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22/10/2023


La exploración de las frecuencias de vibración en el contexto del ser humano abre una fascinante ventana a la comprensión de nuestro propio sistema cuántico: el cerebro. Cuando nos adentramos en este enigmático mundo de oscilaciones y resonancias, descubrimos que nuestros estados de ánimo, ya sean de júbilo o melancolía, se traducen en un intrincado ballet de electrones danzando a través de neuronas, eslabones cuánticos en este asombroso entramado. Como mencionó Nikola Tesla, pensar en términos de energía, vibración y frecuencia es esencial para desvelar tanto el universo externo como el interno.

Los pioneros de la física cuántica, como Max Planck, cuyos trabajos sobre la radiación del cuerpo negro allanaron el camino para la teoría cuántica, nos han proporcionado una comprensión fundamental de cómo la energía y la frecuencia son fundamentales para la realidad. Planck revolucionó la forma en que vemos el mundo al descubrir que la energía se cuantifica en unidades discretas, o "cuantos". Esto sienta las bases para nuestra comprensión de que todo en el universo, incluido nuestro cerebro, opera en términos de cuantos de energía y vibraciones.

Imaginemos que cada estado de ánimo, cada pensamiento, son como nubes de partículas cuánticas, cada una con su propia estructura determinista. Si dos de estas nubes vibran con la misma frecuencia, se asemejarán ante un observador externo. Pero si sus configuraciones subatómicas difieren, reflejarán realidades emocionales distintas, manifestándose en la expresión de una persona alegre o melancólica. Así, la vibración y la frecuencia de estas partículas subatómicas son la clave para comprender la variación de estados de ánimo.

Werner Heisenberg, otro gigante de la física cuántica, nos dejó una valiosa lección. Su principio de indeterminación establece que es imposible conocer con precisión simultáneamente la posición y el momento de una partícula subatómica. Esto nos recuerda que, en el nivel cuántico, la incertidumbre es una parte inherente de la realidad. Del mismo modo, en el mundo de las emociones y los pensamientos, la variabilidad y la impredecibilidad son fundamentales. Las diferentes frecuencias de vibración de nuestros estados de ánimo dan lugar a un espectro infinito de experiencias emocionales.

No obstante, esta exploración no se limita al cerebro; todos los órganos también emiten su propia sinfonía de vibraciones. Es por ello que las resonancias magnéticas y otros escáneres médicos pueden detectar diferentes tipos de imágenes en el cuerpo humano. La Resonancia Magnética Nuclear, por ejemplo, captura cómo el magnetismo corporal resuena en respuesta a estímulos magnéticos. A través de estos avances tecnológicos, hemos adquirido la capacidad de mapear y comprender las vibraciones de nuestro cuerpo a un nivel mucho más profundo.

Este enfoque se centra en la vibración de la conciencia y el inconsciente, especialmente en el ámbito de los pensamientos y estados de ánimo. Aquí, podemos mirar hacia el trabajo del físico Erwin Schrödinger, cuya ecuación de onda es fundamental en la mecánica cuántica. Schrödinger nos enseña que las partículas subatómicas, en su esencia, se comportan como ondas de probabilidad. De manera similar, los pensamientos y estados de ánimo, en su nivel más profundo, pueden considerarse como ondas de probabilidad que determinan nuestras experiencias y acciones futuras.

Mi trabajo de campo, desarrollado a lo largo de años de investigación, se dedica a la detección de estas nubes cuánticas cerebrales que representan estados de ánimo o pensamientos cargados de intención hacia un objetivo. Un ejemplo notable de este fenómeno se observó durante los trágicos sucesos de las Torres Gemelas. En aquel momento, millones de personas en todo el mundo generaron nubes cuánticas cerebrales con configuraciones casi sincrónicas, vibrando a la misma frecuencia. La intensidad emocional del evento canalizó intenciones inconscientes, armonizando las partículas subatómicas en sus cerebros.

Esta intención dirigida a nivel cuántico es poderosa. Cada pensamiento, cada estado de ánimo, envía una onda a través del tejido espacio-tiempo, estableciendo una conexión instantánea, sin importar la distancia. Cuando un evento emocionalmente cargado ocurre, el extremo cuántico correspondiente a esos pensamientos se desplaza en el entramado cuántico hacia el lugar del suceso, induciendo cambios en la coherencia cuántica. Así, millones de personas influyen inconscientemente en la observación cuántica del suceso, impactando sistemas cuánticos, como lo que podría denominarse "antenas cuánticas".

