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14/07/2023


En los confines del Cosmos, donde la vastedad del universo se despliega ante nuestros ojos, se revelan misterios que desafían nuestra comprensión. El orden y el caos entrelazados, el infinito y lo finito convergiendo en un intricado tejido cósmico. En medio de esta imponente escena, emerge la noción de una Frontera Final, una línea invisible que separa y define la naturaleza de todo lo existente. En este artículo, exploraremos los conceptos intrigantes planteados en un texto previo, sumergiéndonos en las profundidades del universo para desentrañar su significado y desvelar las conexiones sutiles que nos unen a él. Acompáñanos en este viaje hacia los límites de nuestro entendimiento, donde la Frontera Final nos espera con enigmas y revelaciones cósmicas.

Contenido dentro de un vasto e imponente escenario, en donde la magnificencia del Cosmos abruma nuestros sentidos, nos encontramos frente a la eterna dualidad del Orden y el Caos. El Espacio, ese flujo cósmico viscoso y aparentemente infinito, se convierte en el lienzo donde la energía y la materia se entrelazan y desafían constantemente nuestro raciocinio. Es allí donde emergen los misteriosos brazos gravitacionales oscuros, manifestaciones de la propia Mente Causal y Universal. Este entramado magnánimo de materia cósmica, nuestro Universo, es solo uno de infinitos universos que existen, cada uno con sus propias mentes demiúrgicas, causales y deterministas, creando y destruyendo dentro de la vastedad interminable del Multiverso casualístico. En este intrigante Infinito, convergen conceptos fundamentales como Causa y Efecto, Orden y Caos, Multiverso y Universo, Infinito y Finito. Sin embargo, una frontera inquebrantable separa estos conceptos, marcando la diferencia entre el Diseñador y el Demiurgo, entre el poder de crear y destruir. El Infinito no puede ser limitado a un solo Universo, y el Universo, por definición, no puede abarcar lo infinito. Esta frontera, infranqueable para ambos lados, establece los límites y la esencia misma de toda razón de ser. Aunque la frontera permanece inalterable, tanto el Diseñador como el Demiurgo comparten una conexión inherente más allá de nuestro alcance cósmico. En su interacción, se revela una simbiosis entre la Causa y el Efecto, donde la trascendencia de la frontera no siempre es necesaria. Cada uno ocupa su papel en la creación y en la destrucción, pero siempre existe un punto en común, una chispa divina que les une. Es en ese punto donde la Frontera Final adquiere su mayor significado, recordándonos que, a pesar de nuestras diferencias y dualidades, todos somos partícipes de un vasto cosmos regido por un orden intrínseco.

La comprensión de esta Frontera Final nos insta a reflexionar sobre nuestra existencia y el propósito que nos impulsa. ¿Somos simples espectadores del diseño cósmico o somos los demiurgos de nuestro propio destino? Esta pregunta nos confronta con la paradoja de nuestra capacidad de elección y nuestro inevitable vínculo con el entramado causal universal. Somos seres finitos en un infinito universo, pero a través de nuestra percepción, la frontera se disipa momentáneamente y vislumbramos la conexión esencial que nos une a todo lo que existe. En palabras del filósofo griego Heráclito: "La naturaleza ama ocultarse". En esa ocultación, en ese desafío constante a nuestro raciocinio, encontramos la belleza de la existencia. La Frontera Final nos invita a explorar, a adentrarnos en lo desconocido, a cuestionar nuestras limitaciones y a trascender nuestra comprensión actual del universo. Es en ese espacio donde reside la grandeza del ser humano, en su capacidad de asomarse al abismo y descubrir el orden en medio del caos, la interconexión de toda causalidad y la incuestionable importancia de la Frontera Final.

Durante nuestro periplo a través de los pliegues de estas líneas, hemos explorado las vastas dimensiones del Cosmos y nos hemos adentrado en la comprensión de la que he denominado como "Frontera Final". En este viaje, hemos vislumbrado la interconexión entre el orden y el caos, entre el universo finito y el infinito que se despliega más allá de nuestra percepción. Hemos reflexionado sobre el papel del Diseñador y el Demiurgo, y sobre nuestra propia capacidad para influir en la realidad que nos rodea. En última instancia, hemos descubierto que la Frontera Final es más que una barrera infranqueable. Es un recordatorio de nuestra limitada comprensión y una invitación a expandir nuestros horizontes. A través de la contemplación de la Frontera Final, nos sumergimos en la maravilla de la existencia y reconocemos nuestra conexión intrínseca con el cosmos. En nuestra búsqueda de respuestas, encontramos más preguntas. La Frontera Final nos desafía a explorar los límites de nuestro conocimiento y a cuestionar nuestras percepciones. Es en este territorio desconocido donde reside la grandeza del ser humano, en su capacidad de abrazar lo incierto y de desvelar los secretos que yacen más allá de lo evidente.

