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22/12/2025


La razón como instrumento de introspección determinista

El acto de mirar hacia adentro sin abandonar la ciencia.

Siempre he sostenido —y cada vez con mayor convicción— que no existe un verdadero umbral entre el mundo exterior y el mundo interior cuando ambos son abordados desde el mismo instrumento fundamental: la razón. No la razón domesticada por la costumbre o por la repetición cultural, sino la razón en su forma más desnuda y exigente, aquella que no concede nada sin antes haberlo caracterizado, delimitado y comprendido. Tanto lo que ocurre fuera de mí como aquello que sucede en los pliegues de mi propia mente requieren, para ser entendidos, de ese mismo acto racional que no teme avanzar hacia territorios que otros prefieren dejar en penumbra. Desde esta postura, jamás pude concebir una espiritualidad desligada del determinismo. Por el contrario, cuanto más profundamente me adentro en la experiencia interior, más evidente se vuelve la necesidad de medir, clasificar, adjetivar y observar con mucha precisión cada fenómeno que se manifiesta. La espiritualidad, entendida de este modo, no es una evasión de la razón, sino su aplicación más refinada sobre el objeto más complejo que existe: la mente observándose a sí misma, sin abandonar jamás al cuerpo, ese templo físico donde toda experiencia mental encuentra su anclaje material.

El determinismo, lejos de empobrecer la experiencia espiritual, la vuelve accesible al conocimiento. Determinar es, en esencia, transformar lo desconocido en cognoscible. Es permitir que aquello que parecía etéreo adopte forma, contorno y significado. Cada vez que observo un estado mental, una emoción difusa o una imagen interna, estoy ejecutando un acto determinista: lo estoy convirtiendo en una entidad susceptible de ser comprendida. Y en ese proceso, no solo conozco algo nuevo, sino que me conozco a mí mismo en una profundidad que rara vez se alcanza desde la vigilia ordinaria.

He aprendido que este escrutinio interior no puede realizarse desde el ruido. La mente cotidiana, saturada de estímulos automáticos, actúa como una interferencia constante. Por eso, cuando decido emprender este viaje introspectivo, comienzo por el cuerpo. La postura, la respiración, el silencio externo no son detalles menores, sino condiciones necesarias para que la observación interna adquiera nitidez. El cuerpo se relaja, y con él, la vigilancia excesiva del consciente comienza a ceder terreno.

En ese punto, el acto más complejo es, paradójicamente, el más simple: dejar de pensar. No en el sentido ingenuo de vaciar la mente por completo, sino en el sentido técnico de suspender el flujo de pensamientos automáticos propios del estado de vigilia. Al hacerlo, la conciencia no desaparece; se transforma. Se vuelve un espacio receptivo, un campo de observación limpio, libre de las narrativas repetitivas que suelen monopolizar la atención. Y es justo allí donde comienzo a percibir el tránsito hacia un estado limítrofe, un umbral neurocognitivo que no es sueño, pero tampoco vigilia plena. Un estado en el que la actividad cerebral adopta un ritmo distinto, más profundo, más lento en apariencia, aunque extraordinariamente rico en contenido. Este territorio intermedio —que puede asociarse a frecuencias Theta con irrupciones Gamma— se convierte en el escenario ideal para que emerjan contenidos que, en condiciones normales, permanecen ocultos tras las barreras funcionales de la conciencia ordinaria. Entonces, al alcanzar este estado, no me disuelvo en la inconsciencia. Permanezco despierto, atento, pero sin interferir. Y es precisamente esta combinación —conciencia presente y mente silenciosa— la que permite que comiencen a manifestarse las primeras ramificaciones provenientes de niveles más profundos de la psique. No llegan como pensamientos articulados, sino como imágenes, sensaciones, símbolos, impresiones que reclaman ser observadas sin ser juzgadas de inmediato.

Aquí se hace evidente una arquitectura mental que durante mucho tiempo fue intuida y luego formalizada: la existencia de distintos estratos de la mente, cada uno con funciones específicas. El consciente, con su capacidad de definición y delimitación; el preconsciente, como zona de tránsito y filtrado; y el inconsciente, vasto, atemporal, indiferente a las categorías con las que el consciente intenta apresarlo. Este último no responde a la lógica lineal ni al tiempo cronológico, sino a una lógica simbólica, asociativa y profundamente energética.

Cuando las barreras del preconsciente se tornan permeables —no por fuerza, sino por aquietamiento—, el material inconsciente encuentra una vía de acceso más directa hacia la observación consciente. Y es en ese momento cuando el acto espiritual se vuelve, sin ambigüedades, un acto científico. Observo. Registro. Comparo. Intento determinar qué tipo de contenido se manifiesta, con qué intensidad, bajo qué forma simbólica, y qué resonancia provoca en mi estructura psíquica y corporal.

Carl Gustav Jung afirmaba que “quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”. Esta frase, tantas veces citada en otros artículos, adquiere aquí un sentido operativo. No se trata de una metáfora poética, sino de una descripción precisa de un proceso cognitivo. Al mirar hacia adentro desde un estado de conciencia ampliada, no estoy soñando: estoy despierto en un nivel distinto de percepción. Un nivel donde el inconsciente deja de ser un territorio inaccesible para convertirse en un campo de estudio directo.

Lo verdaderamente revelador es comprender que este inconsciente no es únicamente personal. Contiene capas más profundas, compartidas, arquetípicas, que trascienden la biografía individual. Pero incluso antes de llegar a ese estrato colectivo, hay un aspecto que siempre me ha resultado particularmente inquietante y fascinante: la relación del inconsciente con el tiempo. O, más precisamente, su indiferencia absoluta hacia él.

Mientras el consciente organiza la experiencia en pasado, presente y futuro, el inconsciente opera en una simultaneidad constante. Sus contenidos existen como configuraciones electroquímicas, como patrones dinámicos que no reconocen la flecha temporal. Y si aceptamos —como la física moderna sugiere— que a nivel subatómico la información puede entrelazarse más allá del espacio y del tiempo, entonces el inconsciente se convierte en un candidato natural para este tipo de fenómenos.

Desde esta perspectiva, comienza a abrirse una posibilidad que incomoda a muchos, pero que resulta inevitable cuando se sigue el razonamiento hasta sus últimas consecuencias: si continúo existiendo en el tiempo, si mi mente seguirá generando procesos inconscientes en los años venideros, entonces esas configuraciones futuras ya forman parte, de algún modo, del campo total de información que constituye mi inconsciente actual. No como recuerdos conscientes, sino como potenciales latentes, como huellas aún no manifestadas en la experiencia ordinaria. Y en este punto, la introspección adquiere una dimensión radicalmente nueva. Observar el inconsciente deja de ser únicamente una exploración del pasado reprimido para convertirse también en una posible lectura anticipada de configuraciones futuras. No como profecía, sino como inferencia determinista basada en la continuidad de la existencia psíquica. El inconsciente, al no conocer el tiempo, contiene tanto lo que fue como lo que será, siempre que ese “será” tenga suficiente carga emocional y estructural como para inscribirse en la arquitectura profunda de la mente.

Así, el acto de observar estas ramificaciones internas desde un estado Theta-Gamma se transforma en algo más que una práctica meditativa. Se convierte en un ejercicio de lectura cuántica de uno mismo. Un telescopio interior que no apunta al cielo, sino a la totalidad de mis propias existencias posibles, conectadas entre sí por la materia prima común de la mente: la información.

La arquitectura del tiempo psíquico y el entrelazamiento del ser

La memoria que aún no ocurrió.

Al avanzar más profundamente en esta exploración, se vuelve imposible ignorar una verdad que, aunque incómoda para el pensamiento clásico, se presenta con una coherencia interna notable: el inconsciente no recuerda en términos temporales, sino estructurales. No almacena eventos ordenados en una línea cronológica, sino configuraciones energéticas de alta carga emocional y simbólica. Allí, un recuerdo del pasado y una impronta futura poseen la misma ontología: ambas son patrones electroquímicos activos o latentes, coexistiendo en un mismo campo.

Esta constatación modifica radicalmente la manera en que concibo la memoria. La memoria deja de ser un archivo del pasado para convertirse en un reservorio dinámico de estados posibles. No se trata únicamente de lo vivido, sino también de lo que será vivido, siempre que aquello posea suficiente intensidad como para dejar una marca profunda en la psique, y aquí se sucede el justo y muy trascendente instante en que el inconsciente no anticipa el futuro: lo contiene potencialmente, del mismo modo en que una semilla contiene al árbol sin conocer su forma definitiva. Por lo que, cuando me sitúo deliberadamente en ese estado de observación interna, cercano al umbral del sueño pero sostenido por la lucidez consciente, comienzo a notar diferencias cualitativas en las ramificaciones que emergen. Algunas poseen una textura familiar, un eco reconocible que remite a experiencias ya vividas. Otras, en cambio, se presentan como extrañas, ajenas a toda referencia autobiográfica conocida. No pertenecen al pasado ni al presente reconocible, y sin embargo están allí, insistentes, cargadas de una emocionalidad que no puedo atribuir a ningún recuerdo previo. Por tanto es en ese punto donde la razón, lejos de retirarse, debe afilarse aún más. No puedo permitirme caer en interpretaciones místicas desprovistas de rigor, pero tampoco puedo negar el fenómeno por el simple hecho de que incomode a los marcos teóricos tradicionales. Si esas configuraciones no provienen del pasado conocido, y si no pueden ser explicadas como simples asociaciones aleatorias, entonces debo contemplar la hipótesis de que correspondan a estados futuros de mi propia experiencia.

