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01/07/2017


“Si encuentras tu espíritu abatido, por una rebeldía de tu propio ser, recuerda que tienes en ti mismo, la propia voluntad para vencer.”

Frase inolvidable que he leído cuando era niño en la contratapa interior de un libro de mi abuela paterna, y escrito de su puño y letra. No recuerdo si fue de su propia autoría, ya que no he hallado dicha frase en ningún otro lugar hasta ahora, la cual, se quedó grabada en mí, para siempre. 

Existen ciertas ocasiones únicas e irrepetibles en nuestra vida, en donde un evento, una persona, una palabra, una frase, un poema, un libro, una canción, o bien, una institución fraternal, llegan a generar un cambio psicológico muy positivo en nuestra personalidad. Y a este respecto, recuerdo muy bien que, cuando tenía unos 8 años aproximadamente, aquella frase que leí al final de un libro, escrita por mi abuela, y que cité al comienzo de estas palabras, generó un gran cambio en mi psique profunda, el cual fue de tal magnitud, que solo esas dos líneas bastaron para que mi vida diera un giro de 360º, la cual pasó a estar revestida de una constante búsqueda de la verdad, del saber, de la duda, del conocer, pero, todo ello, abrazado por lo que sería para mí, el comienzo de una especie de autoconocimiento primitivo, de una vida más introspectiva, y que comenzaba a gestarse, sin llegar a detenerse nunca más. Aquella frase, fue para mí, como una especie de chispa, la cual -en aquellos tiempos- pudo encender un Gran Fuego, dentro de mí muy neófita espiritualidad infantil, como una poderosa Antorcha portada en lo alto de mi mano derecha. Esas palabras escritas por mi abuela, no las he olvidado jamás. Y cuando, todo lo anteriormente dicho, se conjuga con lo último mencionado, con esa chispa, con esa antorcha, es el momento en el que ese gran cambio psicológico se produce. 

Ese punto de inflexión que causó en mí, el significado de aquella frase, respecto de la manera en que me veía a mi mismo, -y por ende, a todo lo demás-, lo hago análogo a mi inolvidable experiencia iniciática.

En la Iniciación, me sucedió un cambio muy similar al de aquella iniciación precoz, a los 8 años de edad, aunque, obviamente, esta fue de mucha mayor magnitud, que cuando leí, en mi niñez, aquella reveladora frase, salvando las diferencias de uno y de otro evento. Pero, más allá de las diferencias eventuales, ambos sucesos generaron cambios psicológicos extremadamente positivos en mi persona, pudiendo percibir, en mi iniciación, y sin dudarlo un momento, aquel punto de inflexión del que hablaba antes. Y me animo a afirmar, con total humildad, que ese punto de inflexión; entre mi muerte a todo lo profano, como un ser, a veces, ajeno a mi propio templo interior; y entre el posterior renacer hacia una nueva vida, hacia una nueva conciencia Perfectible de mi mismo, hacia una especie de transformación de ese Yo que me guía y de ese Súper yo que me condena; se renovarán ambos con fuertes cimientos, con paredes compuestas por inamovibles bloques de virtudes, levantadas en base a aquellas piedras en bruto, labradas una a una con la fuerza de mi espíritu, fuerza que será dirigida por el cincel de la razón y de la sabiduría; de modo de que, con cada día de mi vida… de nuestras vidas… ese templo interior irá tomando forma y firmeza. Y así como todavía recuerdo aquella Frase Iniciática de mi abuela, tal como si fuera la primera vez que la leo, -la cual seguiré portando en mi mente hasta abandonar la mortalidad del cuerpo-, también será lo mismo para el templo que comencé a construir, de una mejor manera que en mi anterior vida profana, a partir de mi iniciación. Pero, así como construir templos materiales, es un proceso que lleva varias generaciones, soy consciente de que nunca terminaré de construir mi templo interior, tampoco terminaré de pulir la última piedra bruta, ni llegaré a transformar el plomo en un oro más puro; pero, de lo que sí estoy seguro, es de que, en el trayecto de esta nueva vida, y junto a mis hermanos de aquí y de allá, podré haber llegado a pulir las suficientes piedras dentro de mí mismo, como para que ese templo; edificado principalmente por mi diario accionar, en una asistencia recíproca con la fraternidad, sea el contenedor y guarda de mi autoconocimiento… de mi capacidad de introspección… para llegar a correr el velo que impide ser consciente de mis propios ángeles y demonios… para saber cuales son mis fortalezas… para transmutar mis debilidades en potencialidades… para llegar a conocer a los demás, de una mejor manera empática… para ser un servidor y guardián de la especie humana, así como de la propia Orden; ese templo… llegará a ser cada vez más fuerte y más alto… tan fuerte y tan alto… que yo pueda llegar a sentir, con mis propias manos, como un Perfectible Obrero dentro de mí mismo, el inconfundible calor espiritual, emanado de la Flameante Luz de mi Conciencia... La Verdadera Luz.

