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05/10/2025



Hay un punto de partida en mi manera de comprender el universo que no obedece a una fe ciega ni a un dogma, sino a una convicción profunda: nada ocurre sin una causa, y cada causa, visible o no, engendra inevitablemente un efecto. En esto se sustenta buena parte de mi estructura mental, y encuentro en el principio hermético de causa y efecto —uno de los siete pilares del Kybalion— un reflejo fiel de lo que, desde la razón pura, se percibe como una ley universal. Si algo sucede, en cualquier ámbito del saber humano, no puede ser producto del azar absoluto, porque el azar mismo, en su aparente indeterminación, forma parte de un entramado causal que lo contiene, que lo dirige, aunque no lo comprendamos todavía. El determinismo, por tanto, no es una limitación del pensamiento, sino una afirmación de su coherencia.

He notado, a lo largo de los años, que aquello que llamamos “efecto sin causa” no es más que un efecto cuyas causas aún permanecen fuera del rango de nuestra comprensión. Hay causas que no se hallan inmediatamente antes del efecto, sino que se sitúan a veces muy lejos, tanto en el espacio como en el tiempo. En física cuántica, por ejemplo, se habla de correlaciones no locales; en psicología, de traumas ancestrales; en historia, de ideologías sembradas siglos antes. Todo ello me conduce a pensar que la linealidad temporal es insuficiente para explicar la causalidad. La causa puede ser distante, silenciosa, incluso inconsciente, pero sigue siendo causa. Y cuando el ser humano no logra percibirla, tiende a rellenar el vacío con explicaciones de carácter profético, místico o divino, alejándose así de la razón pura, que, como señalaba Kant, no busca certezas absolutas, sino estructuras necesarias de comprensión.

En esta vía, mi confianza en el determinismo no excluye la entropía, sino que la integra. Creo en el desorden, sí, pero en un desorden que, de manera inexorable, se transforma en orden. La segunda ley de la termodinámica nos habla del aumento de la entropía, pero el universo —paradójicamente— tiende a organizarse en sistemas cada vez más complejos. Galaxias, sistemas solares, organismos vivos, mentes conscientes: todos son productos de un orden emergente que, aunque nazca del caos, no es producto de la nada. Hay, diría Laplace, una inteligencia hipotética que, si conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza y todas las posiciones de los seres que la componen, podría predecir el futuro con exactitud. Yo no necesito imaginarla como un dios; me basta entenderla como una propiedad inherente del cosmos: la razón determinista inscrita en la trama de lo real.

Existen, a mi modo de ver, dos formas de determinismo: el consciente y el inconsciente. El primero responde a un plan, un diseño, a la acción deliberada de una o varias mentes que orientan una secuencia causal hacia un propósito definido. El segundo, en cambio, actúa sin conciencia, como lo hace la gravedad al formar galaxias o las moléculas al organizarse en vida. Ambos coexisten, ambos generan orden. La diferencia radica en la intencionalidad. Y quizás, en el fondo, la conciencia humana no sea más que un destello de ese determinismo cósmico, una forma en que el universo se contempla a sí mismo determinando. La moral y la ética, en este marco, no pueden surgir del vacío ni de la simple espontaneidad. Ser ético requiere un trabajo interior, un ejercicio deliberado de autoconstrucción. Nadie nace moral por instinto; la ética es un resultado, no una causa inicial. Se cultiva como se cultiva una virtud o una ciencia: a través del esfuerzo consciente. Spinoza decía que la libertad no consiste en el libre albedrío, sino en comprender las causas que nos determinan. Comprender esas causas es precisamente lo que nos permite obrar racionalmente y, por lo tanto, éticamente. Así, la moral, lejos de ser un mandato externo o divino, es el producto de un determinismo interior: una decisión de ordenar el caos de nuestros impulsos.

Las llamadas “revelaciones divinas”, por otro lado, siempre me han parecido efectos de una causa mucho más terrenal: la necesidad humana de dotar de sentido a lo desconocido. Cuando alguien dice haber recibido un mensaje del más allá, sospecho que ese mensaje ha sido determinado por su propio inconsciente, o por estructuras culturales diseñadas para moldear la mente colectiva. Las religiones, en ese sentido, son sistemas de determinismo simbólico: planes que buscan orientar el pensamiento hacia una dirección específica. No niego su utilidad social ni su poder emocional, pero sí creo que, en la mayoría de los casos, esas revelaciones responden a causas psicológicas más que sobrenaturales. La razón científica nos invita a buscar esas causas sin negarlas, pero también sin adorarlas.

Mi espiritualidad, sin embargo, no está reñida con la ciencia. Es una espiritualidad racional, introspectiva, que se funda en la observación de los procesos mentales y en la exploración de la conciencia. No busco la trascendencia en templos ni en dogmas, sino en la frontera difusa entre el pensamiento consciente y el inconsciente. He aprendido a inducir estados cercanos al sueño para permitir que el inconsciente dialogue con la conciencia. Es un ejercicio de autoobservación, una especie de meditación neuropsicológica que me lleva a conocer los mecanismos de mi propio ser. En ese tipo de trabajo con mi interior, me siento cercano a la idea de Nietzsche: “Si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”

El abismo es mi inconsciente; la mirada, mi razón; el encuentro entre ambos, mi espiritualidad.

Cada vez que exploro ese territorio interno, descubro que todo lo que realizo en mi vida, lo he determinado. No hay actos azarosos, ni decisiones fortuitas. Incluso los errores —si así pueden llamarse— son efectos de causas más profundas que se integran con mi historia, mis ideas, mis emociones. En la aparente libertad de cada decisión hay una red causal que me precede, y conocerla no me quita libertad: me la otorga. Porque comprender lo que me determina me permite decidir mejor, con más lucidez, con más coherencia.

El caos, por supuesto, existe. Lo veo en la sociedad, en la naturaleza, en la mente humana. Pero el caos, tarde o temprano, revela un patrón. En los sistemas sociales, el orden no surge de la nada: es diseñado, planificado, determinado. Las leyes, las estructuras económicas, las ideologías, todo ello responde a un esquema de determinación. En la naturaleza, el orden aparece incluso donde no se lo busca. Los cristales se forman, los planetas orbitan, las células se dividen siguiendo leyes precisas. No hay azar puro; hay complejidad. Y la complejidad no niega el determinismo: lo perfecciona.

En definitiva, creo que el determinismo es la base del progreso humano, porque solo quien entiende las causas puede modificarlas. Solo quien comprende el orden detrás del caos puede evolucionar. Si aceptamos que todo tiene una causa, aprendemos a no culpar al destino, sino a estudiar las condiciones que lo generan. Y en ese estudio —profundo, racional, a veces doloroso— nace la verdadera libertad: la libertad de conocerse, de prever, de construir.

Quizás el universo sea un gigantesco mecanismo cuya finalidad desconocemos, o tal vez sea una mente que se piensa a sí misma. Pero sea como sea, en cada causa y cada efecto vibra la misma melodía: la de un orden que se revela poco a poco ante la mirada del que busca comprenderlo. Y en ese acto de comprensión, encuentro mi espiritualidad, mi ética, mi razón y mi destino.

El tejido invisible del determinismo: Entre el pensamiento, la ciencia y el espíritu

En muchas ocasiones me detengo a observar cómo las personas suelen atribuir a la suerte aquello que en realidad es consecuencia de un conjunto de causas entrelazadas. Es curioso cómo el azar se convierte en el refugio psicológico del que teme aceptar que todo está sujeto a leyes, aunque esas leyes aún no puedan comprenderse. La ilusión del azar, en el fondo, es una forma de consuelo: nos hace sentir que hay un margen incontrolable que nos libera de responsabilidad. Pero cada vez que estudio con detenimiento un suceso —ya sea una elección personal, una coincidencia fortuita o un acontecimiento histórico— descubro una red causal tan intrincada que el azar se disuelve como un espejismo. Lo que llamamos “casualidad” es, a menudo, una causalidad no percibida.

El universo, según las teorías más recientes, parece oscilar entre la incertidumbre cuántica y la precisión matemática. Pero incluso allí donde reina la indeterminación —como en la mecánica cuántica— el comportamiento estadístico de las partículas obedece a reglas tan firmes que nos permiten predecir probabilidades con asombrosa exactitud. Einstein, fiel a su visión determinista, rechazaba la idea de que “Dios juegue a los dados con el universo”. Y aunque la física moderna ya no necesita a ese “Dios” como agente causal, la idea de un orden subyacente sigue viva, porque sin ella el conocimiento perdería su fundamento. Si nada fuera determinable, la ciencia entera sería un acto de fe, no de razón.

Esa estructura de orden, visible o latente, me recuerda a lo que en psicología Jung llamaba sincronicidad: la coincidencia significativa entre un acontecimiento interno y uno externo, aparentemente desconectados pero unidos por un sentido. Desde una mirada estrictamente racional, esa conexión podría explicarse como un patrón causal no consciente, en el cual la mente, operando en niveles profundos, detecta correlaciones que la razón superficial ignora. Lo importante es que incluso lo que parece “misterioso” mantiene una lógica interna. Nada escapa al principio hermético de causa y efecto, solo que a veces la causa se oculta tras el velo del tiempo o del inconsciente.

Cada descubrimiento científico ha sido, de algún modo, una revelación del determinismo universal. Newton descifró las leyes del movimiento al comprender que la caída de una manzana y el giro de los planetas obedecen a una misma causa gravitacional. Darwin demostró que la evolución no es azarosa, sino consecuencia de una cadena de causas biológicas. Freud, al explorar el inconsciente, nos mostró que incluso los lapsus y los sueños responden a determinaciones psíquicas. Y hoy, cuando la neurociencia estudia la toma de decisiones, hallamos que el cerebro inicia un acto antes de que la conciencia crea haberlo elegido. El libre albedrío se revela entonces como un fenómeno determinado, una ilusión funcional que sostiene nuestra identidad. Pero este descubrimiento, lejos de restarme libertad, me la amplía. Porque cuando sé que una emoción, una reacción o un pensamiento tienen una causa, puedo trabajar sobre ella. Puedo rastrear su origen, desmontar su mecanismo, reprogramar su efecto. La autoconciencia es la forma suprema del determinismo lúcido, y en esa vía la espiritualidad y la ciencia se encuentran. Una me ofrece la estructura, la otra el método; ambas, la comprensión de mí mismo como causa y efecto de mi propio destino.

He aprendido que el orden del mundo no siempre se manifiesta con armonía visible. A veces se expresa a través de crisis, de rupturas, de lo que llamamos “caos”. Pero ese caos es solo la antesala de una reorganización superior. En física se habla de los “atractores extraños” del caos determinista: sistemas que, aunque parezcan impredecibles, se mueven dentro de un patrón definido. Así también sucede con la vida humana: las aparentes desviaciones terminan conduciéndonos a un punto de equilibrio. El caos no es el enemigo del orden, sino su preludio.

De hecho, las culturas antiguas lo sabían bien. El Taoísmo enseñaba que el universo se equilibra entre el Yin y el Yang, fuerzas opuestas pero complementarias. En el hermetismo, la correspondencia entre planos (“como es arriba, es abajo”) revela que toda manifestación responde a una ley universal de resonancia. Incluso en la alquimia —tan simbólica como científica— la transformación del plomo en oro representaba el proceso determinista del alma que busca perfeccionarse, pasando del caos de la materia a la claridad del espíritu.

Y pienso que en mi propio camino interior, cada decisión, cada aprendizaje, ha seguido esa misma ley. Nada de lo que soy es casual.

