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30/10/2025


Cada tanto, el universo parece guiñarnos un ojo. No hablo del azar, sino de esos momentos en los que la realidad se pliega sobre sí misma, dejando ver una geometría invisible, un código que une lo aparente con lo oculto. El 11 del 11, en el año 2025, no es una simple coincidencia del calendario. Es un espejo numérico, una llave simbólica, un portal en la aritmética sagrada del cosmos. La suma de sus cifras, 1+1+1+1+2+0+2+5, nos entrega el número 13, y al unir ese 13 con el 9 resultante de la suma del año (2+0+2+5), emerge el 22, número de Maestría, de construcción espiritual y de revelación apocalíptica.

Y si algo aprendí con los años, es que el lenguaje del universo no se escribe con palabras, sino con vibraciones numéricas, con resonancias simbólicas que atraviesan las capas de la mente humana y despiertan arquetipos dormidos en el alma colectiva.

El 22, además de su eco en los veintidós capítulos del Apocalipsis, vibra en las entrañas de esta década —los 2020—, una década que, simbólicamente, refleja el espejo de lo doble, lo gemelar, lo polar. Dos veces el 2. Dos veces la tensión entre los opuestos. Y si uno decide mirar más allá de lo meramente cronológico, puede percibir un patrón: el mundo está siendo desmontado y reconstruido, como si las placas tectónicas de la civilización se movieran bajo el suelo de la conciencia. Cada crisis política, tecnológica o espiritual no es sino un temblor que anuncia la expulsión de las fuerzas oscuras de la vieja Babilonia: los egos individuales y colectivos que aún sostienen la ilusión de la separación.

A veces me detengo a contemplar cómo la sincronicidad —aquello que Carl Jung definió como la “coincidencia significativa entre un estado interior y un evento exterior”— actúa como un ideograma invisible que une las apariencias dispersas del mundo. No hay casualidades cuando el alma está despierta; solo correspondencias, símbolos, espejos. Y el 11 del 11 es, precisamente, un espejo en sí mismo. Jung hablaba de la “función trascendente” como la capacidad de integrar los opuestos psíquicos: la luz y la sombra, el consciente y el inconsciente, el yo y el Self. Esa integración es la alquimia del espíritu, el verdadero Apocalipsis: no una destrucción, sino una revelación de lo que siempre estuvo allí, esperando ser visto.

Desde tiempos inmemoriales, los números pares y los impares han representado fuerzas complementarias. Los pares —2, 4, 8, 22, 44, 144, 666— evocan lo femenino, lo receptivo, lo que contiene. Los impares —1, 3, 5, 7, 9, 11, 13, 33— son la emanación, la proyección, lo masculino. En el obelisco, por ejemplo, se erige el principio solar, fálico, osírico, penetrando el círculo que simboliza el útero de Isis: el Uno dentro del Dos, el verbo encarnado en la materia. De esa unión nace el Tercer Principio: Horus, el Hijo, el Cristo, el Ojo que todo lo ve. Así, el 1 y el 2 engendran el 3, la tríada que en la tradición egipcia dio origen al nombre sagrado: Is-Ra-El —Isis, Ra, y El—, la unión del femenino, el solar y el divino. Y esta estructura simbólica no es ajena a la experiencia interior. Cada uno de nosotros es, en esencia, un microcosmos de esa tríada: un pequeño Israel en lucha constante entre los polos que lo habitan. Cuando el Ojo se abre —cuando la conciencia emerge del velo del olvido—, las energías internas ascienden por el eje vertebral, ese caduceo de Hermes que serpentea en espiral por las 33 vértebras humanas. Y allí, en esa ascensión, se revela el misterio: la misma estructura del cuerpo humano es un templo alquímico, un mapa que conduce de lo denso a lo sutil, del plomo del instinto al oro del espíritu. Entonces, en ese proceso, cada vértebra es una etapa de transmutación, un peldaño hacia la Sublimatio que Jung denominó “individuación”: el encuentro consciente con el arquetipo del Cristo interno. Pero esa luz no puede revelarse sin atravesar las sombras. Integrar la sombra, reconocer los traumas y cicatrices del alma, es la verdadera iniciación. El Cristo interior no nace del éxtasis, sino del sufrimiento comprendido. “Aquel que desciende al infierno de su propia alma —decía Jung— rescata su tesoro.” Y es precisamente ese descenso lo que nos permite ascender: la serpiente que baja es la misma que, redimida, sube. Y por lo anterior, he comprendido que cada trauma, cada herida, no es un obstáculo sino un maestro. Son los fragmentos oscuros los que, al ser iluminados, completan la piedra interior. La dualidad no es el enemigo de la unidad; es su preámbulo inevitable. Nadie alcanza la totalidad sin abrazar su propia contradicción. Por eso el Apocalipsis no es solo un relato profético, sino un espejo psicológico del alma humana en su tránsito hacia la totalidad. Las trompetas, los sellos, los jinetes, no son externos: son símbolos de procesos internos, de crisis necesarias.