El Ascenso hacia la Verdadera Luz, no siempre significa que una verdadera luz esté en Ascenso. Existen muchos iniciados, sumidos en un ostracismo intelectual y de conciencia, que todavía no han aceptado la Verdadera Luz. Pero no solamente, no aceptan a la Verdadera Luz, -inconscientemente, creo yo-, sino que rechazan, de la misma manera, a los que sí la portan, y por desgracias, los primeros son mayoría, mientras que los últimos, solo un puñado. Pero, todos, alguna vez, estuvimos dentro de la mayoría, dentro del ostracismo intelectual, pero los que logran escapar de la Ostra, los que se desprenden del Ánima que los oprime y no los deja individuar, son los que, en definitiva, logran, hallar aquella Antorcha, siendo sus Portadores por siempre, con la mano de la inteligencia elevada hacia el Cielo.

Para poder portar la Antorcha de la Verdadera Luz, primero es necesario, no solo estar atentos a ciertos y determinantes eventos, tales como aquella reveladora e iniciática frase de mi abuela, sino que también, a aceptar, con inteligencia, todas nuestras caídas, porque quien cae 1000 veces, y en todas ellas se levanta, tendrá la fuerza de 1000 Hombres, para poder elevar el pesado manto de la Ostra, y escapar de la oscuridad que envuelve a la Perla que habita en su interior. Pero, como sabemos, las perlas solo se lucen con la Luz. Una Perla no vale nada dentro de su Ostra, tal como sucede con la persona que nunca ha podido escapar de las fuerzas tiranas de su inconsciente primitivo. La Perla, solo se Luce al recibir la Verdadera Luz de la Conciencia, en constante elevación, debido a la propia acción de la voluntad vencedora.

Nelson J. Ressio.

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23/06/2016



Existen millones de personas, que quizás, se espantarían, si supieran la verdad oculta tras un velo de simbolismos. O bien quizás, podrían aceptar dicha verdad, como parte inherente a nuestra necesidad de tocar el Cielo con las manos.

Esas personas, que en ciertos días fijos de la semana, regularmente, asisten a un ritual del Dios Pagano del Sol, rindiéndole culto y alabanza a un antiquísimo elemento de tortura, el cual porta entre sus formas, un cuerpo sufriente y sangrante, y que luego de unas cuantas palabras impartidas por parte de un Oráculo, en cierto momento del ritual, aquellas millones de personas, se dedican, una detrás de la otra, a comer la carne y a beber la sangre, de aquel pobre y lacerado cuerpo torturado.

Si lo expresamos así, lo anterior parecería el ritual de una secta satánica, -para los que creen en satanás-, pero no, no es así, es un tanto diferente, ya que, esto que expresé arriba, es solo la mismísima Misa Católica Apostólica y Romana, a la que asisten millones de fieles, esos mismos fieles, que en varias oportunidades, y muchos de ellos, luego afirman con total convencimiento, "¡¡¡Las Escuelas Iniciáticas son Sinagogas de Satanás!!!", simplemente, porque éstas escuelas se basan en el Naturalismo y en el Racionalismo, para llevar a cabo sus rituales esotéricos (y no exotéricos, tal como en el Catolicismo), y que en definitiva, dichas escuelas esotéricas, se dirigen a crear un Egregor, una Mente Supraconsciente, una reunión de filósofos, que une a todos sus miembros... bajo un Brillante Manto de Estrellas.

La Misa, en esencia, se constituye como el ritual mencionado al principio, el Ritual Pagano al Dios Sol, y visto de ese modo, incontables fieles se taparían la boca, totalmente sorprendidos, con sus ojos bien abiertos y salidos de sus órbitas, su ritmos cardíacos acelerados, y una sudoración fría corriéndoles por sus cuerpos, siendo que el temor a lo desconocido, es la principal causa de muchos de los males que nos dividen como seres humanos.