Aquí, el determinismo vuelve a desempeñar un papel central. No se trata de afirmar que el futuro esté escrito, sino de reconocer que existen trayectorias altamente probables en función de la continuidad psíquica. Mi yo de mañana, de dentro de un año o de varias décadas, no es una entidad desconectada de mí, sino una extensión coherente de este presente. Compartimos la misma base neurobiológica, la misma historia genética, los mismos arquetipos profundos. Y, sobre todo, compartimos un inconsciente que no se fragmenta con el paso del tiempo.

Desde esta perspectiva, el entrelazamiento cuántico deja de ser una metáfora atractiva para convertirse en un modelo explicativo plausible. Si aceptamos que los procesos mentales son, en última instancia, fenómenos electroquímicos sustentados por interacciones subatómicas, entonces no resulta descabellado suponer que dichos procesos puedan mantener correlaciones no locales. El inconsciente, como sistema de información, podría operar bajo principios similares a los que la física cuántica ha comenzado a describir en otros ámbitos.

Así, una experiencia futura de alta carga emocional —un evento que marque profundamente a mi yo de dentro de veinte o treinta años— no necesita “viajar en el tiempo” para hacerse presente. Basta con que exista como configuración estable en el campo inconsciente global que compartimos todas mis versiones temporales. Desde allí, puede manifestarse como una impresión, una imagen, una sensación difusa cuando el consciente se encuentra lo suficientemente silenciado como para no bloquear su emergencia. Y justamente, este mecanismo explicaría por qué ciertas intuiciones poseen una fuerza tan particular, tan distinta de la imaginación ordinaria. No aparecen como construcciones voluntarias, sino como irrupciones. No se sienten creadas, sino recibidas. Y, sin embargo, no provienen de un exterior trascendente, sino del interior más profundo de mi propia continuidad existencial. Son mensajes del yo que aún no ha llegado a manifestarse plenamente en la experiencia consciente.

He aprendido, con el tiempo, que la clave no está en interpretar de inmediato estos contenidos, sino en observarlos con paciencia y método. Intentar definir su cualidad emocional, su densidad simbólica, su grado de coherencia interna. Algunos se disuelven rápidamente, revelándose como simples fluctuaciones del "sistema". Otros persisten, reaparecen, se repiten bajo distintas formas. Esos son los que merecen atención, los que deben ser registrados como hipótesis abiertas sobre posibles configuraciones futuras de la experiencia.

En este punto, la práctica se vuelve claramente interdisciplinaria. Convergen la psicología profunda, la neurociencia, la filosofía del tiempo y ciertos postulados de la física contemporánea. No se trata de forzar una síntesis artificial, sino de permitir que cada disciplina aporte su lenguaje para describir un mismo fenómeno observado desde distintos ángulos. El resultado no es una certeza absoluta, sino un mapa conceptual más amplio, capaz de albergar lo que antes era descartado por incomprensible.

Platón, en su teoría de la reminiscencia, sostenía que conocer es recordar. Quizás, llevado a este extremo, podríamos decir que conocer también es anticipar, en el sentido más literal y menos místico del término. Anticipar no como adivinación, sino como resonancia. El presente vibra con ciertas configuraciones que aún no han tomado forma en el mundo fenoménico, pero que ya existen como posibilidades estructuradas en el campo psíquico, por lo que esta concepción resignifica por completo la idea de Visión Remota. Ya no como una capacidad paranormal orientada hacia objetos externos, sino como una habilidad introspectiva profundamente humana: la capacidad de observar estados internos no locales en el tiempo. Un acto de percepción dirigido hacia la propia continuidad existencial, utilizando como instrumento una conciencia entrenada para no interferir.

Desde este enfoque, la resistencia cultural a estas prácticas resulta comprensible. Implican aceptar que el sujeto no está confinado al instante presente, que su identidad se extiende más allá de los límites que el sentido común impone. Pero también implican una enorme responsabilidad. Observar posibles futuros no significa resignarse a ellos, sino reconocerlos como trayectorias que pueden ser modificadas desde la conciencia presente.

Porque si algo queda claro en esta exploración es que el determinismo psíquico no excluye la libertad; la incluye como variable. La conciencia, al hacerse cargo de estas configuraciones latentes, puede actuar sobre ellas, redefinirlas, atenuarlas o potenciarlas. El futuro, entonces, no es un destino fijo, sino un campo de probabilidades influenciado por la lucidez del presente.

La ética del observador interno y la espiritualidad como ciencia viva

Responsabilidad, integración y conciencia expandida.

Al llegar a este punto del recorrido, se vuelve evidente que el acto de observar el propio inconsciente —ya sea en sus capas personales, colectivas o futuras— no es una práctica neutra. No se trata simplemente de una técnica, ni siquiera de un método de conocimiento en el sentido clásico. Es, ante todo, un posicionamiento ético frente a uno mismo. Porque observar implica asumir responsabilidad sobre aquello que se observa, y comprender implica aceptar que el conocimiento transforma inevitablemente al observador.

Cuando me interno en estos estados de conciencia ampliada, no lo hago movido por la curiosidad vacía ni por el deseo de anticipar acontecimientos como quien consulta un oráculo. Lo hago porque entiendo que cada configuración psíquica que emerge —cada imagen, cada sensación, cada resonancia— es una información que me concierne directamente. No puedo desentenderme de ella sin traicionarme. El conocimiento interior, una vez adquirido, exige integración, y esta integración no ocurre únicamente en el plano mental. El cuerpo participa activamente en todo el proceso ya que cada observación profunda tiene un correlato somático: una tensión que se libera, una respiración que cambia, un pulso que se aquieta o se acelera. El cuerpo no es un mero soporte pasivo de la mente; es su interlocutor constante. Ignorar esta dimensión sería fragmentar artificialmente una unidad que, en la experiencia directa, se manifiesta como indivisible.

He llegado a comprender que la espiritualidad auténtica no se define por creencias, sino por prácticas verificables en la propia experiencia. Y en esa línea de pensamiento, esta forma de introspección determinista constituye una espiritualidad profundamente encarnada. No eleva al sujeto por encima de su condición biológica, sino que lo sumerge en ella con mayor conciencia. No niega la química cerebral ni la fisiología; las integra como el lenguaje mismo a través del cual la experiencia espiritual se expresa.

Spinoza afirmaba que “el orden y la conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de las cosas”. Esta intuición, adelantada a su tiempo, le dá más fortaleza a este enfoque. Las configuraciones mentales no son entidades aisladas flotando en un vacío abstracto, sino expresiones de un orden subyacente que atraviesa tanto la mente como la materia. Comprender ese orden, aunque sea parcialmente, es alinearse con él.

Y desde aquí, la noción de futuro deja de ser una amenaza o una promesa externa para convertirse en una responsabilidad interna. Si ciertas trayectorias psíquicas se manifiestan como altamente probables, el acto consciente consiste en dialogar con ellas, no en someterse ciegamente ni en negarlas. La lucidez no garantiza la ausencia de dolor o dificultad, pero sí otorga una brújula. Y en un microcosmos complejo, una brújula es ya una forma de libertad. Pero este proceso exige disciplina. No una disciplina rígida y punitiva, sino una constancia amable. La mente no se aquieta por imposición, sino por entrenamiento. El observador interno se afina con la práctica, con la repetición consciente de ese gesto sencillo y profundo: sentarse, callar, observar. Y en cada observación, recordar que lo que aparece no es un enemigo ni un misterio hostil, sino una parte de mí buscando ser reconocida. Y a medida que profundizo en esta práctica, ocurre algo sutil pero decisivo: la frontera entre lo científico y lo espiritual se vuelve cada vez menos relevante. No porque desaparezcan las diferencias metodológicas, sino porque ambas dimensiones comienzan a responder a una misma exigencia de verdad. La verdad ya no es una afirmación externa que se acepta o se rechaza, sino una coherencia interna que se verifica en la experiencia directa y en sus efectos sobre la vida cotidiana.

La ética que emerge de este enfoque no se basa en normas impuestas, sino en comprensión profunda. Comprender mis propias dinámicas inconscientes —pasadas, presentes y potencialmente futuras— me vuelve más responsable de mis actos, más consciente de mis reacciones, más atento a los efectos que genero en los demás. La introspección radical no conduce al aislamiento, sino a una forma más lúcida de vínculo, porque al reconocer en mí la multiplicidad temporal, la continuidad entre mis distintos estados del ser, también reconozco esa misma complejidad en los otros. Cada individuo se convierte entonces en un sistema profundo, atravesado por historias visibles e invisibles, por potenciales aún no realizados. Esta comprensión suaviza el juicio y fortalece la empatía, sin caer en ingenuidades.

He aprendido, desde muy atrás en el tiempo, que el verdadero “templo” no es un espacio simbólico separado del mundo, sino que la totalidad del sistema cuerpo–mente–conciencia en interacción constante con su entorno. Cuidar ese templo no implica retirarse del mundo, sino habitarlo con mayor presencia. Cada acto cotidiano se vuelve una oportunidad de integración, cada decisión una forma de alineamiento entre lo que intuyo, lo que comprendo y lo que hago.