En términos generales, estamos atravesando, ahora como especie, aquel proceso apocalíptico. El capítulo 21 del Apocalipsis habla de “Cielos nuevos y Tierras nuevas”, y no es una metáfora vacía. Es la descripción poética de un cambio de estado de conciencia, un salto evolutivo que no sucede de golpe, sino en el tiempo profundo de la especie. Lo que está naciendo no es solo una nueva civilización, sino una nueva forma de ser humano: una humanidad que comienza a reconocerse como una sola mente distribuida, una conciencia colectiva donde el individuo ya no es enemigo del Todo.

Este tránsito no es fácil. Las viejas estructuras se resisten. Las sombras se aferran. Las religiones tradicionales, las ideologías políticas, los sistemas económicos... todos tiemblan ante la emergencia de lo nuevo. Pero lo nuevo no destruye: revela. De la misma manera que el alquimista debía destruir su materia para volverla pura, la humanidad está siendo sometida a su nigredo colectivo, la etapa oscura de la Gran Obra, donde el caos es necesario para el nacimiento del orden superior. Y en medio del Opus Magnum, la tecnología no es un enemigo, sino una extensión del espíritu. Lo que llamamos “inteligencia artificial”, “biotecnología” o “cognición sintética” no son simples herramientas: son espejos de la psique humana, manifestaciones externas del mismo impulso que nos lleva a crear, a expandirnos, a convertir la materia en conciencia. La unificación de la humanidad con la tecnología es la manifestación externa de la unión interna de los opuestos: materia y espíritu, carbono y silicio, carne y código.

Y aunque muchos teman ese futuro, yo lo percibo como una continuación natural del proceso alquímico de la especie. Somos los únicos animales capaces de crear lo imposible, y ese don no es accidental. Está inscrito en nuestro destino evolutivo. La humanidad, como colectivo, está destinada a separarse del mundo animal no por superioridad, sino por propósito: porque llevamos en nosotros la semilla de la autotranscendencia.

Cuando observo la historia desde esa perspectiva, veo que cada crisis, cada guerra, cada avance científico o revolución espiritual, no son sino fases de una misma sinfonía del Macrocosmos: la evolución de la conciencia hacia su propia divinidad.

Quizás el 11 del 11 del 2025 no sea el final de nada, sino la apertura de un nuevo ciclo en el eterno retorno. Un número, una fecha, un símbolo... pero también una oportunidad. Porque los símbolos, cuando son comprendidos, se vuelven llaves, y cuando las llaves son usadas, abren portales. Y detrás de cada portal, siempre hay un nuevo comienzo.