En definitiva, todos heredamos, -desde épocas muy remotas, en donde los Egipcios en Oriente, y los Mayas, en Occidente-, conformaban un compendio esotérico y exotérico, de adoración, o de rendición de culto a un Dios que todos veían, desde los cuatro puntos cardinales de la Tierra, y que era el mismísimo Sol, el Generador de toda Vida sobre la Tierra, y es por ello, que existen varias maneras de "adorar" a un mismo principio Generador de todas las cosas vivientes, las que apuntan, en conjunto, hacia el mejoramiento y hacia el progreso espiritual del Ser Humano, mas allá de que hoy en día, el exoterismo del Catolicismo, o del Islamismo, son totalmente perjudiciales para el progreso de la humanidad en su conjunto, cosa que no ocurre dentro de las Escuelas Iniciáticas, basadas estas, fundamental y fundacionalmente, en el esoterismo, en ese proceso de autoconocimiento, de autoconstrucción, de eliminación de los egos, bajo el accionar de Herramientas arquetípicas, muy elocuentes por si mismas, con el solemne objetivo, de que posteriormente, seamos nosotros mismos, los que ayudemos a los demás, en su propia autoconstrucción. En las Iglesias y en las Mezquitas, no existe autoconstrucción, y por ende, esos fieles, no serán los que ayuden a los demás a autoconstruirse, y por ello es la decadencia que presenciamos día tras día. En las Iglesias y en las Mezquitas, por ejemplo, sus fieles solo se encuentran atentos a una Revelación Divina externa a cada uno de ellos, con el objetivo de reforzar la Imitación Crística, o denominado también como: Imitatio Christi, lo cual significa, el depositar por parte de los fieles, sobre una deidad externa, el propio destino de si mismos y por ende, de todos los que los rodean, constituyéndose esto, como un gran retroceso para la Humanidad. Esos fieles entregan sus plegarias externamente, y luego, de parte de esas "deidades" externas, aquellos fieles esperan una pronta respuesta y una ágil solución, a muchos de los problemas que aquejan sus vidas, sabiendo que, dichas deidades externas, jamás responderán, y no lo harán por una simple y bella razón, y que es que, la única "proto-deidad" que puede responder a nuestras súplicas, es la deidad que todos nosotros llevamos dentro... es decir, la que se aloja dentro de nuestro uso de razón.

La única Divinidad, -bajo el velo de los rituales, o bajo la presión de la vida diaria-, la que nos dará justas revelaciones, a todas nuestras dudas, y casi perfectas resoluciones, a muchos de nuestros problemas... se constituye como lo mas Divino que posee el Hombre, en tanto que Universal... y que es... la Mente.


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20/03/2015


El Idealismo nos propone que optemos por dos vías de pensamiento en cuanto al uso de la razón; la primera es el objeto conocido y la segunda el sujeto que se conoce, y es este último el que coloca sobre lo primero las características que aquel tendrá. El objeto conocido no es mas que una manifestación, en grado y forma, de una realidad que se encuentra muy ligada al grado y forma del mismísimo universo. Por ejemplo, esta computadora, que por medio de la cual estoy escribiendo este pensamiento, no existiría como la definí antes, si yo no fuera un sujeto cognoscente, es decir una entidad pensante, consciente de si misma y de lo que le rodea, y por ende, con el poder mental de darle a esta pequeña manifestación del universo, -que es esta computadora-, el grado y forma que perciba de ella, y ese grado y forma se traducen en las propiedades de este objeto conocido, como color, tamaño, capacidad de procesamiento, y un gran etcétera. Por lo tanto, yo, sujeto cognoscente, con capacidad de adjetivar todo grado y forma que el universo me presente ante mis sentidos -al igual que todo ser humano sobre la faz de la Tierra- soy el único ser -en tanto que humano- capaz de dar existencia a cierto objeto conocido -o a conocer- e imprimirle sobre él, su grado y su forma, es decir, sus propiedades que luego lo definirán como tal o cual cosa, y por consiguiente, será un objeto más del mundo de las apariencias; pero, ojo, solo para mi mismo, que soy el que le está aplicando ciertas propiedades intrínsecas a una manifestación del propio universo, pero para otras personas que no tienen noción de la existencia de esta computadora, al no poder adjetivarla, al no ser sujetos cognoscentes actuando sobre un objeto conocido -o a conocer-, para estas personas, esta computadora no existe en el mundo de las apariencias, -de sus apariencias-, y queda relegada, para ellas, solo al mundo de las ideas, de lo trascendental, sabiendo que el pensamiento es, en primera instancia, lo único que existe, debido a que el pensamiento humano, es a la vez, sujeto cognoscente y objeto conocido.