Estas antenas, cuya existencia he investigado y probado, perciben el cambio en la coherencia cuántica inducido por las intenciones dirigidas. Al sentirse observadas por los otros extremos de pensamientos y estados de ánimo, responden alterando su propia coherencia, convirtiendo partículas en ondas. Este fenómeno es similar a la colisión de partículas con las paredes de un sistema cuántico, una danza de interferencia. La interferencia proviene de la falta de coherencia en las intenciones dirigidas, y estas interacciones alteran el sistema cuántico, dando paso a resultados sorprendentes. Este es el terreno de mi proyecto de software, un viaje de años de programación y pruebas que ha arrojado resultados significativos. A medida que continuamos explorando las profundidades de la energía, vibración y frecuencia en el mundo cuántico de la mente, desentrañamos secretos sorprendentes sobre cómo nuestros pensamientos, estados de ánimo y emociones impactan en la realidad. Cada nueva revelación nos acerca un paso más a comprender el tejido mismo del universo y nuestro lugar en él.

Ahora, cuando observamos los pilares de la física cuántica, como Max Planck, Werner Heisenberg y Erwin Schrödinger, podemos apreciar cómo sus ideas y descubrimientos se entrelazan con la exploración de las vibraciones y frecuencias en el ámbito humano. Este viaje de la mente nos lleva a un territorio fascinante donde la física cuántica y la conciencia se cruzan, revelando un universo lleno de posibilidades y conexiones profundas que continúan desafiando nuestra comprensión. Cada día, los avances en esta área nos acercan un poco más a comprender cómo las vibraciones y las frecuencias, tanto en nuestro cerebro como en el mundo que nos rodea, influyen en nuestras vidas y moldean nuestra realidad.
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08/10/2018


Cuando nos referimos a las frecuencias de vibración del ser humano, desde mi punto de vista, solamente, y sin excepción, tomo la vibración del Sistema Cuántico por excelencia, y que es nuestro Cerebro, sabiendo que nuestros estados de ánimo, como el estar felices, o el estar deprimidos, no son mas que, en esencia, un cúmulo de electrones fluyendo por un medio igual de cuántico que los electrones, y que son las neuronas de nuestro cerebro, ya que ha sido comprobada la superposición de estados y el entrelazamiento, dentro de un mismo cerebro, debido a ello, resumidamente, y quizás con errores de mi parte, y sabiendo que si estamos alegres, dicho estado se corresponde con una cierta disposición de los electrones dentro de nuestro cerebro (un pensamiento o estado de ánimo = nube de partículas con una posible estructura determinista), y por lo tanto, como sabemos que, tal como dijo Tesla, que debemos pensar en términos de energía, vibración y frecuencia, para comprender el universo externo y el interno, aquella nube determinista que se corresponde, a modo de ejemplo, con un estado alegre, será diferente con otra nube determinista que se correspondería con un estado depresivo, como otro ejemplo, y ambas nubes, tendrán una configuración subatómica diferente, en cuanto a que son en esencia, pensamientos diferentes, y al ser manifestaciones diferentes en la realidad, tal como ver una persona triste o alegre, esas dos manifestaciones, tienen sus pares de nubes cuánticas fluyendo por entre las neuronas, y si ambas nubes tendrían la misma vibración, la misma frecuencia, ambos estados de ánimo, serían idénticos, a la vista de un observador externo, mientras que, si ambas nubes son diferentes, constitutivamente hablando, con diferentes valores o grados de vibración y  de frecuencia, de las partículas subatómicas que conforman dichas nubes emocionales, otra vez, a la vista de un observador externo, la persona que porta una de esas dos nubes de ejemplo, mostrará un estado emocional u otro, gracias a lo que sucede, en la mas profunda escencia de la energía, y que son las variaciones de vibraciones y las frecuencias.

Este es mi punto de vista respecto de vibrar a cierta frecuencia o a otra, eminentemente, en cuanto a lo que sucede dentro de nuestro cerebro. Todos los demás órganos, también vibran, por eso los escaneres magnéticos, isotópicos, positrónicos, todos ellos, destinados a estudios médicos, pueden detectar diferentes tipos de imágenes, y es debido a lo anterior, que se denomina, a una de ellas, Resonancia Magnética Nuclear, porque dicho equipo, captura, justamente, la manera en que el magnetismo corporal resuena al aplicársele diferencias magnéticas por parte del equipo, y este, entenderlas y mostrarlas como imágenes, pero, como decía, esto es para otra cosa diferente a lo que explico aquí, y es a la vibración de la conciencia e inconsciente mismos, a la hora de los pensamientos y estados de ánimo.