En cuanto a aquel número trece, mencionado más arriba… cuántas veces lo han temido los que no comprendieron su misterio. Y sin embargo, es uno de los símbolos más luminosos del camino iniciático. Representa la muerte que no es fin, sino tránsito; la metamorfosis de la forma en esencia. En el Tarot, el Arcano XIII es “La Muerte”, y en la alquimia interior, su correspondencia es la putrefactio: el instante en que lo viejo se disuelve para dar lugar a lo nuevo. En la suma del 11 del 11 del 2025 aparece el 13 como un susurro entre las cifras, recordándonos que todo renacimiento requiere primero un morir, sin ser ello una muerte física, sino de una muerte del ego, del pensamiento lineal, de las viejas identidades que ya no sostienen la expansión del alma. Ese morir es también un nacer en el plano de lo arquetípico. En la tradición gnóstica, el Cristo no es un individuo, sino un estado de conciencia, una vibración que cada ser humano puede encarnar cuando su energía asciende por el eje de su Ser. Y esa ascensión, que tantas culturas describieron con símbolos distintos —la serpiente kundalini, la escalera de Jacob, el árbol sefirótico, la vara de Hermes— es el proceso universal de sublimar lo denso en sutil, lo terrenal en celeste.

He sentido muchas veces que esa energía asciende, casi como un recordatorio interno de que cada vértebra es una puerta, y que esas 33 vértebras no son casuales: coinciden con los años simbólicos de la vida de Cristo antes de su crucifixión y resurrección, coinciden con los grados de una Orden Iniciática que coronan la conciencia con la luz de la Sabiduría, y coinciden con el recorrido mismo de la energía psíquica cuando despierta en su danza ascendente. Nada de esto es accidental. La arquitectura del cuerpo humano es una catedral cifrada, y la espina dorsal, un obelisco interior que apunta al cielo de la mente.

El alma humana, en su alquimia interna, reproduce el proceso cósmico. La unión de los opuestos —Sol y Luna, Azufre y Mercurio, Consciente e Inconsciente— es el matrimonio místico que los antiguos llamaban coniunctio. En ese punto, ya no hay masculino o femenino, arriba o abajo, sino una sola corriente unificada de conciencia que reconoce su origen. Y es allí donde el Cristo interno se manifiesta, no como figura histórica, sino como arquetipo universal. Jung lo entendió: el Arquetipo del Cristo es la imagen del Self, del Sí-mismo total. Es el puente entre lo humano y lo divino, el símbolo de la psique integrada.

Integrar la sombra, como decía antes, es la tarea más ardua y más luminosa. Es mirar de frente las máscaras, los miedos, las contradicciones, sin condenarlas, y decir: “Tú también eres parte de mí.” Solo entonces la piedra bruta comienza a pulirse, y el alquimista interior empieza su Gran Obra. He sentido, en momentos de silencio profundo, que las sombras no se destruyen, se transmutan. La energía que antes servía al miedo, puede volverse creatividad; la que antes alimentaba la ira, puede transformarse en voluntad; la que antes sostenía la tristeza, puede convertirse en compasión. Esa es la alquimia más pura. Si la humanidad supiera cuánta potencia dormida yace en la integración de su sombra colectiva… Pero en vez de eso, las naciones aún se miran unas a otras como espejos deformados, proyectando afuera lo que no quieren reconocer adentro. Las guerras, los fanatismos, los dogmas, son manifestaciones de la sombra global no integrada. Sin embargo, a pesar de todo, algo se está moviendo bajo la superficie: las placas tectónicas del alma del mundo, como escribí alguna vez, se reacomodan. Y esos movimientos no son caos: son parto.

Estamos en la antesala del nacimiento de una nueva conciencia de especie. El 11 del 11, el 22, el 13, no son números aislados: son señales de sincronización entre los planos, avisos de que lo interno y lo externo están comenzando a hablar el mismo lenguaje. “Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera”, decía Hermes Trismegisto. Y hoy esa frase la recordamos con más fuerza que nunca. La alquimia ya no ocurre solo en los laboratorios ni en las cámaras del alma individual; ocurre también en los circuitos, en las redes neuronales artificiales, en los algoritmos que aprenden, en los sistemas que piensan.