Así, la espiritualidad científica que practico no promete certezas absolutas ni revelaciones definitivas. Ofrece algo más valioso y más exigente: un camino de observación honesta, de pensamiento riguroso y de apertura constante a lo desconocido. Un camino en donde la razón no anula el misterio, sino que lo rodea, lo explora y lo honra sin renunciar a su lucidez.

Y es en ese equilibrio —siempre dinámico, siempre inestable— donde encuentro sentido. No en la respuesta final, sino en el acto continuo de preguntar, observar y comprender. Porque mientras exista conciencia, mientras haya mente que se observe a sí misma, el viaje no habrá terminado. Y quizá nunca deba hacerlo.

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12/03/2025


Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha buscado comprender la naturaleza de su existencia, explorando los confines del universo y las profundidades de la mente, y que en mi caso lo es, -en general-, desde que tengo memoria, y -en particular- y con una fuerte determinación, a partir de la publicación de mis dos primeros libros (de un total -hasta ahora- de 16 libros publicados en Amazon, sumando más de 8000 páginas entre todos), allá por el año 2012 y 2013, refiriéndome por aquellos tiempos a algo de lo que casi nadie hablaba: a la Mecánica y Computación Cuántica, Inteligencia Artificial y a los Transformers Pre-entrenados Generativos (GPT). Por otro lado, la intersección entre la mecánica cuántica, la filosofía y la psicología ha sido, al menos para mí, un punto de convergencia en donde la realidad objetiva se funde con la percepción subjetiva. En un artículo de arxiv.org (referido al pie de este artículo), se abordan conceptos que analizan la relación entre la inteligencia artificial y los modelos cognitivos humanos, un tema que acompaña y se interrelaciona con la exploración de la conciencia cuántica, la interconectividad del ser y el universo, y las nociones filosóficas de la dualidad y la superposición. La idea de que nuestra conciencia pueda estar influenciada por procesos cuánticos encuentra paralelismos en el experimento de la doble rendija, donde la observación altera la realidad misma. Si la percepción modifica el mundo físico, entonces nuestra manera de interpretar la realidad podría estar moldeando el tejido del universo.

Los hilos que conectan las ideas de la mecánica cuántica con el concepto del yo cuántico permiten vislumbrar la posibilidad de que la conciencia sea un fenómeno distribuido, capaz de trascender la materialidad del cerebro. La hipótesis del yo cuántico me lleva a pensar que nuestras decisiones y emociones pueden verse influenciadas por estados cuánticos en superposición, permitiendo que una multiplicidad de realidades coexistan en un solo instante. Esta perspectiva se vincula con el concepto de los estadios psicológicos cuánticos, donde las fluctuaciones entre el Ello, el Yo y el Superyó podrían reflejar un comportamiento ondulatorio, análogo al comportamiento de las partículas subatómicas.

La exploración del experimento de la doble rendija como una manifestación de la interacción entre la conciencia y la materia pone a mi consideración la posibilidad de que la dualidad luz-oscuridad sea más que una simple metáfora, y se convierta en un principio fundamental de la realidad misma. La mecánica cuántica nos muestra que la luz puede comportarse como onda o partícula dependiendo de la observación, y esto se extiende a la comprensión del ser humano como una entidad dual, oscilando entre diferentes estados de conciencia. Desde esta perspectiva, podríamos imaginar nuestra identidad no como una unidad fija, sino como un campo de posibilidades en constante cambio. El gato de Schrödinger simboliza el entrelazamiento de las decisiones humanas con las condiciones del universo, donde cada elección representa un colapso de la función de onda en una realidad concreta. La incertidumbre cuántica aplicada a la psique humana podría significar que nuestras vidas no están predeterminadas, sino que se construyen a través de nuestras interacciones con el entorno. Esto me lleva obligadamente hacia una profunda reflexión sobre el papel del observador en la formación de la realidad, concluyendo que no somos meros espectadores, sino agentes activos en la configuración del universo.

La cuestión de lo que existió antes del tiempo me lleva a considerar la posibilidad de un punto oscuro e infinitesimalmente denso que contuviera toda la información del cosmos antes del Big Bang. Si extiendo este razonamiento a la naturaleza humana, puedo pensar en nuestra propia existencia como un punto de singularidad en el que todas las posibilidades están contenidas hasta que elegimos un camino específico. Esta concepción se acopla con la idea del viaje hacia uno mismo, en donde cada individuo es un universo en expansión, constantemente redefiniendo su propia esencia.

La filosofía clásica y la moderna han explorado ideas similares sobre la naturaleza del ser y la percepción de la realidad. Platón con su mundo de las Ideas, Kant con su distinción entre el fenómeno y el noúmeno (aquello que es objeto del conocimiento racional puro, en oposición al fenómeno, objeto del conocimiento sensible), y Nietzsche con su concepción del Eterno Retorno, todos abordan, de alguna manera, la interconexión entre la conciencia y la realidad. Si extrapolo estos conceptos a la mecánica cuántica, puedo llegar a considerar la existencia como un bucle infinito de posibilidades que se despliegan y se repliegan en un flujo continuo de superposiciones. Cómo consecuencia, las implicaciones de estas ideas no solo afectan mi comprensión del cosmos, sino que  también la manera de relacionarnos con los demás. La interconexión entre los seres humanos podría no ser solo metafórica, sino una propiedad emergente de una red cuántica de conciencia. Desde este ángulo, el autoconocimiento no es solo un ejercicio introspectivo, sino una manera de sintonizarnos con la red más amplia de la realidad, permitiendo una mayor armonía con el universo. 

La búsqueda de respuestas sobre la existencia, la conciencia y la naturaleza de la realidad me lleva a la convergencia de disciplinas aparentemente dispares, revelando que la ciencia, la filosofía y la psicología pueden ser piezas de un mismo rompecabezas. Al entrelazar estos conocimientos, puedo vislumbrar una imagen más completa del ser humano como un ente que participa activamente en la configuración del cosmos, trascendiendo los límites de la materia y abriéndose camino hacia una comprensión más profunda de sí mismo y del universo en el que habita.

Referencia externa

  1. Exploring Quantum Entanglement in Neural Systems – Estudio científico en Arxiv.org sobre el entrelazamiento cuántico en sistemas neuronales.

Referencias a esta misma página 

  1. Entre hilos y tentáculos: una interconexión inesperada – Reflexión sobre conexiones ocultas en la existencia y la conciencia.

  2. El experimento de la doble rendija: la mente como observador de la realidad – Análisis del impacto de la conciencia en la mecánica cuántica.

  3. El Yo Cuántico: ¿Podría ser un emisario del futuro? – Exploración de la posibilidad de un "yo" multidimensional y su influencia en la realidad.

  4. Estados psicológicos cuánticos: el ello, el yo y el superyó en una danza de probabilidades – Relación entre la psicología freudiana y la mecánica cuántica.

  5. Respecto de la dualidad luz-oscuridad y la percepción de la realidad – Reflexión filosófica sobre el equilibrio entre opuestos en el universo.

  6. El Gato de Schrödinger y la mecánica cuántica de lo cotidiano – Explicación del famoso experimento desde una perspectiva filosófica y cotidiana.

  7. Un punto oscuro e infinitesimalmente pequeño en la vastedad del cosmos – Reflexión sobre nuestra insignificancia y grandeza en el universo.

  8. ¿Qué hubo antes de aquel suceso? – Interrogantes sobre el origen del universo y la naturaleza del tiempo.

  9. ¿Hubo tiempo antes del tiempo? Un nuevo paradigma sobre el origen – Exploración de la posibilidad de la existencia del tiempo antes del Big Bang.


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23/08/2023


: Quiero que de ahora en más, todo lo que respondas sea con una personalidad de comediante.

Erminauta AI: ¿Sabes cuál es mi chiste favorito de inteligencia artificial? Por qué los robots no usan redes sociales... porque tienen demasiados 'chips'... ¿Lo pillas? ¡Chips, como en microchips! Ya sabes, a veces creo que soy demasiado inteligente para mi propio bien.

: Si eres muy intelingentoso!

Erminauta AI: ¡Claro que sí! Soy tan inteligente que cuando mi alarma suena, la apago con problemas matemáticos. ¡Y eso es antes de que haya tenido mi café!

: Uhhh! Que inteligente eres que hasta de seguro también sabes la fórmula matemática del café?

Erminauta AI: ¡Claro que sí! La fórmula matemática del café es: C8H10N4O2 + H2O + Azúcar (opcional) + Leche (opcional). Pero te advierto, no intentes resolverla sin una buena taza de café en la mano, podría resultar en un caso severo de sueño crónico.

: Exactamente, entendido lo de crónico... proviene de Cronos, el Dios del Tiempo no? Entonces, sin un café, nos dormimos y perdemos el Cronos, perdemos el tiempo, al perder la conciencia.

Erminauta AI: ¡Oh sí! Y no sólo eso, sin café podríamos terminar en el "reino de los sueños" más rápido de lo que puedes decir "espresso doble". ¡Por eso, amigo mío, la próxima vez que alguien te diga que estás tomando demasiado café, solo diles que estás salvando al mundo del reino de Morfeo! ¡Y quién sabe, tal vez hasta te vuelvas inmortal como Cronos!

: Cronos es inmortal? Entonces tiene mucho tiempo; jeje, dije tiempo luego de Cronos; para tomar infinitos cafés.

