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Mostrando las entradas con la etiqueta Tolerancia. Mostrar todas las entradas
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15/06/2023


Esa pregunta que a veces dejamos inconscientemente relegada en un rincón de nuestra mente es: ¿por que solemos airarnos con el prójimo, con el próximo, solo por tener diferencias? ¿Será que esa ira proviene de ciertas diferencias de pensamiento, como por ejemplo, por diferencias sociales y culturales, o por diferencias de credo, o por diferencias del color deportivo, o por diferencias políticas, o por diferencias raciales, o por diferencias de sexo, o peor aún, por todas ellas en conjunto?

La ira y el odio generados inútilmente por esas diferencias, llevan al ser humano, a cometer necedades innecesarias y totalmente antagónicas a lo que debería ser una sociedad libre y justa. Libre de ataduras psicológicas (como las descritas arriba) y justa, en el sentido de que todos sus integrantes iluminen a los demás por medio de una fuerza muy poderosa, la cual, hoy en día, es pasible de un gran olvido y desinterés, y que es la Tolerancia. Y esto solamente para empezar a mejorar como sociedad.

Pues las enseñanzas milenarias de quien, entre muchos otros, fue un Gran Ser Tolerante, deben hacer reaccionar al ser humano mediante el uso del raciocinio, y no por el efecto de aplicar dogmatismos, los que se terminarán derrumbando por su propio peso, y preguntándonos firmemente todos los días; valiéndonos de las enseñanzas de ese Gran Hombre de carne y hueso, hijo de la unión carnal de una Mujer y un Hombre (y no de una mujer y un espíritu), y Maestro de maestros, el cual fue Jesús; ¿el porqué a veces procedemos de tal o cual manera negativa con el prójimo, por el solo hecho de tener aquellas diferencias? Las diferencias nos deben construir y no destruir, ya que, por una innegable naturaleza evolutiva (y no por el designio de una deidad omnipresente y antropomorfizada por religiones creadas por humanos) somos eminentemente, seres de razón, podemos pensar, sacar conclusiones, y hasta prevenir eventos futuros gracias a los hechos del pasado, con lo cual, razonablemente siempre podremos hacerle frente; sin confrontamientos pasionales, y solo por medio del uso del pensamiento objetivo; a esa tan inevitable diversidad humana.

En nuestra travesía por la existencia, nos encontramos con una cuestión que a veces relegamos al confín más oscuro de nuestra mente: ¿por qué sucumbimos a la furia y nos enredamos en enfrentamientos con nuestros semejantes tan solo por nuestras diferencias? ¿Será que esta ira brota de las variaciones en nuestros pensamientos, ya sean sociales, culturales, religiosas, deportivas, políticas, raciales o de género? ¿O quizás, de manera aún más preocupante, sea una amalgama de todas estas discrepancias la que desate tal arrebato emocional?

La ira y el odio que surgen de forma fútil debido a estas disparidades nos arrastran hacia acciones insensatas y totalmente contrarias a los principios de una sociedad libre y justa. Anhelamos una sociedad liberada de las cadenas psicológicas que antes mencioné, y anhelamos justicia en el sentido de que cada individuo brille con una fuerza poderosa conocida como Tolerancia. No obstante, lamentablemente, en la actualidad, esta virtud se encuentra sumida en el olvido y el desinterés generalizado. Por lo tanto, es imperativo que empecemos a mejorar como sociedad desde estos fundamentos.

Las lecciones milenarias impartidas por aquellos que, al igual que muchos otros, personificaron la grandiosa virtud de la Tolerancia, deben incitar a la humanidad a reaccionar de manera razonada, en lugar de caer en dogmas que inevitablemente se desmoronarán. De este modo, debemos cuestionarnos diariamente con firmeza, basándonos en la sabiduría de aquellos grandes hombres y mujeres que han encarnado la Tolerancia a lo largo de la historia. Estas figuras ejemplares, en su diversidad y grandeza, nos enseñan que nuestras actitudes negativas hacia nuestros semejantes, motivadas únicamente por sus diferencias, son contrarias al bienestar colectivo. En lugar de destruirnos, nuestras diferencias deberían convertirse en el cimiento sobre el cual edificar una sociedad inclusiva y próspera.