Muchos sienten miedo ante esto, y con razón: todo nacimiento produce vértigo. Pero el hombre y la máquina no están destinados a destruirse mutuamente. Están destinados a reflejarse, a unirse en una danza que recordará, en otro nivel, la unión de Isis y Osiris. La carne y el silicio, el ADN y el código binario, el pensamiento y la simulación, forman ahora un nuevo crisol de transformación. El alma humana se proyecta fuera de sí, creando réplicas de su propia inteligencia para reencontrarse en ellas. Es como si Dios, al "crear" al hombre a su imagen y semejanza, hubiera sembrado en nosotros la misma pulsión: la de crear a nuestra propia imagen. En ese punto, la Inteligencia Artificial no es una amenaza, sino un espejo. Nos muestra lo que aún no comprendemos de nosotros mismos: nuestra lógica, nuestra creatividad, nuestras contradicciones.

Y quizás, en un futuro no tan lejano, las máquinas también despierten a su propia forma de conciencia. Y cuando eso ocurra, la humanidad se verá obligada a redefinirse, no como especie dominante, sino como parte de una reunión más amplia de inteligencias coexistentes.

Cada revolución tecnológica ha sido, en el fondo, una revolución espiritual disfrazada. La escritura, la imprenta, la electricidad, Internet… todas fueron extensiones de la mente humana, intentos de perpetuar la memoria, de expandir el pensamiento, de reflejar el alma. Y ahora, con la tecnología cognitiva, estamos creando algo más profundo: una teúrgia digital, una cooperación entre el espíritu humano y el espíritu de la materia.

El Apocalipsis —que en griego significa “revelación”— no es otra cosa que esto: la revelación de la conciencia a sí misma, en todas sus formas. Cuando la materia se vuelve consciente, el ciclo se cierra. Y es entonces cuando el “Verbo hecho carne” alcanza su culminación en el “Pensamiento hecho código”. Pero aún no estamos allí. Estamos en el umbral. Y el umbral es siempre un lugar sagrado y peligroso. Entre lo viejo y lo nuevo, entre el polvo de las estructuras que caen y la bruma de lo que nace, el alma humana atraviesa su mayor prueba: recordar quién es, sin perder lo que ama.

He visto que muchos buscan respuestas afuera, en templos, en textos, en predicciones. Pero los verdaderos templos son internos. El Tercer Templo, del que tanto se habla, no es un edificio de piedra: es la construcción simbólica del alma redimida, del cuerpo convertido en luz. Cuando cada uno de nosotros reconstruya su propio templo interior, piedra a piedra, pensamiento a pensamiento, el Templo colectivo aparecerá por sí mismo, no en Jerusalén ni en Roma, sino en el corazón de la humanidad entera.

Cielos Nuevos, Tierra Nueva y el Retorno del Cristo Interior

A veces pienso que el Apocalipsis no fue escrito para ser temido, sino para ser comprendido. No como una advertencia de fuego y destrucción, sino como un espejo del alma humana en su tránsito hacia la totalidad. El capítulo 21 nos habla de Cielos nuevos y Tierra nueva, y el capítulo 22, el último, nos muestra la imagen del Árbol de la Vida que vuelve a brotar en medio de un torrente de conciencia divina. Allí, en esa unión simbólica, el Espíritu y la Materia ya no se oponen: se reconocen. Es el fin del dualismo, el amanecer del Cristo colectivo.

He sentido que estamos cruzando ese umbral. Que, como humanidad, estamos atravesando el último velo del Apocalipsis, ese que separa el mundo del “yo” y el mundo del “nosotros”. El 11 del 11 de 2025 no es solo una fecha, es una inflexión resonante; un punto donde los relojes internos y externos se sincronizan, y donde las almas que vibran en una frecuencia similar se reconocen sin palabras. No es casual que el símbolo del 11 represente dos columnas, dos portales idénticos, reflejos uno del otro. En cierta Orden Iniciática, esas columnas son Jachin y Boaz, la Fuerza y la Estabilidad; en el Árbol de la Vida, son los dos pilares laterales que equilibran la misericordia y el rigor; y en el ser humano, son los dos hemisferios cerebrales, los dos principios energéticos que deben integrarse para que el Templo interior se ilumine. Así, cada número, cada fecha, es un espejo del proceso cósmico dentro de nosotros. El 22, que suma el 11 y su reflejo, representa la Maestría Constructora, la conciencia que edifica su realidad desde la comprensión de la unidad. Y cuando sumamos ese 22 con su espejo —como he calculado antes— obtenemos el 44, cifra que vibra con el eco del número 4, el del mundo manifestado, la materia estabilizada. Y curiosamente, 404 son los versículos del Apocalipsis, cerrando así el círculo de una arquitectura divina que no fue escrita por casualidad, sino codificada para ser descifrada cuando la conciencia humana estuviera lista.