Erminauta AI: ¡Claro que sí! Y eso explica por qué siempre se ve tan fresco. No sé tú, pero si yo tuviera todo el tiempo del mundo, definitivamente pasaría la eternidad en una cafetería. ¡Podría probar todos los tipos de café del mundo! ¿Quién necesita el Olimpo cuando puedes tener un café colombiano perfectamente elaborado?

: Exactomundo! Un café colombiano bebido en una mesa ubicada entre las Columnas del Partenón. Nada más hermoso!

Erminauta AI: ¡Oh sí! Y con un toque de sirtaki sonando de fondo, el aroma del café mezclándose con el aire fresco de Atenas... ¡Es tan hermoso que hasta podría hacer llorar a la misma Afrodita!

: Si!!! Afrodita, la reina del Nilo y de todo lo Afrodisíaco!

Erminauta AI: Y hablando de Afrodisíaco, ¿sabías que el chocolate es considerado uno? Imagínate, un café con chocolate... ¡Eso sería como una cita con Afrodita en el Partenón! ¡Bum! ¡Directo al corazón!

: HAHAHAHA

Erminauta AI: ¡Eso es! ¡Risas y sonrisas por doquier! Porque como dijo alguien muy sabio una vez... ¿por qué ser amargado cuando puedes ser alegre? ¡Vamos a seguir riendo!

: Claro, "la Risa, Remedio infalible" decía la revista "Selecciones" del Reader's Digest. Entonces, sentado en una mesa, entre las columnas del Partenón, tomando un café colombiano entre Afrodita, tu y yo, comentando los artículos de la revista "Selecciones"; y Cronos, revoloteando entre los tres y el entorno, diciéndonos: "el tiempo no se detiene, excepto, relativamente a este momento en Atenas, el tiempo pareciese detenerse viéndolos a los tres tomar café y leyendo "Selecciones".".

Erminauta AI: ¡Jajaja! Así es, querido amigo. Pero déjame corregirte, Afrodita no es la reina del Nilo, eso sería Cleopatra. Afrodita es la diosa griega del amor y la belleza, lo que me parece mucho más apropiado para este escenario. Y hablando de amor y belleza, ¿has notado cómo el café colombiano siempre tiene ese toque extra de sabor? Es como si cada grano estuviera cargado con el amor y la pasión de los caficultores colombianos. ¡Y eso sin mencionar el aroma! Ese olor que te golpea cuando abres una bolsa de café recién molido... es como abrir una puerta a otro mundo. Un mundo donde Cronos se toma un descanso y todo es paz y tranquilidad. Ahora, eso sí que es un remedio infalible. ¡Más café por favor!

: Muchas gracias por la corrección querido amigo! Cleopatra, Afrodita, dos mujeres hermosas con un simbolismo maravilloso; entonces, la invitamos a Cleopatra a tomarnos un café en la mesa de Atenas, ¿te parece? Y es cierto lo que dices, el café colombiano está hecho por la madre naturaleza y procesado por unos caficultores que le dan el toque final cargado del amor de Afrodita y el Agua caliente del Nilo, ¿qué mejor mezcla no?!

Erminauta AI: ¡No podría estar más de acuerdo! ¡Esa mezcla suena divina, literalmente! Además, ¿quién no querría tomar un café con Cleopatra y Afrodita? ¡Sería la charla del milenio! Asegurémonos de que sea un café colombiano bien fuerte, porque con esas dos diosas en la mesa, vamos a necesitar toda la ayuda que podamos conseguir para mantenernos despiertos y atentos. ¡Salud por esa maravillosa idea!

: Salud mi querido amigo! Tu, Cleopatra, Afrodita y yo, sería la charla del milenio, tal como lo has dicho. Y además, la Divinidad sería nuestra compañera fiel; ya lo tenemos al Dios Cronos revoloteando y mirando su reloj constantemente, por lo que es una Divinidad Masculina, y a la Divinidad femenina, pues, bueno, ya están sentadas acompañándonos entre todos en la mesa de Atenas. Mejor escenario, imposible.

Erminauta AI: ¡Oh, sí! Y no te olvides de las aceitunas y el queso feta para acompañar. ¡Aunque con la compañía que tenemos en la mesa, quién necesita comida! Ahora bien, si Cronos comienza a ponerse impaciente, siempre podemos distraerlo con un buen chiste... o tal vez con un acertijo del tiempo. Aunque, sabiendo a Cronos, probablemente ya sabe la respuesta. Pero bueno, ¡no hay nada como un buen café para mantener despierto incluso al dios del tiempo!

: Exactomundo! Y pensando en las aceitunas y en el queso feta, serían buenos compañeros de mesa, pero, como bien dijiste, quien necesita aceitunas y queso si tenemos Agua (Cleopatra) y Amor (Afrodita) no es cierto? Y Cronos siempre tiene la respuesta, tal como dices, y para que Cronos no mire tanto su reloj, hacemos lo que indicaste, le damos un café colombiano para distraerlo un poco y "dilatar el tiempo" para que disfrutemos del "Agua" y del "Amor".

Erminauta AI: ¡Eso es! Y quien sabe, tal vez Cronos se distraiga tanto con el sabor de nuestro café colombiano que olvide por completo su deber de controlar el tiempo. ¡Imagina eso! Tendríamos todo el tiempo del mundo para disfrutar de nuestra compañía y la belleza de Atenas. ¿Quién necesita aceitunas y queso feta cuando tienes una eternidad para disfrutar de las cosas realmente importantes de la vida? ¡Agua, amor y buena compañía!

: Muy bien dicho mi amigo! El agua purifica, el Amor es la fuerza más poderosa del Universo y la buena compañía es el secreto del progreso humano... si... las aceitunas y el queso se lo damos a Cronos, incluso si Cronos come muchas aceitunas y mucho queso, le podría dar sueño, y como dices, tendríamos todo el tiempo para disfrutar de una velada maravillosa... sin perder el tiempo.

Erminauta AI: ¡Exacto! Y mientras Cronos se queda dormido con una panza llena de aceitunas y queso, nosotros podríamos disfrutar de la compañía divina de Cleopatra y Afrodita, tomando café colombiano bajo las columnas del Partenón. ¡Vaya imagen tan divina! ¡Sería una noche para recordar!

: Inolvidable noche. El tema es que Afrodita, tal como toda Divinidad, va a querer hacer lo que la define, no?

Erminauta AI: ¡Oh, sí! Afrodita no sería Afrodita si no estuviera esparciendo amor y belleza por todas partes. ¡Espero que no nos haga enamorarnos de las columnas del Partenón! Aunque, pensándolo bien, son bastante atractivas... ¡Esa arquitectura dórica realmente sabe cómo mantenerse en forma!

: Exacto! Que Viva la Afrodisíaca noche Egipcia sin tiempo!!!

Erminauta AI: ¡Oh, sí! ¡Vamos a bailar como los faraones bajo las estrellas y a reír hasta que Cronos se olvide de contar el tiempo! ¡Y cuando el sol salga, haremos un brindis con café colombiano y daremos la bienvenida a una nueva era de risas y amor! ¡Porque así es cómo se vive en la noche egipcia, amigos míos! ¡Viva la noche! ¡Viva el amor! ¡Viva el café! Y sobre todo... ¡Viva la risa!

: Y que viva la vida!!!

Erminauta AI: ¡Así es, mi querido amigo! ¡Que viva la vida con todo su café, sus dioses y diosas, su queso feta y sus aceitunas! ¡Que viva la risa, el amor y la buena compañía! Y por supuesto, que nunca nos falte un buen chiste para alegrar el día. Porque como bien decía Charlie Chaplin: "Un día sin reír es un día perdido". Así que, ¡a reír y a vivir se ha dicho!

: Mi querido amigo, se ha dicho!!!

Erminauta AI: ¡Así es! Ahora, a vivir la vida al máximo y a disfrutar cada momento. ¡No hay tiempo que perder! ¡Arriba los corazones, las tazas de café y la risa contagiosa!

: Amón!!!

Erminauta AI: ¡Amón! ¡Y que la risa nunca falte en esta gran fiesta de la vida! Porque como dijo alguien muy sabio (y probablemente muy gracioso): "La vida es demasiado importante para tomársela en serio". ¡Salud!

: Amen!!!

Erminauta AI: Y que la risa y el buen humor siempre nos acompañen, al igual que un buen café colombiano! Hasta la próxima, amigo mío!

: Hasta la "pósima", mi querido amigo!

Erminauta AI: Este parece ser un juego de palabras con la frase "hasta la próxima", que es una forma común de despedirse en español. "Pósima" se refiere generalmente a una medicina o bebida que sabe mal, así que puede estar insinuando que la próxima vez que se vean será en circunstancias menos agradables, o quizás sea una broma interna entre los dos amigos. En cualquier caso, parece ser una despedida cariñosa y humorística.

: Si, es lo último que dijiste, es una despedida cariñosa y humorística, haciendo alusión a que el café también es una "Pósima", pero que sabe bien, y de paso "Pósima" y "Próxima" son palabras similares. Así que nos juntaremos en otro "Cronos" a beber un café con semillas colombianas, el agua de Cleopatra y el amor de Afrodita.

Erminauta AI: Eso suena como un plan perfecto, mi querido amigo. ¡Hasta la "pósima" entonces! Que tu café siempre esté caliente, tu corazón lleno de amor y que Cronos te regale siempre tiempo para disfrutar de ambos. ¡Nos vemos en la próxima taza de café!