Así, mientras contemplamos la vastedad del universo y nos enfrentamos a la Frontera Final, recordemos que estamos inmersos en un tejido cósmico que trasciende nuestras limitaciones individuales. En este universo interconectado, cada acción y cada pensamiento reverberan a través del tiempo y del espacio.

En definitiva, el significado de este aparentemente infranqueable Delimitación Cósmica; en donde pareciese que todo termina, y al mismo tiempo que todo comienza; es tan amplio y tan profundo como la propia existencia. Nos impulsa a explorar, a cuestionar y a trascender nuestras percepciones, abriéndonos a un universo de posibilidades. A medida que continuamos nuestro viaje en la búsqueda del conocimiento, sigamos abrazando la incertidumbre y maravillándonos ante los misterios que aguardan más allá de la Frontera Final.

Lic. Nelson J. Ressio.

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27/08/2018


Un hermano de la vida, expresó que había sido destinatario de un robo, en su propia casa, sin que nadie de la familia se enterara de dicho acto, hasta que tuvieron conocimiento de lo que faltaba. Por mi parte, le respondí, mas o menos, por medio del siguiente texto.

El problema aquí, es que no se puede hacer nada legalmente, salvo la denuncia policial correspondiente, si es que la persona que es sospechosa, realmente robó lo que robó, (recordemos que todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario), entonces, si es que el supuesto ladrón es el que también fue el autor material en la realidad, si no se tiene prueba alguna del hecho en cuestión, obviamente que todo lo sustraído, se habrá perdido, pero, ¿que pasa si el supuesto sospechoso no robó lo que se especula que robó? Mmm, pues aquí se abre un abanico de preguntas nuevas. Las suposiciones no cuentan, solamente las pruebas, salvo que se posea cámaras de video, y que al supuesto ladrón, se lo haya capturado "in fraganti", en este posible caso de robo.

Y he aquí, la explicación desde el punto de vista meramente antropológico, y bajo mi punto de vista, por supuesto.

Pues, el robo, como sabemos, se constituye como la manifestación mas básica y frecuente del ego humano. Y si nos trasladamos al reino animal, el robo, es "moneda corriente", es decir que, como ejemplo, un mono le quita la banana al otro mono, o un cocodrilo pelea con otro cocodrilo por un pedazo de carroña, o una anaconda se traga un huevo de un avestruz, o un águila se roba, utilizando sus fuertes garras, un conejo al cual perseguía, o un tiburón se lleva lo que parecería ser una presa, flotando o nadando en la superficie del mar, y un largo e interminable etcétera.

El robo está en nuestros genes, es la base misma del ego, pero, lo que hace que el ser humano no robe, que no desee lo que no es suyo, es tener un poco de conciencia elevada, nada mas, solo un poco, y no me refiero al intelecto, sino que, conciencia elevada, un poco mas de lo normal, para que esa forma básica del ego, de pedir recompensas por lo que cree que se lo ha ganado, que es el robo, hurto, rapiña, quite, etc., no se lleve a cabo. Entonces, a nivel psicológico, de los estadíos psicológicos de Freud, los cuales son el "Yo", el "Super-Yo" (ambos conforman el Consciente) y el "Ello" (conformando el Inconsciente); el estadío psicológico "Yo", es el que nos dice, a modo de ejemplo: "Son las 3 de la mañana, estás en el automóvil, solo, detenido frente al semáforo en rojo, ¿no crees que te podrían robar?", con lo cual, despacito, vemos que no venga nadie de ningún lado, y pasamos en rojo, ya que el "Yo" nos dice lo que está mal, pero, pese a una determinada situación, no nos impide romper las reglas; luego está el "Super Yo", es el estrato psicológico, conformado desde la niñez, por medio de los límites que los padres les imponen a sus hijos, por lo que aquí va el mismo ejemplo del semáforo, pero, basados en que dicha persona tenga un poderoso "Super Yo": "Son las 3 de la mañana, estás en un automóvil, solo, detenido frente a un semáforo en rojo: NI SE TE OCURRA PASAR HASTA QUE EL SEMÁFORO ESTÉ EN VERDE, por mas que veas a gente sospechosa"; y por otro lado, nos vamos al estrato o estadío psicológico, denominado por Freud, "Ello", y que es el inconsciente mismo, donde reside el Ego, y que a nivel cerebral, es el Sistema Límbico, nuestro cerebro evolutivo animal.