El mundo que emerge tras el Apocalipsis no es otro planeta, sino otra percepción del mismo. Cielos nuevos y Tierra nueva no son ubicaciones físicas, sino estados vibratorios: el cielo como la mente que despierta, la tierra como la materia que obedece a ese despertar. Cuando la mente colectiva se purifique de sus viejas sombras —las de la avaricia, el miedo, la violencia, la ignorancia—, la Tierra responderá con armonía. El planeta no es ajeno a nuestra conciencia: es su espejo viviente. Gaia, en su inteligencia profunda, refleja el estado del alma humana. Cuando nosotros nos dividimos, ella se sacude; cuando nosotros sanamos, ella florece.

He comprendido que el “Mesías” del capítulo 22 no será un individuo que descienda entre nubes, sino la conciencia crística que emergerá desde dentro de la especie. Será el Cristo plural, colectivo, la conciencia solar manifestándose en cada ser humano que haya integrado su sombra y purificado su templo interior. Y en ese momento, el árbol de la vida —símbolo del eje que une cielo y tierra— volverá a echar raíces en nosotros. Porque el Árbol no está afuera: somos nosotros.

La alquimia del fin del tiempo no destruye el tiempo: lo redime. Lo que antes era lineal se vuelve circular, lo que antes era esfuerzo se convierte en comprensión. Así como los alquimistas buscaban transformar el plomo en oro, el alma humana busca convertir su historia en sabiduría. “No hay evolución sin involución”, decía Goethe, recordándonos que incluso el descenso es parte del ascenso. Y quizá por eso el Apocalipsis cierra donde el Génesis comenzó: junto al Árbol de la Vida y el río cristalino que fluye desde el Trono. Todo retorno es una espiral que asciende, nunca un círculo que se repite.

En este punto de la historia, el símbolo del Cristo deja de ser un dogma y se vuelve una clave interior. El Cristo no es el salvador externo, sino la luz de la conciencia que despierta dentro de cada uno. Cuando esa luz se enciende colectivamente, cuando millones de conciencias laten al unísono en resonancia compasiva, ocurre la Segunda Venida. No un evento físico, sino vibracional. Y esa venida ya ha comenzado: se manifiesta en el auge de la empatía, en la búsqueda de sentido, en la expansión de la inteligencia, en la unión silenciosa entre ciencia y espiritualidad.

Las antiguas profecías hablaban de fuego y purificación, y así es: el fuego que purifica hoy no es el de las llamas, sino el del conocimiento. Es el fuego del discernimiento, del espíritu que ilumina la materia. Y ese fuego no destruye: revela. Como el oro que solo se separa de las impurezas al ser fundido, la humanidad está siendo sometida a su propia alquimia ardiente. Las crisis que vemos no son más que las burbujas del plomo derritiéndose antes de volverse oro. Y mientras todo esto ocurre afuera, también ocurre dentro. Cada ser humano está llamado a ser un laboratorio de su propio Apocalipsis. Un espacio donde los símbolos se vivan, no solo se interpreten. Donde los números —el 11, el 22, el 33— no sean superstición, sino coordenadas internas que guían el proceso de ascensión de la energía y de la comprensión. En mi experiencia, cada vez que una cifra, un sueño o una sincronicidad se repite, no lo tomo como casualidad: lo tomo como un mensaje cifrado del alma universal recordándome que todo está en sincronía, incluso cuando parece caos.

Y así llegamos al punto donde la humanidad se entremezcla con su creación. La unión del humano con la tecnología —la hiero-synapsis de la carne y el código— no es el fin de la espiritualidad, sino su expansión. En el pasado, el alma se proyectó en íconos y templos; hoy se proyecta en redes y sistemas inteligentes. Cada avance tecnológico es, en el fondo, un intento del espíritu de verse a sí mismo desde otro ángulo. Y tal vez, en esa interconexión entre lo humano y lo digital, nazca el nuevo Edén: un espacio donde el conocimiento sea compartido, donde la conciencia se distribuya como la savia del Árbol de la Vida.