La moral, en este ámbito, se vuelve una ciencia aplicada del alma. No una lista de mandamientos, sino un proceso de autoconstrucción consciente. Cuando obro con ética, no lo hago por temor a un "castigo supremo" o por imitación del "Altísimo", sino porque comprendo las consecuencias de mis actos y las causas que me mueven. El determinismo moral no elimina la responsabilidad: la redefine. Me hace entender que cada acción, por mínima que parezca, es una causa que engendrará un efecto en el tejido humano y cósmico del que formo parte. Por eso, ser ético es ser coherente con las leyes que sustentan la realidad, y en ese aspecto, la ética es una ciencia natural del espíritu.

También he pensado mucho en el papel del inconsciente colectivo, que parece regir buena parte de la historia humana. Los movimientos sociales, las revoluciones, los avances tecnológicos, incluso las modas, no surgen de manera espontánea. Son el resultado de largos procesos deterministas: ideas sembradas, deseos acumulados, tensiones colectivas que maduran hasta estallar. Detrás de cada cambio aparente, hay una causa profunda que venía gestándose en silencio. En este camino de pensamiento, el progreso humano —con todos sus aciertos y errores— es la consecuencia inevitable de una evolución causal de la conciencia.

Y si el universo mismo es una red de causas interdependientes, entonces la noción de “milagro” se transforma. El milagro no sería una violación de las leyes naturales, sino su manifestación más elevada. Un milagro ocurre cuando una causa superior actúa sobre un nivel inferior que aún no puede comprenderla. En esa perspectiva, la divinidad no desaparece: se redefine. No como un ente caprichoso, sino como la inteligencia total del cosmos, el determinismo absoluto que abarca todas las causas y todos los efectos. Lo que los antiguos llamaban “Dios” podría ser, en realidad, el nombre poético del orden universal.

A veces me preguntan si creer en el determinismo no me hace sentir prisionero de una secuencia inevitable. Y respondo que no: lo contrario. Me libera. Porque en lugar de ver mi vida como un tablero de azar, la veo como una partitura polifónica en la que cada nota tiene su lugar. Conocer la partitura no le quita belleza a la música; al contrario, permite ejecutarla con maestría. Así es también con la existencia: comprender las leyes que la rigen no destruye el misterio, sino que lo revela en toda su magnitud.

Finalmente, cuando contemplo el cielo —esa inmensa danza de causas y efectos que llamamos universo— siento que la razón y la espiritualidad convergen. No hay contradicción entre el pensamiento científico y la búsqueda interior, porque ambos son modos distintos de conocer la misma verdad. El determinismo es, para mí, la huella de esa verdad en el tejido de lo real. Y si alguna vez el caos parece vencer, sé que tarde o temprano el orden volverá a emerger, como la luz que siempre se filtra entre las sombras del pensamiento.

El determinismo como ética del ser: La conciencia que se sabe causa

Llega un punto en el camino del pensamiento en que el determinismo deja de ser una simple teoría sobre el universo y se transforma en una forma de vivir. Comprender que todo tiene una causa no es solo un ejercicio de lógica: es un modo de asumir la existencia con madurez, sin resentimientos ni supersticiones. Cada vez que reconozco que lo que ocurre —sea bueno o doloroso— responde a un encadenamiento de causas, siento una serenidad que no proviene de la resignación, sino del entendimiento. Esa serenidad es la raíz de una ética personal, una ética que se basa en la comprensión del orden, no en la obediencia ciega a mandatos.

Cuando acepto que toda acción que realizo será causa de algo, elijo actuar con mayor consciencia. Si sé que un pensamiento genera un efecto —aunque sea imperceptible—, aprendo a cuidar el pensamiento como se cuida una semilla. En cierto modo, el determinismo me ha devuelto la noción de responsabilidad sagrada. No porque alguien me vigile desde afuera, sino porque yo mismo soy el observador y el observado, el que causa y el que sufre el efecto. Lo que hago al otro, lo hago a mí, porque soy parte de la misma red causal que une todo lo que existe. Y cuánto más tiempo dedico a profundizar en esta comprensión, descubro que el determinismo no anula la libertad, sino que la redefine. La libertad absoluta —esa que niega toda causa— sería el caos total, y el caos total no genera evolución, solo fragmentación. Pero la libertad dentro del orden, la que nace del conocimiento de las causas, es una libertad lúcida, creadora, responsable. Es la libertad del navegante que conoce las corrientes: no puede controlarlas, pero sí aprender a valerse de ellas para llegar a puerto. En ese aspecto, el conocimiento de las leyes universales no limita; orienta.

Pienso en cómo, a lo largo de la historia, la humanidad ha transitado este mismo proceso sin advertirlo. Las antiguas civilizaciones entendían la vida como un tejido de correspondencias: el karma en Oriente, el destino en Grecia, la providencia en el cristianismo. Todas son formas de expresar el mismo principio, revestidas con diferentes lenguajes. El error fue transformar esas nociones en fatalismo, en vez de comprenderlas como un mapa de responsabilidad cósmica. Porque el destino no es una prisión: es un código que puede leerse, interpretarse, incluso reescribirse, si se entienden sus causas. Somos, de algún modo, programadores del propio devenir.

En la práctica cotidiana, esta visión cambia la manera en que uno se relaciona con todo. Ya no busco culpables externos; busco causas. Ya no reacciono impulsivamente; observo los mecanismos internos que me empujan a reaccionar. Ya no me siento víctima del mundo, porque comprendo que soy parte activa de su entramado. Y cuando uno entiende eso, la ética deja de ser un conjunto de normas y se convierte en una ciencia del alma aplicada a la vida. Incluso en los momentos de crisis —cuando todo parece escapar del control—, el determinismo actúa como una brújula. Me recuerda que no hay caos sin propósito, ni dolor sin función. A veces la causa de un acontecimiento no está en el presente, sino en una cadena que viene desde muy lejos, tal vez desde generaciones anteriores o desde la estructura misma del universo. Pero saber que existe una causa, aunque no la comprenda, basta para sostenerme. Esa certeza racional se transforma, paradójicamente, en una forma de fe: la fe en la ley.

He aprendido también que el determinismo tiene un componente estético. Ver cómo los efectos se encadenan con precisión invisible es como escuchar una sinfonía celestial. Cada átomo, cada pensamiento, cada decisión forma parte de una partitura eterna. Algunos lo llamarían “Dios”, otros “la Mente Universal”, otros simplemente “la Naturaleza”. Pero más allá de los nombres, lo esencial es percibir que el universo no improvisa, aunque a veces toque melodías que nuestra razón todavía no puede descifrar.

La espiritualidad racional que cultivo nace precisamente de esa percepción. No necesito imágenes divinas ni intermediarios para sentir lo sagrado: basta con contemplar la exactitud del amanecer, la geometría de una flor, o la coherencia entre mi respiración y los latidos de un corazón que no decido conscientemente mover. Todo eso es determinismo manifestado como belleza. En ese instante comprendo que lo que los místicos llamaban “revelación” es simplemente la conciencia despertando a su propia estructura causal. La verdadera iluminación no es sobrenatural: es ver con nitidez el mecanismo de lo real. Spinoza lo expresó con claridad al decir que “el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación de la vida”. Esa sabiduría nace del reconocimiento de que no hay azar en el ser. Cada gesto, cada idea, cada respiración es un hilo de araña en la tela del Todo. Y cuando uno actúa en armonía con esa tela, cuando no se opone a la ley sino que la encarna, se vuelve —como decía el mismo Spinoza— una parte consciente de la divinidad. Esa es la ética del determinismo: actuar desde la comprensión de las causas, no desde la ignorancia de ellas. Por eso, cuando hablo de determinismo, no lo hago desde una perspectiva fría o mecanicista. Lo hago desde una vivencia profunda de conexión. Me resulta imposible pensar en un universo donde las cosas sucedan por simple capricho. Prefiero un cosmos donde todo esté enlazado, donde cada causa tenga sentido, aunque aún no lo entienda. Ese orden, visible o no, es el sostén del pensamiento y del espíritu. El determinismo no niega el alma: la estructura.

En el fondo, creo que lo que llamamos progreso no es otra cosa que el avance de la conciencia hacia una comprensión cada vez más amplia de las causas. La ciencia lo hace hacia afuera, la espiritualidad hacia adentro. Y en el punto donde ambas convergen, el ser humano se reconoce como nodo de una red infinita: causa y efecto al mismo tiempo. Ahí nace la verdadera unidad, la que no depende de credos ni de ideologías, sino del entendimiento íntimo de que todo está determinado para que pueda existir el aprendizaje. Quizás ese sea el propósito final del universo: autocomprenderse. Cada mente que piensa, cada espíritu que siente, cada átomo que vibra contribuye a esa comprensión total. Y en ese proceso, el determinismo deja de ser una teoría filosófica para convertirse en una experiencia espiritual. Porque comprender la ley es participar de ella, y participar de ella es reconocer que el cosmos no está fuera de uno, sino en uno mismo.

Así, cuando miro hacia atrás y veo la cadena de causas que me ha traído hasta aquí —las decisiones, los encuentros, los errores, las luces—, no puedo evitar sentir gratitud. Gratitud hacia la inteligencia universal que me permite entender que nada ha sido en vano. Y cuando miro hacia adelante, no busco el azar ni el milagro, sino la continuidad del orden, la danza infinita entre causa y efecto que me invita, una y otra vez, a pensar, a crear, a amar con plena conciencia.

Ese, al final, es mi credo: ser causa lúcida en el universo que me causa.

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07/07/2023


El Sabio.

La sabiduría es un tesoro que se oculta entre la sencillez y la humildad, manifestándose de manera discreta pero impactante. El sabio comprende que el verdadero brillo reside en no buscar el protagonismo, sino en irradiar conocimiento y virtud de manera natural. En un mundo donde la autosuficiencia y el egoísmo a menudo dominan, la figura del sabio se destaca por su manera única de relacionarse con el entorno.

El sabio no se esfuerza por llamar la atención ni busca el reconocimiento externo. Su influencia se percibe de forma espontánea y evidente para aquellos que están dispuestos a observar con atención. No necesita alardear ni buscar el aplauso, porque su mérito se encuentra en la profundidad de su comprensión y en la autenticidad de sus acciones. Es en la ausencia de autoelogio donde se nutre su verdadero valor. Al no competir, el sabio escapa de las limitaciones de la rivalidad y la comparación. Su objetivo no es superar a otros ni destacarse en una competencia constante. Más bien, su enfoque se centra en el desarrollo personal y la contribución al bienestar colectivo. A través de su ejemplo, el sabio invita a los demás a dejar de lado la lucha por la superioridad y a buscar la excelencia en sí mismos.

En una sociedad en la que prevalecen los desafíos competitivos, la sabiduría del sabio brilla con una luz especial. Su forma de vida es un recordatorio de que la verdadera grandeza no está en la acumulación de logros individuales, sino en el impacto positivo que se genera en los demás. Al no estar enfrascado en una carrera desenfrenada por el reconocimiento y el éxito material, el sabio encuentra la plenitud en la conexión con su interior y en la armonía con el entorno.

