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22/12/2025


La razón como instrumento de introspección determinista

El acto de mirar hacia adentro sin abandonar la ciencia.

Siempre he sostenido —y cada vez con mayor convicción— que no existe un verdadero umbral entre el mundo exterior y el mundo interior cuando ambos son abordados desde el mismo instrumento fundamental: la razón. No la razón domesticada por la costumbre o por la repetición cultural, sino la razón en su forma más desnuda y exigente, aquella que no concede nada sin antes haberlo caracterizado, delimitado y comprendido. Tanto lo que ocurre fuera de mí como aquello que sucede en los pliegues de mi propia mente requieren, para ser entendidos, de ese mismo acto racional que no teme avanzar hacia territorios que otros prefieren dejar en penumbra. Desde esta postura, jamás pude concebir una espiritualidad desligada del determinismo. Por el contrario, cuanto más profundamente me adentro en la experiencia interior, más evidente se vuelve la necesidad de medir, clasificar, adjetivar y observar con mucha precisión cada fenómeno que se manifiesta. La espiritualidad, entendida de este modo, no es una evasión de la razón, sino su aplicación más refinada sobre el objeto más complejo que existe: la mente observándose a sí misma, sin abandonar jamás al cuerpo, ese templo físico donde toda experiencia mental encuentra su anclaje material.

El determinismo, lejos de empobrecer la experiencia espiritual, la vuelve accesible al conocimiento. Determinar es, en esencia, transformar lo desconocido en cognoscible. Es permitir que aquello que parecía etéreo adopte forma, contorno y significado. Cada vez que observo un estado mental, una emoción difusa o una imagen interna, estoy ejecutando un acto determinista: lo estoy convirtiendo en una entidad susceptible de ser comprendida. Y en ese proceso, no solo conozco algo nuevo, sino que me conozco a mí mismo en una profundidad que rara vez se alcanza desde la vigilia ordinaria.

He aprendido que este escrutinio interior no puede realizarse desde el ruido. La mente cotidiana, saturada de estímulos automáticos, actúa como una interferencia constante. Por eso, cuando decido emprender este viaje introspectivo, comienzo por el cuerpo. La postura, la respiración, el silencio externo no son detalles menores, sino condiciones necesarias para que la observación interna adquiera nitidez. El cuerpo se relaja, y con él, la vigilancia excesiva del consciente comienza a ceder terreno.

En ese punto, el acto más complejo es, paradójicamente, el más simple: dejar de pensar. No en el sentido ingenuo de vaciar la mente por completo, sino en el sentido técnico de suspender el flujo de pensamientos automáticos propios del estado de vigilia. Al hacerlo, la conciencia no desaparece; se transforma. Se vuelve un espacio receptivo, un campo de observación limpio, libre de las narrativas repetitivas que suelen monopolizar la atención. Y es justo allí donde comienzo a percibir el tránsito hacia un estado limítrofe, un umbral neurocognitivo que no es sueño, pero tampoco vigilia plena. Un estado en el que la actividad cerebral adopta un ritmo distinto, más profundo, más lento en apariencia, aunque extraordinariamente rico en contenido. Este territorio intermedio —que puede asociarse a frecuencias Theta con irrupciones Gamma— se convierte en el escenario ideal para que emerjan contenidos que, en condiciones normales, permanecen ocultos tras las barreras funcionales de la conciencia ordinaria. Entonces, al alcanzar este estado, no me disuelvo en la inconsciencia. Permanezco despierto, atento, pero sin interferir. Y es precisamente esta combinación —conciencia presente y mente silenciosa— la que permite que comiencen a manifestarse las primeras ramificaciones provenientes de niveles más profundos de la psique. No llegan como pensamientos articulados, sino como imágenes, sensaciones, símbolos, impresiones que reclaman ser observadas sin ser juzgadas de inmediato.

Aquí se hace evidente una arquitectura mental que durante mucho tiempo fue intuida y luego formalizada: la existencia de distintos estratos de la mente, cada uno con funciones específicas. El consciente, con su capacidad de definición y delimitación; el preconsciente, como zona de tránsito y filtrado; y el inconsciente, vasto, atemporal, indiferente a las categorías con las que el consciente intenta apresarlo. Este último no responde a la lógica lineal ni al tiempo cronológico, sino a una lógica simbólica, asociativa y profundamente energética.

Cuando las barreras del preconsciente se tornan permeables —no por fuerza, sino por aquietamiento—, el material inconsciente encuentra una vía de acceso más directa hacia la observación consciente. Y es en ese momento cuando el acto espiritual se vuelve, sin ambigüedades, un acto científico. Observo. Registro. Comparo. Intento determinar qué tipo de contenido se manifiesta, con qué intensidad, bajo qué forma simbólica, y qué resonancia provoca en mi estructura psíquica y corporal.

Carl Gustav Jung afirmaba que “quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”. Esta frase, tantas veces citada en otros artículos, adquiere aquí un sentido operativo. No se trata de una metáfora poética, sino de una descripción precisa de un proceso cognitivo. Al mirar hacia adentro desde un estado de conciencia ampliada, no estoy soñando: estoy despierto en un nivel distinto de percepción. Un nivel donde el inconsciente deja de ser un territorio inaccesible para convertirse en un campo de estudio directo.

Lo verdaderamente revelador es comprender que este inconsciente no es únicamente personal. Contiene capas más profundas, compartidas, arquetípicas, que trascienden la biografía individual. Pero incluso antes de llegar a ese estrato colectivo, hay un aspecto que siempre me ha resultado particularmente inquietante y fascinante: la relación del inconsciente con el tiempo. O, más precisamente, su indiferencia absoluta hacia él.

Mientras el consciente organiza la experiencia en pasado, presente y futuro, el inconsciente opera en una simultaneidad constante. Sus contenidos existen como configuraciones electroquímicas, como patrones dinámicos que no reconocen la flecha temporal. Y si aceptamos —como la física moderna sugiere— que a nivel subatómico la información puede entrelazarse más allá del espacio y del tiempo, entonces el inconsciente se convierte en un candidato natural para este tipo de fenómenos.

Desde esta perspectiva, comienza a abrirse una posibilidad que incomoda a muchos, pero que resulta inevitable cuando se sigue el razonamiento hasta sus últimas consecuencias: si continúo existiendo en el tiempo, si mi mente seguirá generando procesos inconscientes en los años venideros, entonces esas configuraciones futuras ya forman parte, de algún modo, del campo total de información que constituye mi inconsciente actual. No como recuerdos conscientes, sino como potenciales latentes, como huellas aún no manifestadas en la experiencia ordinaria. Y en este punto, la introspección adquiere una dimensión radicalmente nueva. Observar el inconsciente deja de ser únicamente una exploración del pasado reprimido para convertirse también en una posible lectura anticipada de configuraciones futuras. No como profecía, sino como inferencia determinista basada en la continuidad de la existencia psíquica. El inconsciente, al no conocer el tiempo, contiene tanto lo que fue como lo que será, siempre que ese “será” tenga suficiente carga emocional y estructural como para inscribirse en la arquitectura profunda de la mente.

Así, el acto de observar estas ramificaciones internas desde un estado Theta-Gamma se transforma en algo más que una práctica meditativa. Se convierte en un ejercicio de lectura cuántica de uno mismo. Un telescopio interior que no apunta al cielo, sino a la totalidad de mis propias existencias posibles, conectadas entre sí por la materia prima común de la mente: la información.

La arquitectura del tiempo psíquico y el entrelazamiento del ser

La memoria que aún no ocurrió.

Al avanzar más profundamente en esta exploración, se vuelve imposible ignorar una verdad que, aunque incómoda para el pensamiento clásico, se presenta con una coherencia interna notable: el inconsciente no recuerda en términos temporales, sino estructurales. No almacena eventos ordenados en una línea cronológica, sino configuraciones energéticas de alta carga emocional y simbólica. Allí, un recuerdo del pasado y una impronta futura poseen la misma ontología: ambas son patrones electroquímicos activos o latentes, coexistiendo en un mismo campo.

Esta constatación modifica radicalmente la manera en que concibo la memoria. La memoria deja de ser un archivo del pasado para convertirse en un reservorio dinámico de estados posibles. No se trata únicamente de lo vivido, sino también de lo que será vivido, siempre que aquello posea suficiente intensidad como para dejar una marca profunda en la psique, y aquí se sucede el justo y muy trascendente instante en que el inconsciente no anticipa el futuro: lo contiene potencialmente, del mismo modo en que una semilla contiene al árbol sin conocer su forma definitiva. Por lo que, cuando me sitúo deliberadamente en ese estado de observación interna, cercano al umbral del sueño pero sostenido por la lucidez consciente, comienzo a notar diferencias cualitativas en las ramificaciones que emergen. Algunas poseen una textura familiar, un eco reconocible que remite a experiencias ya vividas. Otras, en cambio, se presentan como extrañas, ajenas a toda referencia autobiográfica conocida. No pertenecen al pasado ni al presente reconocible, y sin embargo están allí, insistentes, cargadas de una emocionalidad que no puedo atribuir a ningún recuerdo previo. Por tanto es en ese punto donde la razón, lejos de retirarse, debe afilarse aún más. No puedo permitirme caer en interpretaciones místicas desprovistas de rigor, pero tampoco puedo negar el fenómeno por el simple hecho de que incomode a los marcos teóricos tradicionales. Si esas configuraciones no provienen del pasado conocido, y si no pueden ser explicadas como simples asociaciones aleatorias, entonces debo contemplar la hipótesis de que correspondan a estados futuros de mi propia experiencia.

Aquí, el determinismo vuelve a desempeñar un papel central. No se trata de afirmar que el futuro esté escrito, sino de reconocer que existen trayectorias altamente probables en función de la continuidad psíquica. Mi yo de mañana, de dentro de un año o de varias décadas, no es una entidad desconectada de mí, sino una extensión coherente de este presente. Compartimos la misma base neurobiológica, la misma historia genética, los mismos arquetipos profundos. Y, sobre todo, compartimos un inconsciente que no se fragmenta con el paso del tiempo.

Desde esta perspectiva, el entrelazamiento cuántico deja de ser una metáfora atractiva para convertirse en un modelo explicativo plausible. Si aceptamos que los procesos mentales son, en última instancia, fenómenos electroquímicos sustentados por interacciones subatómicas, entonces no resulta descabellado suponer que dichos procesos puedan mantener correlaciones no locales. El inconsciente, como sistema de información, podría operar bajo principios similares a los que la física cuántica ha comenzado a describir en otros ámbitos.