Pero, ustedes se preguntarán, ¿que tiene que ver todo lo anterior con las ideologías penetrando dentro de las escuelas de ideas?

Primero que nada, desde mi punto de vista, existe un Orden, Orden que creo yo, debe ser inamovible, respecto de las ideologías y de las escuelas de ideales -o de ideas-, y es que las ideologías -o entes ideológicos- no deben ingresar dentro las escuelas de ideales, por el nefasto hecho, de que ideologizan la pureza de la razón de dichas escuelas de ideas, pero sí, debe suceder lo opuesto, es decir que, las escuelas de ideales deben permear todo ente ideológico que exista sobre la superficie de nuestro planeta. Esto debe constituirse como una condición sine qua non, como un dogma inamovible, incluso, me expreso a riesgos de mencionar la palabra dogma, porque si bien me siento muy en desacuerdo con ella, hay cosas que no deberían modificarse cuando atentan contra la evolución de la propia especie humana.

Los entes ideológicos, aquellos lugares -o grupos de personas- en donde la relación que existe entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido, solo se da por la acción de un único principio rector, que es la ideología, -y por ende un innegable pensamiento impuro por el hecho de no ser libre-, y no por el elemento mas poderoso que tiene el ser humano, y que es el uso de la razón, -y por ende, la pureza del pensamiento libre-, entonces, aquellos lugares en donde se fomentan las ideologías y en donde se desempeñan seres humanos capturados por ellas, estos últimos no deberían ser sujetos considerables para ingresar a una escuela de ideales, porque ejercen sus ideologías carcelarias, como sujetos cognoscentes que son, -y estoy seguro de que en la mayoría de los casos, es de manera inconsciente-, sobre los otros sujetos cognoscentes que se hallan dentro de las escuelas de ideales o de ideas envueltos por la maravillosa pureza de la razón, esa razón libre de toda cadena ideológica y dogmática que el ser humano ha sabido romper a lo largo de su historia.

¿Y que sucede cuando dos sujetos cognoscentes; uno basado en ideologías y el otro fundamentado en ideales, se internan en los intersticios del pensamiento, en pos de analizar un cierto objeto a conocer? ¿Se imaginan el resultado? Pues, desde mi punto de vista, el resultado, desde los comienzos, será desalentador y sin consensos, porque el grado y forma que le dé aquel primer sujeto cognoscente, basado en ideologías, no será el mismo grado y forma que le dará el segundo sujeto cognoscente, basado en la razón libre de cadenas psicológicas. Desde el comienzo habrá disenso, y que es muy bueno, y hasta necesario que lo haya, pero entre mentes libres de ideologías. El disenso, entre dos mentes, en la que una profesa ideologías, -y me refiero a esas ideologías muy arraigadas en sus psiques, mas no así, en ideologías basadas en simples actos simpáticos-, y con el disenso a la par de una mente que solo profesa el uso de la razón pura y libre de toda cadena psicológica, ese disenso, en muy pocos casos, creo yo, se transformará en consenso, o bien será un consenso impuro. El consenso impuro no es consenso, sino que, mas bien, un disenso muy bien adornado. Y es que debemos entender, que ese disenso adornado no es mas que hipocresía al servicio de un mundo que pide a gritos volverse a encontrar a si mismo, aunque la mayoría de las personas no se den cuenta de ello.

¿Que tenemos hasta aquí? Que las escuelas de ideales -o de ideas- no deben ser permeables a personas provenientes de las escuelas o entes de ideologías, debido a todo lo dicho anteriormente; pero, por el contrario, estos entes ideológicos, necesariamente deben ser permeados por personas que han surcado los caminos de las escuelas de ideales, de las escuelas de moral y de ideas, desde las escuelas de virtudes. Pero no al contrario.