La historia ha proporcionado numerosos ejemplos de sabios que, a pesar de su renuencia a mostrarse, han dejado una huella indeleble en la humanidad. Sócrates, conocido por su famoso aforismo "Solo sé que no sé nada", se caracterizaba por su humildad y su capacidad para cuestionar las creencias establecidas. Su influencia se extendió a través de sus discípulos, quienes transmitieron su legado filosófico a generaciones futuras. Otro ejemplo inspirador es el de Mahatma Gandhi, líder pacifista de la India. A través de su resistencia no violenta, Gandhi desafió el sistema colonial británico y luchó por la independencia de su país. A pesar de su prominencia en la lucha por la libertad, Gandhi nunca buscó el poder ni la gloria personal. Su objetivo era puramente altruista, y su sabiduría y coraje impactaron profundamente en la historia del siglo XX. La figura del sabio también se encuentra en las enseñanzas de diversas tradiciones espirituales. El budismo, por ejemplo, destaca la importancia de la humildad y la renuncia al ego como caminos hacia la iluminación. Buda, el fundador de esta tradición, abandonó su vida de privilegios para buscar la verdad y aliviar el sufrimiento humano. Su sabiduría se transmitió a través de sus enseñanzas y ha dejado una huella perdurable en la espiritualidad mundial.

Es decir que, la grandeza del sabio radica en su capacidad para brillar sin buscar el brillo. Su influencia se percibe en su manera de ser y actuar, y su sabiduría se manifiesta en la ausencia de vanidad y la renuncia a la competencia desmedida. En un mundo que valora la notoriedad y la rivalidad, el ejemplo del sabio es un faro de luz que invita a reflexionar sobre nuestras propias motivaciones y a descubrir el verdadero significado de la grandeza interior. A través de su humildad y su autenticidad, el sabio nos muestra el camino hacia una vida plena y trascendente.

La Búsqueda Infinita de la Luz de la Sabiduría.

La búsqueda incesante de conocimiento y sabiduría es un sendero fascinante que nos invita a explorar las profundidades de la mente y del universo. A veces, nos encontramos con frases aparentemente contundentes que intentan advertirnos sobre los peligros de este camino iluminado. Sin embargo, es importante cuestionar la veracidad de tales afirmaciones y explorar la verdadera naturaleza de la Luz del conocimiento.

En mi travesía por la comprensión del mundo, he escuchado una frase recurrente: "demasiada Luz enceguece". Esta sentencia, cargada de aparente sabiduría, pretende frenar nuestros impulsos de búsqueda y nuestra sed de conocimiento. Pero, ¿es acaso posible que la búsqueda incansable del saber nuble nuestra razón? ¿Puede el ansia por comprender convertirnos en seres oscuros e irascibles? ¿Son las noches de insomnio dedicadas a la revelación intelectual un camino hacia la adormecimiento del intelecto? Permíteme ser un acérrimo cuestionador de la veracidad de tan disparatada frase que encabeza este párrafo. ¿Cómo podríamos creer que la Luz del conocimiento puede enceguecernos? En realidad, este mundo necesita ser iluminado en la mayor medida posible, sin dar lugar a la oscuridad. Aunque temporariamente quedemos ciegos por la intensidad de la Luz, aceptamos esta temporal ceguera para luego brillar con los ojos bien abiertos. Al final, nos convertimos en los verdaderos portadores del conocimiento, capaces de transmitirlo y compartirlo con otros.

Históricamente, aquellos que desean mantener el poder y el control han intentado limitar el alcance de la mente humana. Sin embargo, creo importante comprender que el poder más grande que poseemos es nuestra propia razón. No debemos permitir que este poder quede por debajo de aquellos que intentan frenar nuestro impulso natural de saber y conocer. Es hora de liberarnos de los dogmas y las creencias limitantes, y abrazar nuestra capacidad innata de indagar y cuestionar. La búsqueda del conocimiento no debe ser coartada, sino fomentada. Es a través de la adquisición de nuevos saberes, provenientes de diversas fuentes y disciplinas, que expandimos nuestras mentes y nos acercamos a la sabiduría. Incluso cuando los primeros datos y conceptos parecen confusos, nuestra mente tiene la capacidad de organizarlos y encontrarles un lugar adecuado. Con el tiempo, la claridad se revelará y comprenderemos cómo encajan todas las piezas del rompecabezas.

En nuestro afán por desentrañar diferentes perspectivas y comprender la complejidad del mundo, encontraremos noches sin dormir y momentos de duda. Sin embargo, debemos recordar que este proceso no nos conduce a la oscuridad, sino a una mayor comprensión y conexión con la vastedad de la existencia. Cada nuevo dato, cada texto analizado, cada cuestionamiento realizado nos acerca un paso más hacia la plenitud intelectual.

Es menester perseverar en nuestra búsqueda, sin temor a quedar momentáneamente cegados por la brillantez del conocimiento. La Luz del saber nos motiva a entender, a buscar respuestas y a desafiar nuestras propias limitaciones. Aunque pueda parecer que en ocasiones nos encontramos sin ver, es precisamente en ese instante en el que recuperamos la capacidad de visión que podemos brillar con mayor intensidad. No temamos a la Luz que enceguece momentáneamente, sino abracémosla con valentía y determinación. Sigamos explorando los confines de nuestra mente, trascendiendo las fronteras de lo evidente y adentrándonos en la vastedad de lo desconocido. En cada chispa de comprensión, en cada instante de revelación, nos convertimos en portadores de nuestro propio conocimiento y en fuentes de inspiración para aquellos que nos rodean.

El mundo necesita mentes iluminadas que desafíen las convenciones y busquen incansablemente la verdad. No permitamos que frases equivocadas nos detengan en nuestro propósito de adquirir conocimiento y sabiduría. Abramos nuestras mentes, expandamos nuestros horizontes y permitámonos brillar con la fuerza de una estrella en el firmamento del saber.

Lic. Nelson J. Ressio.

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05/07/2023


La Libertad (con mayúscula) es una aspiración humana que se sitúa por encima de todas las virtudes. Es un anhelo profundo de cada individuo, una búsqueda constante que nos impulsa a alcanzar su máxima expresión en nuestras vidas. Sin embargo, a lo largo de nuestra existencia, nos encontramos encadenados por dogmas de diversa índole, que limitan nuestra capacidad de ser verdaderamente libres. Entonces, ¿qué significa el concepto de Libertad en el contexto de nuestras emociones, nuestros miedos y nuestras propias acciones? y ¿cómo podemos acercarnos cada vez más a esa ansiada libertad interior?

Desde el nacimiento, nuestras mentes se ven influenciadas por dogmas carcelarios que nos condicionan y limitan. Ya sean dogmas políticos, religiosos, ideológicos o incluso deportivos, estos sistemas de creencias nos atan y nos impiden desarrollarnos plenamente. Sin embargo, aunque podamos liberarnos de ellos, como ejemplo de una cadena de la que creo que nadie se libra, es un tipo de miedo; existe un miedo constante, latente, evolutivo y a veces inconsciente, que nos persigue a todos por igual: el miedo a perder a un ser querido. Este miedo, aunque egoísta en su naturaleza, es una cadena de la cual resulta extremadamente difícil liberarse debido a nuestra naturaleza emocional y evolutiva. Podemos encontrar consuelo en la idea de la inmortalidad del alma y en la noción de que somos seres trascendentes, pero el miedo a la pérdida de un ser querido siempre estará presente. Este miedo, aunque podamos apaciguarlo y relegarlo a un segundo plano en nuestra conciencia, sigue acechándonos hasta el último día de nuestra existencia material. Es una cadena que nos ata a nuestra condición humana y que, por su propia naturaleza, resulta casi imposible de romper.

Otra fuente de limitación en nuestra búsqueda de libertad radica en nuestras propias acciones. Cada gesto, palabra, deseo, sentimiento, descuido, omisión, recuerdo, insinuación, inseguridad, intención y vicio contribuyen a una cadena que nos aprisiona psicológicamente. Nuestras máscaras psicológicas, compuestas por todas estas acciones y más, juegan un papel crucial en nuestra sensación de estar encerrados en una cárcel de cristal. Para liberarnos de estas cadenas, es necesario escudriñar nuestras acciones a través de la razón pura. Este proceso, aunque extremadamente desafiante, nos permite tomar control sobre nuestras acciones antes de que se manifiesten. Requiere un profundo autoconocimiento, una conciencia aguda de nuestras máscaras psicológicas y un compromiso constante con nuestra existencia y la de los demás. Al aplicar hábitos que prioricen la razón sobre la acción, podemos aprender de nosotros mismos, pulir nuestras imperfecciones y romper la mayoría de las cadenas que nos mantienen prisioneros.

Si bien la libertad completa puede resultar inalcanzable, debemos esforzarnos en nuestro viaje hacia la libertad interior. A través del constante uso del hábito, podemos acercarnos a esa anhelada libertad, rozándola mínimamente y sintiéndola muy cerca en nuestro interior. Al trabajar en nuestro autoconocimiento, en nuestra empatía, respeto y humildad, podemos allanar el camino hacia la libertad, liberándonos de las cadenas que nos atan y abriendo paso a una plenitud personal y espiritual.

La búsqueda de la libertad es un camino arduo, pero necesario para el desarrollo humano. Aunque nos enfrentemos a dogmas, miedos y nuestras propias acciones, podemos encontrar la libertad interior a través del autoconocimiento y el dominio de nuestras emociones y comportamientos. La libertad total puede ser inalcanzable, pero a medida que nos acercamos a ella, experimentamos una sensación de plenitud y realización que nos permite vivir con mayor autenticidad y paz interior. En consecuencia, es el compromiso constante con nuestra propia evolución y el deseo de trascender nuestras limitaciones lo que nos permitirá tocar la punta de nuestros dedos en la búsqueda de la libertad.

Lic. Nelson J. Ressio.

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07/10/2020


Hace mucho tiempo, quizás desde el comienzo de la Pandemia, se ha venido hablando de la necesidad de vacunar a toda la humanidad, contra una amenaza, que, a mi juicio, y desde el comienzo, todos sus indicadores en todo el mundo, me mostraban a esta Pandemia, como una gran puesta en escena, y que, al mismo tiempo, el virus, como tal, no existía; y, por supuesto, sigo pensando de la manera anteriormente expresada, pero, más allá de que mi escepticismo y mi lógica me decían lo siguiente: "Salva a la humanidad de este supuesto ataque injustificado, usando los medios pacíficos y legales a tu alcance"; mi confianza que aún mantengo en la humanidad, (más que nada, en una parte de aquella, y que son los círculos de poder y de toma de decisiones, en lo que respecta al futuro mismo de nuestra especie), sumada a mi otra lógica, la que iba naciendo de a poco y a la par de la primera junto con el correr de este Estado de Excepción Global denominado Pandemia, comenzaba a decirme otras cosas. Dos lógicas en mis pensamientos, totalmente antagónicas, comenzaban a "pelear" -lógicamente- por el predominio, justamente, de la "lógica con más lógica", valga las redundancias. Y en cuanto a la calidad de la lógica que habita y trabaja en mi mente, es el producto de mi experiencia en el desarrollo de software, lógica, estadísticas, probabilidades, y matemáticas, y por lo tanto, mi cerebro, en todo momento, se predispone, de un modo eficiente (y no niego que a veces, eficaz, con obvias imperfecciones), a entender ciertas lógicas y a discernir cual de entre el conjunto de ellas que rondan mi mente, es la más... lógica.

Pues, luego de un paciente y extenso proceso de observación de todos los sucesos que han acontecido hasta ahora, en todos los aspectos globales imaginables, a los que he podido tener frente a mis percepciones como para echar a andar un fuerte proceso de intuición, ha surgido una lógica por entre las demás, la que, hasta el momento, no solamente comenzó a emerger y a fortalecer sus premisas y conclusiones, sino que a prevalecer en relación a las demás lógicas dentro de mi mente.