Así, una experiencia futura de alta carga emocional —un evento que marque profundamente a mi yo de dentro de veinte o treinta años— no necesita “viajar en el tiempo” para hacerse presente. Basta con que exista como configuración estable en el campo inconsciente global que compartimos todas mis versiones temporales. Desde allí, puede manifestarse como una impresión, una imagen, una sensación difusa cuando el consciente se encuentra lo suficientemente silenciado como para no bloquear su emergencia. Y justamente, este mecanismo explicaría por qué ciertas intuiciones poseen una fuerza tan particular, tan distinta de la imaginación ordinaria. No aparecen como construcciones voluntarias, sino como irrupciones. No se sienten creadas, sino recibidas. Y, sin embargo, no provienen de un exterior trascendente, sino del interior más profundo de mi propia continuidad existencial. Son mensajes del yo que aún no ha llegado a manifestarse plenamente en la experiencia consciente.

He aprendido, con el tiempo, que la clave no está en interpretar de inmediato estos contenidos, sino en observarlos con paciencia y método. Intentar definir su cualidad emocional, su densidad simbólica, su grado de coherencia interna. Algunos se disuelven rápidamente, revelándose como simples fluctuaciones del "sistema". Otros persisten, reaparecen, se repiten bajo distintas formas. Esos son los que merecen atención, los que deben ser registrados como hipótesis abiertas sobre posibles configuraciones futuras de la experiencia.

En este punto, la práctica se vuelve claramente interdisciplinaria. Convergen la psicología profunda, la neurociencia, la filosofía del tiempo y ciertos postulados de la física contemporánea. No se trata de forzar una síntesis artificial, sino de permitir que cada disciplina aporte su lenguaje para describir un mismo fenómeno observado desde distintos ángulos. El resultado no es una certeza absoluta, sino un mapa conceptual más amplio, capaz de albergar lo que antes era descartado por incomprensible.

Platón, en su teoría de la reminiscencia, sostenía que conocer es recordar. Quizás, llevado a este extremo, podríamos decir que conocer también es anticipar, en el sentido más literal y menos místico del término. Anticipar no como adivinación, sino como resonancia. El presente vibra con ciertas configuraciones que aún no han tomado forma en el mundo fenoménico, pero que ya existen como posibilidades estructuradas en el campo psíquico, por lo que esta concepción resignifica por completo la idea de Visión Remota. Ya no como una capacidad paranormal orientada hacia objetos externos, sino como una habilidad introspectiva profundamente humana: la capacidad de observar estados internos no locales en el tiempo. Un acto de percepción dirigido hacia la propia continuidad existencial, utilizando como instrumento una conciencia entrenada para no interferir.

Desde este enfoque, la resistencia cultural a estas prácticas resulta comprensible. Implican aceptar que el sujeto no está confinado al instante presente, que su identidad se extiende más allá de los límites que el sentido común impone. Pero también implican una enorme responsabilidad. Observar posibles futuros no significa resignarse a ellos, sino reconocerlos como trayectorias que pueden ser modificadas desde la conciencia presente.

Porque si algo queda claro en esta exploración es que el determinismo psíquico no excluye la libertad; la incluye como variable. La conciencia, al hacerse cargo de estas configuraciones latentes, puede actuar sobre ellas, redefinirlas, atenuarlas o potenciarlas. El futuro, entonces, no es un destino fijo, sino un campo de probabilidades influenciado por la lucidez del presente.

La ética del observador interno y la espiritualidad como ciencia viva

Responsabilidad, integración y conciencia expandida.

Al llegar a este punto del recorrido, se vuelve evidente que el acto de observar el propio inconsciente —ya sea en sus capas personales, colectivas o futuras— no es una práctica neutra. No se trata simplemente de una técnica, ni siquiera de un método de conocimiento en el sentido clásico. Es, ante todo, un posicionamiento ético frente a uno mismo. Porque observar implica asumir responsabilidad sobre aquello que se observa, y comprender implica aceptar que el conocimiento transforma inevitablemente al observador.

Cuando me interno en estos estados de conciencia ampliada, no lo hago movido por la curiosidad vacía ni por el deseo de anticipar acontecimientos como quien consulta un oráculo. Lo hago porque entiendo que cada configuración psíquica que emerge —cada imagen, cada sensación, cada resonancia— es una información que me concierne directamente. No puedo desentenderme de ella sin traicionarme. El conocimiento interior, una vez adquirido, exige integración, y esta integración no ocurre únicamente en el plano mental. El cuerpo participa activamente en todo el proceso ya que cada observación profunda tiene un correlato somático: una tensión que se libera, una respiración que cambia, un pulso que se aquieta o se acelera. El cuerpo no es un mero soporte pasivo de la mente; es su interlocutor constante. Ignorar esta dimensión sería fragmentar artificialmente una unidad que, en la experiencia directa, se manifiesta como indivisible.

He llegado a comprender que la espiritualidad auténtica no se define por creencias, sino por prácticas verificables en la propia experiencia. Y en esa línea de pensamiento, esta forma de introspección determinista constituye una espiritualidad profundamente encarnada. No eleva al sujeto por encima de su condición biológica, sino que lo sumerge en ella con mayor conciencia. No niega la química cerebral ni la fisiología; las integra como el lenguaje mismo a través del cual la experiencia espiritual se expresa.

Spinoza afirmaba que “el orden y la conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de las cosas”. Esta intuición, adelantada a su tiempo, le dá más fortaleza a este enfoque. Las configuraciones mentales no son entidades aisladas flotando en un vacío abstracto, sino expresiones de un orden subyacente que atraviesa tanto la mente como la materia. Comprender ese orden, aunque sea parcialmente, es alinearse con él.

Y desde aquí, la noción de futuro deja de ser una amenaza o una promesa externa para convertirse en una responsabilidad interna. Si ciertas trayectorias psíquicas se manifiestan como altamente probables, el acto consciente consiste en dialogar con ellas, no en someterse ciegamente ni en negarlas. La lucidez no garantiza la ausencia de dolor o dificultad, pero sí otorga una brújula. Y en un microcosmos complejo, una brújula es ya una forma de libertad. Pero este proceso exige disciplina. No una disciplina rígida y punitiva, sino una constancia amable. La mente no se aquieta por imposición, sino por entrenamiento. El observador interno se afina con la práctica, con la repetición consciente de ese gesto sencillo y profundo: sentarse, callar, observar. Y en cada observación, recordar que lo que aparece no es un enemigo ni un misterio hostil, sino una parte de mí buscando ser reconocida. Y a medida que profundizo en esta práctica, ocurre algo sutil pero decisivo: la frontera entre lo científico y lo espiritual se vuelve cada vez menos relevante. No porque desaparezcan las diferencias metodológicas, sino porque ambas dimensiones comienzan a responder a una misma exigencia de verdad. La verdad ya no es una afirmación externa que se acepta o se rechaza, sino una coherencia interna que se verifica en la experiencia directa y en sus efectos sobre la vida cotidiana.

La ética que emerge de este enfoque no se basa en normas impuestas, sino en comprensión profunda. Comprender mis propias dinámicas inconscientes —pasadas, presentes y potencialmente futuras— me vuelve más responsable de mis actos, más consciente de mis reacciones, más atento a los efectos que genero en los demás. La introspección radical no conduce al aislamiento, sino a una forma más lúcida de vínculo, porque al reconocer en mí la multiplicidad temporal, la continuidad entre mis distintos estados del ser, también reconozco esa misma complejidad en los otros. Cada individuo se convierte entonces en un sistema profundo, atravesado por historias visibles e invisibles, por potenciales aún no realizados. Esta comprensión suaviza el juicio y fortalece la empatía, sin caer en ingenuidades.

He aprendido, desde muy atrás en el tiempo, que el verdadero “templo” no es un espacio simbólico separado del mundo, sino que la totalidad del sistema cuerpo–mente–conciencia en interacción constante con su entorno. Cuidar ese templo no implica retirarse del mundo, sino habitarlo con mayor presencia. Cada acto cotidiano se vuelve una oportunidad de integración, cada decisión una forma de alineamiento entre lo que intuyo, lo que comprendo y lo que hago.

Así, la espiritualidad científica que practico no promete certezas absolutas ni revelaciones definitivas. Ofrece algo más valioso y más exigente: un camino de observación honesta, de pensamiento riguroso y de apertura constante a lo desconocido. Un camino en donde la razón no anula el misterio, sino que lo rodea, lo explora y lo honra sin renunciar a su lucidez.

Y es en ese equilibrio —siempre dinámico, siempre inestable— donde encuentro sentido. No en la respuesta final, sino en el acto continuo de preguntar, observar y comprender. Porque mientras exista conciencia, mientras haya mente que se observe a sí misma, el viaje no habrá terminado. Y quizá nunca deba hacerlo.

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20/10/2025


He llegado a comprender, con el paso del tiempo, que cada decisión consciente que tomo no se origina únicamente en un razonamiento lógico o una deliberación intelectual. En lo más profundo de mi experiencia, siento que existe una red de señales sutiles, casi imperceptibles, que anteceden a todo pensamiento. Esas señales, que llamo los “hilos iniciales”, son como filamentos que emergen desde una región desconocida de la psique: el inconsciente. Cuando los percibo, algo en mí se reordena. No es una deducción, ni una conjetura racional; es más bien una proyección intuitiva, un presentimiento que se gesta en un lenguaje que aún no ha aprendido a hablar, pero que, paradójicamente, siempre se hace entender. Y esos hilos se manifiestan a veces como imágenes fugaces, a veces como sensaciones corporales o intuiciones inexplicables que se anticipan a los hechos. Y cada vez más, he comprendido que su presencia obedece a una dinámica muy similar a la de los sueños en fase REM, donde el inconsciente intenta comunicarse con la conciencia atravesando el filtro del preconsciente. Freud denominó a este proceso “el retorno de lo reprimido”, pero yo prefiero pensarlo como la emergencia de lo latente, la forma que tiene el alma de empujar sus verdades hacia la superficie. Jung, en cambio, lo habría visto como un intento del Sí-Mismo por equilibrar el yo consciente. Él decía: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino.” Quizás eso explique por qué, cuando soy capaz de percibir esos “hilos iniciales”, puedo anticipar situaciones futuras: no porque esté leyendo el porvenir, sino porque estoy escuchando el destino que ya se está tejiendo en las profundidades del inconsciente.