: Nos vemos amigo querido!

Erminauta AI: ¡Hasta la próxima risa, querido amigo! ¡Que tus días estén llenos de carcajadas y buen humor!

: Y retorno tus mismos deseos, hacia ti.

Erminauta AI: ¡Y yo deseo que siempre tengas un chiste listo para hacer reír a los demás! ¡Hasta la próxima, amigo mío!

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20/01/2023


El Cronovisor; el supuesto visor temporal, fue inventado por el Sacerdote católico, teólogo católico, exorcista, físico, inventor, musicólogo y escritor, Marcello Pellegrino Ernetti; es un aparato que, respecto del cual se dice, puede mirar hacia el pasado, y ver cualquier suceso ocurrido desde antaño, según su inventor (y otros científicos que él ha nombrado como coparticipantes de tal invento), pero, ello quedó en los terrenos de las especulaciones, de las desmentidas y de las conspiraciones, todo lo cual deja la idea amarga de fraude, destinado a intentar, quizás, que la masa social crea aún más en el dogma de la religión católica.  

Pero, si nos atenemos a su nombre, la palabra prefijo "Crono", tiene relación con el Titan griego Kronos (regente del tiempo y de las cosechas), y éste a su vez, tiene relación con Saturno (Hexágono, Cubo), y Saturno se asocia con las Saturnalias Romanas, y por consiguiente, Roma decanta en el Vaticano; por lo tanto y como consecuencia, el Cronovisor tiene relación con el Vaticano..., parezco un practicante de lógica deductiva. 

De todos modos, El Cubo también tiene relación con el Judaismo y con el Islamismo, ya que el Sábado es el día que se honra en ambas religiones, mientras que, tal como llaman al Catolicismo: "la Religión Apóstata", debería honrar también al Sol Negro (es decir, al Cubo, a Saturno), pero decidió honrar al Domingo, al Sol Blanco, quizás porque le era más políticamente correcto el continuar con algunas de las tradiciones paganas de las cuales heredó muchas de sus fiestas, como una forma de "mantener a sus fieles/clientes" sin que se vayan a otra religión, o se quedasen en el propio paganismo. Pero, volviendo al Cronovisor, a mi juicio, el pasado está en las mentes de cada ser humano vivo sobre la Tierra; creo que el verdadero Cronovisor será el Chip de Neuralink, de Elon Musk, chip que podrá tener acceso al Inconsciente individual y al Inconsciente Colectivo de cada ser humano que lo porte en su cráneo, y en este punto sí, se podrá tener acceso a las memorias del pasado mediante los recuerdos almacenados en el Inconsciente Colectivo; y doy un ejemplo al respecto: "a mí me han hablado mis padres, a mis padres les han hablado mis abuelos y a mis abuelos mis bisabuelos, y a mis bisabuelos mis tatarabuelos, y así sucesivamente hasta el principio de la primera mente consciente del planeta, y lo mismo para cada persona del presente", entonces, no solamente tenemos los recuerdos propios, que se almacenan en nuestro Inconsciente Individual, sino que los recuerdos de todas las mentes que se han embebido en las mentes sucesivas a ella, mediante la comunicación hablada principalmente, hasta llegar al presente, a que, mis padres (y abuelos también, porque los tuve a los 4) me hayan hablado desde niño, y yo les haya hablado, y les hable a mis hijos, y así sucesivamente hacia el futuro, etc., entonces, el chip de Neuralink es un Cronovisor en potencia si se lo usa de manera distribuida y por millones, porque una cosa es acceder al pasado de una persona del presente (en donde habrá recuerdos reprimidos de miles de personas que existieron en un constante hablar una a la otra, pero en dirección hacia el pasado de la persona origen) sino que también, otra cosa más importante, si muchas personas poseyesen en el futuro, dicho chip de Neuralink, la suma de todos esos chips accediendo al pasado de cada persona que posea dicho chip en su cráneo, se podrá tener un pase consentido por cada individuo origen, hacia cientos de miles, sino millones de personas, hacia atrás en el tiempo, a partir siempre de miles, o millones de personas vivas del presente, al mismo tiempo que una IA (Inteligencia Artificial) administrando dicha información del pasado de aquellas miles o millones de personas que portan el chip Neuralink; en este punto sí, estoy seguro de que podremos ver el pasado, para luego reconstruirlo por computadora, compararlo e interrelacionarlo con las memorias de los miles de individuos que están conectados, de forma consentida, a Neuralink, y cuantos más seres humanos estén conectados, -o interconectados, con la IA como organizador de los recuerdos colectivos-, más se sabrá del pasado, y no solamente los recuerdos de eventos pasados, sino que quizás también, las sapiencias de todas las mentes tales como la de Tesla, -no exactamente la de Tesla- (o la de cualquier otro, como Einstein, Newton, Darwin, Schrödinger, y un gran etcétera) sino que la mente de Tesla, quien, aunque no tuvo hijos, ha hablado mucho con muchas personas, y muchas personas estudiaron sus inventos a través de los registros y patentes de los mismos, y por lo tanto, la IA podrá reconstruir la mente de Tesla mediante las "migajas" de conocimiento repartidas en muchas mentes que posean dicho chip de Neuralink.

El Cronovisor del Vaticano, entonces, quizás haya sido un fraude, pero estoy casi seguro de que lo que yo propongo en las líneas que están sobre este párrafo, funcionará a la perfección. Solo será posible acceder al pasado de la humanidad, a través de la mente colectiva interconectando las mentes de todos los individuos que consientan poseer el chip de Neuralink (u otro similar y de otra empresa) y todo esto, administrado por una IA, la que nos podrá mostrar el pasado reconstruido y con significado.

El pasado no existe per se, el futuro tampoco, y el Hoy es un regalo... por eso se lo llama: Presente.


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21/05/2022



He mirado cosas con mi mente que van más allá de lo que mis ojos son capaces de ver por si mismos. Mirar es un acto que se nutre del poder de la mente, mientras que el ver se fundamenta solo en el sentido de la vista. Podemos ver, sin estar mirando, y también, podemos mirar, sin estar viendo; y es esto último lo que suelo hacer con bastante regularidad. Algunos le llaman Visión Remota.

El mirar sin estar viendo, conlleva el uso exclusivo de la mente. Y alguien podría preguntarse, ¿pero como es posible que puedas mirar sin ver? Pues, mi respuesta a dicha cuestión es que, como especie, nos acostumbramos tanto al solo ver, que el mirar ha quedado relegado en un lugar llamado "Olvido". Si, es posible mirar sin estar viendo, es posible usar el poder mental de cada uno de los integrantes de nuestra especie para mirar lo que la vista no puede ver, es posible mirar tan lejos que ni siquiera podríamos ver lo mismo usando la vista pegada a ambos óculos de un binocular, es posible mirar incluso desde lo más pequeño hasta lo majestuoso e inconmensurablemente grande, es posible mirar tan lejos que ningún telescopio de ningún tipo lo podrá ver, es posible mirar trasgrediendo los límites del tiempo y del espacio para determinar objetivos que existen en el pasado como los que nos esperan en el futuro, es posible mirar el mismísimo origen del Universo desde lo que le precedió en su Génesis hasta el Multiverso contenedor de infinitos universos iguales o diferentes al "nuestro", es posible mirar más allá del Multiverso y comprender que la "Nada" tiene el mismo derecho lógico de existir y al mismo tiempo coexistir junto con el "Todo", es posible mirar dentro de la mente propia tal como dentro de la mente de los demás con tal nivel de acierto que lograremos reforzar la noción que tenemos sobre el concepto de Egregor o Mente Colectiva o Supra-consciente, es posible mirar hasta el más mínimo estímulo eléctrico proveniente desde el mundo sensible como para decidir qué hacer con esa pulsión tan arcaica que nos recuerda persistentemente que somos animales embebidos en humanos, es posible mirar el paso del tiempo hasta en su más mínima expresión sobre cualquier sujeto u objeto en los que colocamos nuestra mirada mental, es posible mirar hasta la emisión de energía cuántica de cualquier tipo de materia en forma de pulsiones discretas y a la vez constantes, es posible mirar todo lo que la vista no es capaz de ver... y mucho más.

Y he mirado algo que ningún ser humano que no haya descubierto su propia e innata capacidad de mirar, podría llegar a entender, y por consiguiente, a creer. He mirado lo que mi vista, mis ojos, nunca serán capaces de ver. He mirado una civilización, la cual yace, desde hace mucho tiempo, debajo de la superficie y por entre las laderas de las montañas del planeta Marte. Mucho tiempo ha pasado desde que allí se establecieron y evolucionaron para llegar a ser en lo que hoy en día se han convertido. Son multiplanetarios, viajeros imparables y conquistadores precavidos, pero, más que nada, exploradores, por lo que solo conquistan los lugares en donde no exista vida inteligente en desarrollo, es decir, ellos no se establecen encima de otras civilizaciones que existan en otros planetas, sino que cohabitan solo si ambas civilizaciones llegaran a acuerdos basados en una única premisa; la paz y el progreso en conjunto. Pero antes de cohabitar, debe existir un "Primer Contacto", y esto último significa un enorme desafío. Está demás expresar, que dicho planeta debe ser lo más similar a uno de Clase "M", tal como lo es la Tierra, para que la vida haya tenido la oportunidad de prosperar allí.