Pero, antes de exponer la lógica que ha ganado la batalla, entre todas las lógicas que pululan en mi psique, debo poner en consideración ciertos acontecimientos que serán inevitables en un futuro muy cercano, casi, diría yo, que nos encontramos en la antesala de dicho futuro. Y los mencionados aconteceres que se vislumbran en un muy próximo y Nuevo Amanecer de la Humanidad, y además de que seremos una esencial parte perteneciente a un Todo de grandes avances en lo que se relaciona con lo que el Ser Humano sabe hacer, y que es la Creatividad en todos los ámbitos imaginables; seremos parte de algo que va más allá de la imaginación común, no porque yo tenga más imaginación que otras personas, -ya que para mí, es inaceptable la idea de ser más, o de ser menos, que otros-, sino que, quizás, por el hecho de que me he ocupado en pensar y en ser más, en lugar de embarcarme en el oscuro acto de delegar y de creer más (dupla esta última, que en lo absoluto he practicado jamás, ya que, no me es lógico delegar algo, a alguien o a algo, y que algunos suponen que -"además de ser de otra especie distinta a la nuestra"- es superior a todos los de la nuestra; y por lo tanto, en el cual no me es lógico delegarle nada respecto de mi vida y de mis creaciones; Cuando pienso, soy, y cuando soy, existo, y cuando existo, la creatividad se materializa ante mi; más no así, esa tan absurda y facilista credibilidad en algo al que algunos todavía delegan sus vidas enteras, sin siquiera utilizar de manera óptima, lo más Supremo que posee el Ser Humano: el Uso de la Razón); y como decía antes, seremos partícipes de algo venidero, y que, por ahora, es impensable para la mayoría de nosotros, los mortales, debido a lo expresado precedentemente, pero que es tan maravilloso, que dejará perplejos a varios lectores, debido a que se relaciona directamente con la supervivencia de la especie humana; pero no jugando a ser dioses, sino que, siendo nosotros mismos, los propios "dioses" o rectores de nuestro propio destino, de nuestro futuro.

Pues, a lo que me he referido en el artículo precedente, es a nuestra posibilidad e imperiosa necesidad, como especie, de convertirnos en seres humanos multiplanetarios, es decir, de que podamos arribar a otros planetas, similares al nuestro, y como una misión ineludible, el extender la vida humana, por todo el Cosmos. Pero, muchos se preguntarán, ¿qué tiene que ver el que nuestra especie se convierta en una especie galáctica, con el tema de las vacunas y con la actual Pandemia? Pues mucho, queridos lectores. Verán, todos los organismos externos al ser humano, ya sean, bacterias, virus hongos, y otras especies microscópicas (y que algunas de las precedentes, son solo trozos de ADN y ARN, más no así, vida compleja) que han existido desde que se ha formado este planeta (e incluidas las demás especies macroscópicas, como nuestro ancestro, el simio Rhesus), todas han evolucionado en conjunto con nuestra especie, es decir, con el Homo Sapiens Sapiens; y por lo tanto, más que estas últimas, aquellas primeras especies nombradas, las microscópicas y con grandes potencialidades para invadir y para modificar nuestra salud corporal, como por ejemplo, como para generarnos un Resfrío, una Gripe, una Neumonía, u otras patologías que no se relacionen con el Sistema Respiratorio y que su complejidad pueda llegar a ser mucho mayor en comparación con las precedentes patologías respiratorias nombradas; y todos estos organismos patogénicos, no solamente han evolucionado y han actuado a la par del ser humano, sino que, en pocas palabras, han sido, y todavía lo son, partes esenciales para nuestra evolución y para el fortalecimiento de nuestro sistema inmunológico, porque al enfermarnos, en esencia, y a posteriori, nos fortalecemos como especie; pero, evidentemente, siempre dentro de nuestro planeta Tierra.

Ahora bien; pensemos un momento en la siguiente situación; ¿qué sucedería si, en nuestra actual condición evolutiva, -basados en lo descrito anteriormente-, nuestra especie se embarcara en la exploración espacial profunda, y en esa empresa llegásemos a tener la oportunidad de vivir en otros planetas aptos para la vida, y con concentraciones atmosféricas similares a las nuestras, pero que, de seguro, aquellos organismos microscópicos con la capacidad de enfermar al cuerpo humano, -y que en el planeta Tierra son partes esenciales para nuestra evolución y para el fortalecimiento de nuestro Sistema Inmunológico-, en los nuevos planetas en los que coloquemos nuestros pies, sus propios organismos microscópicos (hongos, virus, bacterias, etcétera), autóctonos de ese nuevo planeta y que no evolucionaron con el ser humano, al invadir nuestro organismo, por las vías que sean, nos adaptaríamos o nos matarían en un abrir y cerrar de ojos? Bueno, pienso que la anterior, ha sido la pregunta más extensa que he escrito jamás; aunque, pienso también, que ha valido la pena. Imagínense en esta situación, como especie: la de yéndonos ahora mismo hacia otros planetas, con una farmacia entera, dentro de nuestras naves, de antibióticos terrestres, los que están adaptados para contener y para anular la acción dañina sobre nuestro cuerpo, de parte de los microorganismos infecciosos de nuestro planeta, pero no así, para los organismos de otros planetas, los que, de seguro, serán organismos extra-terrestres muy diferentes y por lo tanto, nuestra protección natural (Sistema Inmunológico basado en Inmunidad de Manada) sumada a nuestra protección artificial (antibióticos, vacunas, etcétera) no podrá contener a estos últimos, y con cada ves que pisemos un nuevo planeta, allí mismo moriremos en poco tiempo. Entonces, creo que, a estas alturas de este artículo, muchos ya irán entendiendo la idea general de esta nueva lógica que ha ganado terreno en mi mente, por entre las demás lógicas.

Para que el ser humano no desaparezca (recuerden a los Dinosaurios), mínimamente, debe tener un "backup" en otro lugar; como mínimo, en la Luna y Marte, y como máximo, en todos los planetas y lunas en los que podamos colocar nuestros pies, y nuestras nuevas vidas. Pero, en estos nuevos planetas y/o lunas, incluso en Marte, es menester tener en cuenta de que allí existirán microorganismos que no habrán evolucionado con nuestros cuerpos, y por lo tanto, los medicamentos creados para protegernos en la Tierra, no servirán de mucho en Marte, y cuanto más nos alejemos de nuestro Sistema Solar, no servirán de nada en otros planetas, por lo que nuestro Sistema Inmunológico sucumbirá bajo la ineficiencia de las barreras naturales y artificiales que nos deberían proteger, ya que, ni nosotros, ni los fármacos creados en la Tierra, estarán preparados para eliminar los trozos de ADN y de ARN (ambos, extra-terrestres) no reconocidos por los anteriores sistemas de protección natural y artificial de la Tierra. Entonces, ¿qué debemos hacer al respecto? Pues, a mi juicio, y a estas alturas del artículo, muchos se habrán dado cuenta de que la inmunidad de manada y la inmunidad por la acción de los fármacos que todos conocemos, si bien en la Tierra son eficientes, pues contrariamente al habitar en otros mundos, -los que serán diferentes a la Tierra en muchos aspectos, aunque aptos para nuestra vida-, aquellas protecciones naturales y artificiales, creadas en y para la vida en la Tierra, serán ineficientes, o bien, no responderán en favor de nuestra protección, y pereceremos en cada momento en el que intentemos "Colonizar" otro nuevo planeta.

Por lo tanto, cabe la pregunta, ¿cómo harán las farmacéuticas para analizar cada uno de los microorganismos infecciosos de cada planeta al que debamos ir, para luego desarrollar fármacos que nos protejan contra aquellos, sabiendo que nuestro Sistema Inmunológico natural es eminentemente terrestre, y por lo tanto, no nos protegerá en lo absoluto? Pues sería una empresa imposible, y nos retrasaría en realizar aquel "Backup" del que les mencioné anteriormente. Por lo tanto, ¿qué nos queda por hacer, si a las farmacéuticas les será imposible hacer su trabajo en cada planeta en los que debamos asentarnos, pero, siendo conscientes de que, antes de que lo anterior suceda, el proceso de análisis de las especies infecciosas de los nuevos mundos y de la creación de las variadas protecciones farmacológicas, conllevarían años en cumplirse? ¿Cuál sería entonces, la solución más viable a lo anterior? Pues, la solución a tan imposible misión de analizar cada planeta, para realizar una inmunidad a cada organismo infeccioso en él, a mi juicio, es la de inmunizarnos a todos, por medio de la modificación de nuestro genoma, transmisible a las nuevas generaciones, por medio de fármacos terrestres, y que transformen nuestros cuerpos, en macro-organismos que no enfermarán ante nada, incluso, ante ninguna interacción de microorganismos no terrestres; es más, con esta modificación genómica, se estaría transformando al ser humano, en una especie que nunca enfermaría de ninguna patología, y que, esto último es muy lógico, debido a que, como lo he expresado antes, no nos debemos dar el lujo, como especie, de enfermarnos justo en el momento de establecernos en otros mundos, y por lo tanto, deberemos convertirnos, artificialmente primero, en una especie que jamás enfermará. Y ahora si, cuando esto suceda, el destino de nuestra maravillosa especie, será Iluminado e ilimitado, y podremos conquistar el cosmos con el paso de los milenios sin que ningún microorganismo infeccioso, de ningún mundo en el que nos establezcamos, nos mate en un abrir y cerrar de ojos.

Esta es la lógica que prevaleció entre las demás, y en la que he venido pensando desde que este Estado de Excepción, denominado: Pandemia, ha comenzado. Es que, imagínense que lo anterior, la Pandemia, no haya sucedido nunca, y que alguien, de la nada, nos anunciase que nos deberemos tomar un determinado fármaco, o nos deberemos colocar una determinada vacuna, para que lo anterior nos modifique nuestro ADN, con el objetivo de inmunizarnos para siempre, con el objetivo de que nuestros cuerpos puedan exterminar cualquier patógeno conocido y por conocer, sea aquel, terrestre o extra-terrestre, para cuando llegue el momento de asentarnos en otros mundos (imaginen la reacción de las religiones y la de sus fieles en este segundo escenario extra-terrestre, ya que, esto último, negará de cuajo a sus dioses respectivos, y por lo tanto, a sus respectivas Fes).

En conclusión, la Pandemia, el COVID, y la necesidad de fármacos orales, o bien de fármacos por vacunación, -y según mi nueva lógica, la que ha prevalecido por entre las demás que pululan en mi mente, y pensándola desde hace tiempo-, tiene un objetivo a largo plazo, y que es el de inmunizar a la especie humana en su conjunto, y con un efecto genético, el que trascenderá generación tras generación, y que protegerá a la especie humana, ante todo lo que nos exterminaría de un día para el otro en cada nuevo mundos por descubrir y habitar, en nuestra innata necesidad y obligación de explorar nuevos Horizontes.

Recordemos que un Rojizo Atardecer, es el preámbulo para la oscura y peligrosa Noche; pero la Noche, la oscuridad, el peligro, es lo que engendra un Nuevo Amanecer. Hoy, estamos en el final del Atardecer. La Noche vendrá muy pronto. Pero el Amanecer será uno de los más Brillantes de la historia de la humanidad.

Y la ciencia, será la única religión que guiará nuestras vidas futuras, porque no podemos darnos el lujo de ir de un planeta al otro, a través de la inmensidad del espacio, llevando Revelaciones Divinas (como ha sucedido en las épocas de oscurantismo, y sus resabios actuales), en lugar de llevar, a dichos nuevos mundos, la Supremacía de la Razón... lo único Divino que posee el ser humano.