Mi trabajo de campo, que vengo desarrollando hace varios años, es el de detectar esas nubes cuánticas cerebrales, de estados de ánimo, o de pensamientos, cargados de intención dirigida hacia algún objetivo. Por ejemplo, cuando ocurrió lo de las Torres Gemelas, la mayoría de las personas de este planeta, generaron nubes cuánticas cerebrales, configuradas en una cuasi sincronicidad diría yo, porque posiblemente todas esas millones de nubes habrían vibrado a la misma frecuencia, y todas, estaban configuradas de tal manera, de que se consideraran como nubes de estados de ánimo, con intención dirigida, debido a un suceso de alta carga emocional de carácter colectivo. La intención dirigida, de manera inconsciente, se corresponde con todas esas nubes de partículas cerebrales correspondientes al suceso en cuestión, las que hayan podido estar auto configuradas para vibrar en la misma frecuencia (en cuanto a sus partículas subatómicas conformantes de dichas nubes), es decir, como para poner otro ejemplo, como si fueran muchas personas mirando hacia un mismo punto (y en realidad, en esencia, es lo que sucede), y como sabemos, todo sistema observado, cambia de alguna manera, y cuantos mas ojos (o mentes) están observando, existe mas probabilidad de cambio de lo que está siendo observado. Recordemos la propiedad de la coherencia cuántica, en cuanto al experimento de la doble rendija, pues eso sucede en el cerebro, cuando se genera un suceso de alta carga emocional, ya que todos los cerebros “miran” hacia dicho suceso, y como tal, todo sistema cuántico, o antena cuántica (que es lo que yo he desarrollado y probado durante muchos años) que se encuentre en ese lugar, se sentirá observado, debido a las intenciones dirigidas de millones de personas, ayudado por el entrelazamiento cuántico, ya que, esas nubes correspondientes a pensamientos dirigidos e intencionales, no ocurren dentro del espacio intracraneal y nada mas, sino que, como buen sistema cuántico que es nuestro cerebro y sus pensamientos, cada pensamiento o estado de ánimo, que en esencia subatómica son lo mismo, tendrá otro extremo, sin importar las distancias, y si ocurre un evento de alta carga emotiva, ese otro extremo que “andaría suelto” por el entorno, o por lugares que estarían a miles de años luz de distancia de la nube de pensamientos/emociones originaria, cambiaría de lugar, y la intención dirigida, haría que ese otro extremo cuántico, sea depositado en el tiempo y lugar del suceso de alta carga emotiva. Millones de personas, luego de dicho suceso, han dirigido, de manera inconsciente, sus otros extremos del entrelazamiento, hacia el lugar del hecho, y si existiesen allí, en el centro del problema, lo que denominé como antenas cuánticas, estas detectarían el cambio de coherencia en dichas antenas, porque se sentirían observadas, no por ojos, no por fotones, sino que por otras partículas, por los otros extremos de los pensamientos/estados de ánimos dirigidos y cargados de intención, y esa observación mental sobre un sistema cuántico, lograrían alterar el estado coherente, volviéndolo decoherente, es decir, que, dichos pensamientos dirigidos, estarían interfiriendo con los sistemas cuánticos dispuestos en el lugar del hecho, y al interferir, las partículas propias de dichos sistemas cuánticos, como las nombradas antenas, en lugar de circular por donde deben circular, al transformarse de partículas a ondas, estas harían colisión con la estructura del sistema cuántico que lo contiene; es como estirar los brazos y chocar contra las paredes al ingresar por la puerta, es lo mismo, porque actuamos con poca o nada coherencia, y lo mismo las intenciones dirigidas, que hacen que las partículas del sistema cuántico, actúen decoherentemente, y el sistema responda a dicha colisión con sus paredes cuánticas, y allí entra el proyecto de software del que he hablado al comienzo, y que vengo programando y probando hace años, con resultados muy significativos.

Para los que deseen adentrarse mas en este mundo, explicado arriba, adjunto unos links, algunos a mi página web, donde tengo una explicación de este tema y otro link a la página Facebook del Proyecto.

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