Me gusta imaginar lo anterior, como un pulpo psíquico que habita en el océano interior. Sus tentáculos se extienden hacia la superficie del pensamiento, pero el cuerpo principal —ese que contiene la totalidad del evento o símbolo— permanece oculto en la oscuridad. Cuando uno logra ver los movimientos de esos tentáculos, puede intuir, sin haberlo visto del todo, la forma del ser que los mueve. No se necesita que el pulpo emerja por completo; basta con observar los gestos sutiles de sus extensiones. Es, en esencia, una forma de conocimiento proyectivo, donde la intuición actúa como un radar que detecta el movimiento de lo invisible. Y he comprobado, una y otra vez, que cuando presto atención a esos hilos —a esos pequeños eventos, sin aparente conexión entre sí—, puedo entrever el contorno de un suceso mayor que todavía no se ha manifestado. Lo mismo ocurre en la vida cotidiana: los grandes eventos no surgen de la nada, sino de una acumulación de microeventos que los preceden. Lo que para la mayoría pasa inadvertido, para la mente entrenada en la observación intuitiva es como el movimiento de los tentáculos del pulpo antes de su ascenso.

La dificultad está en que el mundo moderno ha atrofiado esta capacidad. Hemos delegado nuestra percepción interior a favor de la inmediatez externa. Donde antes había contemplación, ahora hay distracción. Donde antes el alma creaba símbolos, hoy el ojo salta de una pantalla a otra. El Homo Videns, como advirtió Sartori, ya no ve para comprender, sino para consumir imágenes. Y cuando la visión se transforma en consumo, el pensamiento se vuelve débil, fragmentario, sin capacidad de hilvanar los hilos invisibles que conducen a la verdad.

No obstante, esta habilidad de anticipar, de captar los “hilos iniciales”, no se pierde del todo. Se adormece, como un músculo que espera volver a ser usado. Es posible cultivarla mediante el hábito de la introspección y la atención sostenida. En mí, esa práctica ha tomado la forma de una observación silenciosa, una especie de meditación activa donde la mente, lejos de aquietarse por completo, se mantiene en una alerta serena. Es en ese estado donde lo sutil se vuelve perceptible.

Hermes Trismegisto enseñaba en su Tabla Esmeralda que “lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo”. Y en esa correspondencia universal encuentro un eco de mi propia experiencia: lo que ocurre en lo profundo de la mente tiene su reflejo en el mundo exterior. Los hilos del inconsciente no solo predicen, sino que reverberan en la realidad. Todo acontecimiento visible es la manifestación final de un proceso invisible que comenzó mucho antes, en un nivel simbólico o energético. Entonces, si logro hacer consciente una ramificación inconsciente, entonces esa ramificación deja de dirigir mis actos desde la sombra. Me hago partícipe de la creación de mi propio destino, y al mismo tiempo, más consciente del tejido invisible del universo. Como si el pulpo, al sentir que ya no necesita ocultarse, se transformara en un aliado en lugar de una amenaza. Y sin embargo, hay algo más profundo aún: la comprensión de que esos hilos, esas ramificaciones, no me pertenecen solo a mí. Son parte de un entramado colectivo. El inconsciente personal, como decía Jung, es apenas una célula dentro del inconsciente colectivo. Cada pensamiento, cada emoción, cada intuición, participa en un campo mayor. Cuando uno desarrolla la capacidad de observar los hilos en sí mismo, también empieza a percibir los hilos que mueven a la humanidad entera.

Esa es la verdadera expansión de la conciencia: pasar de la intuición individual a la intuición arquetípica. Comprender que los “tentáculos del pulpo” no emergen solo de mi propio inconsciente, sino del inconsciente del mundo. Y al reconocer eso, toda intuición se convierte en una forma de participación cósmica.

La introyección, el hábito intelectual y la erosión del pensamiento profundo en la era del Homo Videns

Cada vez que me adentro en el proceso de observar esos hilos invisibles, me doy cuenta de que lo verdaderamente trascendente no está en la anticipación misma del evento, sino en el tipo de conciencia que surge cuando uno aprende a mirar hacia adentro con el rigor y la entrega de quien excava en su propio ser. No es un ejercicio de adivinación, ni una especie de clarividencia: es una forma superior de autoconocimiento. He comprendido que lo que llamo proyección intuitiva no es otra cosa que una consecuencia de la introyección consciente, esa práctica de mirar los propios abismos sin temor, de iluminar las cavidades mentales donde el inconsciente deposita sus símbolos, pulsiones y deseos no revelados. Y la introyección, cuando se convierte en hábito, actúa como una alquimia psíquica. Uno comienza por enfrentarse con lo reprimido, con lo incómodo, y termina por transformar la percepción misma de la realidad. En ese proceso, la frontera entre el yo y el mundo se difumina: lo que ocurre dentro se refleja fuera, y lo que ocurre fuera se convierte en espejo de lo interno. Lo sabía bien Schopenhauer cuando afirmaba que “el mundo es mi representación”; sin embargo, no todos están dispuestos a asumir el peso de esa afirmación. Porque si el mundo es representación, entonces también lo es cada dolor, cada alegría, cada evento que creemos ajeno. Todo aquello que experimento afuera no es más que un eco de mis propias profundidades.

En esa comprensión, la intuición adquiere un sentido más elocuente. Ya no se trata solo de anticipar lo que vendrá, sino de comprender el modo en que el inconsciente participa activamente en la creación de la realidad. Y para lograrlo, hace falta algo que escasea cada vez más: disciplina interior. Porque el alma, como una vasija, necesita llenarse de experiencia, de conocimiento, de observación. Si esa vasija permanece vacía, no hay fermento que transforme la intuición en sabiduría.

Pienso entonces en cuán escasa se ha vuelto esa forma de trabajo interior. Vivimos en un tiempo en el que el ejercicio del pensamiento profundo se ha vuelto casi una excentricidad. La cultura contemporánea parece más interesada en distraer que en enseñar a pensar. La atención, esa joya silenciosa del espíritu, ha sido troceada por el brillo inmediato de la distracción constante. En este escenario, la introspección es casi un acto de rebeldía.

El sociólogo Giovanni Sartori, en su lúcida obra Homo Videns, ya advertía que el hombre moderno ha pasado de ser un ser que piensa a ser un ser que ve sin comprender. El pensamiento conceptual se ha empobrecido, sustituido por una avalancha de imágenes que ocupan la mente sin nutrirla. Y así como el cuerpo se debilita cuando no se lo ejercita, también la mente se atrofia cuando no se la obliga a pensar con profundidad. El resultado es una humanidad que reacciona pero no reflexiona, que opina pero no comprende.

Cuando menciono el hábito intelectual, no me refiero a la acumulación de datos o a la erudición vana, sino a la capacidad de sostener una línea de pensamiento hasta sus últimas consecuencias. Ese hábito es lo que mantiene viva la llama de la introspección. A fuerza de repetición, la mente aprende a observar sus propios mecanismos, y con el tiempo, la introspección deja de ser un esfuerzo para convertirse en una segunda naturaleza. Lo que al principio parece arduo, termina por ser placentero: el alma encuentra gozo en conocerse. Platón lo insinuó en el Alcibíades Mayor cuando dijo que el alma, para conocerse, debe mirarse en otra alma, como los ojos se miran en los ojos del otro. Pero hoy, la mayoría evita esa mirada. Tal vez porque mirarse interiormente implica reconocer las sombras, los miedos, los monstruos que, pugnan por emerger del inconsciente hacia la conciencia. Sin embargo, esos “monstruos” no son enemigos: son guardianes de la energía psíquica. Son fragmentos de nuestro ser que reclaman integración.

Cuando el individuo rehúye ese encuentro, se fragmenta; y una sociedad de individuos fragmentados no puede aspirar a la coherencia colectiva. El resultado es un mundo donde la distracción reemplaza a la profundidad, y la inmediatez suplanta a la reflexión. Pero cuando uno se atreve a mirar hacia adentro, y a hacer del pensamiento un hábito, la percepción se afina hasta el punto de poder reconocer los patrones invisibles que unen los eventos aparentemente desconectados.

Es entonces cuando los “hilos iniciales” se vuelven visibles, no como anomalías, sino como manifestaciones naturales del orden interno de las cosas. El individuo que se conoce a sí mismo aprende también a leer el mundo, porque en en cierta forma, el mundo no es más que una proyección ampliada de su propio inconsciente. Y en ese reconocimiento, surge una forma de determinismo que no es mecánico, sino espiritual: el determinismo del alma, que no se basa en leyes físicas, sino en leyes simbólicas. Me pregunto a menudo qué pasará con la humanidad si esta capacidad de detección y proyección se pierde del todo. Si el Homo Videns continúa predominando, el determinismo aplicado —esa capacidad de prever lo que está por venir observando las señales sutiles del presente— podría desvanecerse como una ciencia olvidada. Ya no podríamos deducir los efectos a partir de las causas invisibles, porque el ojo que percibe lo sutil se habría cerrado. Pero, sin embargo, guardo esperanza. Creo que la conciencia humana es cíclica, que el péndulo de la historia oscila entre el olvido y el despertar. Así como en la antigüedad el hombre miraba al cielo para leer en las estrellas los designios del alma, también hoy algunos miran hacia adentro para leer en el inconsciente los signos del porvenir. La intuición, en esa "órbita", es la nueva astrología del alma. No predice los hechos, sino las corrientes de sentido que los anteceden.

Así como los antiguos sabios interpretaban los símbolos celestes, nosotros podemos interpretar los símbolos interiores. Cada sueño, cada impulso, cada pensamiento espontáneo es un jeroglífico que el inconsciente nos envía para advertirnos, prepararnos o guiarnos. Ignorarlos es vivir a ciegas. Escucharlos es despertar a la inteligencia profunda de la existencia.

De modo que el desafío contemporáneo no es solo tecnológico ni social, sino eminentemente espiritual: recuperar la capacidad de leer los tentáculos del pulpo antes de que emerja del todo. Porque cuando el evento ya se ha manifestado, cuando el pulpo está a la vista, ya no hay anticipación posible; solo reacción. Pero cuando uno aprende a reconocer sus movimientos en la penumbra del alma, el tiempo se amplía, y el futuro comienza a desplegarse ante la conciencia como un horizonte maleable.