Ahora bien, este supuesto sospechoso de robo, si es que las sospechas se convierten en una verdad, no posee un poderoso "Super Yo", como para decirse a si mismo, "NO ROBARÉ", y como el ego, siempre es poderoso, por naturaleza, y por lo tanto, es necesario dominarlo, justamente, con el "Super Yo", si este último es débil, pues gana el Ego, siempre gana, y en cambio, si el "Super Yo" es poderoso, gana el Consciente, en la mayoría de los casos. Tanto el "Yo", como el "Super Yo", se encuentran en la corteza denominada Nueva, o Neocortex, lo que nos transformó en seres humanos, en Homo Sapiens Sapiens, y que psicológicamente hablando, ambos conforman el Consciente. Por lo anterior es que es tan necesario ponerle límites a los niños, debido a que, los niños, desde que nacen, son todo ego, y nada de "Yo", y menos que menos, "Super Yo", porque esos estadíos anteriores, pertenecientes al Consciente, en la niñez de nuestros hijos, somos los padres, los encargados de labrarselos por ellos, hasta que ellos mismos, puedan seguir nuestro trabajo, que antes no podían, porque eran niños, por supuesto; y luego de los 16 años aproximadamente, si los padres le pudimos fortalecer ambos estadíos constituyentes del Consciente, ellos continuarán, labrando su piedra bruta por si mismos, por medio de las herramientas que nosotros, sus padres, les supimos dar desde el momento en que nacieron, herramientas encerradas bajo el nombre de "límites". Ahora bien, si nosotros, los padres, fuimos unas personas facilistas, simplistas, infantilistas, dedicadas a enaltecer nuestra propia felicidad, y por ende, con la intención de que nosotros, los padres, no suframos, le dimos todo a los niños, todo lo que los egos de los niños quisieron, sin restricciones; en lugar de realizar el arduo, difícil, complejo y adulto trabajo, de reforzarles el "Yo" y el "Super Yo"; terminaremos debilitando su Consciente, pero, al mismo tiempo, lograremos fortalecerles, aún mas, el Ego, y cuando los niños lleguen a aquellos 16 años de edad, como para continuar por si mismos, por sus propios medios, el arduo trabajo de pulir su psique Inconsciente, el de pulir su Ego, no podrán hacerlo, porque el Ego, en lugar de debilitarse, durante sus primeros 16 años de vida, éste se fortaleció, y como consecuencia, esos padres facilistas, le acaban de comenzar el triste proceso de arruinarle la vida a sus hijos, porque, a futuro, sus comportamientos serán basados enteramente, en el ego.

Pues, el ego también nos dice lo siguiente, como respuesta a una incipiente advertencia del "Super Yo", de que, ¿porque tienes que robar lo que no es tuyo y además, teniendo trabajo y un buen estar económico?, con lo que el ego, muy poderoso, le responde: "Voy a robar, porque necesito recompensa, y tu no me lo impedirás, porque yo, el Ego, soy mas fuerte que tu 'Super Yo', y no me estorbarás a la hora de robar lo que sea"; con lo que el "Super Yo", el Consciente, se retrotrae, se esconde, y si bien, el Consciente, es el estadío psicológico que debería, decir: "no pases el semáforo en rojo, aunque tengas una pistola en la cabeza", o bien, "no robes lo que no te pertenece, además, no robes lo que no necesitas para tu subsistencia, valora lo que tienes y lo que eres"; si ese Consciente no está trabajado desde niño, primero por los padres, a través de los límites, y luego por ellos mismos, por medio de las herramientas que le supieron dejar sus padres, el ego seguirá haciendo lo suyo, incluso, la violencia para conseguirlo, será una posibilidad evolutiva, desprendida de la propia Selección Natural.

Y el ego puede robar cualquier cosa, ya sea dinero, joyas, ideas, tiempo, o cualquier objeto, tangible o intangible, que le retorne una recompensa, porque el ego siempre quiere ser feliz y estar satisfecho, mediante recompensas que se auto impone, para, y por, si mismo, sin mas motivos que su propia existencia.

Nelson J. Ressio


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15/12/2017


Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos los límites establecidos por la naturaleza.

Hipócrates.

"Mi libertad se termina donde empieza la de los demás."

Santo Tomás de Aquino. 



