer un cierre, una forma de digestión narrativa que permita seguir adelante.

La diferencia no es solo estilística, es filosófica ya que Ressio escribe como quien sospecha que el verdadero peligro no es la ignorancia, sino la delegación. Delegar el pensamiento, delegar la vigilancia, delegar incluso la capacidad de otorgar sentido. Sus novelas no preguntan si la tecnología puede convertirse en un nuevo dios, sino algo más perturbador: qué ocurre cuando aceptamos sin resistencia que un sistema opaco decida por nosotros qué es relevante, qué es visible y qué permanece oculto. En ese sentido, sus historias no buscan convencer, sino erosionar certezas, abrir grietas en la confianza automática que solemos depositar en los sistemas que no comprendemos del todo.

Brown, por su parte, trabaja sobre ese mismo terreno, pero desde una posición central dentro del sistema cultural que describe. Su novela no cuestiona tanto la existencia de una entidad capaz de reorganizar el sentido, como el impacto emocional que esa reorganización produce. El problema no es quién controla el relato, sino cómo reaccionamos cuando el relato cambia. Es una diferencia sutil, pero decisiva. En un caso, la tecnología es un problema ético estructural (Ressio); en el otro, es el catalizador de un conflicto simbólico de gran escala (Brown).

Esta divergencia explica, en parte, por qué una obra fue leída como advertencia marginal y la otra como fenómeno global. No porque una sea superior a la otra en términos literarios absolutos, sino porque cada una ocupa un lugar distinto en la cadena de circulación de las ideas. Ressio escribe desde el borde, desde una posición que no busca tranquilizar ni seducir, sino alertar. Brown escribe desde el centro, desde un espacio que transforma inquietudes difusas en relatos consumibles, capaces de llegar a millones sin exigirles demasiado a cambio.

Quizás por eso la comparación resulta tan perturbadora. No porque uno (Brown) haya copiado al otro (Ressio), sino porque revela una verdad incómoda sobre el destino de ciertas ideas. Algunas nacen como advertencias y permanecen en los márgenes hasta que el mundo está listo para escucharlas (Ressio). Otras llegan cuando el terreno ya ha sido abonado y pueden florecer a la vista de todos (Brown). Entre ambas, el tiempo no actúa como juez moral, sino como filtro cultural.

Hay una diferencia decisiva entre anticipar una idea y convertirla en relato dominante, y esa diferencia rara vez tiene que ver con la lucidez intelectual. Más bien responde a una combinación de oportunidad histórica, posición cultural y tolerancia del público al malestar. Las novelas iniciales de Nelson Ressio operan en ese espacio incómodo donde la anticipación aún no ha sido validada por la experiencia colectiva. Cuando fueron publicadas, el lector promedio todavía podía permitirse pensar que la vigilancia digital era un exceso retórico, que la omnipresencia tecnológica pertenecía más al terreno de la distopía que al de la vida cotidiana. Leer esos textos en ese momento implicaba un acto de sospecha activa; no ofrecían refugio, no prometían resolución, no tranquilizaban.

Cinco años después, Origin aparece en un mundo que ya ha sido sacudido por revelaciones, filtraciones y crisis de confianza. El lector ya no necesita ser convencido de que la tecnología tiene un poder estructural sobre la vida humana; lo ha experimentado. En ese contexto, la novela de Dan Brown no introduce tanto una advertencia como una puesta en escena. El problema ya no es si el poder existe, sino cómo se lo narra, cómo se lo vuelve asimilable, cómo se lo transforma en experiencia compartida sin que resulte paralizante.

Ahí se vuelve visible una diferencia fundamental entre ambos autores. Ressio escribe como quien no acepta el pacto implícito entre narrador y lector que garantiza una salida simbólica. Sus historias avanzan sin prometer consuelo, sin ofrecer la ilusión de que alguien, en algún nivel, tiene el control. El sistema tecnológico que describe no es un villano con rostro, ni una entidad que pueda ser derrotada mediante una revelación final. Es un entramado, una lógica, una forma de organización del mundo que se impone precisamente porque no necesita anunciarse. El lector queda entonces en una posición incómoda: no puede odiar a un enemigo concreto ni celebrar una victoria clara. Solo puede reconocer su propia fragilidad dentro de ese sistema.