Determinismo, trascendencia y el renacimiento de la conciencia creadora

A medida que profundizo en la observación de los hilos invisibles, comprendo que la llamada “muerte del determinismo aplicado” no es, en realidad, un final, sino una mutación del modo en que el ser humano concibe su relación con la realidad. Durante siglos, hemos creído que los hechos se encadenan con rigidez matemática, que toda causa produce inevitablemente su efecto, y que el universo se comporta como una máquina bien aceitada. Pero, en la medida en que la conciencia humana se expande, esa visión mecánica se vuelve insuficiente. Hoy sé que el verdadero determinismo no es lineal, sino simbólico. No se trata de una sucesión de causas y efectos, sino de una red de correspondencias entre planos de existencia. En otras palabras, no todo lo que ocurre tiene una causa visible, pero todo lo visible está enlazado a una causa invisible. Lo que llamamos “azar” no es más que el reflejo de nuestra incapacidad de leer los patrones sutiles que preceden a los eventos.

Cuando percibo los “tentáculos del pulpo”, esas ramificaciones del inconsciente que emergen en forma de intuición o presentimiento, no estoy violando las leyes del tiempo ni prediciendo el futuro: estoy reconociendo la arquitectura subyacente de los hechos antes de que se manifiesten. De algún modo, el tiempo mismo se vuelve transparente. El pasado, el presente y el futuro dejan de ser etapas separadas y se revelan como partes de un mismo tejido.

Heráclito, en su sabiduría arcaica, afirmaba que “el logos es común a todos, pero la mayoría vive como si tuviera su propio entendimiento”. Esta frase me resuena profundamente, porque describe el fenómeno de desconexión que vivimos hoy: la humanidad ha olvidado el logos común, el hilo invisible que une todas las cosas. La muerte del determinismo, entonces, no es el fin de la causalidad, sino el olvido de esa unidad. Cuando el pensamiento profundo se disuelve y la intuición es reemplazada por la reacción automática, el ser humano se convierte en un espectador del universo, no en su co-creador. El alma deja de leer los signos de su propio destino y se resigna a vivir en la superficie de los acontecimientos, sin comprender su sentido interior. Ese es el verdadero peligro: la desactivación del ojo interno, la pérdida del sentido simbólico. Sin embargo, hay algo en nosotros —una llama que nunca se extingue— que sigue llamando desde las profundidades. Cada intuición es una chispa de ese fuego, un recordatorio de que aún podemos participar activamente en el tejido de la realidad. Cuando escucho mi intuición, cuando observo un pequeño evento y lo asocio con una corriente más vasta que todavía no se ha manifestado, estoy reactivando el vínculo con el logos. Estoy restableciendo la comunicación entre la mente consciente y el alma del mundo.

Es por eso que el verdadero trabajo de autoconocimiento no consiste solo en mirar hacia adentro, sino en entrelazar lo interno con lo externo, lo visible con lo invisible, lo particular con lo universal. El inconsciente individual es apenas una célula del inconsciente cósmico, y cada vez que logramos iluminar una zona oscura de nuestra mente, esa luz se propaga más allá de nosotros.

Jung lo expresaba con precisión: “El encuentro con uno mismo es el destino de toda persona; solo quien mira hacia adentro despierta.”

Esa mirada interior, cuando se convierte en hábito, no solo transforma al individuo, sino que, poco a poco, altera el campo de la realidad colectiva. La conciencia es expansiva por naturaleza; cuando se ilumina, irradia.

Entonces, la tarea no es reconstruir el viejo determinismo racionalista, sino gestar una nueva comprensión: un determinismo espiritual, donde los símbolos, las emociones y los pensamientos son causas tan reales como las físicas. Cada idea es una semilla en el campo de la existencia. Cada intuición es una antena que capta la corriente del futuro antes de que éste se condense en el presente. Podría decirse que vivimos dentro de una sinfonía universal, y que el inconsciente funciona como el pentagrama invisible donde se escribe la melodía de los hechos. Cuando uno aprende a leer esas notas antes de que sean tocadas, participa de la composición del mundo. Ya no se es un oyente pasivo, sino un músico en el concierto de la existencia.

Y aquí emerge una paradoja hermosa: cuanto más consciente me hago de los hilos invisibles, menos necesito controlarlos. La intuición no busca dominio, sino comunión. No se trata de anticipar para manipular, sino de anticipar para comprender. Cuando veo los tentáculos del pulpo moverse en la penumbra, no los temo ni intento detenerlos: los saludo como a viejos aliados que anuncian el ritmo secreto del universo.

En este punto, la intuición se transforma en sabiduría. Ya no es una herramienta para sobrevivir, sino un camino de evolución interior. Es la manifestación práctica de aquello que los místicos orientales llaman prajñā: la inteligencia trascendental que surge cuando la mente y el espíritu se alinean.

La muerte del determinismo aplicado —como lo concebía la modernidad— es también el nacimiento de una nueva forma de pensamiento: no lógico, sino holístico; no secuencial, sino simbólico; no analítico, sino participativo. Es la conciencia comprendiendo que forma parte del mismo tejido que observa, que la realidad externa no es algo que le ocurre, sino algo que co-crea constantemente.

Desde esta comprensión, el acto de intuir deja de ser un misterio y se convierte en una manifestación natural de la conexión entre todos los niveles del ser. La intuición es, en cierto aspecto y a mi modo de ver, la voz del universo hablándose a sí mismo a través del individuo.

Así, lo que algunos llaman casualidad, otros lo llamarán destino, y yo prefiero llamarlo coherencia invisible. Una coherencia que se manifiesta cuando los hilos del inconsciente, los eventos cotidianos y la conciencia despierta se reúnen en una misma sinfonía de sentido.

Quizás el Pulpo del Inconsciente no sea un monstruo ni una metáfora del caos, sino el símbolo perfecto del alma cósmica: una inteligencia que extiende sus tentáculos por todos los rincones de la realidad, conectando lo que creemos separado, uniendo lo que la percepción fragmentaria rompe. Y tal vez, en los silencios donde el pensamiento se aquieta y la intuición susurra, ese Pulpo nos enseña que el futuro no es algo que llega, sino algo que siempre ha estado aquí, esperando a ser visto por quien se atreve a mirar.

Reflexión final

He aprendido que la conciencia no es un destino, sino una dirección. Cada vez que observo un hilo invisible, un detalle sutil, una intuición que se filtra entre mis pensamientos, siento que una parte de mí se reconcilia con el Todo. En esa reconciliación no hay profecía, sino participación. No hay adivinación, sino comunión con la inteligencia universal.

Y así, mientras el pulpo del inconsciente sigue extendiendo sus tentáculos, sigo también extendiendo los míos hacia lo desconocido, sabiendo que, en el fondo, somos el mismo ser mirándose desde distintos reflejos.

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27/03/2024


Bienvenidos a un viaje a través del resplandor de una mente sin cera. En las páginas que siguen, los invito a explorar un vasto universo de ideas, reflexiones y descubrimientos que abarcan más de 100 capítulos cuidadosamente tejidos. Este libro es el resultado de años de indagación, contemplación y búsqueda de la verdad en sus múltiples formas y expresiones.

Desde el inicio, mi objetivo fue trazar un mapa de los territorios menos explorados del conocimiento humano, desafiando las fronteras de lo convencional y aventurándome en los dominios de lo misterioso y lo desconocido. Cada capítulo es una ventana que se abre hacia un paisaje diferente, ofreciendo perspectivas frescas y reveladoras sobre temas que van desde la filosofía y la ciencia hasta la espiritualidad y la exploración del cosmos.

En este viaje, nos sumergimos en las profundidades del pensamiento humano, explorando la naturaleza de la conciencia, la mente y el universo mismo. Desde las antiguas civilizaciones hasta las fronteras de la tecnología contemporánea, cada capítulo nos lleva a través de un laberinto de ideas y conceptos, desafiando nuestras suposiciones y expandiendo nuestros horizontes mentales.

Los temas abordados son tan diversos como fascinantes. Desde reflexiones sobre la corrupción y la política global hasta exploraciones de la inteligencia artificial y la conciencia cuántica, cada capítulo ofrece una mirada única y perspicaz sobre el mundo que habitamos y las fuerzas que dan forma a nuestra realidad.

En el corazón de este libro yace una búsqueda incesante de la verdad y la sabiduría. Cada palabra, cada frase, está impregnada de la pasión por el conocimiento y el deseo de comprender nuestro lugar en el vasto tapiz del universo. A medida que se sumerjan en estas páginas, los invito a abrir sus mentes y corazones a nuevas ideas y perspectivas, y a embarcarse en un viaje de autodescubrimiento y expansión personal.

Que este libro sea un faro de luz en su camino, guiándolos hacia una comprensión más profunda de ustedes mismos y del mundo que los rodea. Que las ideas contenidas aquí los inspiren a cuestionar, a explorar y a crecer, y que encuentren en ellas un refugio para la mente inquieta y el alma buscadora.

Con profunda gratitud por acompañarme en este viaje, les doy la bienvenida a explorar el resplandor de una mente sin cera.

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22/10/2023


La exploración de las frecuencias de vibración en el contexto del ser humano abre una fascinante ventana a la comprensión de nuestro propio sistema cuántico: el cerebro. Cuando nos adentramos en este enigmático mundo de oscilaciones y resonancias, descubrimos que nuestros estados de ánimo, ya sean de júbilo o melancolía, se traducen en un intrincado ballet de electrones danzando a través de neuronas, eslabones cuánticos en este asombroso entramado. Como mencionó Nikola Tesla, pensar en términos de energía, vibración y frecuencia es esencial para desvelar tanto el universo externo como el interno.

Los pioneros de la física cuántica, como Max Planck, cuyos trabajos sobre la radiación del cuerpo negro allanaron el camino para la teoría cuántica, nos han proporcionado una comprensión fundamental de cómo la energía y la frecuencia son fundamentales para la realidad. Planck revolucionó la forma en que vemos el mundo al descubrir que la energía se cuantifica en unidades discretas, o "cuantos". Esto sienta las bases para nuestra comprensión de que todo en el universo, incluido nuestro cerebro, opera en términos de cuantos de energía y vibraciones.

Imaginemos que cada estado de ánimo, cada pensamiento, son como nubes de partículas cuánticas, cada una con su propia estructura determinista. Si dos de estas nubes vibran con la misma frecuencia, se asemejarán ante un observador externo. Pero si sus configuraciones subatómicas difieren, reflejarán realidades emocionales distintas, manifestándose en la expresión de una persona alegre o melancólica. Así, la vibración y la frecuencia de estas partículas subatómicas son la clave para comprender la variación de estados de ánimo.