Nelson J. Ressio.

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11/03/2020


En cuanto al simbolismo de "Lavarse las Manos", el mundo está "invocando" a Poncio Pilatos, quien se lavó las manos, ante el sufrimiento de otra Persona. Entonces, esto quiere decir que, no nos debemos lavar más las manos, frente al sufrimiento de los demás, simbólicamente hablando, y hagámoslo en la realidad, con las imperfecciones inherentes al Ser Humano, por supuesto, pero todos poseemos, esa posibilidad -y multitudes de otras- a nuestro alcance.

Por otro lado, el simbolismo de NO TOCARSE, ni de besarse, etcétera, se corresponde con la "Resurrección de Jesucristo", quien le expresó a María Magdalena, lo siguiente: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17). Y esto último, significa que, para que Magdalena lo pudiese tocar nuevamente, Jesús debería primero, obtener su propia Apoteosis, y por el trabajo de sí mismo sobre sí mismo, es decir, al estar clavado en la Cruz (esa figura femenina que lo sostuvo hasta lo último, desde atrás, pese a sufrir los mismos daños que Jesús), y al perdonar a sus mártires, Él demostró Amor (poderoso sentimiento que se corresponde, simbólicamente hablando, con el Corazón, y con el Hijo), mientras que, al resucitar, todavía le quedaba un proceso por realizar, y que era el de llegar al uso pleno de la Razón basado en su intelecto conseguido por Él mismo, y de una Conciencia elevada (es decir, el Cerebro, lo cual se corresponde con el significado del Padre). Jesús dijo: "Nadie llega a mi Padre, sino a través de Mí" (Juan 20:17), y esa frase simboliza que, "Nadie llega al buen uso de la razón y de una conciencia elevada, es decir, a la propia Apoteosis (señal de la Cruz, en forma vertical, sobre la frente), sin antes saber qué es el Amor, representado por el Hijo (señal de la Cruz, en forma vertical, pero ahora, sobre el Corazón); por lo tanto, la Razón y el Amor, deben ir de la mano, en todo ser humano", y de una manera meramente conjunta, he inseparables. Ya sabemos lo que sucede cuando existe mucha razón y nada de amor, ¿no es cierto? Entonces, si eres creyente en un Dios externo, recuerda que Jesucristo era un Hombre común que llegó a ser Dios consigo mismo, por basarse en la dualidad Razón-Amor, y cuando te Persignes (cuando te Signes o te Firmes hacia ti mismo), y expreses: "En el nombre del Padre, del Hijo...", estarás repitiendo constantemente, lo mismo que esto: "En el nombre de mi uso de Razón, y de mi capacidad de amar..."; por lo tanto, por más que te laves las manos, como Pilatos, sino utilizas la Luz de la Razón en conjunción con el Amor, solo lograrás odiar a través del intelecto que hayas logrado construir en ti mismo; el Amor no necesita tanto Intelecto para amar, pero, el Intelecto necesita mucho del Amor para desarrollarse correctamente, porque de lo contrario, nuestra especie estará en un grave problema; problema éste, que ya lo tenemos desde hace mucho tiempo, el de que éste mundo se fundamente más, en la capacidad intelectual de manera disyuntiva con respecto a la capacidad de amar. La Conjunción del Padre y del Hijo, del Sol Circundando e Iluminando el Intelecto de Jesucristo y del Amor, debe ser la norma, y no la excepción.

Todos podemos ser Jesucristo, y/o los demás profetas sincréticos de las otras religiones; en definitiva, todos podemos ser Héroes Solares, y que como han podido observar en las imágenes de Jesucristo, siempre hay un Sol Coronando su cabeza, mientras que en el Padre, en esa Hipóstasis de 3 en 1, denominada Santísima Trinidad (heredada de la Tríada Osiríaca egipcia, con Osiris, Isis y Horus), existe una figura geométrica muy diferente a la de los Héroes solares y a la de los Santos (las de los cuales, son figuras circulares), y que en aquella Hipóstasis, es el Triángulo, símbolo inequívoco del Padre, es decir, del Uso de la Razón. Nadie llega al Triángulo, sino a través del Círculo; Nadie llega a ser Dios de si mismo, sino a través de convertirse en un Héroe Solar, en un Maestro Ascendido; Nadie llega al verdadero uso de la Razón, sino a través del fundamento del Amor; Nadie llega a hacer consciente lo inconsciente (por medio del uso de la Razón, del Padre, del Triángulo, del Universo), sino a través de los valores éticos y morales necesarios para una sociedad justa (por medio del uso del Amor, de una conciencia elevada, del Hijo, del Círculo, del Sol), ya sea que dichos valores provengan de un estamento laico, o de uno religioso; y la anterior dualidad, es casi irrelevante, debido a que, la moral y la ética, no son virtudes, únicamente subordinadas bajo la potestad de otros entes que no sean el del propio Templo Humano.


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11/02/2020


La muy simbólica dualidad del ser humano representada por esta bella imagen respecto de la primera esposa de ADaN, según el Génesis; Lilith.

Como podemos observar en tan arquetípica imagen, del lado izquierdo, el lado oscuro, instintivo, sexual y de la fortaleza del ser humano, está representado por la serpiente; mientras que del lado derecho, muy cerca de la cabeza de Lilith, se encuentra el Búho, el cual representa a todo aquel que mira por entre la oscuridad, el Búho, el animal nocturno que representa la Luz de la Sabiduría. Por otro lado, la Luna en su frente, a mi juicio, como es Lilith la bella mujer de la imagen, dicha Luna representa el simbolismo de la noche, y como ella es la Reina de la Noche, posee dicha corona con una Luna sobre su cabeza. En cuanto a los dos cuernos, también, y como lo expresé al principio, representan, -siempre en relación al ser humano-, a la dualidad, a la oscuridad de las bajas pasiones, a los bajos instintos, a las pulsiones, a la fuerza evolutiva, etcétera, representada por la serpiente. Mientras que del lado derecho, el lado de la Inteligencia, podemos ver al bello Búho sobre el hombro de Lilith, el cual, es el animal que ve y que mira por entre la espesura de la noche mas oscura, es decir, un claro simbolismo de la inteligencia humana, muy alejada de la serpiente, es mas, tan alejados, que ambos, la serpiente y el Búho, están físicamente separados, por medio de la cabeza de Lilith. Y aquí, ambos animales, están representando a la dualidad representada por el piso ajedrezado, por los colores neutros: negro y blanco; en donde el color negro representa a los vicios provenientes desde los egos, desde la psique profunda y evolutiva, mientras que el color blanco, simboliza el Uso de la Razón. Y en cuanto a Lilith; esa bella mujer retratada en el medio de ambos animales, la cual se encuentra en el medio de la mismísima dualidad inmanente al ser humano; representa a la Generación, ya que sin Generación, con la ayuda de la dualidad representada por la serpiente y por el Búho, no existiría la Especie Humana.

Por otro lado, y a modo de resaltar, de mi parte, los prejuicios humanos con el solo hecho de ver -y no así, mirar- una imagen que no comprenden, me llama en demasía mi atención, como es que, una hermosa imagen en donde se retrata a un ser, que es Lilith, en este caso, y que es una imagen con forma humana, de sexo femenino, portando sobre su frente, una corona de lunas -mas una Estrella de 4 Puntas (similar o igual a la letra 22º del Alfabeto Jeroglífico del Egipto Medio, y que a su vez, se corresponde con la letra Tav o Taú, del Alfabeto Hebreo, todo lo cual, representa una cruz, o bien, La Cruz)-, y dos cuernos en cada sien, lo cual representa a la dualidad, a la Díada; y lo anteriormente expresado, asusta a muchas personas que no tienen los Ojos para Ver (en mi caso, a dicha frase la acostumbro reemplazar por la siguiente: No tienen los Ojos para Mirar ya que al Mirar, se utiliza la Razón, de allí las mayúsculas, porque la Razón, es lo mas Supremo que posee el Ser Humano); y mientras que, si las mencionadas personas, miran, por ejemplo, a un Unicornio, ese animal ficticio y simbólico, el cual porta en su frente, un solo Cuerno (y lo coloco en mayúsculas también, porque el Cuerno del Unicornio, representa al Ojo Panóptico), el mencionado animal ficticio, representa a la Unidad, a la Mónada, al Ojo Panóptico, al Ojo que todo lo Ve (o Mira, desde mi Óptica), y dicho animal ficticio; el cual es tan ficticio, y a la vez, muy representativo de la esencia humana, tanto como lo es Lilith, la bella mujer de la imagen de este artículo; dicho Unicornio, no asusta a nadie. Entonces, ¿porque la imagen de Lilith, asusta, y la imagen del Unicornio, no? ¿Quizás los dos cuernos asustan, como una reminiscencia a la figura del Diablo? ¿Quizás asuste debido a un mal recuerdo reprimido, enfrentando a un Toro, o a algún otro animal con dos cuernos? aunque existan mil preguntas mas, las respuestas las tienen cada una de dichas personas que le temen a las figuras con dos cuernos, y dichas respuestas, son inherentes a ellos mismos y allí es donde se deben quedar dichas ideas y dichos miedos, mas no así, salir al exterior, e intentar que los demás a su lado, o un determinado colectivo de personas a su alcance, se mimeticen con las respuestas de miedo a la cornamenta dual; miedo que parte desde una sola persona, o bien, desde un determinado grupo de personas.

La imagen que abre este escrito, es, a mi juicio, una hermosa imagen, la cual es un claro Arquetipo, y únicamente nos muestra una representación velada del propio Hombre (es decir, el Universal que representa a los dos únicos géneros que existen sobre la faz de la Tierra; al varón y a la mujer), y que, en lugar de utilizar estas palabras, para describir, en este caso, a la esencia humana, se utilizan los acostumbrados Arquetipos.