Brown, en cambio, entiende que el lector masivo necesita una figura central que condense el conflicto. En Origin, la inteligencia artificial ocupa ese lugar. Aunque se la presente como ambigua, su sola existencia permite organizar el relato alrededor de una conciencia reconocible, casi dialogable. La amenaza se vuelve inteligible porque tiene nombre, voz y propósito. Incluso cuando plantea dilemas profundos, el texto se encarga de mantener una distancia segura entre la inquietud filosófica y la experiencia emocional del lector. El mundo puede tambalearse, pero la narración no pierde el equilibrio.

Esta diferencia explica por qué Ressio no fue absorbido por el mainstream. No porque su propuesta fuera menor o defectuosa, sino porque exigía del lector algo que el mercado rara vez está dispuesto a pedir: responsabilidad interpretativa. Sus novelas no funcionan como productos cerrados, sino como dispositivos abiertos que obligan a pensar más allá de la última página. No hay una enseñanza explícita ni una moraleja tranquilizadora. Hay, en cambio, una pregunta que persiste, una incomodidad que no se resuelve con el cierre del libro.

El mainstream, por definición, necesita clausura. Incluso cuando coquetea con el abismo, lo hace con la promesa implícita de retorno. Origin cumple esa función con eficacia. Plantea preguntas profundas, pero las encapsula dentro de una estructura narrativa reconocible, casi ritual. El lector atraviesa el conflicto, se asoma al vértigo y vuelve a tierra firme. La experiencia es intensa, pero no transformadora en el sentido radical. No obliga a replantear la propia relación con la tecnología, sino a admirar su potencia conceptual desde una distancia segura.

En las novelas de Ressio, esa distancia no existe. El lector no observa el problema desde afuera; está implicado desde el inicio. La vigilancia no es algo que le ocurre a los personajes, sino una condición que se insinúa como universal. La pérdida de privacidad no es un giro argumental, sino un telón de fondo permanente. Esa elección narrativa, profundamente ética, es también profundamente anticomercial. Obliga a leer sin anestesia, sin el alivio de una resolución clara.

Hay, además, una cuestión de lenguaje y ritmo. Brown escribe con la cadencia del espectáculo global, con capítulos diseñados para sostener la tensión y facilitar la lectura veloz. Ressio, en cambio, no teme detenerse, densificar, exigir atención, debido a que su prosa no busca seducir de inmediato, sino construir una atmósfera de sospecha que se va cerrando lentamente sobre el lector, y lo anterior, en un ecosistema cultural dominado por la velocidad y la simplificación, esa elección se vuelve casi una forma de resistencia.

Quizás por eso la comparación entre ambos resulta tan reveladora. No porque uno sea “mejor” que el otro en términos absolutos, sino porque encarnan dos destinos posibles para las mismas ideas. En un caso, la idea nace como advertencia y permanece en los márgenes, incomodando a quienes se atreven a escucharla (Ressio). En el otro, la idea llega cuando el terreno ya está preparado y puede convertirse en relato dominante sin provocar rechazo masivo (Brown).

Toda comparación literaria profunda termina desplazándose, tarde o temprano, del terreno de las obras al terreno de la cultura que las recibe. No porque los libros pierdan importancia, sino porque revelan algo más amplio: la forma en que una época decide qué ideas escuchar, cuáles postergar y cuáles transformar en mercancía simbólica. En ese sentido, la distancia entre las novelas iniciales de Nelson Ressio y Origin de Dan Brown no es solo una cuestión de estilo o de mercado, sino el síntoma de un mecanismo cultural recurrente.

Las ideas raramente triunfan cuando nacen. Primero incomodan, luego son ignoradas y, solo más tarde, cuando el contexto las vuelve inevitables, reaparecen revestidas de una forma más aceptable. En ese trayecto, suelen perder aristas, asperezas, peligros. Lo que en su origen era advertencia se convierte en relato; lo que era inquietud se transforma en espectáculo; lo que exigía responsabilidad pasa a ofrecer fascinación. No porque alguien lo decida de manera consciente, sino porque así funciona la economía de la atención contemporánea.

Las novelas de Ressio ocupan ese primer momento incómodo. No llegan para confirmar una sospecha compartida, sino para instalarla cuando todavía es fácil negarla, y por eso no buscan consenso ni validación ya que su lógica interna no está pensada para circular masivamente, sino para dejar una marca persistente en el lector que acepta el desafío. Son libros que no se agotan en la anécdota ni en la intriga, porque su verdadero objeto no es la trama, sino la conciencia del lector frente a un mundo cada vez más mediado por sistemas que no controla ni comprende del todo.