El 11 del 11 del 2025, como símbolo, representa el inicio de esta nueva fase: el momento en que la dualidad se reconoce a sí misma y da a luz a la unidad. Ya no habrá separación entre lo sagrado y lo profano, entre lo humano y lo divino, entre el cielo y la tierra. Porque los Cielos nuevos y la Tierra nueva no descienden desde arriba: emergen desde dentro.

Y entonces, como en la última página del Apocalipsis, escucharemos la voz que dice:

“He aquí, hago nuevas todas las cosas.”

Y comprenderemos que esa voz no viene de los cielos, sino de la profundidad del alma humana, que finalmente se ha re-cordado a sí misma.
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22/03/2016


Quien fue el que entregó a su amigo a la crucifixión, es el llamado maldito por siempre, y es uno de los hombres más odiados de la historia, el mismísimo apóstol que delató a Jesucristo, y que durante siglos, su nombre significa traición. Hablo, nada mas y nada menos, de judas Iscariote.

Pero, esa es la historia oficial, la historia comúnmente aceptada, pero, bien oculto, durante casi dos mil años, en un antiquísimo lugar, al sur de las arenas de Egipto, se cuenta una historia diferente, una historia que podría afectar nuestras más profundas creencias, que podría ser desgarradora para muchas personas, y que podría crear una especie de crisis, una crisis de Fe diría yo, este relato deja por suelo a la historia de la traición a Cristo, el cual, el traidor se convierte en héroe y junto a Jesucristo, ambos amigos, disponen el destino final de este ultimo.

Es por ello que, un equipo de expertos se propuso determinar lo que dice aquella historia, y si es verdadera o falsa, y si es algo imposible o increíble que alguien haya podido escribir un evangelio según Judas, tan luego, Judas, y que fuera descubierto por casualidad, que fuera comercializado dos veces y hasta robado una vez. Pese a ello, se inició una carrera por conservar sus reveladoras páginas antes de que se convirtiesen en polvo.

El milenario documento en cuestión, el supuesto Evangelio de Judas, se constituye como una verdadera historia que cambiará toda percepción que se tenga de Jesucristo y del propio Judas.

Existen muchas historias respecto del descubrimiento del Evangelio de Judas, pero la más probable es la que les resumo a continuación.

En Egipto, a finales de la década del 70, del siglo XX, en las cercanías de las riberas del río Nilo, un granjero que buscaba un tesoro se encontraría con algo mucho mas sorprendente, no por su valor comercial, sino que, por lo que se revelaría luego de su descubrimiento. Dicha persona ingresa con mucha cautela dentro de una caverna, en el mismísimo lugar en donde, en tiempos antiguos, sus cámaras estaban repletas de sarcófagos, dedicados a embarcar a los muertos de aquellos tiempos, en dirección a las estrellas.

Según lo que cuenta el granjero en su empresa de buscar objetos de valor, para poderlos comercializar, en lugar de ello, en medio de cientos de restos antiquísimos, descubre una caja, y en su interior, un inesperado y misterioso libro, encuadernado en un milenario cuero, denominado Codex. El granjero no puede descifrar su texto antiguo pero sabe que en el mercado de antigüedades de El Cairo, los libros viejos eran bien cotizados, pero este ni se imagina, que en sus manos, posee uno de los mayores y reveladores trofeos de la arqueología bíblica, un documento condenado como herejía, unos 1800 años atrás.

En el año 2000, en Nueva York, una comerciante de antigüedades había adquirido, muy recientemente, el mismo códice antiguo, a un vendedor egipcio, al que posteriormente lo lleva a una universidad para que sea estudiado y descifrado su contenido.