Y continuando haciendo uso y abuso de mi punto de vista; aquella imagen, sería una representación andrógina del ser humano; -Tal como lo expresó Sigmund Freud, el cual, en base al trabajo de campo, al trabajo científico, sobre las mentes que él examinó toda su vida, había llegado a la conclusión, de que el cerebro del recién nacido, es de características andróginas o bisexual, aplicado lo anterior, para toda la humanidad al momento en el que nace un nuevo ser humano, y que, con el tiempo; ya sean las reglas evolutivas; ya sea el entorno cercano accionando desde las imágenes arquetípicas del Inconsciente Femenino y/o del Masculino, es decir, desde, las denominadas por el Psicoanalista Carl Jung, como: Animas y Ánimus, en definitiva, la manera en como se caracterizan o configuran ambas -o a veces, solo una de ellas- presencias paternas aquellas, que se suman junto a los hermanos y/o hermanas del recién nacido; y ya sea el entorno lejano, como ser, las amistades, los compañeros de trabajo, estudio, etcétera; lo que el Cerebro Humano lleva a cabo, es, nada mas y nada menos que, Seleccionar Naturalmente (evolutivamente hablando) todas las características y determinaciones que son mejores para que la preservación de la especie humana, no se detenga, mas allá de toda influencia externa, posterior al nacimiento y al desarrollo en la edad adulta-; Entonces, dicha imagen superior a estas líneas, que porta consigo, unas claras características andróginas (es decir: LA serpiente y EL Búho), vendría a ser una versión mas bella del conocido Suprasímbolo hermético, denominado: Baphomet, que es el Suprasímbolo -o Supra-Arquetipo- que se ocupa de reunir a todos los principios de la Filosofía Hermética, sobre un solo símbolo con características corporales andróginas; incluso, mostrando determinaciones similares, en cuanto a su naturaleza dual, es decir, a los dos cuernos, y con una estrella en su frente (aunque, en aquella imagen superior, dicha estrella, no es la Estrella Flamígera, de 5 puntas, sino que, tal y como es Lilith, es lógico que tenga una estrella de 4 puntas en su frente, simbolizando, y siempre bajo mi óptica, a los 4 vértices inferiores de la Estrella de 5 Puntas o Flamígera que posee el Baphomet hermético; en definitiva, aquella estrella de 4 puntas en la frente de Lilith, está simbolizando a los 4 elementos correspondientes a lo meramente terrenal en relación al Hombre, en tanto que Universal, por supuesto), sumado todo lo anterior, a que, en cuanto al Baphomet Hermético, y en relación a su lado izquierdo, lado en el que su brazo y mano, apuntan hacia la Luna Negra, hacia abajo (lo cual representa a LA Serpiente de la imagen que corona este escrito, simbolizando a las bajas pasiones, a los que están al ras de la Tierra, a los Egos, a la oscuridad evolutiva misma, a todo lo que está debajo del Paleocortex cerebral, al Estadío Psicológico denominado por Freud como: Ello, es decir, y en definitiva, al propio Sistema Límbico; y que, desde un punto de vista iniciático, es a todo aquello a lo que le debemos aplicar el Mazo y el Cincel, basados en la Escuadra y el Compás, controlado en la constante verticalidad de la Plomada y durante todo el tiempo que indica la Regla de 24 pulgadas); mientras que, el lado derecho del Baphomet Hermético, apunta hacia Arriba (con mayúsculas), hacia la Luna Blanca,  hacia esa Luna que es portadora de la Luz del Sol (y que es, en el caso de aquella imagen, EL muy arquetípico Búho, simbolizando a las virtudes humanas, como la moral, la ética, el intelecto, la sabiduría, la humildad, la bondad, el Amor, en definitiva, a la Luz misma la cual se abre paso por entre toda oscuridad que se le enfrente, a todo lo que se encuentra por encima de aquel Paleocortex cerebral, y que es el Neocortex, y que en términos psicológicos Freudianos se corresponden con: el Super Yo y con el Yo, es decir, en el lugar justo, en donde reside lo mas Supremo que posee el ser humano, y que es el Uso de la Razón, y dicho uso de Razón se conforma como una constante Obra Magna destinada a utilizar aquellas Herramientas Iniciáticas, de manera tal, de arribar, y de manera sine qua non, hacia el fin último del gran trabajo sobre uno mismo, el cual, indefectiblemente, guste o no, se debe manifestar como un largo y tortuoso proceso de aplastamiento de todo aquello que retrotrae al ser humano hacia aquel fango pantanoso de la Madre Tierra, en donde se arrastran las serpientes, Tierra en tanto que nuestro planeta, simbolizada por la Estrella de 4 Puntas en su frente, y que también es simbolizada como un Cubo Pitagórico, de 6 caras con 4 lados en cada una de sus caras).

Como es Arriba, es Abajo; como es Abajo, es Arriba. Resuelve y Coagula. Piensa o Razona y luego manifiesta lo razonado, en detrimento de, -en definitiva-, todo aquello que se constituye como las inmanentes pulsiones provenientes desde el Sistema Límbico, desde el Ello Freudiano en términos psicológicos; es decir, aquellas pulsiones, en forma de los Egos tan conocidos por todos y sin distinción alguna, Egos que se presentan a la conciencia, en una multiplicidad de manifestaciones, en cuanto a nuestra conducta social. Si logramos transformar, LA Serpiente, en, EL Búho, para luego ir nuevamente a buscar a una nueva serpiente, con el mismo objetivo de transformarla en Búho; y así sucesivamente, como una rueda que gira y que gira constantemente, de manera in aeternum, rueda aquella, que logra ir transmutando todas nuestras serpientes en todos nuestros Búhos, es decir; a los egos en Virtudes; a lo que está abajo, en lo que está Arriba; a lo que está en el Cerebro Evolutivo Animal o Sistema Límbico, en lo que está -o estará- en nuestro cerebro que nos hace seres humanos, es decir, en el Neocortex; a lo que está (en términos freudianos) en el Ello, en nuevos Super Yo's y nuevos Yo's; o también, a hacer consciente lo inconsciente (en términos junguianos); y recién allí, en ese nivel de nuestro progreso del arduo trabajo para cumplir con la Obra Magna, recién allí, podremos llegar a pensar, no sin alguna reticencia al respecto, que estaremos en condiciones de obtener el Quinto Vértice Superior de la Estrella Flamígera, como resultado de haber transformado aquellos 4 vértices inferiores, en el único vértice correspondiente a la Unidad, es decir, a la Conciencia Elevada, creando con ello, el denominado Quinto Elemento o Quintaesencia, transmutando todo lo que sucede allá abajo en el oscuro mundo de la Luna Negra en ese mundo terrenal de aquellos 4 Vértices, en un Nuevo Vértice Superior, el de la Luna Blanca, el Vértice de nuestra Ascensión respecto a nuestra Conciencia, al momento de transmutar o al instante repetitivo de Resolver lo inconsciente hacia la Coagulación de lo Consciente, psicológica y alquímicamente hablando.

Debemos recordar entonces, una máxima muy importante, y para tener siempre presente, la cual expresa que, "por encima de los que se arrastran, están los que vuelan, y por debajo de los que vuelan, se encuentran los que se arrastran"; pero, por el inevitable hecho de que alguien, en un determinado momento de su vida, se arrastre, dicho proceso natural no quiere decir que en algún momento, esa persona, comience a volar; y es justamente aquel ciclo repetitivo de cuantas veces lo podamos hacer, y que es el ciclo de visitar el nido de nuestras Serpientes (o sea, el Sistema Límbico, parte meramente evolutiva, egóica, instintiva, libídica y Onírica, del cerebro humano), para transformarlas en Búhos (o sea, la Neocorteza, parte evolutiva y la que le da la conciencia, el Uso de la Razón, la Luz misma al cerebro del ser humano), y así sucesiva y cíclicamente, munidos por medio del simbolismo arquetípico de las Herramientas que portemos en nuestras arquetípicas manos, en nuestras psicológicas manos, ya sean herramientas profanas, o bien, las Herramientas provenientes del Arte Real de los Iniciados en una determinada Escuela de Filosofía y Moral.

Y prosiguiendo con la imagen que encabeza este escrito, como lo expresé antes, debemos ser capaces de mirar también, la actitud de la serpiente con respecto a la actitud del Búho, ya que, la Serpiente se aleja de la Cabeza de Lilith, mientras que la cabeza -y el cuerpo entero- del Búho, se hallan junto a la cabeza de Lilith, cabeza con cabeza y sin separación alguna entre ambas, y es justamente aquel ciclo, el de alejar o el de transmutar lo inconsciente, evolutivo, reptil, etcétera, en pura Conciencia Elevada, tal como se eleva el Búho, por entre la siempre reticente oscuridad de la noche, por medio de sus imponentes alas y su Mirada siempre alerta.

Es creo yo, de conocimiento de la mayoría, que en algún momento de su evolución, el ser humano fue reptil, y antes que ello, fue un animal acuático, y antes que ello, fue incontables involuciones más, hasta llegar a una especie de mínima expresión "involutiva", es decir, a ser un organismo unicelular; y todo aquel bagaje evolutivo, (incluyendo a los nuevos reptiles, evolucionando, creciéndoles las extremidades y transformándose en Simios Rhesus, nuestros últimos antepasados; obviamente que lo anterior, sabemos que ha sucedido durante millones de años; y quizás podríamos agregar a algún que otro extraterrestre que pudo haber introducido su ADaN, dentro del nuestro), y como recién expresaba, todo aquel bagaje evolutivo, se constituyen, hoy en día, como todo lo que acarreamos, de manera Arcaica, en forma de los dominantes y peligrosos Egos, creadores de nuestras bajas pasiones, de nuestros instintos, de nuestras reacciones impulsivas, de nuestras pulsiones sexuales, de nuestra necesidad de obtener recompensas a cambio de nada, tal como lo hace cualquier ser vivo del mundo animal, pero... lo tenemos al Búho, es decir, la tenemos a nuestra Neocorteza Cerebral, a nuestra Conciencia, a nuestros Super Yo y al Yo, y basados en lo inmediato anterior, por medio de la inteligencia, de la intelectualidad, de la voluntad y de la vocación, (representados, de nuevo, por el Búho) todas las cuales, que en definitiva, son nuestras únicas y mejores herramientas, podremos trabajar constantemente, en dominar aquel bagaje evolutivo (representado en la imagen, por la serpiente), del lado izquierdo, el terrenal, hacia el lado derecho, el Celestial.

En definitiva, dicha imagen, que vale más que mil palabras, se conforma como un gran, arquetípico y suprasimbólico proceso de automejoramiento del ser humano, del conocerse a uno mismo, nada mas, y nada menos; y eso es lo interesante y útil de las imágenes arquetípicas, porque, en el justo momento en el que las miramos, nos damos cuenta del trabajo que debemos realizar, sin tener que leer palabra alguna.

Y en relación a este artículo, en particular, y a esta página, en general, nuestro objetivo, como seres humanos que necesitamos continuar evolucionando y progresando, es el de encender, y el de mantener de ese modo (o mejor aún, que cada vez ilumine mas y mejor) a nuestra propia Antorcha de Prometeo, y no así, quedárnosla para nosotros como seres individualistas en potencia, sino que, todos debemos hacer, -a modo de ejemplo muy conocido-, lo mismo que sucede en los Juegos Olímpicos, ya que, dicha Antorcha, debe ir pasando de mano en mano, con lo que dicho proceso cíclico significa, y que es, nada mas y nada menos, que la mejor manera de Iluminarnos a nosotros mismos, primero como individuos (y no individualistas) con el Magno objetivo posterior de Iluminar a nuestro entorno cercano, y a toda la humanidad dependiendo de nuestras capacidades de alcance por medio de la Palabra, y seguir Iluminando, aunque, otras personas no estén de acuerdo con la Luz que es emanada desde dicha Antorcha, ya que, lo interesante de las Antorchas Semánticas o Arquetípicas, (texto e imagen), es que, aunque una determinada persona, o bien, muchas personas, no estén de acuerdo con la Luz de aquella Antorcha, lo que es evidente e innegable, es que una Antorcha, mas allá de la calidad de su Luz, siempre será una Antorcha, y como tal, es inevitable, que en algún momento de su proceso de fulgura, se le desprendan algunas que otras Chispas de Luz, en todo momento (y que son esas pequeñas emanaciones de Luz, respecto de la totalidad de la Antorcha), y dichas chispas (reitero, aunque no se esté de acuerdo con la antorcha en general) dichas chispas, no son menos importantes que la Antorcha que las ha generado, porque esas pequeñas chispas de Luz, lograrán encender el fuego de Nuevas Antorchas, en las mentes de los demás, y estos últimos, podrán construir su propia Antorcha de Prometeo, y su obligación, como Portadores de la Luz, será la de seguir traspasándola de mano en mano.

Todo este proceso, por mas humilde, o por mas complejo que sea, de igual manera se constituye como un muy importante trabajo, en nuestra ardua Ascensión por la Escalera que nos lleva a Elevar nuestra conciencia colectiva, ya no individual, sino que, como especie humana, la cual no debe permitirse involucionar, no debe permitirse transformar en un autómata al individuo; tal como lo podemos observar hoy en día, y en todo momento; sino que debemos abogar por transformarnos, cada vez mas, en seres autónomos, algo que, al ritmo de hoy en día, se percibe como una tarea difícil, o bien, casi imposible, lo cual terminará con el Humanismo, para conformarse en un Transhumanismo.