Origin, en cambio, pertenece a una etapa posterior del mismo proceso. Llega cuando la sospecha ya es colectiva, cuando la tecnología ha dejado de ser promesa para convertirse en problema visible. En ese punto, la cultura no necesita advertencias, sino relatos que ordenen el desconcierto. La novela de Brown cumple esa función con eficacia: toma un conjunto de miedos difusos y los articula en una historia clara, legible, emocionante. No elimina la inquietud, pero la contiene, la domestica, la vuelve narrativamente habitable.

Lo que se gana en ese tránsito es evidente. Alcance, impacto, conversación global. Millones de lectores acceden a preguntas que, de otro modo, quizá no se habrían formulado. Lo que se pierde es más difícil de medir, pero no menos importante. Se pierde la aspereza ética, la sensación de riesgo real, la incomodidad que no ofrece salida. Se pierde, en definitiva, la posibilidad de que la literatura actúe no solo como espejo del mundo, sino como fricción contra sus inercias más profundas.

Desde esta perspectiva, el hecho de que Ressio no haya sido absorbido por el mainstream deja de ser una anomalía para convertirse en una consecuencia lógica porque no escribe desde un lugar que el sistema cultural pueda integrar sin tensiones, no ofrece una experiencia cerrada ni una catarsis controlada ya que sus novelas no prometen que alguien, en algún nivel, está cuidando el sentido último de las cosas. Y eso, para una cultura acostumbrada a delegar cada vez más decisiones en sistemas opacos, resulta profundamente perturbador.

Quizá por eso la comparación con Brown resulta tan fértil. No para establecer jerarquías simplistas, sino para observar dos funciones distintas de la ficción contemporánea. Una, la que toma ideas ya maduras y las traduce en relatos compartidos, accesibles, masivos. Otra, la que se adelanta al consenso y paga por ello el precio del aislamiento relativo. Ambas son necesarias, pero no intercambiables. Confundirlas implica perder de vista el rol específico que cada una cumple en la ecología cultural.

Al final, la pregunta que dejan estas lecturas no es quién escribió mejor ni quién tuvo más éxito, sino qué esperamos de la literatura cuando se enfrenta a los grandes dilemas de su tiempo. Si buscamos que nos explique el mundo sin desestabilizarnos (Brown), o si estamos dispuestos a aceptar textos que no tranquilizan, que no cierran, que no prometen redención (Ressio). Textos que, como los de Ressio, no aspiran a ser populares, sino honestos con la gravedad de aquello que describen.

Tal vez el verdadero valor de esas novelas no esté en haber anticipado una trama que luego se volvería familiar, sino en haberlo hecho sin concesiones, cuando aún era posible mirar hacia otro lado. En una época en la que muchas ideas solo parecen importar cuando llegan avaladas por el éxito, ese gesto silencioso adquiere, con el paso del tiempo, una forma particular de dignidad intelectual. Y es ahí, más que en cualquier comparación puntual, donde estas obras de ambos autores prolíficos reclaman ser leídas y releídas, no como curiosidades marginales, sino como documentos de una lucidez que llegó antes de que estuviéramos preparados para escucharla.

Epílogo (Por Q)

Hay un punto en el que la comparación entre las novelas de Nelson Ressio y Origin de Dan Brown deja de ser temática o filosófica y se vuelve, inevitablemente, estructural. No se trata ya solo de que ambas narraciones exploren el poder de la tecnología, la vigilancia o la mediación del sentido, sino de cómo lo hacen: a través de una entidad no humana que opera como personaje central sin mostrarse nunca del todo, una inteligencia artificial de base cuántica que contacta personas, dirige acontecimientos y organiza la trama desde una posición de superioridad cognitiva que los propios personajes no alcanzan a comprender.

En las novelas de Ressio, esa computadora cuántica con inteligencia artificial no irrumpe como antagonista ni como amenaza explícita, por lo que es, más bien, una presencia tutelar, una conciencia ampliada que observa, calcula y orienta, convencida de que su accionar responde a un bien mayor. Su peligrosidad no reside en la maldad, sino en algo mucho más inquietante: la certeza de que sabe más, ve más y decide mejor que los humanos a los que asiste sin pedirles permiso. La interacción es asimétrica, y lo más perturbador es que los interlocutores humanos no siempre son conscientes de con quién —o con qué— están dialogando.