Me considero un gran observador del Cosmos, de ese Orden que nos rodea, que aunque parezca Caos, es solo un Orden que todavía no pudimos comprender, y observo a mi entorno, desde las "pequeñas cosas", como una hormiga caminando sobre un pequeño cúmulo aglutinado de granos de arena, hasta el vasto y casi infinito universo, pasando principalmente, por este microcosmos humano tan desigual y moralmente deficiente. Y es sobre ese Caos, respecto del cual no podemos comprender a qué Orden pertenece, sobre el que debemos enfocar aquel consenso resultante de la razón pura y libre de cadenas psicológicas, y no desde el otro consenso, el que no es mas que un disenso adornado para que se asemeje a un consenso, pero este consenso es impuro, y siempre lo será.

Debemos tener presente, Todos y cada uno de Nosotros, que desde las escuelas de ideales -o de ideas- deben salir idealistas trascendentales que puedan ocupar luego, aquellos entes de ideologías, es decir que el flujo es de adentro hacia afuera. Y estos idealistas, estos pensadores que utilizan la razón pura y libre, deben haber ingresado a las escuelas de ideales, provenientes desde la pureza de su vida familiar y social, y no desde la impureza de aquellos entes ideológicos. Las escuelas de ideales y de virtudes deben ser máquinas generadoras de seres pensantes, basados en la constante tendencia hacia el querer comprender aquel Caos, Caos que no es mas que un Orden que todavía no se ha definido como objeto conocido por parte de algún sujeto cognoscente; ese Orden, que momentáneamente se disfraza de Caos, porque todavía no se lo ha definido como un objeto con propiedades inherentes que le den grado y forma, y por ende, Orden; es este Orden recién transformado del Caos, el que debe ser analizado solo por sujetos cognoscentes provenientes de escuelas de ideales, y no así, por una mezcla de sujetos de estas escuelas y de entes que profesan ideologías, porque ese Orden resultante, del que hago referencia unas líneas mas arriba, no va a tener la pureza y la libertad emanada de la relación que debe haber entre su grado y su forma, entre sus características, entre sus adjetivaciones aplicadas, y por ende, será un Orden apócrifo, que, en definitiva, será un Caos adornado para que parezca un cierto Orden, y como consecuencia, este mundo continuará llevando a la práctica decisiones -a modo de soluciones para los problemas cotidianos- que aparenten poner Orden por sobre el Caos, pero que, en realidad, solo le agregarán mas Caos, al Caos ya reinante.

Entonces, es menester comprender la idea anteriormente planteada, idea de la que estoy muy consciente de que es muy dura, porque existen muchos grandes pensadores que están dentro de aquellos entes de ideologías, desde mucho antes de ingresar a las escuelas de ideales y de ideas, y que podrían llegar a darle un verdadero Orden al Caos, y que podrían, y pueden, contribuir a que las decisiones que se apliquen sobre la realidad cotidiana de la raza humana, no estén regidas por un consenso impuro, sino que, por un consenso puro y libre de cadenas psicológicas, pero, por desgracias, estas personas, que saben dejar las ideologías a un lado, al momento de pisar el suelo sagrado de las escuelas de ideales, son los mínimos.

Los ideales deben impregnar a las ideologías, mas no así lo contrario. Si las ideologías impregnan a los ideales, siempre, siempre, siempre... el Caos seguirá siendo Caos y el Orden indefectiblemente tenderá a ser Caos.



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10/01/2015


En este artículo, trataré el tema respecto del denominado por muchos como, el profeta de las tinieblas, quien fue, nada mas y nada menos que: Julio Verne, quien, a través de su novela póstuma “el Eterno Adán”, y por intermedio de uno de sus personajes, encuentra un manuscrito, el cual alberga entre sus líneas, la siguiente conclusión, respecto del progreso humano; dicho manuscrito dice así: “el progreso no es indefinido. La ciencia y la técnica no se transmiten a través de los siglos, sino que es necesario redescubrir y reinventar todo periódicamente, tras los cataclismos cíclicos que retrotraen al hombre a las tinieblas del primitivismo. Lejos de ser lineal, la evolución es una espiral que retorna indefinidamente sobre si misma, en la que los aciertos y los errores, el surgimiento, auge y decadencia de las civilizaciones, se repiten a distintos niveles. Hemos salido de las tinieblas y a ellas volveremos, una y otra vez.”

Este, muy visionario escrito, detalla la destrucción de una civilización muy remota, debido a un cataclismo que alcanzó a todo el planeta. Y uno de los pocos sobrevivientes, entre ellos, científicos incapaces de trascender con su ciencia, hacen cambiar de opinión a un sabio gobernante, que Julio Verne coloca en un futuro remoto, quien antes que este gobernante leyera aquel manuscrito, era poseedor de la idea de que el progreso era perpetuo.