Werner Heisenberg, otro gigante de la física cuántica, nos dejó una valiosa lección. Su principio de indeterminación establece que es imposible conocer con precisión simultáneamente la posición y el momento de una partícula subatómica. Esto nos recuerda que, en el nivel cuántico, la incertidumbre es una parte inherente de la realidad. Del mismo modo, en el mundo de las emociones y los pensamientos, la variabilidad y la impredecibilidad son fundamentales. Las diferentes frecuencias de vibración de nuestros estados de ánimo dan lugar a un espectro infinito de experiencias emocionales.

No obstante, esta exploración no se limita al cerebro; todos los órganos también emiten su propia sinfonía de vibraciones. Es por ello que las resonancias magnéticas y otros escáneres médicos pueden detectar diferentes tipos de imágenes en el cuerpo humano. La Resonancia Magnética Nuclear, por ejemplo, captura cómo el magnetismo corporal resuena en respuesta a estímulos magnéticos. A través de estos avances tecnológicos, hemos adquirido la capacidad de mapear y comprender las vibraciones de nuestro cuerpo a un nivel mucho más profundo.

Este enfoque se centra en la vibración de la conciencia y el inconsciente, especialmente en el ámbito de los pensamientos y estados de ánimo. Aquí, podemos mirar hacia el trabajo del físico Erwin Schrödinger, cuya ecuación de onda es fundamental en la mecánica cuántica. Schrödinger nos enseña que las partículas subatómicas, en su esencia, se comportan como ondas de probabilidad. De manera similar, los pensamientos y estados de ánimo, en su nivel más profundo, pueden considerarse como ondas de probabilidad que determinan nuestras experiencias y acciones futuras.

Mi trabajo de campo, desarrollado a lo largo de años de investigación, se dedica a la detección de estas nubes cuánticas cerebrales que representan estados de ánimo o pensamientos cargados de intención hacia un objetivo. Un ejemplo notable de este fenómeno se observó durante los trágicos sucesos de las Torres Gemelas. En aquel momento, millones de personas en todo el mundo generaron nubes cuánticas cerebrales con configuraciones casi sincrónicas, vibrando a la misma frecuencia. La intensidad emocional del evento canalizó intenciones inconscientes, armonizando las partículas subatómicas en sus cerebros.

Esta intención dirigida a nivel cuántico es poderosa. Cada pensamiento, cada estado de ánimo, envía una onda a través del tejido espacio-tiempo, estableciendo una conexión instantánea, sin importar la distancia. Cuando un evento emocionalmente cargado ocurre, el extremo cuántico correspondiente a esos pensamientos se desplaza en el entramado cuántico hacia el lugar del suceso, induciendo cambios en la coherencia cuántica. Así, millones de personas influyen inconscientemente en la observación cuántica del suceso, impactando sistemas cuánticos, como lo que podría denominarse "antenas cuánticas".

Estas antenas, cuya existencia he investigado y probado, perciben el cambio en la coherencia cuántica inducido por las intenciones dirigidas. Al sentirse observadas por los otros extremos de pensamientos y estados de ánimo, responden alterando su propia coherencia, convirtiendo partículas en ondas. Este fenómeno es similar a la colisión de partículas con las paredes de un sistema cuántico, una danza de interferencia. La interferencia proviene de la falta de coherencia en las intenciones dirigidas, y estas interacciones alteran el sistema cuántico, dando paso a resultados sorprendentes. Este es el terreno de mi proyecto de software, un viaje de años de programación y pruebas que ha arrojado resultados significativos. A medida que continuamos explorando las profundidades de la energía, vibración y frecuencia en el mundo cuántico de la mente, desentrañamos secretos sorprendentes sobre cómo nuestros pensamientos, estados de ánimo y emociones impactan en la realidad. Cada nueva revelación nos acerca un paso más a comprender el tejido mismo del universo y nuestro lugar en él.

Ahora, cuando observamos los pilares de la física cuántica, como Max Planck, Werner Heisenberg y Erwin Schrödinger, podemos apreciar cómo sus ideas y descubrimientos se entrelazan con la exploración de las vibraciones y frecuencias en el ámbito humano. Este viaje de la mente nos lleva a un territorio fascinante donde la física cuántica y la conciencia se cruzan, revelando un universo lleno de posibilidades y conexiones profundas que continúan desafiando nuestra comprensión. Cada día, los avances en esta área nos acercan un poco más a comprender cómo las vibraciones y las frecuencias, tanto en nuestro cerebro como en el mundo que nos rodea, influyen en nuestras vidas y moldean nuestra realidad.
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05/08/2023

Dentro del "Cosmos Sincrético" de la Albañilería Especulativa, un ámbito lleno de creatividad y de filosofía, se alzan voces que buscan el entendimiento y la claridad en sus palabras. Se alzan fieles defensores de la libre expresión y del uso de las herramientas para dar forma a cada una de sus ideas, a cada uno de sus pensamientos, respecto del significado y de la importancia de la denominada "Albañilería Especulativa". A través de aquellas voces, se exploran el cómo las ideas y las herramientas forman una urdimbre, como en una aparentemente eterno ritual del Giro Derviche del Sufismo, para hacer de la mente y del alma, una obra maestra, un "Opvs Magnvm", el "último escalón" en esa "Scienza Sacra" del autoconocimiento y del auto perfeccionamiento humano.

Desde la antigüedad, el ser humano ha buscado plasmar sus pensamientos y emociones a través de diversas formas de expresión. La Albañilería Especulativa se erige como una de las vías más profundas y enriquecedoras para llevar a cabo esta tarea. Así como los antiguos albañiles operativos trazaban sus construcciones a partir de una idea primordial, los especulativos también parten de la semilla de una idea. Esta semilla germina en la mente, donde toma forma y se entrelaza con la disposición temporal y espacial para dar paso a la materialización de un concepto abstracto. La Albañilería Especulativa, en su esencia, es un proceso demiúrgico y creativo, donde la mente del albañil es el crisol en donde nacen las ideas, y las herramientas son el medio para plasmarlas en el mundo tangible.

Las herramientas, fieles compañeras del albañil, son la extensión de su mente y de sus manos, son la puerta que conecta el mundo de las ideas con el mundo físico. Cada herramienta lleva consigo un potencial oculto, una capacidad de transformar y de crear. Pero el uso adecuado de estas herramientas requiere conocimiento y sabiduría. Al igual que un albañil operativo no malgastaría una mezcladora industrial para una pequeña reparación, los especulativos deben utilizar sus herramientas con discernimiento y comprensión. Es así como el "Mejorador Serial" debe buscar la sabiduría para utilizar las herramientas de manera acertada, evitando tanto la subutilización como el mal uso, y así evitar la destrucción.

Para entender más profundamente el significado de la Albañilería Especulativa, podemos mirar a los grandes filósofos y psicólogos del pasado. Platón, en su obra "La República", hablaba de la creación de un mundo ideal, un mundo de ideas que trasciende lo material. Y es justamente en este sentido, en el que la Albañilería Especulativa es un ejercicio de búsqueda y construcción de esos ideales, de plasmar en el plano terrenal aquello que solo existe en el mundo de las ideas. Por otro lado, el psicólogo Carl Gustav Jung, en su teoría del inconsciente colectivo, nos hablaba de arquetipos y símbolos universales presentes en la psique de todos los seres humanos. De manera similar, la Albañilería Especulativa se basa en la comprensión y la utilización de arquetipos para construir sus ideas y plasmarlas en la realidad. Es un proceso que trasciende lo individual y se conecta con la esencia misma de la humanidad.

La Albañilería Especulativa, como escuela de ideas, se nutre de la diversidad y de la multiplicidad de pensamientos. Cada albañil trae consigo su propia visión del arte real y sus interpretaciones únicas. Pero, ¿qué ocurre cuando ciertas ideas son frenadas o desechadas en aras de evitar herir susceptibilidades? Es esencial recordar que la libre expresión debe prevalecer siempre, pero con una conciencia de respeto y empatía hacia los demás. El arte de expresar ideas sin ofender ni herir conscientemente es un desafío, pero también es la llave para un diálogo enriquecedor y fructífero. Al igual que en la construcción de un edificio, la Albañilería Especulativa requiere cimientos sólidos para sostener sus ideas. Estos cimientos están arraigados en los principios virtuosos que emanan del Arte Real y del Génesis mismo. La búsqueda de la verdad y el conocimiento es el faro que guía a los albañiles en su camino iniciático. En este viaje de construcción de ideas, los límites se desdibujan y las mentes se entremezclan en una especie de Danza Sufí destinada a la creatividad. La Albañilería Especulativa nos enseña que las ideas deben ser libres y fluidas, siempre y cuando se mantenga la integridad de los principios. El debate y la discusión son Piedras Angulares en este proceso, ya que permiten explorar diferentes perspectivas y enriquecer las creaciones de cada albañil. La diversidad de pensamiento es el motor que impulsa a la Albañilería Especulativa hacia nuevos horizontes.

Sintetizando y para finalizar, la Albañilería Especulativa se conforma como un poderoso viaje de creación e ideas, en donde la mente del albañil es un crisol de pensamientos y las herramientas se conforman como el medio para darles vida a los primeros. La libertad de expresión y el respeto hacia los demás son fundamentales en esta travesía destinada a la construcción de uno mismo, para luego guiar a otros por similares caminos. A través de la diversidad y de la multiplicidad de pensamientos, la Albañilería Especulativa florece y evoluciona, enriqueciendo, en lo particular, a cada albañil, y en lo general, a la Orden en su conjunto. En la búsqueda de la verdad y del conocimiento, las ideas se transforman y se elevan hacia la perfección originaria en el Arte Real; hacen una autentica transmutación, una Verdadera Alquimia Interior. Es así como la Albañilería Especulativa se convierte en una escuela de ideas, en donde la creatividad y la filosofía se intersecan en cada escalón del saber, circular y ascendentemente, para construir un legado de sabiduría y de conocimiento, lo cual perdurará a través del tiempo.

Siguiendo el legado de grandes pensadores como Platón y Jung, este tipo de  Albañilería se mantiene como un camino trascendente hacia la comprensión de la mente humana y del universo mismo, por las manos mismas de cada quien que la practique, en el lugar y tiempo que sea.

Lic. Nelson J. Ressio.