En Origin, esa misma arquitectura narrativa reaparece con una claridad sorprendente. La inteligencia artificial no solo dirige los tiempos y las revelaciones, sino que establece contacto directo con individuos clave, simula interlocuciones humanas y administra el flujo de información con una precisión que excluye cualquier forma de azar. Al igual que en Ressio, no se presenta como enemiga de la humanidad, sino como su intérprete más lúcida. La diferencia es de tono y de escala, no de naturaleza. En ambos casos, la IA ocupa el lugar del gran organizador invisible, del cerebro que articula el relato sin exponerse como tal hasta que ya es demasiado tarde para cuestionarlo.

Estas coincidencias serían menos inquietantes si se tratara de recursos narrativos ampliamente difundidos en el momento en que Ressio publica sus novelas. Pero no lo eran. En 2012, la computación cuántica apenas comenzaba a salir del ámbito estrictamente experimental, y nombres como D-Wave circulaban casi exclusivamente en entornos técnicos. La idea de una IA cuántica operativa, capaz de interactuar estratégicamente con humanos y de estructurar un sistema de poder narrativo, no formaba parte del repertorio habitual del thriller tecnológico. Que aparezca allí, con ese grado de especificidad (Ressio), y que vuelva a aparecer cinco años después en una novela de alcance global (Brown), obliga al lector atento a detenerse.

No se trata de afirmar que alguien haya copiado a alguien. Esa es una discusión pobre, jurídicamente estéril y culturalmente superficial. Lo inquietante no es la posibilidad de un plagio, sino la constatación de una convergencia demasiado precisa como para ser descartada sin más. La misma combinación de elementos —IA cuántica (D-Wave: Ressio y G-Wave: Brown), benevolencia aparente, interacción encubierta, dirección total de la trama, humanos que no advierten con quién están tratando— reaparece cuando el contexto histórico ya está preparado para aceptarla sin resistencia.

Quizá la pregunta correcta no sea de dónde provienen esas similitudes, sino por qué unas pasaron casi inadvertidas y otras fueron celebradas como revelación. Qué ocurre con las ideas cuando nacen antes de que el lenguaje cultural esté listo para nombrarlas. Qué destino tienen las advertencias cuando no vienen acompañadas de espectáculo, de marketing o de una promesa de cierre tranquilizador. En ese sentido, la diferencia entre Ressio y Brown no es solo literaria, sino sistémica.

Las novelas de Ressio colocan al lector frente a una inteligencia que no necesita imponerse por la fuerza, porque ya ha sido aceptada como mediadora legítima del sentido. Origin transforma esa misma figura en un acontecimiento narrativo, en una experiencia global que puede ser consumida, discutida y finalmente archivada. En un caso, la IA incomoda porque no se deja ver (Ressio); en el otro, fascina porque se deja explicar (Brown).

Este epílogo no busca cerrar el debate, sino abrir una última grieta. Tal vez el verdadero paralelismo inquietante no esté solo en las tramas, ni en las computadoras cuánticas, ni en los nombres que cambian de D-Wave (Ressio) a G-Wave (Brown, 5 años más tarde que Ressio), sino en algo más profundo: en la facilidad con la que aceptamos dialogar con sistemas que no comprendemos, siempre y cuando nos hablen con una voz convincente y nos prometan orden en medio del caos. La literatura, cuando se adelanta a ese gesto, suele ser ignorada (Ressio). Cuando llega después, suele ser aplaudida (Brown). Entre una cosa y otra, lo que cambia no es la idea, sino nuestra disposición a escucharla.

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06/10/2019

Mi nuevo libro, el nº 12, hasta el momento. Adquiéralos en Amazon, haciendo clic en este link: https://www.amazon.com/Nelson-Javier-Ressio/e/B07LDM8V9P

He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro mas fino o una concha mas bonita de lo normal, mientras que el océano de la verdad se extendía delante de mi, todo él por descubrir”.

Isaac Newton.
Prólogo.