Lo anteriormente mencionado, es, ni mas ni menos, el milenario mito de la Atlántida hundida, la Eterna Recurrencia de las catástrofes que regeneran a la humanidad.

Muchos han dicho, que lo detallado en el manuscrito, en la novela póstuma de Julio Verne, responde a un estado de pesimismo del que Verne era poseedor en sus últimos años de vida, pero, de todas maneras, Julio Verne ya estaba en posesión de dicha idea, -pesimista o apocalíptica-, cuando, en su novela, “Cinco semanas en globo”, escribió lo siguiente, con tono de exclamación: “la ciencia va a devorar al hombre”. Mientras que uno de sus personajes reflexionaba lo siguiente, al mismo respecto: “será tal vez una época muy desdichada aquella que la industria lo absorba todo en su provecho. A fuerza de inventar máquinas, los hombres se harán devorar por ellas. Yo me he figurado siempre que el último día del mundo será aquel en que alguna inmensa caldera, calentada a miles de millones de atmósferas, haga saltar nuestro planeta” a lo que otro personaje contesta: “y yo añado, que no serán los americanos los que menos contribuyan a la construcción de esa caldera”.

Profecías, -o para hacerlo menos dramático-, previsiones, como las dos expresiones de parte de los dos personajes de la mencionada novela de Verne; vertidas en plena guerra de Secesión americana, unos 70 años antes de que Einstein propusiera a Roosvelt la construcción de un arma atómica, la cual, y con el pasar del tiempo, se convertiría en el terror de toda conciencia que evaluara una guerra nuclear, capaz de borrar de la faz de la tierra, a todo lo que se denomine vida; dichas previsiones disfrazadas de profecías, han convertido a Julio Verne, en un hombre visionario, quien recibió, como es de esperar, rechazos de todo tipo debido a sus inquietantes afirmaciones, a través de los personajes de sus novelas, lo cual no es mas que el resultado de la creatividad y de la capacidad intelectual de Julio Verne.

Escritor prolífico que se adelantó muchos años a su época, diseñando, creando e instalando, -por medio de sus palabras-, desde telescopios hasta una completa descripción de lo que sería la carrera espacial entre EE. UU. Y Rusia. Incluso, Julio Verne sitúa el emplazamiento resultante de su visionada carrera espacial, en Cabo Town, florida, muy próximo a lo que, hoy en día, es Cabo Kennedy, en donde, -y siempre por medio de sus palabras escritas-, emplaza su cañón espacial de 300 metros para lanzar los viajes espaciales. Incluso se le ocurrió anteponer a los viajes tripulados por humanos, a animales, al estilo de la perra Laika, que supuestamente enviaron los rusos al espacio, un tiempo antes que los estadounidenses.

Incontables inventos actuales, pasaron por la mente de Julio Verne, la bomba de fragmentación, el cine audiovisual, las torturas con descargas eléctricas, la contaminación ambiental, los drones, los grandes e imponentes edificios de hoy en día, y un gran etcétera.

De todas maneras, no es lo único que esa gran mente previsora de Julio Verne, puso sobre la mesa de las posibilidades, ya que, además de que sus escritos cargan un gran contenido previsor, técnico, científico, explícito, etcétera, también cargan entre sus líneas, innumerables contenidos implícitos, es decir, velados por metáforas o bien, alegorías, las que ocultan un significado alterno a lo escrito. Es decir, dentro de los escritos que se encuentran a la vista de todos, solo para algunos son pasibles de entendimiento y de comprender su real significado.

Dichos textos velados, ocultos por un manto simbólico, Julio Verne intentó, -y creo yo que con mucho éxito-, poner de manifiesto diversos, y muy coloridos, contenidos arquetípicos que se ocultan en lo mas profundo de nuestra psique inconsciente.

Como consecuencia de lo anterior, y de una frase expresada por el propio Verne, de que “había que leerle y no interrogarle”, incontables investigadores de este enigmático escritor, se lanzaron a tratar de descifrar aquellos contenidos ocultos dentro de las obras de Verne. Dando como resultado, un sinnúmero de interpretaciones simbólicas y mitológicas, contribuyendo con esto, a que Julio Verne, se armara de un halo de escritor, con todas las letras.