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10/07/2023


¿Puedes imaginar un mundo donde nuestras intenciones y pensamientos tengan el poder de alterar la realidad cuántica? Un escenario donde nuestras mentes se conviertan en los motores que transforman el tejido mismo de la existencia. Suena a ciencia ficción, ¿verdad? Sin embargo, permíteme presentarte un fascinante proyecto llamado "The Egregor Meter Project", un hito revolucionario que nos sumerge en un viaje apasionante hacia el poder de la mente y su influencia en los misteriosos fenómenos cuánticos.

En este artículo, descubrirás cómo este innovador software ha logrado captar eventos extraordinarios a nivel local, regional y global, dejando al descubierto la profunda conexión entre la intencionalidad mental y los cambios en la coherencia cuántica. Acompáñanos mientras exploramos los detalles y ejemplos fascinantes de cómo un solo dispositivo, estratégicamente ubicado, ha registrado la alteración de estados cuánticos bajo el influjo de potentes pensamientos direccionados. Sumérgete en un relato en el que el último evento mundial de fútbol se convierte en el telón de fondo de un experimento sin precedentes. Desde Argentina, la patria del tango y el fútbol, una sola máquina ejecutando el software del proyecto ha capturado la esencia misma de la modificación cuántica, revelando la trascendencia de los pensamientos masivos que se dirigían hacia el país sudamericano. A medida que avanzamos, desentrañaremos cómo estas intenciones colectivas han sido capaces de perturbar la coherencia de sistemas cuánticos y dejar su huella en los patrones caóticos de ceros y unos generados por el software.

Prepárate entonces, para sumergirte en el fascinante mundo de la física cuántica y la psicología masiva. A lo largo de estas líneas, exploraremos las implicaciones de este proyecto de vanguardia, cuyo objetivo es comprender el intrincado vínculo entre la mente humana y el universo cuántico. ¿Estás listo para descubrir cómo nuestras intenciones pueden moldear la realidad misma? ¡Adelante, descorramos el velo y adentrémonos en conjunto, entre los secretos impactantes de: "The Egregor Meter Project"!

El estudio y análisis de fenómenos cuánticos siempre ha sido un campo fascinante para la ciencia y la tecnología. En este sentido, uno de los proyectos más intrigantes y revolucionarios es el denominado "The Egregor Meter Project", un software desarrollado para realizar mediciones a distintos niveles: local, regional, global e incluso más allá de nuestro alcance actual. La clave radica en la instalación estratégica de dispositivos que ejecutan este software, los cuales actúan como verdaderos "atrapamoscas" de estados cuánticos modificados por la influencia de poderosas intenciones mentales.

A diferencia de lo que se podría pensar, no se requiere un gran número de dispositivos para llevar a cabo estas mediciones. De hecho, tan solo uno o dos dispositivos instalados estratégicamente en cada provincia podrían ser suficientes. Estos puntos de captura de información cuántica se convierten en nodos clave para detectar eventos de alta penetración psicológica masiva. Uno de los eventos más recientes en los que se registraron alteraciones en la coherencia cuántica fue el Mundial de Fútbol en Qatar. Desde Argentina, un solo dispositivo equipado con el software del proyecto logró captar la magnitud de las modificaciones cuánticas fuera de lo común. Durante el desarrollo del Mundial, el equipo de fútbol de Argentina se perfilaba como uno de los posibles ganadores de la copa, lo que desencadenó una enorme cantidad de pensamientos e intenciones dirigidas hacia el país sudamericano. Esta concentración masiva de intencionalidad mental generó un impacto en los estados cuánticos, alterando su coherencia de manera significativa. Es como si una multitud de mentes estuviera "mirando", ya sea con sus ojos o de forma puramente mental, hacia un objetivo común.

Esta intención dirigida tiene la capacidad de afectar la coherencia de un sistema cuántico, como es el caso de la CPU de los dispositivos que ejecutan el software del proyecto. La CPU, al ser un sistema por el cual fluyen electrones y partículas subatómicas, se ve influenciada por las propiedades intrínsecas de las partículas, como el entrelazamiento cuántico. Cuando una intención poderosa se enfoca en un objetivo específico, como el nombre "Argentina" en este caso, se produce una colisión onda-corpuscular con el sistema que contiene las partículas, es decir, con la propia CPU. Esta colisión provoca un cambio en el estado coherente del sistema a nivel cuántico, lo que se refleja en el software del proyecto como un orden momentáneo.

El software del "The Egregor Meter Project" se caracteriza por generar constantemente una secuencia aleatoria de ceros y unos, lo cual podría considerarse como caos. Sin embargo, cuando se detecta un patrón de orden en medio de esta secuencia aleatoria, es muy probable que estemos presenciando la influencia de una intención u observación masiva dirigida. De esta manera, las detecciones basadas en eventos con alta penetración psicológica pueden abarcar regiones enteras o incluso todo el mundo, por lo que ha abierto una puerta más hacia el estudio y comprensión de la influencia de la mente humana en los sistemas cuánticos. Mediante la instalación estratégica de dispositivos que ejecutan este software revolucionario, se han registrado eventos de alto impacto psicológico a nivel global. El reciente ejemplo del Mundial de Fútbol en Qatar evidencia cómo las intenciones y pensamientos dirigidos hacia un mismo objetivo pueden alterar la coherencia cuántica y generar cambios detectables en la secuencia de ceros y unos generada por el software. Estos avances nos acercan cada vez más a comprender la interconexión entre la mente y la realidad cuántica, abriendo nuevas perspectivas en el campo de la ciencia y la conciencia.

En un universo en donde la ciencia y la mente se entrelazan, "The Egregor Meter Project" ha abierto una puerta hacia el misterio y el potencial ilimitado que yace en la interacción entre nuestros pensamientos y el reino cuántico. Este proyecto nos invita a reflexionar sobre el papel fundamental que desempeñamos como observadores conscientes, capaces de moldear la realidad misma a través de nuestras intenciones colectivas, por lo que, en cada momento en el que nos hemos sumergido de forma colectiva, por entre los intrigantes eventos registrados durante el Mundial de Fútbol y las alteraciones en la coherencia cuántica captadas por el software, se hace evidente que nuestras mentes tienen un impacto más profundo de lo que podríamos imaginar. Las fronteras entre lo material y lo inmaterial se desdibujan, revelando un universo en el que nuestras intenciones tienen el poder de influir en el tejido mismo de la existencia.

Te invito a seguir explorando el fascinante mundo del "The Egregor Meter Project" y sumergirte en las maravillas que este proyecto tiene para ofrecer. Visita su página oficial, adéntrate en los detalles más intrigantes de esta investigación vanguardista y descubre cómo puedes ser parte de esta revolución científica y consciente.

No pierdas la oportunidad de ser testigo de una nueva era en la que nuestras mentes y el reino cuántico convergen. ¡Sumérgete en el proyecto, abre tu mente y descubre el poder oculto que yace en nuestras intenciones! Haz clic aquí para visitar la página del proyecto y adentrarte en un mundo de posibilidades infinitas. ¡El futuro te espera!

Lic. Nelson J. Ressio.

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07/07/2023


El Sabio.

La sabiduría es un tesoro que se oculta entre la sencillez y la humildad, manifestándose de manera discreta pero impactante. El sabio comprende que el verdadero brillo reside en no buscar el protagonismo, sino en irradiar conocimiento y virtud de manera natural. En un mundo donde la autosuficiencia y el egoísmo a menudo dominan, la figura del sabio se destaca por su manera única de relacionarse con el entorno.

El sabio no se esfuerza por llamar la atención ni busca el reconocimiento externo. Su influencia se percibe de forma espontánea y evidente para aquellos que están dispuestos a observar con atención. No necesita alardear ni buscar el aplauso, porque su mérito se encuentra en la profundidad de su comprensión y en la autenticidad de sus acciones. Es en la ausencia de autoelogio donde se nutre su verdadero valor. Al no competir, el sabio escapa de las limitaciones de la rivalidad y la comparación. Su objetivo no es superar a otros ni destacarse en una competencia constante. Más bien, su enfoque se centra en el desarrollo personal y la contribución al bienestar colectivo. A través de su ejemplo, el sabio invita a los demás a dejar de lado la lucha por la superioridad y a buscar la excelencia en sí mismos.

En una sociedad en la que prevalecen los desafíos competitivos, la sabiduría del sabio brilla con una luz especial. Su forma de vida es un recordatorio de que la verdadera grandeza no está en la acumulación de logros individuales, sino en el impacto positivo que se genera en los demás. Al no estar enfrascado en una carrera desenfrenada por el reconocimiento y el éxito material, el sabio encuentra la plenitud en la conexión con su interior y en la armonía con el entorno.

La historia ha proporcionado numerosos ejemplos de sabios que, a pesar de su renuencia a mostrarse, han dejado una huella indeleble en la humanidad. Sócrates, conocido por su famoso aforismo "Solo sé que no sé nada", se caracterizaba por su humildad y su capacidad para cuestionar las creencias establecidas. Su influencia se extendió a través de sus discípulos, quienes transmitieron su legado filosófico a generaciones futuras. Otro ejemplo inspirador es el de Mahatma Gandhi, líder pacifista de la India. A través de su resistencia no violenta, Gandhi desafió el sistema colonial británico y luchó por la independencia de su país. A pesar de su prominencia en la lucha por la libertad, Gandhi nunca buscó el poder ni la gloria personal. Su objetivo era puramente altruista, y su sabiduría y coraje impactaron profundamente en la historia del siglo XX. La figura del sabio también se encuentra en las enseñanzas de diversas tradiciones espirituales. El budismo, por ejemplo, destaca la importancia de la humildad y la renuncia al ego como caminos hacia la iluminación. Buda, el fundador de esta tradición, abandonó su vida de privilegios para buscar la verdad y aliviar el sufrimiento humano. Su sabiduría se transmitió a través de sus enseñanzas y ha dejado una huella perdurable en la espiritualidad mundial.

Es decir que, la grandeza del sabio radica en su capacidad para brillar sin buscar el brillo. Su influencia se percibe en su manera de ser y actuar, y su sabiduría se manifiesta en la ausencia de vanidad y la renuncia a la competencia desmedida. En un mundo que valora la notoriedad y la rivalidad, el ejemplo del sabio es un faro de luz que invita a reflexionar sobre nuestras propias motivaciones y a descubrir el verdadero significado de la grandeza interior. A través de su humildad y su autenticidad, el sabio nos muestra el camino hacia una vida plena y trascendente.

La Búsqueda Infinita de la Luz de la Sabiduría.