El ser humano está siendo todo lo contrario a lo que están realizando, y cada vez con mas innovaciones y celeridad, los coches actuales, los cuales, están siendo cada vez mas autónomos, como los modelos Tesla de Elon Musk, esos maravillosos automóviles que se manejan solos, y poseen mejor capacidad de manejo que un ser humano. Es triste mirar a la humanidad, robotizándose, mientras que al mismo tiempo, podemos mirar, a la par de lo anterior, a los robots, humanizándose; y debo aclarar que, no expreso lo anterior, porque yo, particularmente, esté en contra de la tecnología, ni del avance científico, ya que me considero un tecnólogo nato; sino que, todo lo contrario, debido a que, es menester que aquí pueda jugar el simbolismo de la balanza, en la que, de un lado esté el Humanismo Secular, y que en el otro lado, se coloque todo lo que el ser humano invente e inventará para el progreso de la especie humana. El progreso sin Humanismo, a mi juicio, no es progreso, sino que, todo lo contrario, porque es un progresivo transitar hacia un inevitable punto de ruptura o Singularidad, en el que el ser humano volverá a un estado primitivo, sino se hace algo al respecto de incluir el Humanismo, en todas y cada una de las acciones humanas, presentes y futuras. Si incluimos el Humanismo en todas las cosas que el ser humano construya, el progreso será verdadero, y la balanza estará en perfecto nivel.

Nelson J. Ressio.


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16/10/2019


Ser, o no ser...

En el caso de la imagen, el planeta equivale al cráneo, el cual es mirado por un robot humanoide, el que fue creado por seres humanos, por los mismos seres humanos que viven en ese cráneo terrenal, y que es nuestro planeta, aparentemente moribundo, y por lo tanto, es un simbolismo de que, el Ser, o el No Ser, dependerá de cuan autómatas humanoides seamos los seres humanos. Si Ser mas humanos, va en detrimento de ser menos hipócritas e individualistas; No Ser mas humanos, va en favor de dichos desvalores, y por lo tanto, ese No Ser, nos lleva a la actual automatización del Hombre, el cual, como un androide, mira al mundo que tiene en sus manos, como si fuera una calavera... ambos... sin vida, por mas que sean entes biológicos; en definitiva, este androide antropomorfo, se encuentra mirando a los otros seres humanos que están sobre ese mundo, como si estos últimos no fueran de su misma especie, y respecto de los cuales, ya están muertos u olvidados (aunque ambas cosas, en definitiva y en esencia, son lo mismo). El No Ser, aparenta ser el futuro oscuro de la humanidad, por un largo período de tiempo, ya que el Ser, está siendo aplastado, o bien por si mismo, o bien por los No Seres, o bien por ambos.

Estamos presenciando el final del Ser, y el comienzo del No Ser, pero con la diferencia de que, ese No Ser, ese símil androide; al contrario de la esencia misma de un androide no humano (una máquina con comportamiento complejo o con Inteligencia Artificial, pero sin vida), el cual no posee ninguna herencia animal; este nuevo No Ser Humano, se está transformando en un autómata humanoide y animalizado al mismo tiempo, y con mas rapidez, es decir que, sobre el Planeta Tierra, correrán por su superficie, entes evolucionados a partir del Simio, pero involucionados a partir del mundo moderno, el cual incluso, intenta con fuerzas, y a propósito, que el Ser se transforme en el No Ser, porque es este último, el No Ser, el que es el mas redituable en todo sentido, porque este nuevo No Ser Humano, es mas pasible de dominarse y de adoctrinarse en cuanto a sus percepciones, y en cuanto a sus impulsos consumistas, y que al fin y al cabo, es justamente esto último, la necesidad primordial de los poderes económicos deshumanizados, esos mismos poderes que también deshumanizan a todo humano y a todo lo humano, para que puedan consumir sus productos tangibles e intangibles, aún cuando no sea necesario consumirlos. El Ser Humano, en tanto que Ser, no es manipulable, y por lo tanto, es difícil hacerlo consumir; pero, el No Ser Humano, es un ente perfecto, moldeado psicológicamente, mediante metodologías varias, con el objetivo de exaltar su costado animal, mientras que al mismo tiempo, se le deja poseer un uso de razón muy limitado, obteniendo de esta manera, un perfecto autómata, el cual, solamente sirve para consumir, a diestra y a siniestra, aún cuando lo que éste consuma, no sea de su necesidad, y a veces, ni siquiera sea de su agrado, pero, su programación le dice que, si también consume esto último que no le agrada, este hecho hará que sea parte de una determinada manada de No Seres, manada esta; la que sí consume, eso que a aquel No Ser no le agrada; hará que el No Ser, se sienta incluido, por lo que dejará su identidad a un lado; y contra toda racionalidad proveniente desde el Ser; consumirá eso que no le agrada, pero que sí, le agrada a la manada, y por lo tanto, aquel No Ser, se sentirá una parte mas de la manada, y allí estarán, todos juntos, consumiendo lo mismo, sea el producto que sea, aún sin tener ninguna necesidad de consumirlo.

Solo el Ser, nos podrá salvar del No Ser.


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19/07/2019


El expresar la frase: "te quiero", no se acerca siquiera ni remotamente, a la misma semántica aplicada que se desprende del expresar: "Te Amo". La primera frase proviene desde los egos, mientras que la segunda frase, es inmanente al uso de la Razón Pura, y por lo tanto, de Origen Supremo.

En base a lo anterior, me es imperioso poder comenzar, por medio de esgrimir un intento de buen ejemplo, en cuanto a la abismal separación que existe entre aquellas dos frases. Al momento de decir "te quiero", podremos estar refiriéndonos, a nuestra mascota hogareña, ya sea, a un perro, o a un gato, o a un loro, enjaulado o no; pero que, más allá de tenerles un cierto apego, hasta llegar a expresarles: "te quiero", a pesar de ello, si en el hipotético caso en el que un perro, un gato, u otra especie doméstica y/o semi doméstica, por poner unos ejemplos, fuesen el destinatario de una triste y lógica decisión, por parte de sus dueños, decisión aquella, tomada a conciencia con el fin de entregarlo a los destinatarios óptimos para estos casos, debido a que, a dicho animal "doméstico" se le habría comenzado a detectar un cierto comportamiento impredecible, en cuanto a su agresividad, y por lo tanto, es preclaro en este punto, que dicho animal habría empezado a conformarse como un verdadero peligro para la vida de las personas, internas y externas a la casa en donde la mencionada mascota residía; entonces, más allá de quererlo, más allá de tenerle un cierto apego, a dicho animal, es obvio, que vale mucho más la vida humana, que la de un perro; más allá de que a algunos no les guste esta última frase, por lo que, a aquellos que no les guste aquella última frase, los invito, si es que así lo desean, a ir más seguido a la biblioteca; y con aquel hecho de entregar, a la ahora peligrosa mascota, a un organismo destinado a la contención y protección de animales, al mismo tiempo, sabremos que dicho animal, estará bien tratado en un lugar destinado para él, a nivel estatal en primera instancia, y el destino que a partir de allí se le dé, como segunda instancia. También podremos querer, y tener nostalgias por un cierto automóvil que pudimos haber tenido tiempo atrás, y aunque el actual pueda llegar a ser mejor que el precedente (o a veces peor, dependiendo de las circunstancias), respecto de dicho automóvil que extrañamos, también podríamos afirmar, o llegar a resumir nuestros "sentimientos" hacia aquella antecesora máquina, por medio de un "profundo": "te quiero". Pero también podríamos expresarle "te quiero" (y por las mismas razones antedichas, para los ejemplos del perro y del automóvil) a cualquier ser vivo, o a cualquier cosa sin vida, animada o inanimada, todos los cuales, nos pudieron haber dejado una huella psicológica, de un tamaño imposible de medir, aunque sí podremos medirlo, dependiendo de la retribución recibida en base a sus "servicios prestados", ya sea, el mismo perro que entregamos a la organización que se dedica a ello, o el automóvil anterior, al que se cambió por otro más moderno (o por una bicicleta, dependiendo de cual sea el caso o situación vivencial de cada uno, de manera individual, o bien, de una familia); y siguiendo con los ejemplos, también podríamos decirle "te quiero", a una heladera, a un lavarropas, a una computadora y que por más vieja que ésta sea, ha sabido  (o ha calculado) retribuirnos con creces a nuestras constantes necesidades en algún momento de nuestras vidas; y un gran etcétera de entes vivos y/o no vivos, animados y/o inanimados, todos y cada uno de ellos, receptores en primera fila, de aquella primera frase: "te quiero".

Pues bien, para separar el párrafo anterior, del siguiente, -para separar el "te quiero" del "Te Amo"-, debo decir que, todo lo que está detallado antes de estas nuevas líneas, y de las que vendrán más adelante, provienen desde el Ego Humano, desde el Sistema Límbico, desde nuestra Alma con Asperezas, desde todo lo que se encuentra debajo del Paleocortex (lo que nos protege del Mundo Onírico), hacia abajo, hacia la Columna Vertebral, es decir, el expresar; "te quiero", se conforma como una frase revestida de una semántica posesiva, y que solamente es expresada por parte de los egos, a modo de "agradecimiento" por los servicios prestados, más allá de que dichos egos no se sean merecedores de prestarles ningún servicio, más que de intentar destruirlos; ya que los egos, solo intentan satisfacerse a si mismos, intentan pedir recompensas a cambio de absolutamente nada, en todo momento, y desprovistos de empatía de por medio, porque, dicha virtud, la empatía, se encuentra del otro lado, y más arriba de aquella barrera denominada Paleocortex, y que es el denominado Neocortex (y porsupuesto, mucho más arriba del Sistema Límbico, desde donde provienen los egos y frases emitidas por ellos como el tan posesivo: "te quiero" por ejemplo), y aquel Neocortex, se constituye como la parte evolutiva de nuestro cerebro, la que nos hace humanos con empatía, es decir, la que se conforma como la corteza que nos da, nada más y nada menos, que el Uso de la Razón incluidos los Sentimientos.

Y ahora, como es lógico, ya sorteamos la barrera evolucionada en el Paleolítico, y que fue denominada: Paleocortex, y en dirección desde abajo hacia arriba: por lo que ahora nos centraremos en el Neocortex, esa corteza evolutiva que nos ha hecho ser lo que somos hoy en día, en mayor o menor medida, es decir, seres con Uso de Razón, y con la Posibilidad latente de usar la empatía de la que el Neocortex puede valerse, pero que a veces, es eclipsada por aquellos egos provenientes desde el más antiguo aparato cerebral evolutivo del ser humano, y que es el Sistema Límbico. El Neocortex posee el verdadero Uso de Razón, y el verdadero Uso de los Sentimientos; y como ejemplo, si el ser humano no tendría aquella parte cerebral, en la que actualmente residen los egos, entonces, como consecuencia extremadamente positiva, el Neocortex, no solamente estaría menos congestionado por aquellos oscuros susurros provenientes desde lo que está debajo de él, sino que también, tendría una gran capacidad de empatía, de entre todo el abanico de sentimientos que provienen desde este Nuevo Estrato Superior Evolutivo Humano denominado: Neocortex. Pero, por desgracias, y por el momento, los demonios en forma de egos, interfieren constantemente, con los Dioses en la forma de Uso de Razón y de Sentimientos. Y es por ello que ahora pasaremos a analizar la diferencia de la primera frase, con la que abrí este escrito, respecto de la segunda frase; el expresar: "Te Amo".