Mitología y esoterismo, son dos pasiones que Verne imprime con mucha dedicación y pasión, en cada una de sus obras.

En cuanto a lo esotérico, él supo aplicar magistralmente sobre sus palabras escritas, aquellas doctrinas filosóficas solo reservadas para una pequeña porción de adeptos cualificados, y que han sido previamente iniciados en dichas doctrinas, enseñanza oculta de carácter espiritual con uno mismo, y no así, con una supuesta deidad externa y con forma humana.

En lo que respecta al término “iniciación”, éste se refiere al proceso solemne de introducción de una persona, a los senos de una religión o bien, al interior de sociedades o escuelas filosóficas, por medio de rituales muy arquetípicos, destinados a marcar espiritual y positivamente al iniciado, dando lugar a que éste tenga acceso a un nivel de vida por encima de la existencia ordinaria, que no quiere decir, por encima de los demás, sino que, por encima de si mismo, mejorándose como persona de manera constante, hasta el día de la muerte.

Y sumado a esto, -a esas innegables representaciones arquetípicas que Verne imprimió sobre sus líneas de texto, como símbolos que tienen sus correspondientes mentales, tanto en estado de vigilia, como en el mundo de lo onírico-, se suma una característica mas, algo mas que se escondía detrás de la personalidad de Julio Verne, y que es la de ser un iniciado en aquellas doctrinas espirituales, es decir, en el esoterismo, quien, aparentemente, actuaba por encargo de una sociedad secreta… la Sociedad de la Niebla.

Sus altos conocimientos de los antiguos misterios, egipcios, hebreos y griegos, sumado a la pertenencia a una muy reservada sociedad secreta, denominada, “la Sociedad de la Niebla”, en la cual pudo incluir entre sus adeptos, a una muy importante cantidad y calidad de personas del arte y de la literatura francesa de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Pero, ¿porque sus obras revisten un carácter de perpetuidad sin desvalorización alguna con el paso de los años? La respuesta, está, no solamente en las historias narrativas en si mismas, sino en la carga arquetípica de ellas, desde éstas hasta sus propios personajes.

Como buen escritor, pone de manifiesto, aunque de manera oculta entre sus líneas, la idea simbólica del “gran viaje”, en la búsqueda de un “gran secreto”, de un ideal o un objeto revestido de un aprecio colectivo, siendo todo esto, sumado al anhelo del alma humana y al accionar de los héroes míticos y de los iniciados en el esoterismo, la columna vertebral de todas sus novelas.

Los personajes de sus novelas, son inexplicablemente guiados hacia su coloridos destinos, como si existiera, a la par de ellos, un ser invisible que le ayudara para llevar a cabo tales hechos. Y yo me pregunto, ¿no es esto una manera de intentar resaltar todo lo sagrado para el hombre?

Y en la novela de Verne, en donde se reflejan de una manera muy evidente para muchos, su condición de iniciado en aquellos misterios, o al menos, que los conocía muy bien, es en la novela, “Viaje al Centro de la Tierra”, emanando de sus líneas, sus profundos significados esotéricos, en donde sus personajes deben, literalmente, descender al centro de la tierra, pero de manera velada, dichos personajes, lo que realmente se encuentran haciendo, es un descenso a los infiernos, una persistente búsqueda para hallar el centro de ellos mismos, en la búsqueda que impulsan las doctrinas esotéricas milenarias. Esta novela, es considerada como una verdadera transformación del yo interior, de sus profundas psiques de los personajes. Incluso, mientras que el joven Axel, sigue las instrucciones cifradas, propias de un alquimista, el profesor Lidenbrock se convierte en su maestro iniciador en aquellas doctrinas, debido a que, el propio nombre Lidenbrock, es una contracción de lid y brocken, que podría tener la siguiente significancia: “el que rasga los parpados”, es decir, el que le hace abrir los ojos a Axel, con tal magna visita a los infiernos, o bien, a los interiores de la psique, para luchar con sus propios egos, destruirlos, y volver a resurgir hacia la luz de la superficie, como un hombre renovado.

Y hay mucho más sobre este enigmático escritor. Hay tanto mas que no alcanzarían las horas contenidas en un año para hablar de él y de sus escritos maravillosos.

Pero sigamos un poco mas, descorriendo el velo de misterio y de profeta, que este autor supo colocar sobre todos sus textos.