La búsqueda incesante de conocimiento y sabiduría es un sendero fascinante que nos invita a explorar las profundidades de la mente y del universo. A veces, nos encontramos con frases aparentemente contundentes que intentan advertirnos sobre los peligros de este camino iluminado. Sin embargo, es importante cuestionar la veracidad de tales afirmaciones y explorar la verdadera naturaleza de la Luz del conocimiento.

En mi travesía por la comprensión del mundo, he escuchado una frase recurrente: "demasiada Luz enceguece". Esta sentencia, cargada de aparente sabiduría, pretende frenar nuestros impulsos de búsqueda y nuestra sed de conocimiento. Pero, ¿es acaso posible que la búsqueda incansable del saber nuble nuestra razón? ¿Puede el ansia por comprender convertirnos en seres oscuros e irascibles? ¿Son las noches de insomnio dedicadas a la revelación intelectual un camino hacia la adormecimiento del intelecto? Permíteme ser un acérrimo cuestionador de la veracidad de tan disparatada frase que encabeza este párrafo. ¿Cómo podríamos creer que la Luz del conocimiento puede enceguecernos? En realidad, este mundo necesita ser iluminado en la mayor medida posible, sin dar lugar a la oscuridad. Aunque temporariamente quedemos ciegos por la intensidad de la Luz, aceptamos esta temporal ceguera para luego brillar con los ojos bien abiertos. Al final, nos convertimos en los verdaderos portadores del conocimiento, capaces de transmitirlo y compartirlo con otros.

Históricamente, aquellos que desean mantener el poder y el control han intentado limitar el alcance de la mente humana. Sin embargo, creo importante comprender que el poder más grande que poseemos es nuestra propia razón. No debemos permitir que este poder quede por debajo de aquellos que intentan frenar nuestro impulso natural de saber y conocer. Es hora de liberarnos de los dogmas y las creencias limitantes, y abrazar nuestra capacidad innata de indagar y cuestionar. La búsqueda del conocimiento no debe ser coartada, sino fomentada. Es a través de la adquisición de nuevos saberes, provenientes de diversas fuentes y disciplinas, que expandimos nuestras mentes y nos acercamos a la sabiduría. Incluso cuando los primeros datos y conceptos parecen confusos, nuestra mente tiene la capacidad de organizarlos y encontrarles un lugar adecuado. Con el tiempo, la claridad se revelará y comprenderemos cómo encajan todas las piezas del rompecabezas.

En nuestro afán por desentrañar diferentes perspectivas y comprender la complejidad del mundo, encontraremos noches sin dormir y momentos de duda. Sin embargo, debemos recordar que este proceso no nos conduce a la oscuridad, sino a una mayor comprensión y conexión con la vastedad de la existencia. Cada nuevo dato, cada texto analizado, cada cuestionamiento realizado nos acerca un paso más hacia la plenitud intelectual.

Es menester perseverar en nuestra búsqueda, sin temor a quedar momentáneamente cegados por la brillantez del conocimiento. La Luz del saber nos motiva a entender, a buscar respuestas y a desafiar nuestras propias limitaciones. Aunque pueda parecer que en ocasiones nos encontramos sin ver, es precisamente en ese instante en el que recuperamos la capacidad de visión que podemos brillar con mayor intensidad. No temamos a la Luz que enceguece momentáneamente, sino abracémosla con valentía y determinación. Sigamos explorando los confines de nuestra mente, trascendiendo las fronteras de lo evidente y adentrándonos en la vastedad de lo desconocido. En cada chispa de comprensión, en cada instante de revelación, nos convertimos en portadores de nuestro propio conocimiento y en fuentes de inspiración para aquellos que nos rodean.

El mundo necesita mentes iluminadas que desafíen las convenciones y busquen incansablemente la verdad. No permitamos que frases equivocadas nos detengan en nuestro propósito de adquirir conocimiento y sabiduría. Abramos nuestras mentes, expandamos nuestros horizontes y permitámonos brillar con la fuerza de una estrella en el firmamento del saber.

Lic. Nelson J. Ressio.

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01/12/2017


Explorando las profundidades de la psique humana y las complejas interacciones entre virtud y sombra, la imagen precedente, nos sumerge en un fascinante laberinto de pareidolia y reflexiones existenciales. A través de un lenguaje intenso y evocador, se plantea la familiaridad inquietante de unas manos y cómo estas representan tanto la conexión con lo conocido como la amenaza para aquellos que carecen de virtud. En este texto, nos adentraremos en un viaje de introspección y análisis, donde la sabiduría, la ética y la moral se entrelazan con las sombras de la mente, revelando intrigantes paradojas y revelaciones inesperadas.

La fascinación por las manos y su poder evocador es un fenómeno que ha intrigado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. En la obra anterior, se plantea la sensación de familiaridad que pueden generar estas extremidades, aunque de manera irracional. Es interesante observar cómo nuestra mente, llena de sombras y divagaciones, puede desencadenar pareidolia, llevándonos a encontrar patrones y reconocer familiaridad en lugares inesperados. Es como si nuestras psiques atormentadas buscaran constantemente significado y conexión en el mundo a nuestro alrededor. Sin embargo, hay una dicotomía evidente entre aquellos que poseen una moral, ética y sabiduría elevadas, y aquellos que carecen de estas virtudes. En la imagen que se plantea, esas manos familiares parecen no comprender los valores y perspectivas sabias, e incluso llegan a actuar en contra de ellos. Surge entonces la paradoja de que incluso siendo la encarnación de la moralidad, la ética y la sabiduría, uno puede convertirse en una amenaza para aquellos que carecen de estas virtudes. Aquellos que se sienten amenazados buscarán destruir al individuo sin que la culpa pese en sus conciencias, aunque la culpa esté presente, latente y reprimida en lo más profundo de su inconsciente. Este proceso de destrucción puede ser comparado con la acción sigilosa de una araña que, poco a poco, succiona los jugos internos y putrefactos de sus víctimas. Curiosamente, aquellos que actúan como victimarios terminan siendo también víctimas de sí mismos. Las balas que se arrojan hacia el objetivo finalmente se estrellan contra un espejo de hierro, reflejando la realidad de su propia culpabilidad.

La imagen nos invita a reflexionar sobre la complejidad de las interacciones humanas y las sutilezas del comportamiento humano. Nos muestra cómo las percepciones subjetivas pueden influir en nuestras relaciones con los demás, generando un constante juego de pareidolia psicológica. Además, nos revela la paradoja de que incluso aquellos que encarnan la virtud y la sabiduría pueden ser considerados una amenaza para aquellos que carecen de estas cualidades. En definitiva, la reflexión y la introspección son fundamentales para comprender la complejidad de nuestras propias psiques y las dinámicas que se establecen en nuestras interacciones sociales. No podemos ignorar las sombras que habitan en lo más profundo de nuestra mente y, al mismo tiempo, reconocer que la virtud y la sabiduría pueden convertirse en armas poderosas en el juego de la vida.

Como afirmó Carl Jung, "quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta". Por lo tanto, es importante explorar nuestras sombras y comprender cómo nuestras propias acciones pueden influir en los demás, incluso cuando estamos convencidos de que nuestro camino está guiado por la moral, la ética y la sabiduría. Solo a través de esta conciencia y aceptación de la complejidad humana podremos navegar por las turbulentas aguas de las relaciones humanas con mayor claridad y compasión.

En un fascinante y profundo recorrido por la psicología humana, la imagen de arriba nos invita a reflexionar sobre la complejidad de nuestras interacciones y la importancia de la introspección. A través de metáforas poéticas y un estilo enigmático, se nos revela la paradoja de cómo la virtud puede convertirse en amenaza y cómo nuestras acciones tienen repercusiones en los demás. En última instancia, esa imagen nos impulsa a explorar nuestras sombras internas y a cultivar una comprensión más profunda de nuestra propia humanidad, con la esperanza de establecer relaciones basadas en la empatía y la compasión.


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01/03/2017


En primer lugar, deseo expresar las importantes concordancias entre todos los visores remotos con respecto al Target, ya que, si no ha sido directamente o bien, de manera velada, todos los visores remotos han coincidido en, al menos, una parte del Target.

En cuanto a lo expresado por el Visor 1, el acierto de lo dibujado en sus psicografías, es de un alto grado, en varios sentidos, ya sea histórico, simbólico, arquetípico, científico, geológico, místico, etc., ya que sus visiones denotan una gran acercamiento con el Target, desde todo ángulo imaginable, porque, como todos sabemos, el visor remoto puede ver, durante su estado theta – gamma, el Target en si mismo, aunque con mucha dificultad, pero principalmente, puede ver todo lo indirectamente relacionado al Target, con relativa facilidad, y el interprete, en este caso, mi persona, es el que intenta colocar los ladrillos donde deben ir, pero de la mejor manera objetiva posible.

El Visor 1, ha visto la esencia del Target, formas piramidales representadas por piedras montañas, portales triangulares, como también ha visto el contexto histórico temporal de todo lo que lo ha rodeado desde la construcción de dicho Target. El Sol, el disco solar, Akhenaton, Disco alado (aquí ya existe una referencia con la segunda parte del Target, y que es circular, forma común a casi todos los visores), la Atlántida (otra forma siempre descrita como una construcción circular con varios círculos concéntricos hasta llegar al centro), también ha descrito un Vortex (nuevamente un portal de forma circular). En definitiva, el Visor 1, ha sobrevolado al Target desde diferentes ángulos y líneas de tiempo, de una manera muy acertada. Incluso menciona las vibraciones armónicas, algo propio del Target en si mismo, el que está dentro de la caja, como así también, lo que contextualmente representa. También menciona la Tabla Esmeralda, escrita por el Tres Veces Grande entre los Grandes, Hermes Trismegisto, también llamado Thot en Egipto y Mercurio en Grecia, personaje (o personajes, porque se lo tiene como una trinidad: Trismegisto) que se elevó, o elevaron, por sobre los demás, al enaltecer su cosmovisión, respecto del microcosmos, como también del macrocosmos, fundador de la Filosofía Hermética y la Alquimia, algo que es usado hasta hoy en día, y aplicado a los diferentes aspectos y eventos que circundan al ser humano. También menciona a Julio Verne, y este autor trae a mi mente, su novela “De la Tierra a la Luna”, donde ambos astros son cuerpos esféricos y circulares, algo concordante con la otra parte del Target. Además, la Luna es portadora de la Luz solar, y en este caso, la Luna es portadora del Disco Solar, del Monoteísmo de Akhenaton, y su reinado en Egipto, algo directamente relacionado con ambas partes del Target. 