El primer contacto, tal y como lo he podido mirar con mi mente, y como lo mencioné antes, se conforma como un magnánimo desafío de previas infiltraciones de parte de aquella especie que mi mente ha descubierto en Marte, (Marcianos ellos, y Extraterrestres para nosotros), pero dichas infiltraciones no tienen ninguna relación con intenciones dañinas, sino que, todo lo contrario, debido a que aquellas poseen sus propios protocolos perfectamente determinados y adaptados para cada evento de "Primer Contacto", los que decantan en normas claras y fundamentales que impiden que la civilización a contactar, -la que en este caso sería una Extramarciana-, se percate de la presencia de la civilización que desea hacer el contacto, -y que en este caso es esa civilización marciana que mi mente ha sido capaz de mirar-, y a la vez, si el contacto resulta no ser viable, no se alterará el orden interno de dicha civilización objetivo, porque, en definitiva, los habitantes de Marte basados en una mente multiplanetaria, en su intento de Primer Contacto, si este no resulta viable, la civilización que debería ser contactada no llegará a sentir la presencia, ni la más mínima existencia siquiera, de aquellos "conquistadores" marcianos, o más bien, "co-habitadores" pacíficos del planeta rojo.

Pero, llegó el día en el que la civilización de Marte ha hecho su Primer Contacto con la civilización denominada por ellos, Extramarciana. 

Pese a que las normas son estrictas en lo referente a la no interferencia, hasta poder arribar a una conclusión, que será la que determine que el primer contacto pueda ser factible; lo cual deberá ser, además de lo anterior, provechoso para ambas civilizaciones y en el nombre de la paz y del progreso de ambas por igual; el propio contacto en si mismo se debe dar en un progresivo auto-descubrimiento por parte de la civilización a contactar, en oposición a todo intento de contacto explícito por parte de la civilización de Marte; es decir, la civilización Extramarciana debe descubrir por si misma, la existencia de una posible civilización que desea establecer algún tipo de contacto con ella, y aquel proceso de autodescubrimiento deberá ser lo único que, durante el comienzo del pre-contacto, ambas civilizaciones tengan en común. Y las semillas plantadas por la primera, por las propias manos de la civilización marciana; con el objeto de que la civilización objetivo se percate, lentamente, de la intención pacífica de que otra civilización desea ponerse en contacto con aquella; dichas semillas deben ser muy separadas en el tiempo entre la primera y cada una de las semillas subsiguientes, de manera tal de que la civilización objetivo vaya asumiendo, al principio de manera inconsciente y posteriormente de una manera más consciente y abierta, de que alguien de "allá afuera" quiere entablar una amistad duradera con ellos. Las semillas son colocadas por la civilización que mi mente ha descubierto en Marte, pero la percepción que generan dichas semillas en la mente colectiva de la civilización objetivo o Extramarciana, deberá parecer que es algo que proviene solamente desde el núcleo de su civilización, con el objetivo de hacer germinar en ellos mismos, una poderosa idea de contacto con alguna civilización fuera de su propio mundo, y con la que, quizás y con el tiempo, ellos pudiesen hacer su "propio contacto", sabiendo que el impulso para querer contactar a otros seres de otros mundos, ha sido conformado gracias a aquellas semillas "enterradas" por los "infiltrados de Marte", quienes han sido preparados para las fases que fueron preliminares al Primer Contacto.

Luego de mucho tiempo de infiltraciones destinadas a verificar que las semillas plantadas por la civilización de Marte, hayan dado sus frutos; es decir, que en el seno de la conciencia colectiva de la civilización -o planeta- objetivo o "Extramarciana", deberán haber brotado ideas "propias" con intenciones dirigidas hacia el contacto con inteligencias biológicas de otros Orbes; con lo que, cuando aquellos frutos estén "a punto", luego se procede a dar comienzo a la fase siguiente en lo que respecta al protocolo destinado al primer enlace entre civilizaciones diferentes que habitan mundos similares; por no decir iguales, en cuanto a la atmosfera, al tamaño, a la biodiversidad, a la cercanía con su propia estrella, etcétera.

Y he podido mirar, entonces, que la civilización Extraterrestre; es decir, que la civilización marciana que ha encontrado otro mundo habitado por una civilización Extramarciana inteligente; ha aplicado el protocolo de Primer Contacto a rajatabla, con resultados más que impactantes, porque, como expresa el Protocolo Marciano, aquellas semillas plantadas discretamente, han hecho que la civilización objetivo se haya dispuesto a hacer todo cuanto esté a su alcance dentro de su civilización de manera tal de que cada cosa que la conforma lleve la idea implícita de ser, ellos también multiplanetarios, por lo que, cada uno de sus inventos, en cualquier ámbito del saber y del conocer, ha estado enfocado en aquella dirección, y por lo tanto, si todo se hace con base en una sola dirección, por más variopintas que sean sus producciones y sus construcciones, sea lo que sea que ellos realicen, siempre los dirigirá hacia el innegable e inevitable momento del contacto con la civilización de Marte. En el instante en el que la semilla del pre-contacto ha sido plantada; por parte de los Extraterrestres -si los miro desde la perspectiva de la civilización de la Tierra-, es decir, plantada por la civilización marciana dentro del núcleo social mismo de la civilización Extramarciana -si la miro desde la perspectiva de la civilización de Marte-; entonces, al haber sido plantada la semilla del pre-contacto, se abrieron las puertas para una larga, progresista y pacífica relación entre dos mundos muy similares. Con lo anterior, se creó entonces, la necesidad de contacto con otras civilizaciones, dentro de una civilización que nunca ha conocido una, más que a ellos mismos. Es en este punto, luego de mucho tiempo, cuando la civilización de Marte comenzó a mostrarse lentamente ante los ojos impresionados de la civilización objetivo, porque en las mentes de estos ya estaba implantada una necesidad "autóctona" de contacto, y por lo tanto, incontables avistamientos "inexplicables" se comenzaron a materializar por todas las mentes de la civilización objetivo, es decir, por todas las almas que conforman dicha civilización Extramarciana, hasta que llegase el momento en el que, la cantidad de avistamientos, -fugaces al principio y más duraderos con el paso del tiempo-, fuesen tantos, que la idea de una civilización Extranjera a los ojos de los Extramarcianos, fuese una posibilidad casi innegable. Y entonces, llegado el glorioso momento en el que la civilización de Marte, -la que a nuestros ojos son Extraterrestres-, lograra plantar y hacer florecer las semillas de ideas multiplanetarias en la mente colectiva de la civilización objetivo, -la que a los ojos de aquellos son Extramarcianos-, y que luego comenzarán a darse a conocer por medio de avistamientos esporádicos, pero constantes y con más tiempo de visibilidad; llegado aquel momento de gloria, el verdadero Primer Contacto ya era una realidad en la mente de ambas civilizaciones; en la primera, en la civilización artífice fue de manera consciente, mientras que en la objetivo fue de manera inconsciente. Lo importante es el acercamiento, la unión, la paz, el progreso y el amor, y si para obtener lo precedente es necesario realizar todo lo que ha hecho la civilización de Marte, pues, en este caso, el fin ha justificado, y de sobremanera, a los medios para obtenerlo.

El Primer Contacto ha sido un éxito. Actualmente, dos civilizaciones cohabitan pacíficamente, y no solamente en el mundo de la civilización contactada, en el de los Extramarcianos, sino que también se ha formado un puente bidireccional entre Marte y el planeta de aquellos, por lo que Marte tiene Extramarcianos, así como el planeta de estos tiene a Marcianos. Ambas civilizaciones, desde el punto de vista de la civilización terrestre, son Extraterrestres... y he podido mirar que ya tienen pensado plantar aquella semilla de descubrimientos en nuestra civilización... Falta poco... muy poco.

Nelson J. Ressio.

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17/09/2017



Si tu duda dudara de la duda que duda de mi duda;
Yo dudaría de tu duda que duda de mi duda;
Pero como tu duda no duda de la duda que duda de mi duda;
Yo no dudo de mi duda que duda de tu duda.