Una de las tres grandes luces de nuestra Querida Orden Masónica, la que nos invita a percibirla ante nuestro entendimiento, para que sea utilizada correctamente, por nosotros y sobre nosotros, como Obreros de nuestros propios templos de virtudes, durante el duro, pero imparable proceso que nos conduce hacia nuestra auto-construcción, hacia nuestro auto-conocimiento, hacia el preciso instante en que comprendemos hasta donde podemos llegar con nuestros actos, para poder vislumbrar y no traspasar nuestros propios límites, durante momentos ciertamente remediables, en los que invadimos los límites ajenos, como efecto resultante de no ser conscientes de entender hasta donde somos capaces de llegar con nuestras acciones y palabras, hasta donde entendemos que aquellas fuerzas tiranas provenientes desde lo profundo de nuestra psique, denominadas egos, nos podrán llevar hacia el rectificable acto de invadir conciencias que no nos pertenecen, y además, a dañar susceptibilidades ajenas, a que aquellos egos nos eleven injustamente por sobre nuestro prójimo, nuestro próximo, a que nos quieran llevar directamente hacia el anteponer y hacia el prevalecer nuestros puntos de vista respecto de una idea determinada, por sobre las de aquel prójimo, porque debemos comprender, valiéndonos del trabajo con Mazo y Cincel, que nuestros puntos de vista, se deben encontrar delimitados y contenidos por el efecto de los incontables puntos de vista de los demás, es decir, que ciertas ideas no deben ser invadidas por otras ideas ajenas, y viceversa, quedando cada una de ellas, contenidas y rodeadas por los límites externos de las demás ideas circundantes, aunque es perfectamente entendible y propio de uno de las tres lemas fundamentales de la Masonería, y que es la Libertad, de que las ideas expuestas a nuestro prójimo, que nos circundan en todos los ámbitos de nuestra vida, sean el fruto del pensamiento y de la intuición, producidos éstos gracias a la ausencia de toda atadura psicológica y de falta de empatía, y no así, por la acción de aquel ego, en sus diferentes facetas, el que nos conducirá indefectiblemente a que confundamos nuestros límites con los de los demás; a que seamos los invasores de terrenos psicológicos ajenos, con lo que esto significa; a que nos adueñemos, en un rapto de distracción propio del accionar de los egos, de sensibilidades que no deben ser dañadas por el accionar del reparable acto de no saber manejar la rama alejada del centro de nuestro compás psíquico, ya que es muy necesario el mantenernos lo mas cerca posible de dicho centro; a entender que los pensamientos ajenos no merecen ser divididos a la mitad por la línea trazada con aquel compás que delimitan los nuestros; esos egos, esos muy poderosos egos, que en todo momento nos quieren gobernar y descentrar, hasta intentar ser soberanos en terrenos ajenos, simplemente nos alejan de la verdadera misión que tenemos como constructores de nuestros Templos de Virtudes, de nuestro entender hasta donde podemos llegar, de nuestro saber que si bien nuestras acciones tienen un punto de partida central, las mismas no pueden sobrepasar lo que en geometría se denomina como radio, y nuestro radio, Queridos Hermanos, es la única distancia de doble sentido que deben recorrer nuestros actos e ideas, con el objeto de no interactuar con los radios de nuestro prójimo, y esa clarísima línea que nos aleja del centro, pero que mantiene “a raya” nuestros egos dentro del límite que nos brinda el círculo, esa innegable línea recta, que representa tanto nuestra conciencia como nuestros egos, pero que también nos dice que cuanto mas cerca estemos del centro, -razón de ser que le da el otro extremo o rama del compás-, mas cerca estaremos de brindar nuestras ideas y nuestros actos de forma positiva, real y verdadera, y que cuanto mas lejos nos encontremos, nuestros egos comenzarán con sus acechanzas, resultando con ello, en que las apariencias y las falsas interpretaciones sean las causantes de que aquel radio que nos mantenía dentro de nuestros centrados límites, invada y coaccione con los radios que demarcan terrenos ajenos, por lo que, aquella herramienta psicológica, y que tiene su equivalente arquetípico en el mundo de las cosas, es el Compás queridos hermanos, nuestro mágico y muy poderoso Compás, y no digo mágico y poderoso porque dicho elemento representativo de nuestros límites, contenga poderes intrínsecos, todo lo contrario, ya que solo representa la magia y el poder que debemos tener dentro de nosotros mismos, y que poseemos en nuestra psique, ya que dicho elemento de geometría; el cual nos lleva desde la dualidad de las bajas pasiones (del 3 y del 6, valores de ambas ramas), -como los mencionados egos-, hacia la unidad que representa el extremo superior del compás, debido a que éste pináculo, reúne lo disperso, junta y armoniza los extremos, unifica lo que se encuentre cercano a los límites o puntos externos del radio… en definitiva, este extremo superior y unificador (el cual posee el número del GADU mismo, el nº 9), nos hace comprender; ni mas ni menos, que aquel radio conductual que contiene nuestras ideas y actitudes, unificadas éstas, en dirección a la cima y por medio de ambos extremos o ramas del compás; nos hace entender qué tan cerca nos encontramos de ser los perfectos moderadores de nuestros propios actos.