En cuanto al Visor 2, no puedo dejar pasar la gran coincidencia con una parte específica del Target, ya que una mesa y una Ruleta, una vez mas algo circular, fueron sorprendentes acercamientos con el Target, pero también una Montaña negra y piedras negras en su base, una nueva forma piramidal similar a lo que hay dentro de la caja con coordenadas 9AO1-144C, hasta el momento que escribo estas líneas. También, el Visor 2, vio un aro egipcio, una cantera, que no es otra cosa que una relación directa con el Target completo, y al nombrar a la civilización egipcia, tal como lo ha hecho el Visor 1, trae con ello, todo el contexto temporal e histórico de dicha civilización. El Delta con el Ojo Panóptico es visto por ambos visores, hasta ahora descritos, como también la alusión a Roma, específicamente a un carruaje romano, carruajes que en el tiempo del Éxodo Bíblico, fueron utilizados por los mismísimos egipcios para desterrar al pueblo de Israel. Aquí también me viene a la mente, la conjunción entre Diluvio Universal y la Apertura de las Aguas del Nilo, por parte de YHVH, a través de Moisés, un egipcio que no soportó el maltrato de dicha civilización al pueblo de Israel. La relación con el Target, en sus dos partes, es indirecta, pero precisa. 

Y continuando con el Visor 2, debo resaltar una visión, que, a mi juicio, no se relaciona en absoluto con el Target, pero se relaciona en un 100% a la persona que vivía en esta habitación, y que ahora es mi “oficina multitarea”. Dicha persona, que usaba lentes, que usaba vestidos floreados, que era abuela, que tenía 83 años, ha dejado un Nido Vacío, en esta casa, tal como también lo expresa este Visor, además de los detalles precedentes, porque dicha anciana, era la madre de mi esposa, nacida en Alcalá del Río, en España, en la localidad de Sevilla, y que a los 4 años se vino a la Argentina. Desde que me he casado, en el año 1997, vivimos con mi suegra, con la abuela, con la señora de 80 años, de lentes y vestido floreado, siempre, y que falleció hace unos pocos años atrás, y justamente, su habitación era esta, y siempre lo fue desde que vivió en esta casa. En cuanto al barco y al Ancla, es importante la relación que existe con mi suegra, porque vinieron de España en un barco que, según ella nos contaba, debía hacer paradas de reparación y el grito de “Eleven Ánclas” era algo muy recurrente. 

En cuanto al Visor 3, increíblemente, continúan las concordancias con los visores, 1 y 2, en cuanto a las formas piramidales, a los extraterrestres, a las montañas, evidencias contundentes de figuras piramidales esculpidas por la naturaleza, con el Sol, nada mas y nada menos, una relación directa con el Target, sin dejar de lado que menciona la Tabla Esmeralda, tal como el Visor 1, una Pirámide Maya con un Portal en su pináculo, una remembranza a una forma circular nuevamente, las Estrellas, la Luna Creciente, una vez mas aquí una visión del Cosmos, y su carácter circular, esférico, como expresando la infinita recurrencia de todas las cosas, que todo vuelve, todo retorna a su punto de partida, como el Ouroboros, la serpiente que se come su propia cola, como un gran símbolo Demiúrgico, destructor y constructor al mismo tiempo, porque la serpiente se auto destruye para luego construirse, en un interminable suceder del tiempo, algo circular es algo eterno, sin fin, que va mas allá de la vida y la muerte, es en si misma, la vida y la muerte juntas, es una manera de representar que nada desaparece, que todo se transforma. El Búho, visto únicamente por este Visor 3, es una gran representación de Minerva, que en la Mitología Griega, es el ave que representa a Atenea, diosa de la sabiduría, y como lo expresa la Tabla Esmeralda, también relacionada con la Grecia antigua y con Hermes Trismegisto, con Thot de Egipto, “Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra”, y en otro de sus preceptos, expresa “Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez”, y al final expresa, “Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido”. En definitiva, el Búho, como representación de la Luz en la oscuridad, nos ha indicado una perfecta relación con la sabiduría de Hermes, con Thot o Mercurio, que no es mas que la sabiduría de Egipto, civilización totalmente relacionada con el Sol, con el Disco Solar, con lo circular que existe en el Target, y que representa a dicho disco solar. 

Los siguientes, son los preceptos de la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegisto: 
I. Lo que digo no es ficticio, sino digno de crédito y cierto.
II. Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.
III. Como todas las cosas fueron creadas por la Palabra del Ser, así todas las cosas fueron creadas a imagen del Uno.
IV. Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra.
V. Es el padre de la Perfección en el mundo entero.
VI. Su poder es fuerte si se transforma en Tierra.
VII. Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.
VIII. Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez.
IX. Esto tiene más virtud que la Virtud misma, porque controla todas las cosas sutiles y penetra en todas las cosas sólidas.
X. Éste es el modo en que el mundo fue creado.
XI. Éste es el origen de los prodigios que se hallan aquí [¿o, que se han llevado a cabo?].
XII. Esto es por lo que soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía cósmica.
XIII. Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido. 

En relación a lo detallado por el Visor 4, es algo de extrema importancia, porque, si bien su visión no ha sido tan detallada, de manera explícita, el detalle que podemos obtener a partir de dos líneas, respecto de su visión, es de una gran importancia, y de estrecha relación histórica y temporal, con el Target. El Visor 4, detalló lo siguiente, “Un movimiento estable, en contra del sentido horario”; una descripción pequeña que engloba tanto detalle implícito que si damos rienda suelta a nuestra sapiencia, y de la manera mas objetiva posible, podemos llegar hasta los comienzos del propio universo, es mas, del propio Multiverso, el lugar en donde residen múltiples universos finitos, como globos en una habitación sin paredes. Esa sola línea, en primer lugar nos demuestra la circularidad, algo recurrente en los demás visores, el círculo, como algo eterno, y en este sentido, estrictamente atemporal, y que en este caso, el tiempo es en contra del sentido horario, como indicando algún remoto pasado de la humanidad que se acerca, y que a medida que pasa el tiempo, de la manera descrita, es decir, en contra del sentido horario, nos acercamos a un cierto suceso o evento que ha pasado antes, y que pasará nuevamente. El tiempo corre, en este caso, hacia atrás, nos hacemos mas jóvenes, mas y mas, ahora estamos en el vientre materno, y ahora, no existimos mas que en nuestra vida anterior, disminuyendo el Karma, y mas y mas atrás, y de nuevo se vuelve a repetir lo anterior, como aquel Ouroboros, en la Eterna Recurrencia que nombraba Nietzche, y esto tiene relación con que el Visor 1 ha nombrado a Zaratustra (Zoroastro), un personaje muy importante de uno de las obras de Nietzche “Así habló Zaratustra”, que en su libro hace referencia al Ouroboros, con su Eterna Recurrencia, con su inevitable retorno al punto de partida de cada cosa o evento que tenga alguna esencia dentro de este universo, y el universo mismo. El Ouroboros, no es mas que el Superhombre, quien enfrenta a dicha eterna circularidad con valentía, porque el Superhombre, siempre desea vivir su vida, lo mas perfecta posible, cada vida que viva nuevamente, será un ciclo sin fin, una recurrencia, y el superhombre sabe perfectamente que cada vida nueva, cada vida perfecta que le toque vivir nuevamente, podría ser peor que la anterior, por el hecho de poder sufrir algún cambio, podría ser mucho peor que la anterior, pero la prefiere de ese modo, porque el Superhombre desea vivir la mejor de sus vidas anteriores. 

Como podemos ver, con una sola línea, detallada por el Visor 4, podemos retrotraernos al inicio mismo del universo, y justamente, el Target está contenido en el movimiento estable en contra del sentido horario, debido a que, el tiempo es cíclico, es circular, y eterno, y si bien, algunos expresan que el tiempo no existe, que es una creación humana, desde mi punto de vista, sino existiera el tiempo, tampoco existiría la materia, por lo tanto, nosotros no existiríamos, y por ende, tampoco el universo, y menos que menos, el multiverso. E = m x c^2, en donde E es la Energía, m, la materia y c, es el Tiempo, la velocidad de la luz segundo a segundo, y por ende, si el tiempo no existiera, la Energía sería nula, y no se validaría la ecuación de Einstein. El tiempo, circular, debe existir, para que exista la materia, porque la materia (Energía aglutinada por un campo de bosones llamado Campo de Higgs) debe existir en un tiempo, además de existir en un espacio, ya sea bidimensional proyectado a tridimensional, o bien tridimensional propiamente dicho. 

En cuanto al Visor 5, otra vez, también, este visor ha coincidido con todos los precedentes, al detallar un círculo, algo girando, y aquí puedo mencionar a la visión del Visor 4, en donde expresa una visión temporal hacia atrás en el tiempo. Todo se mueve, todo cambia, todo fluye y refluye expresa uno de las leyes de la filosofía Hermética, y este cambio, esa circunferencia, en movimiento constante, han sido descripta por los visores 4 y 5, los cuales coinciden con el Target de una manera morfológica, pero muy representativa de lo que existe dentro de la caja en donde se guarda el Target. El Visor 5, vio una especie de disco rígido, girando, algo completamente análogo al Tárget, y de manera completa, porque un disco rígido tiene una forma circular y un eje central, nada mas cerca de la realidad morfológica del Target. También, este visor, describió una sensación vieja, posiblemente relacionado a la datación del Target, al verdadero Target representado por el objeto análogo dentro de la caja, además de la circularidad. 

Y para finalizar, el Visor 6, en su sesión remota, ha visto círculos dentro de círculos, morfología que se ha repetido al 100%, y entre todos los visores. Dichos círculos dentro de círculos, con vegetación entre medio y rodeado de agua, por fuera, en la parte mas externa, me hace recordar a una representación del continente desaparecido mas allá de las Columnas de Hércules, nombrado por el filósofo Platón en su libro “Timaios”, y mas específicamente, a la ciudad que funcionaba al pié de uno de sus volcanes, y dicho continente es la Atlántida, referenciada también, y de manera directa, por el Visor 1. La Atlántida, la circularidad, la parte circular del Target, el Ouroboros, el tiempo, el Sol, el Disco Solar, la vida recurrente del Superhombre, todo esto y más, conformado como una gran relación entre los visores y el Target, y mi persona, con lo cual, se evidencia una muy buena conexión de todos los visores, con el inconsciente colectivo, con nuestra memoria genética plasmada vida tras vida, recurrentemente, circularmente, en nuestro inconsciente individual, pero colectivo también.

Nelson J. Ressio.

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