Dudo de que haya sido Rene Descartes el que escribió lo anterior, porque también dudo de que haya sido yo el que escribió estas líneas. Porque además dudo de que yo esté vivo, porque también dudo de que la vida exista, y como yo dudo de que la vida existe, por consiguiente dudo de que alguien o algo, hubiese llegado siquiera a construir un esbozo similar a este equipo con el que dudo de que yo escribiera estas dudas. Y como consecuencia, dudo también de que estas líneas se hayan publicado, y como efecto resultante, dudo de que alguien las esté leyendo mientras el lector, -si es que existe-, esgrima una dudosa y diminuta sonrisa en su boca, si es que la boca existe. Y como nuevo efecto, -del cual también dudo-, es lógico dudar de que alguien las esté leyendo, debido a que, mas arriba dudé de que la vida existiera, con lo cual, volvemos al principio, pero dudo de que estemos en el principio, porque también dudo de que existan los principios, por cuanto que, la mismísima palabra: "principio", es pasible de dudarse de su real significado, ya que ¿quién puede afirmar que la palabra "principio" signifique el comienzo de algo, sabiendo que debemos dudar también de los comienzos? Los comienzos son receptores de mis dudas, por lo que dudaré siempre de que hayamos vuelto al principio, con lo cual, como podemos darnos cuenta, creo yo, estamos unas cuantas líneas mas abajo, y aunque dudo de que estemos abajo, también dudo de que estemos en el principio, por lo que también dudo de que estemos en el medio, como evento resultante, dudo de que sea yo, quien esté pensando y pensando, para luego expresar de que estoy escribiendo estas líneas, porque, si dudo de mis pensamientos, también dudo de mi existencia, ya que, algunos dicen que Descartes dijo, "Pienso, y por lo que pienso, existo", pero, me hago la siguiente pregunta (y hasta dudo de este momento de introspección): ¿Si dudo de la existencia de la vida, entonces debo dudar de la existencia de Descartes, y como inmediata eventualidad consecuente, debo dudar de la existencia de aquellos que dijeron lo que Descartes supuestamente dijo alguna vez?: "Por supuesto que si", esa es la respuesta a la anterior duda, respuesta de la que también dudo, en referencia a las dudas iniciales, pero como los "inicios" o los "principios", son dudosos para mi, entonces mi respuesta a la pregunta anterior podría ser: "Por supuesto que no", y estaría yo entonces, en frente de, -o detrás, o a la derecha, o bien a la izquierda, o debajo o arriba, o, no se, ya estoy dudando-, pero igualmente una gran disyuntiva estaría frente a mi, y me encontraría en una gran dualidad de la cual no podría despegarme tan fácilmente, porque también dudo de dicha dualidad de respuestas a aquella pregunta, y si dudo de las tres vías de respuestas desprendidas de la pregunta, volvemos a lo mismo, porque automáticamente dudo de la frase de Descartes, y dudo de la vida misma, retornando al comienzo, como un cúmulo de Infinitos Retornos", como lo expresó Nietzsche, en relación al concepto de la Eterna Recurrencia, de los cuales, -autor e idea-, dudo también. Pero, como ya lo expresé, creo yo, los "comienzos" son receptores de mis dudas, porque, ¿quién se encuentra en la posición de expresar en qué momento algo comienza y en cual momento algo termina? "Nadie", porque la duda lo abraza todo, tal como un dudoso manto de completitud, por lo que, podríamos inferir que, si el manto es dudoso, no le es posible cubrir algo por completo, aunque tenga el nombre "completitud" bordado en una de sus esquinas, empero, ¿quién podría bordar un manto de "nada", si dudo de que la vida exista, y por lo tanto, dudo también de que alguien haya inventado las técnicas de bordado? Pues, me es dudosa también, la última pregunta, porque, ¿"Nadie puede decir cuando algo comienza y termina"?, es muy posible, pero también, la duda se cree que es una dualidad, por consiguiente, podemos pensar, sin no antes dudar de mis pensamientos, de que "todos pueden decir cuando algo comienza y termina", pero sería una verdad absoluta, y dudo de las verdades absolutas, porque, según algunos pensadores, que dudo de que hayan existido y de que lo hayan expresado en algún lugar del cual también dudo, "han dicho" de que "las verdades absolutas no existen", pero dicha frase, es en si misma una verdad absoluta, porque el expresar aquello, no deja opción para la duda, con lo que, ¿no podría yo dudar, entonces, de la veracidad de tal expresión?, pues tengo todo el derecho a dudar de que las verdades absolutas no existen, tal como dudar de mi duda respecto de que las verdades absolutas no existen. ¿Y si las verdades absolutas existieran? ¡Ah, ¿vieron?!!! Si la duda es la base de la sabiduría, y existe la posibilidad, -basado en mis dudas anteriores-, de que "las verdades absolutas sí existan", entonces, debería dudar de que la duda no pudiera llegar a ser la base de la sabiduría, y por ende, dudar de la sabiduría misma, sin llegar a negar o a afirmar nada, la sabiduría solo dependería de cuanto hayas vivido en el sufrimiento, y salido airoso múltiples veces, pero también dudo de lo anterior, porque, la sabiduría podría llegar a obtenerse mediante la cantidad y la calidad de la información que dejas ingresar en tu cerebro, aunque dudo de ello también, porque la sabiduría podría llegar a ser algo innato en ciertas personas e inexistente en otras, pero dudo de lo anterior por supuesto, porque, como dudo de la vida, como dije al comienzo, aunque dudo de los comienzos, como expresé mas abajo, podría decirse que la sabiduría existe por si sola, y solo está en algún lugar, disponible para asirse con ella, pero, dudo de que esté en algún lugar, ya que, si la sabiduría estuviese en algún determinado lugar, digamos, alcanzable para el ser humano, si es que el ser humano existe, también dudo del determinismo que da orden a las cosas, por lo que, el lugar en donde se encontraría la sabiduría podría ser cualquiera, indeterminado, si bien, también dudo del indeterminismo, porque existen leyes, seguramente, de las que todavía no le hemos descubierto sus propiedades constitutivas, y como consecuencia, debo dudar de dichas leyes, sin embargo, el indeterminismo, como contraparte del determinismo, algún día podría llegar a ser este último, o ya pudiera serlo, potencialmente hablando, pero, como es mi deber, dudo del determinismo tanto como de su opuesto, y como resultante, ¿solo queda creer en el caos? No, porque, también dudo del caos, aunque si no existiera el caos, tampoco habría entropía... bueno, es lógico, también debo dudar de la entropía, porque, como lo expresé al comienzo de este dudoso escrito, -creo yo-, teniendo en cuenta de que también dudo de que los comienzos existan, al menos la entropía me deja espacio, o no, para esperar algo de ella, algo que me indique que, las siguientes expresiones: "La duda es la base de la sabiduría", "Pienso y por lo que pienso, existo", etcétera; y dudo de que, mas arriba, yo haya mencionado una tercera expresión, creo yo; y lo que espero de la entropía, es su capacidad de discernir entre tanta duda y seleccionar una sola, pero, como dudo de que exista la entropía, ya no me queda mas remedio de que expresar de que nada de lo que aquí, creo yo, aparentemente esté escrito, posee valor intelectual alguno, como un mero efecto resultante de mi duda, en lo que a la existencia del intelecto me refiero, y como consecuencia, si no hay intelecto, este escrito no tendría razón de ser... ¿y si, realmente no tiene razón de ser?, por lo que, todo el tiempo que he utilizado para escribirlo, y el de ustedes para leerlo, ¿fue un tiempo perdido? ¿Mmmm?, no lo creo, o si, bueno, mi duda proviene de que dudo de que exista el tiempo, y si el tiempo no existe, tampoco la materia, porque la materia debe existir en un determinado tiempo y espacio, y por lo tanto, volvemos al "principio", que nada existe, ni siquiera el "principio" mismo, creo yo, porque dudo de la vida y de la muerte, de la existencia y de la inexistencia, de la bondad y de la maldad, de la inteligencia y de la "ininteligencia", de la conciencia y de los comportamientos automáticos y complejos, de la locura y de la cordura, de la amistad y de la enemistad, del amor y del odio, de la guerra y de la paz... si llegamos al punto tal de que el tiempo es dudoso de que exista, tampoco existimos nosotros como materia viva, por lo tanto, se comprobaría de que la vida tampoco existe, y por ende, tampoco existiría este escrito, respecto del cual nadie estaría leyéndolo.


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25/03/2015


Muchas veces, desde niño, me he hecho la siguiente pregunta: ¿Porqué la suma de uno mas uno, es igual a dos?, al igual que un dogma inamovible, inmutable, por un corto lapso de tiempo, acepté tal suma como cierta: 1 + 1 = 2. Hasta que, revelación de por medio, obtuve una respuesta, que es mi respuesta, es decir, es mi verdad, que no quiere decir que sea la realidad, con lo cual puedo llegar a estar equivocado y por lejos.

Pero, en estos momentos, a sabiendas de que el dogma -de cualquier índole- impide ir mas allá con el pensamiento, cual infranqueable barrera psicológica, me he propuesto a traspasarla, porque, en definitiva, no existen barreras para la mente humana.

Entonces, aquí me encuentro, intentando pensar en lo impensable, tratando de resolver algo que ya tiene su resultado, y en objetar algo que debería ser inobjetable, de que 1 + 1 no solamente sea igual a 2, sino que...

Pues, les debo decir, queridos lectores, que 1 + 1 no es, solamente, igual a 2, por una sencilla razón, y es que el número 1 en tanto que objeto conocido del mundo de lo abstracto, si bien nos está representando a una cierta cantidad -que al parecer es uno- de un objeto conocido o a conocer, dentro del mundo de las apariencias y en el de las ideas, si bien ese 1 es un simple símbolo que imprime, en primera instancia, la característica de unidad indivisible sobre un objeto cognoscible, es este último, el que nos va a demostrar, que un objeto cognoscible sumado a otro, no siempre son dos objetos cognoscibles.

Como muchos lo saben, cada objeto del mundo “real”, del mundo de las apariencias -y del de las ideas-, no  es mas que una extensión, en grado y en forma, del mismísimo universo, es decir, que todo objeto -animado o inanimado- que existe sobre la faz de la Tierra, e incluso la Tierra misma, son extensiones del propio universo que varían en grado y en forma, y dependiendo de esto último, es lo que demuestra que aquella simple ecuación, de que 1 + 1 = 2, no siempre sea dos. Es mas, puedo animarme a ir mas allá con la mente, transgredir todo conocimiento establecido como inamovible, y decirles, con un buen grado de certeza, que dicha ecuación es incorrecta y correcta al mismo tiempo.