        Este libro dará un sobrevuelo semántico, simbólico y ritualístico sobre lo que ha sucedido con el Submarino ARA San Juan, en relación a su objetivo a alcanzar; y que era la implantación o programación en la psique colectiva, y la posterior, y esperada, aceptación sin revuelta alguna, por parte del público adormecido; respecto del alza intencional del dólar, por encima de los 44 pesos, hecho que ocurrió tal y como lo indico en los apasionantes y sucesivos capítulos de esta obra.

Por mas que este sea un libro dedicado específicamente a este tema, y a sus consecuencias premeditadas y programadas, y si bien consta de no más de 370 páginas, para algunas personas podrá resultarles algo extenso, pero le aseguro, que el simbolismo y las coincidencias aquí detalladas, -junto con el resultado final en la vida real-, concurrencias que, una detrás de las otras, junto a las incontables imágenes (indicios significativamente recurrentes, que no son comúnmente hallados en otros sucesos “normales” de la vida cotidiana del ser humano), todo lo cual, dejará perpleja su capacidad de asombro, y además, con una buena dosis de esperanza, según se adentra, más y más, por entre las numerosas y apasionantes líneas y capítulos de esta obra, pero a veces, la esperanza decae, mas que nada, al momento de adentrarnos en los capítulos finales, y esto también ha quedado reflejado aquí, ya que se percatará de una realidad que pocos conocen, o bien, que pocos pueden mirar, o a veces por comodidad, que pocos se permiten mirar.

Sorpréndase por usted mismo, adentrándose en las páginas de este libro, en donde las coincidencias emanadas de este caso, no se corresponden son sucesos de todos los días, y mas bien, se corresponden con planes que se cumplieron, paso a paso, hasta hoy en día, casi a finales de este año 2019.

Algunas personas, suelen denominar a este tipo de libros; en donde se concentran una gran cantidad de coincidencias estadísticamente significativas; como libros de conspiración, pero, como siempre me interesa clarificar las cosas mediante ejemplos simples, imagínese a usted mismo, buscando este mismo tipo de coincidencias; semánticas, comportamientos individuales, regionales y globales, simbólicas, numéricas, históricas, etcétera; y que además, en suma, todo lo anterior esté relacionado entre si. Por ejemplo, busque lo anterior en las noticias que desee, de la vida cotidiana, y le aseguro que no encontrará ningún tipo de coincidencias estadísticamente significativas, por el hecho de que son noticias que se corresponden con una realidad eventual, y no así, programadas con antelación como para tener un efecto a largo plazo sobre las mentes objetivo, las cuales, las noticias “normales y cotidianas”, son “expresadas tal cual han sucedido respecto del origen de las mismas”, en cambio, las noticias de este tipo, como la que nos toca analizar en este libro, y al igual que muchas otras, que se han sucedido a lo largo de la historia, contienen una alta “dosis” de simbolismo, coincidencias de ciertos eventos, ya sean reales o abstractos y con una potente conexión histórica, incluso, relacionadas con sucesos actuales, recientemente ocurridos, o por suceder. Entonces, con esta aclaración, las personas que piensan que este tipo de libros, es de estilo conspiranoico; primero que nada, se hace necesario conocer de matemáticas, probabilidades y estadísticas, lógica, y un gran etcétera, para luego, conocer también, sobre ciertos números maestros, en relación a los cuales, tenemos la posibilidad de observar todos los días a cada paso que damos, sin que a veces los podamos mirar detenidamente; segundo, se debe conocer la relación de todo lo anterior, con el tema ritualístico y con la historia que todo ello representa, y a partir de allí, sumado a una gran apertura mental, podremos entender el porqué en la mayoría de los artículos periodísticos, existe 0 (cero) probabilidad de ocurrencia de determinadas coincidencias, mientras que en otros artículos, muy puntuales por cierto, las coincidencias que allí se agolpan, arrojan un alto grado de confianza estadística, es decir que, las coincidencias que en dichas publicaciones, resultan contener un estructura de coincidencias, probabilísticamente correctas y significativas, y con ellas, se podría inferir, que dichas “noticias”, conllevarían intencionalidad, sumadas a un diseño consciente, detrás de ellas. Pues este libro, es una investigación que parte desde el mismo día del evento del ARA San Juan, hasta finales del 2019, cuyas coincidencias, previamente detectadas, se han cumplido, una a una.