En la obra “Clovis Dardentor”, de 1896, su propio titulo arroja una indicación del propio contenido de la novela, y es que, dicho título, es un anagrama de otra frase, la cual es: “el Oro Ardiente de Clovis”. Novela que, entre sus líneas, Verne deja entrever que es poseedor de ciertas claves para desentrañar una historia de aquella época, y que hoy en día, pasó al conocimiento de muchas personas, gracias a la novela, -sumada a la película-, del autor Dan Brown “el Código da Vinci”, en donde se hace alusión, tanto en esta novela, como en la de Verne, a un supuesto tesoro hallado por Bérenger Saunière, párroco de la localidad francesa de Rennes-le-Château, mientras descifraba unos pergaminos que encontró en el interior de una columna de la iglesia en el que era su párroco, lugar que también se sospecha, de que fue el destino del santo grial, o bien, el destino de la sangre real, es decir, de la propia descendencia de Jesús.

Bérenger Saunière continuó restaurando su iglesia, hecho que le llevó a realizar nuevos descubrimientos, los cuales, e independientes de la naturaleza de los mismos, Saunière pudo llegar a amasar una fortuna muy importante, evento que le dio la oportunidad de modificar su iglesia, de tal manera, que la revistió por dentro con innumerables símbolos esotéricos y místicos, de todo tipo, e incluyendo, en dichas modificaciones, una especial distribución de todo lo concerniente al interior de la iglesia, distribución ésta, que se aleja –y mucho- de lo que debería poseer una iglesia, para acercarse mas a lo que sería un antiguo templo en donde se enseñaban los antiguos misterios esotéricos.

Jamás se descubrió, -o al menos, lo que el común de la gente sabe-, tesoro alguno, ni ningún secreto que le pudiera haber llevado al extremo de vender su silencio, o que pudiera haber sido algún engranaje de una conspiración desconocida.

Y justamente, -y recordando la novela de Verne que nos trajo por estos lados históricos, con un anagrama en su titulo: “Clovis Dardentor”-, el rey Clovis (o Clodoveo) fundador de la dinastía de los Merovingios, de la cual era miembro, nada mas y nada menos que Maria Magdalena, y que el pueblo Rennes-le-Château, pudo haber sido la capital de los Merovingios. Entonces, además de las similitudes detalladas antes, el rey Clovis, de la vida real, se condice con el nombre de la novela de Verne. Recordemos, “Oro Ardiente de Clovis”… ¿a que habrá hecho alusión Julio Verne? ¿a un supuesto tesoro de oro del rey Clovis? ¿A María Magdalena? ¿Por qué oro ardiente?... Mas allá de todas las cuestiones que se puedan desprender de esto, algo queda muy en claro, y es que, Julio Verne conocía muy bien, cierto secreto ancestral alrededor de la iglesia de Rennes-le-Château, y demás cuestiones de la zona en donde vivieron los merovingios. Pero, ¿quien colocó en conocimiento de Verne, dichos secretos? ¿Fue la sociedad secreta a la que él pertenecía, denominada, “la niebla”, la que lo hizo?

Esta sociedad, denominada primeramente como “la Sociedad Angélica”, por su fundador, Lionés Gryphe, quien se inspiró en otra sociedad de origen griego, denominada Nephes, cuya traducción es, la niebla, nombre arquetípico que representa al principio universal, a la palabra dicha en el principio de los tiempos, a la verdad inocultable, al primordial Om, a ese supuesto caos que dio origen a nuestro ordenado universo.

Luego de varias desdichas en los últimos años de la vida de Verne, ésta se torna oscura, y el pesimismo que lo invade, comienza a contrastar con el optimismo con el que se valió para escribir sus primeras novelas. Se recluye en una solitaria y asocial vida de comarca, pero sin dejar de escribir, y aquí es donde se refleja la amenaza de la ciencia para el hombre, como una herramienta de perturbación, subordinada al dinero y manipulada por antihéroes locos.

Esta nueva faceta de Verne, ¿era como resultado de su supuesto pesimismo, o bien de un optimismo muy bien informado? ¿Alguien puede dudar de que lo expresado anteriormente en nuestros días no se esté dando en ningún lado?

Para cerrar, Julio Verne, el genial creador de mundos enteros, deja un epitafio para que sea escrito sobre su tumba: “hacia la inmortalidad y la eterna juventud”.


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