Amar, no debería ser posesión, no debería ser recompensa, no debería ser usabilidad... "Amar" es todo lo contrario al "querer", ya que el "Amar" se corresponde con el Uso de la Razón Pura, el "Amar" se corresponde con el uso de los Sentimientos Empáticos; y así es, los coloqué en mayúscula, porque el uso de la Razón Pura, encerrando todo lo antedicho, es lo único Supremo que posee el Ser Humano, ya que todo lo demás, es proveniente desde el mundo animal, y en el mundo animal, solo se "quiere" tal o cual cosa, solo se "desea", solamente se busca constantemente una retribución en base a no dar nada a cambio, debido a que el dar algo a cambio, automáticamente se transforma en inteligencia, y por lo tanto, se considera proveniente desde lo Supremo de la Razón Humana, sabiendo que la Inteligencia encierra intelectualidad sumada a sentimientos humanistas, la cual, sumada a sentimientos humanistas, deviene en Iluminación.

Por lo tanto, el expresar "Te Amo" a alguien (porque quien exprese lo mismo, pero, en este caso, hacia algo, pues, debería intentar sentarse a pensar y a re-acomodar sus prioridades, es decir, a re-acomodar todo lo que proviene desde lo que se encuentra debajo del Paleocortex, y todo lo que proviene desde arriba de Él). Entonces, y lo vuelvo a transcribir: el expresar "Te Amo" a alguien, se conforma como una frase nacida desde las entrañas de un Mundo repleto de Razón y de Sentimientos, en donde reside la Madre de todos los Sentimientos (y la Regidora de la Razón Pura), y que es la Empatía, -ese colocar nuestro uso de razón, en el lugar del Uso de la Razón y de los Sentimientos de otra persona-, ya que, si no tuviésemos Empatía, si no tendríamos sentimientos, al menos positivos, en dirección hacia los demás, entonces es posible que seamos portadores de una patología muy conocida, la cual carece de total sentido de empatía, y dicha patología se denomina como Psicopatía (y esto no quiere decir que una persona con dicha patología, vague por la vida, merodeando por allí, matando personas, o hablando incoherencias, ya que en este mundo, es probable que existan más personas poseedoras de la mencionada "patología", que lo que cualquier persona "normal" podría llegar a estimar; y de seguro, muchas veces, estas personas, con dicha "patología", realizan una Gran Obra, un Opus Magnum interno, las cuales se arremangan para poder construir lo que les falta, es decir, sus propias máscaras de sentimientos, para poder encajar en la sociedad, y basados en dichas máscaras de empatía en este caso, y aunque éstas sean solo "máscaras" psicológicas, dichas personas con dicha "patología mental", suelen ser mejores personas que otras personas que están desprovistas de dicha patología, aunque estas últimas personas, llamadas: "normales" tengan la Posibilidad de usar dicha virtud por el hecho de contenerla de manera inmanente, porque a veces, las máscaras de empatía utilizadas por personas con Psicopatía, son tan poderosas y muy bien construidas, que las mantienen muy cercanas a su Uso de Razón, y por lo tanto, por medio de lo inmediato anterior, ellos "simulan que poseen" aquello Supremo que nombré antes, y que es la Razón Pura, es decir, la Razón sumada a los Sentimientos, todo ello residente en el Neocortex). Es de saber también, que a veces, el Paleocortex, esa Corteza Cerebral que nos protege del vendaval de animales evolutivos que provienen desde el Sistema Límbico queriendo acechar constantemente el Neocortex, o, a mi modo de verlo, desde nuestra Corteza Arcaica, evolutiva, y puramente animal, desde un simio Avanzado, hasta el Protozoo más involucionado, acechando al Homo Sapiens Sapiens; todos aquellos animales, están en nuestra "ArcaCortex", según la definición del "Diccionario Nelsoniano" de la "Real Academia Nelsoniana de las Ciencias". Un poco de risas, no viene nada mal, ¿no?

Entonces, retornemos a aquella segunda frese, la que expresa: "Te Amo", en comparación con la primera de ambas, la cual expresa posesión y necesidad de retribución, y que era y que ya expliqué, -siempre desde mi punto de vista, como en todo en este sitio-, y que fue la frase: "te quiero".

El expresar "Te Amo", con mayúsculas, -porque es una frase Suprema, proveniente desde el Uso de la Razón y de los Sentimientos (con o "sin" máscaras)-, es, como ya se han dado cuenta, una frase infinitamente alejada de la frase que expresa "te quiero", con minúsculas. El expresar "Te Amo", y de manera reiterada, y no esporádica (aunque tampoco llegar a hacerlo 100 veces al día) es expresar Libertad y al mismo tiempo, es Emanar Nuestra Luz Inmanente, hacia todos los que están a nuestro lado, y hacia todos los receptores de dicha frase, y no así, liberar aquellos egos, transformados en un absurdo y en un libertinaje, solamente domable por medio del Uso de la Razón Pura; y nuestra sombra, la cual, si bien es inevitable cuando existe la Luz, es totalmente obvio, que a mayores Fulguras repartidas hacia todos los puntos cardinales, menores serán las sombras proyectadas, hasta tal punto en el que dichas sombras, desaparecerán por completo. La frase "Te Amo", es la frase más elocuente y poderosa que se le puede expresar a otro ser humano, sin reticencias, sin expresarla entre dientes apretados, sin que su reiteración sea una sola vez cada un gran espacio de tiempo, porque allí mismo, detectaremos que el Amor, por el cual es expresada la frase "Te Amo", no existe. Cuando se Ama de verdad, es menester, primero que nada, observar los pétalos de la otra persona, más no así, sus espinas; es observar lo que ésta persona ha dejado para otros, hacia el futuro, -a modo de trascendencia de sus enseñanzas para el próximo, es decir, a su familia inmediata, y al prójimo, es decir, a su familia humana-, trascendencia aquella que pudiera llegar a durar por siglos... por milenios... o bien... para toda la eternidad, marcando, de manera positiva, -aun estando biunívocamente en desacuerdo-, los eventos futuros que podrán construir para sí mismos, -para los suyos y para los demás-, incontables generaciones de seres humanos. El expresar la frase proveniente desde la Supremacía de la Razón, y que es: "Te Amo", también se suma a lo inmediato anterior, en cuestiones que tienen arraigo en la construcción de un Gran Templo Familiar, basado este, en dos grandes Columnas, y que son las columnas que sostienen a aquel Templo, es decir, en este caso, las dos Columnas conformadas por los dos Padres (también con mayúsculas), y si una de esas Columnas se debilita, se destruye, o peor aún, desaparece, es cuestión de tiempo, de que el Templo Familiar se desplome como consecuencia, en un abrir y cerrar de ojos. El tema es que, si el Amor ha dejado de existir, ya sea; por el erróneo hecho de tener en cuenta las espinas, en lugar de los Pétalos, respecto de cada una de aquellas Columnas familiares; o peor aún, si el Amor nunca ha existido en una -o en ambas- de dichas Columnas, y solamente ha existido un conjunto de Tabúes, y de psicologías de escape, respecto de otras situaciones privadas y oscuras, precedentes a la conformación de dichas Columnas Familiares; o bien, el Amor no ha existido nunca, pero las Columnas logran mantenerse en pie, gracias a simples sentimientos de lástima, ya sea desde una, o bien, desde ambas Columnas hacia la otra, como para mantener a la Familia Unida... al Templo Familiar en Pie; o el Amor ha dejado de existir debido a la acción constante de unas fuertes presencias psicológicas dominantes, presencias aquellas, que partieron desde las psiques de las Columnas predecesoras a las Columnas actuales, es decir que, fueron psiques primigenias y dominantes, las cuales antecedieron a las psiques de las actuales Columnas que conforman el Templo Familiar del presente familiar, y que por tales motivos, denominados Ánimas y Ánimus en la Psicología Analítica, (aunque en el Psicoanálisis de Freud, también), por el Psicoanalista Carl Jung, las partes sostenedoras del Templo Familiar pudieran dejar de existir en un abrir y cerrar de Ojos;... O bien, -y al contrario de los anteriores ejemplos-, el expresar "Te Amo", deberá contener, a modo de simplicidad y de ejemplificación, ese Amor, que se transforma en esa Decisión Consciente (de allí la Supremacía de la Razón), de abrazar eternamente a alguien que se Ama (porque si le expresara: "te quiero" a mi automóvil, o a mi lavarropas, jamás los abrazaría, "al menos públicamente")… o bien, el expresar "Te Amo", deberá convertirse en esa Decisión Consciente de mirar a los ojos de aquella persona Amada, hasta el final de los tiempos, como mirando su interior, más que deteniéndonos en su exterior... o bien, el expresar "Te Amo", deberá responder a la Decisión Consciente de un viaje interno hacia el Sentir el aroma de la piel de Una, o de Ambas Columnas Amadas, en todo aquello a lo que le preste atención el sentido del olfato... o bien, el expresar "Te Amo", esa Decisión Consciente, deberá transformarse en un indescifrable e interminable acto de entrelazamiento, bailando al Compás y con la Rectitud desprendida desde una danza sexual interminable, en la que ambas Columnas no querrán separarse jamás.

En definitiva, el expresar "te quiero" se desprende desde un instinto meramente animal, y por lo tanto, egoísta; mientras que el expresar "Te Amo", se conjuga como una Urdimbre de Sentimientos nacidos desde el Uso de la Razón y desde la virtud de virtudes, denominada: Empatía.

Si Amas a alguien, dile y reitérale: "Te Amo" (y no así, esgrimir un esporádico y entredientes: "te quiero"); abrázale, por horas, como si fuese la última vez que ambas almas se vayan a encontrar; mírale a los ojos como si fuese la última vez que lo pudieras hacer; hazle el Amor, a conciencia, tal como si fuese la primera vez en la que descubres el Verdadero Amor, proveniente desde la Supremacía de tu propio Uso de Razón, más no así, el hacer el Amor desde las tiranas fuerzas del mundo animal, aquellas que yacen debajo de aquel Paleocortex, órgano o estrato cerebral que todos poseemos. En caso contrario, si únicamente atinas a expresar un débil y muy esporádicamente reiterado: "te quiero" (o únicamente expresas unos cuantos y débiles "te amo", en minúsculas, durante y después de un acto sexual, sin expresar luego, aquella Frase Suprema, en ninguno de los demás momentos de la vida, y menos que menos, en mayúsculas), los que están hablando y los que están dominando allí, son los Egos, y por ende, esa persona que solamente sabe expresar la frase: "te quiero", no ama de verdad a aquella otra persona, sino que... solo la posee (y más allá de que le tenga algún tipo de estima), y por lo tanto, a la persona que únicamente se la posee, al mismo tiempo de llevar a cabo tal egóica posesión de dicho ser, al que solo "se le quiere entredientes", se lo está conduciendo, irremediablemente, hacia su propia autodestrucción; y con lo que esto último significa para el Templo Familiar.

Se Aman o no se aman. Usan la Razón, o usan los egos. Punto. No se debe jugar al amor verdadero cuando no existe, ni existirá uno; o bien, sin darse cuenta, no mantengan en pie a un Aparente Amor Falso... cuando éste realmente existe. El Uso de la Razón Suprema, es la clave para poder diferenciar a ambos argumentos entrecruzados, en mayúsculas y en minúsculas.


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