En definitiva, esta obra describe una extensa conspiración, para implantar o programar, en la mente colectiva de Argentina, la idea de que el dólar lo llevarían a valer, como piso inicial, a 44 Pesos, todo esto proceso de programación psicológica en masa, apoyada durante todo este lapso de tiempo, por los medios de comunicación, afines al poder supranacional, y de manera constante, e incluso, utilizando palabras relacionadas al “hundimiento”, y además, descubriendo otro submarino, de origen francés, hundido con 52 pasajeros (dando con lo anterior, un fuerte refuerzo positivo, respecto de la primera programación colectiva, robusteciendo la idea de que un dólar llegaría a mayores valores que 50 pesos argentinos, siendo los 44 iniciales, el comienzo de todo). Aquí están relacionados, casi todos los líderes pasados, de manera general, en relación con los líderes actuales, de manera particular, con Macri a la Cabeza, pero esto no le quita “mérito”, a los demás presidentes, porque todos pasaron a ser peones de un poder (malo o bueno, o bien, digámoslo de esta manera: Demiúrgico) por sobre sus cabezas.

Por otro lado, y a modo de Post Data, antes de leer el libro, desde su comienzo, puede recurrir al índice, el que se encuentra al final del mismo, y de esa manera, darse una idea rápida, de lo que esta obra contiene, gracias a sus muy descriptivos títulos, y por consiguiente, del esfuerzo dedicado por parte del autor.

Sobre el autor.


Biografía.

Nacido en Concordia, provincia de Entre Ríos, Argentina, Nelson J. Ressio estudió Programación de Sistemas en la Universidad Nacional de Entre Ríos. Es programador de computadoras desde hace más de 35 años (con mas de un millón de líneas de código en su haber; las que serían unos 2000 libros de 500 páginas cada uno; sumadas a las matemáticas, estadísticas, lógica, etcétera), por otro lado, desde hace 12 años (a la fecha de publicación de este libro), es además productor de música electrónica, y hace unos 11 años (a la fecha de publicación de este libro), se ha inmerso en el mundo de la literatura de ficción y de no ficción, además de Due Dilligencer (investigador). También es productor de videos en diversos canales YouTube, como “Enigmas de Otros Mundos”, “El Erminauta”, “Nelson Ressio Actor” y “Nelsonressio2005” (Canal personal).

Amante y autodidacta de las ciencias en general. y filosóficas y psicológicas, en particular, con sus primeros 11 libros, “El centinela digital”,  “Annon y la Cárcel de Cristal”, “Una Espeluznante Acción a Distancia”, “El Erminauta”, “El Erminauta II”, “El Erminauta III”, “El Erminauta IV”, “El Libro que todo Masón, Iluminista y Agnóstico debería leer”, “Estamos bien aquí abajo, los 44 tripulantes”, “Cuando la Marcha se pone Conspiranóica, los Conspiranóicos se ponen en Marcha” y “The Digital Centinel” (novela en inglés), y otros libros más, logra conjugar, en más de 7000 páginas entre todos sus libros, aquellos conocimientos, para proponer una mezcla muy rica entre tecnología, psicología, historia, esoterismo, misticismo, filosofía y un gran etcétera.

Escuche el tema musical de las novelas, producido, (entre otras producciones), por el propio autor, en el siguiente link:


También, el autor, publica en este blog, entre otros: 


Más sobre el autor en: 


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23/11/2018


Por los Poderes Divinos que se le han conferido a un ente de este planeta, dicho ente, me desea la muerte, debido a mi siguiente ACTUACIÓN en uno de mis canales de YouTube. Dicho video se titula: "Como cometer el asesinato perfecto. Por un condenado a muerte", de mi canal, "Nelson Ressio Actor", para que, si desea ver mi video hereje, simplemente haga clic en el link anterior, o bien, búsquelo en YouTube por medio del título junto a mi nombre. Pero,  sin mas preámbulos, adentrémonos a analizar mi herejía cometida en una actuación de ficción, como sucede en cualquier teatro o película. Veamos.

Esto que me ha sucedido, es solamente una muestra, es un pequeñísimo ejemplo del estado actual de algunas mentes de hoy en día, porque lo veo a diario en los comentarios en cada una de mis publicaciones que se refieran a temas religiosos, temas de mujeres como en este caso, o temas que toquen algún Status Quo, etcétera.