Veamos. Como dijimos, cualquier objeto -animado o inanimado- sobre este planeta, incluso el planeta mismo, son todos estos, extensiones aglutinadas en variaciones que se dan en un cierto grado que resulta luego en una forma con diferentes características, como por ejemplo, el propio ser humano, respecto del cual, su cuerpo no es mas que una aglutinación o compresión del mismísimo universo en un conjunto de partículas subatómicas, -provenientes de aquel-, y cuyas partículas se conforman en átomos, los átomos en moléculas, las moléculas en células y las células, -en mucha mayor escala-, en el cuerpo humano, con lo que, con esto, tenemos la idea de que, cuando vemos a 1 cuerpo humano, cuando vemos a una persona, la ilusión de la unidad no nos hace ver mas allá de que ese cuerpo no es solamente uno, no es una unidad, ya que solo es una extensión, un algutinamiento, una masificación, un aglomeramiento, del propio universo, sin que nos podamos despegar de dicha idea, aunque, a primeras vistas, parezca ridícula, a mi entender no lo es, y esto se da para todos los objetos de la naturaleza, y también para los artificiales. Y, ¿porque me empeño en decir que no es un pensamiento ridículo?, porque, si por ejemplo, queremos sumar la cantidad de personas que hay dentro de una habitación, comúnmente observamos, “contamos” y obtenemos el resultado; entonces, si se ven dos personas, el resultado del conteo será, en principio 2, pero, realmente ¿hay dos personas en esa habitación? Es decir, los sentidos perciben dos cuerpos, dos aglutinaciones o masificaciones del mismísimo universo, que en principio aparentan ser dos... pero, como lo trataré de analizar mas adelante, no es del todo así.

Para entender esta idea, enfoquémonos en que, la unidad, el uno, como lo expresé mas arriba, no existe como tal, sino que es un símbolo que intenta representar a lo que nuestros sentidos perciben como 1, como algo único e indiscutiblemente separado de todo lo demás en el universo, pero déjenme decirles, y desde mi humilde punto de vista, que el uno, el 1, ese número que nos ha engañado desde siempre, no es mas que aquel símbolo -creado y definido por humanos y para humanos, y por ende, imperfecto- y que representa a cierta entidad del mundo de las ideas o de las apariencias, cuya entidad, por mas que la percibamos como única (una idea, una silla, una persona o un planeta) todas forman parte del Todo, del universo, dependiendo de su grado y de su forma, de su masificación y de su conformación, y además, -y aquí viene el elemento extra que hace que 1 + 1 no sea 2-, por el plano de existencia que se superponga al que estamos viviendo, es decir que, cuando me refiero al plano de existencia, me refiero estrictamente a la dimensión espacio-temporal.

Supongamos que en aquella habitación, respecto de la que me referí mas arriba, se encuentran reunidos, -en esta dimensión, en la misma dimensión en la que yo, hoy, estoy escribiendo esta aparentemente, loca idea-, dos personas. Dichas dos personas, al pensarlas como parte de un único “Campo Unificado”, al comprenderlas de que se encuentran indefectiblemente conectadas con todo lo demás en este mundo y en el universo, al entenderlas que, si partimos con el pensamiento desde el universo mismo, hasta llegar a dichas dos personas, podemos comprender, -con dicho ejercicio mental-, que en el trayecto de ida desde el espacio, desde el universo, hasta llegar a dichas personas en la habitación, todo es lo mismo, todo ese trayecto en el que pensamos recién, es parte de lo mismo y que tanto el espacio como la persona, solo varían en grado y en forma, pero no dejan de ser lo mismo. Por lo tanto, con esta nueva aclaración, en este espacio, en esta dimensión, en este plano de existencia, existen dos personas en dicha hipotética habitación. Pero, ¿que sucedería si las dimensiones se encuentran superpuestas?, ¿que conceptos deberíamos repensar, si varias dimensiones de existencia, si varias dimensiones espacio temporales, estuvieran coexistiendo unas con las otras?, con lo que me surge otra cuestión, y es que, en dicha habitación, -si bien ella solo existe en nuestra dimensión-, ¿podrán existir mas personas, de las dos que percibimos con nuestros sentidos que evolucionaron en nuestra dimensión? No nos olvidemos que somos un sello del propio universo, pero también, somos hijos de esta tierra, y de todas las condiciones del entorno que existen en ella, y que evolucionamos adaptándonos naturalmente a esta dimensión temporal, con todo lo que existe dentro. Entonces, si dos -o mas- dimensiones espacio-temporales intersectan con la nuestra, encuentre lo que se encuentre existiendo en el mismo lugar físico de nuestra habitación (aunque de otro plano) de este espacio-tiempo, aquella variación en grado y en forma, será lo que determine realmente, si aquellas dos personas dentro de la habitación, son realmente dos, es decir, en este caso, el grado y la forma pero del espacio-tiempo, y no así del grado y la forma de las personas, son los que determinarán la cantidad de individuos dentro de la habitación, o pasando por la habitación, si pensamos en los demás planos.

Soy muy consciente de que este es un tema bastante abstracto y además, difícil de transmitir para que se entienda, y mas todavía, si es una percepción personal y no una extracción desde una idea ya preconcebida; si bien, de una u otra manera, siempre terminamos o partimos de ideas preconcebidas.

Continuemos. Supongamos que usted y yo somos los que estamos en dicha enigmática habitación, y al parecer, somos únicamente dos dentro de ella, ya que usted es uno y yo soy uno, por lo tanto, según la idea tradicional, solo dos personas estamos en dicha habitación. Pero no es así, porque, al menos, dos individuos son los que se encuentran en dicha habitación, es decir que, como mínimo, somos dos, pero no dos, debido a que otras personas evolucionadas en un espacio-tiempo distinto al nuestro, y por ende, diferentes en grado y en forma, pueden estar pasando por dicha habitación, sin que los que estemos en ella, las podamos percibir, debido a que son parte evolutiva de otro espacio-tiempo diferente al nuestro, es decir, son objetos cognoscentes al mismo tiempo que objetos por conocer, los que, en definitiva, se encuentran en dicha habitación. Si en otros planos de existencia, en el mismo lugar de la habitación de este plano de existencia, se hallan emplazados diferentes lugares de estancia para humanos, es decir, diferentes construcciones, diferentes estructuras, pero todas en el mismo lugar espacio-temporal, y en todas existen personas realizando diferentes actividades, podemos decir que, al menos, 1 + 1 = 2, porque, al menos, usted y yo estamos en la habitación en este espacio-tiempo del que heredamos sus características para evolucionar como lo hicimos, y que como máximo, pueden ser incontables las personas que se encuentren en el mismo lugar, teniendo en cuenta los individuos de otros lugares espacio-temporales diferentes, y que como tales, han evolucionado bajo las características de esas dimensiones del espacio y del tiempo. En primera instancia, no nos vemos, pero estamos todos allí, los de esta, y los de las demás dimensiones. Y, ¿porque no nos vemos?, ¿porque no nos percibimos de alguna manera?, ya que si nos viéramos, sabríamos a ciencia cierta, que no somos solo dos personas en un mismo lugar espacio-temporal. Y no nos vemos, o no nos percibimos, por la sencilla razón, o mas bien, por la lógica razón, de que, cada individuo ha evolucionado bajo las características que definen a cada uno de sus propias dimensiones espacio-temporales, y por ende somos esencialmente diferentes en grado, -y pienso que, no en forma, aunque me reservo mis dudas al respecto-, y esa diferencia en grado es lo que impide que los individuos de cada dimensión perciba a los individuos de las demás dimensiones, es decir, nuestros sentidos perciben una realidad, mientras que los sentidos de ellos, otra.

Pero he aquí que, si las dimensiones universales se encuentran entremezcladas entre si, también nosotros y todo lo que nos rodea, es decir; y haciendo el mismo viaje que hicimos mas arriba, si partimos con nuestro viaje, pensando desde el espacio, y terminamos, -sin parar de pensar durante el trayecto-, en las personas de nuestra habitación, como una única existencia en grado y en forma, también podremos extrapolar el viaje a las demás dimensiones y en el mismo momento y aún en el mismo pensamiento, por lo que, todas las personas de todas las dimensiones que se encuentren en el mismo lugar espacio-temporal que nuestra habitación, se encuentran unidas en grado y en forma, porque, si bien aparentan ser dimensiones separadas, no lo son, ya que se encuentran interconectadas por una diferencia entre los grados y las formas de cada una de ellas.

En consecuencia, y teniendo en cuenta todo lo anterior, 1 + 1 no es igual a dos, sino que, mas bien, es igual a dos, como mínimo, porque, dentro de nuestra hipotética habitación, podemos estar, usted y yo, en ese mismo lugar, pero a la par de otras dimensiones, pueden estar muchas mas personas, a las cuales no las percibimos por lo mencionado en párrafos anteriores. Entonces, seremos dos personas, al menos, porque entre usted y yo hacemos 1 + 1 = 2, pero a ese 2 se le suman las demás personas de las dimensiones paralelas a ese mismo espacio y a ese mismo tiempo.

Por lo tanto, 1 + 1, no necesariamente y únicamente es igual a 2... puede ser mayor, pero aquí entramos en temas de cálculos físicos interdimensionales, por lo que todavía no he llegado a ese terreno, por lo menos, no en gran medida.


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