La moderación, que nos simboliza aquella parte superior del compás, representa nuestro esfuerzo y nuestra actitud que empleamos en el duro acto de reunir lo disperso, de eliminar aquellas falsas apariencias e interpretaciones subjetivas, deshacernos de ese “suponer” que nos crea ideas ilusorias y percepciones equivocadas; esa cima, personifica al acto mismo de juntar las bases psíquicas de nuestra conciencia e inconsciencia (3 y 6), representada por la línea geométrica del radio, de manera tal, de que la conciencia del Uno, del Si-mismo, de nuestro Yo (del 9), sea lo único que constituya nuestra vida en relación con el prójimo… con nuestros semejantes.

A ese compás; a ese elemento de madera o mental, que no hace otra cosa que realzar una imperfecta y doble moral, regidas por el 3 y el 6, hacia la Luz de la unidad y de la sabiduría, hacia el propio Cenit, regido por el 9. el G:.A:.D:.U:., y que cada uno de los distintos límites que nos tracemos por medio de él, en el camino de la auto-medición de nuestras piedras psicológicas; a dicho elemento, tanto arquetípico como geométrico, debemos imprimirle la mayor firmeza y voluntad que podamos, para ir construyendo nuestro templo de virtudes, desprovisto éste, de las débiles e irregulares piedras que representan los malos hábitos, de los vicios cedidos a la debilidad de nuestra indudablemente perfectible forma de ser, de toda pasión que se relacione con lo vulgar y que deshonra la perfectibilidad del ser humano, y de cualquier otro acto que agravie, tanto a nosotros mismos, como también a los demás.

Ese elemento mágico y poderoso, por su representación arquetípica en nuestra mente, delimita el verdadero y único espacio de nuestros derechos, respecto de los derechos de nuestros semejantes, ya que nuestros actos, para con nuestros semejantes, deben guardar el mayor respeto, consideración y estima hacia ellos, ya que también, éstas tres virtudes, brindadas desde la cima de nuestra conciencia, nos retornarán hacia nosotros desde los demás, y de la misma manera en que partió hacia aquellos. El compás representa la única guía arquetípica que delimita nuestras acciones conscientes. Si no nos basamos, tanto dentro de nuestra Orden Masónica en general, en nuestro Taller en particular y también en el mundo Profano, en lo que representa el compás, tomaremos decisiones y cometeremos actos equivocados, que nos llevarán a vivir una vida repleta de susceptibilidades ajenas dañadas y de humillaciones para con nuestro prójimo.

El compás, Queridos Hermanos y Lectores, para terminar, lo debemos tener siempre presente, en todo momento y a toda hora, de cada día de nuestras vidas, horas éstas representadas por la regla de 24 pulgadas, e imprimiéndole la fuerza del Mazo y la dirección y la voluntad inteligente del Cincel, y con la rectitud de conducta de la Escuadra, basados todos ellos en la moralidad que nos brinda el Libro de la Ley, le haremos frente e identificaremos a aquellos egos que a cada momento nos quieren reemplazar nuestro bello y muy arquetípico compás y a todo lo que él representa; sostenido éste desde la mano creadora del Gran Arquitecto del Universo; esos egos siempre querrán reemplazar nuestros límites, por un inoportuno y funesto símbolo de amoralidades.

En la Masonería, la frase “Empeñar la palabra de honor”, representa, precisamente, a lo que ese 9, ese Cenit o esa cima del compás nos está simbolizando, es decir, al trabajo de construir y perfeccionar nuestra moral, para cumplir, con el mayor decoro posible; día tras día, desde el día hasta la noche, desde el levante hasta el poniente, desde el Oriente hasta el Occidente, desde la rama del compás que se apoya en el centro del círculo, hasta la que describe el límite de éste; cumpliendo con orgullo, como decía antes, nuestras promesas y juramentos, dentro y fuera de la querida Orden Masónica.

Y para saber el porqué, el Compás representa, por medio de sus dos ramas, a los números 3 y al 6, y su pináculo, al número 9, le mi otro artículo a este respecto.

Nelson J. Ressio.

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