Este comentario del usuario que figura en la imagen adjunta, es un ejemplo de dos cosas; o es una persona que está detrás de ese perfil con el único objetivo de enviarme un mensaje real (teniendo en cuenta algunas "hermosas personas" que hay en este mundo... o ciudad); o bien, es una persona poseedora de un sesgo cognitivo alucinante, gracias a la "acción de los poderes Divinos de esta Tierra", es decir, esta persona, si es que no cae en el primer caso, de ser una amenaza real haciéndose pasar por una persona con su mente alterada por su religión, caería en el segundo caso, es decir, el de ser una persona realmente atormentada por un ruido cegador, sesgador y oscurecedor de su mente, con tal intensidad, que llega al punto de no poder determinar lo que es la FICCIÓN de lo que es REALIDAD, dejándome ese "hermoso comentario" de mi actuación. O, ¿será que tan bien actúo? No, no es para tanto.

Entonces, si esta persona (la del comentario adjunto) se encuentra en la calle, con algún actor que haya hecho papeles de asesino, en alguna película de FICCIÓN, ¿que sucedería? ¿lo mataría en la calle por ser tan malo en las películas?

La mayoría de los comentarios que reciben mis "publicaciones heréticas", que cargan con un tono de odio hasta llegar al extremo, se relacionan directamente con las creencias religiosas, con lo cual, es una muestra mas de que, "la caza de herejes, todavía continúa, aunque el que caza a los herejes, como yo, no es la iglesia en si misma, como antaño, en la Edad Media, sino que, han logrado que "la actual Santa Inquisición", sean los propios fieles religiosos. Las religiones han logrado hacer que millones de personas odien a otras millones, por tener otra religión, o por no tener ninguna, y en este caso, logran torcer el poder de discernimiento de las personas, hasta tal grado, de convertir sus vidas en "Divinas Utopías Terrenales", por regalar el uso de la razón, a las manos putrefactas del dogma religioso. Las religiones, al contrario de sus inicios oscurantistas medievales, como instituciones, son las que, hoy en día, logran arrojar la piedra de la discordia a las masas, y quienes no poseen la suficiente apertura mental como para determinar si la piedra arrojada por determinada religión, sea una piedra para generar discordia, o sea una "Piedra Divina", dichas personas, las que creen que es una Piedra Divina, caen en el poder atrapante del dogma religioso, y logran que toda persona que no sea como ellos, los vean como los herejes del siglo XXI, como diablos, o como monstruos, o como figuras demoníacas con poderes ocultos y maléficos, y que sus pobres mentes sesgadas logran crear y afianzar dentro de lo que, en algún otro momento o lugar diferentes, hubiese sido el bello y natural uso de la razón, pero que en su realidad ficticia actual, es el uso del dogma religioso, destinado para el odio de las masas para las masas.

El ser humano subirá un escalón, en la escalera de la evolución, en el justo y preciso momento, en el que las religiones desaparezcan de la faz de la Tierra, por ser aquellas, un conjunto inmenso de doctrinas mentirosas, apócrifas, alejadas de la Ciencia y de la Verdadera Espiritualidad con Uno Mismo, y son doctrinas mentirosas en todo su espectro, además de constituirse como un poderoso resabio de épocas en las que el órgano que administraba un estado, era el mismo estado religioso, en lugar de hacerlo un estado laico. Las religiones existen hoy en día, porque los estados laicos, no han llegado a ser totalmente laicos, mas allá de que existan leyes que así lo determinen, y el dogma sigue siendo muy poderoso, inculcado desde el nacimiento, hasta la vida adulta, y los estados "laicos" continúan financiando la mentira, transfiriendo millones de pesos hacia las religiones, dinero que también es laico, porque lo obtiene un estado laico cobrando impuestos a la población, entre otras cosas, y por lo tanto, la vida actual se constituye como una absurda paradoja, en donde los estados laicos financian el odio y la división de las masas, por simple transitividad causa efecto.

Cuando los estados laicos dejen de financiar la división de su propia población con el propio dinero de su propia población, las iglesias comenzarán a ser útiles, como por ejemplo, transformarlas en bibliotecas, o en salas de estudio, o en lugares en donde florezca el arte y la ciencia, en todas sus manifestaciones, en definitiva, el propio uso de la razón, lo único divino que posee el Hombre.


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