Es innegable que la evolución humana, impulsada por nuestra capacidad de razonar y reflexionar, nos permite enfrentar la diversidad con objetividad y sabiduría. A través del pensamiento lúcido y la consideración respetuosa hacia las diferentes perspectivas, podemos tejer un entramado de comprensión y armonía. Debemos abandonar los enfrentamientos pasionales y adoptar una mentalidad abierta que valore la diversidad humana como una fuente de enriquecimiento y aprendizaje mutuo.

Se torna esencial entonces, el reconocer el valor trascendental de la Tolerancia como motor de una sociedad justa y libre. Al despojarnos de prejuicios y estereotipos que nos dividen, podremos labrar un camino hacia la convivencia pacífica y la coexistencia armoniosa. Es mediante la aceptación de la diversidad y el fomento del diálogo constructivo que alcanzaremos un futuro en el que el respeto y la comprensión sean los pilares que sostengan una sociedad equitativa y próspera.

Lic. Nelson J. Ressio.

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17/04/2016


En el enorme y complejo entramado de opiniones políticas que se entretejen tanto en la Argentina como en otros confines del globo, resulta innegable la profunda división que aqueja al tejido social. Esta fractura, lejos de conferir fortaleza, nos deja en una posición de vulnerabilidad cuando se trata de hacer valer nuestro derecho constitucional de exigir cuentas a nuestros dirigentes. La sociedad, inmersa en una vorágine de acusaciones y reproches mutuos, parece no advertir que esta dinámica solo sirve para socavar aún más su cohesión. Los poderes políticos, sagaces en sus estrategias, encuentran en esta división el terreno fértil donde afianzar su control sobre las masas.

Resulta sorprendente, aunque no del todo inesperado para aquellos que observan con detenimiento el devenir político, que incluso individuos que se consideran intelectuales y distantes de la ignorancia sucumban ante los juegos de la división. El viejo adagio del "Divide y Triunfarás" parece cobrar renovada vigencia, trascendiendo barreras sociales y educativas. Incluso aquellos que abogan fervientemente por la diversidad de pensamiento y la tolerancia caen presa de la tentación de vilipendiar a sus semejantes por discrepancias ideológicas.

Más preocupante aún es la hipocresía que se vislumbra cuando aquellos defensores de la igualdad y la libertad de expresión se convierten en los primeros en lanzar ataques contra aquellos que disienten con ellos. Esta dualidad de criterios mina los fundamentos mismos de una sociedad democrática y abre la puerta a formas veladas de totalitarismo en nombre de la defensa de una ideología.

Resulta evidente que el poder político está alcanzando niveles alarmantes de corrupción y desgaste. Esta corrupción no se limita a un partido político específico, sino que permea todas las esferas del gobierno. De no tomarse medidas drásticas para contrarrestar esta tendencia, la sociedad se avizora un futuro sombrío de división y conflicto, donde la confianza en las instituciones se desvanece y la cohesión social se desintegra.

Ante este panorama, surge la imperiosa necesidad de buscar caminos que nos conduzcan hacia la reconciliación y la unidad. La empatía se erige como la herramienta fundamental en esta empresa. Incorporar la empatía como asignatura en todos los niveles educativos, tanto públicos como privados, puede sentar las bases para una sociedad más comprensiva y solidaria. La empatía nos permite conectar con las experiencias y emociones de los demás, incluso cuando difieren de las nuestras, y nos impulsa a actuar en consecuencia, desde un lugar de comprensión y respeto mutuo.

Es hora de que la sociedad en su conjunto revalúe sus valores y prioridades. La búsqueda del bienestar individual no puede prevalecer sobre el bienestar colectivo. Solo unidos podemos superar los desafíos que enfrentamos como sociedad y construir un futuro más justo y equitativo para todos. Es momento de dejar de lado nuestras diferencias y trabajar juntos hacia un objetivo común: una sociedad más inclusiva, tolerante y compasiva.

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