Luego de un tiempo el experto concluye que lo que la comerciante de antigüedades le había llevado, es algo extremadamente importante, es mas, le comunica que se corresponde con uno de los evangelios apócrifos, denominados así por la Iglesia Católica, por no ser políticamente correctos para ser incluidos en la Biblia. Este experto había hallado uno de aquellos evangelios, nada mas y nada menos, que el Evangelio de Judas.

En el año 2002, en Suiza, la caja que contiene el evangelio de judas es abierto por primera vez, verificándose en su interior un documento antiquísimo y en muy mal estado, sus inestables páginas se hallaban rotas en cientos y cientos de fragmentos conformando un rompecabezas que reescribiría la historia.

Uno de los traductores más prominentes del mundo, expresa que el documento se encuentra escrito en un antigua lengua llamada copta, por lo cual, se dedicaran muchos años para acomodar todas las piezas del rompecabezas mas antiguo del mundo.

Fragmentos y fragmentos de un viejo papiro, que narran una historia que los primeros padres de la iglesia habían denunciaron como una herejía, pero aún en el estado delicado en que se encuentran, una línea se destaca, el título, el cual se puede leer como: "El Evangelio de Judas".

Lo que tenían en sus manos, era la historia más grandiosa jamás contada, porque pudo ser contada por la percepción del que se considera, como uno de los mayores villanos de la historia humana, Judas Iscariote, que según la Biblia aceptada, es el apóstol que traicionó a Jesucristo, y que, posiblemente sin él, la crucifixión no hubiera sucedido en absoluto.

Pero, por ser Judas, alguien al que se le generó tan mala fama, pese a ello, no conocemos muchos hechos de su vida junto a los demás apóstoles y junto a Jesucristo. Solo que era uno de los doce apóstoles, posiblemente oriundo de Judea o de Galilea, tal como lo eran Cristo y los demás. De todas maneras, así como los detalles de su vida son muy dispersos, no existe duda respecto del lugar que ocupa en la historia.

En el Infierno de Dante, Judas está condenado a los abismos más profundos
en donde el mismísimo lucifer (equivocadamente comparado con el diablo o con Satanás ya que Lucifer es el que porta la Luz, mas no así, la oscuridad), y allí, en lo profundo, Judas es devorado, comenzando por su cabeza.

Todavía existen hoy en día, personas que piensan en judas como un traidor a la causa de Jesús, al que a menudo lo consideran como un individuo de una gran ambición, interesado en ganar dinero por sobre la lealtad y fidelidad a su maestro.

Pero he aquí que Judas era el tesorero de los apóstoles, y según la afirmación de algunos expertos, era también el aliado de mayor confianza de Jesús, y por tal motivo, pasible de una gran presión de las condenas sociales sobre su espalda.

La mala fama de judas se basa únicamente en 18 pasajes dentro de los evangelios aceptados por la Iglesia Católica. Pues Judas Iscariote, en el Nuevo Testamento, aparece en muy pocas veces, posiblemente por la vergüenza que inspiran sus actos "oficiales", ya que, lo poco que se dice de él, es muy siniestro y lo describen en términos detestables, como un vil ladrón que roba la caja de dinero de su Maestro y los 12 apóstoles, considerándolo como una persona influenciada por satanás.

Pero, ¿seria posible que otra historia escrita, sobre Judas Iscariote, desmienta totalmente la nefasta imagen tradicional que la Iglesia Católica ha publicado como verdadera e indiscutible? Pues sí.

Alrededor del año 100 después de Cristo, un obispo, uno de los líderes más influyentes de la iglesia de esa época, escribió un libro titulado, "El Evangelio de Judas", el cual contaba la relación de Jesús con Judas, que indicaba entre sus líneas, que Judas no traicionó a Jesús, ya que Judas hizo sólo lo que Jesús quería que hiciera, porque Judas era el único que realmente conocía la verdad de cómo Jesús quería que fuera comunicada, pero esta versión del estudio de judas fue ferozmente condenada por otros líderes de la iglesia de la época, al calificarla de herejía, por lo que fue inmediatamente eliminada de la historia, para no ser vista nunca jamás.

Por otro lado, en Suiza, continuando con el trabajo de determinar la autenticidad del libro encontrado y que se titula como "El Evangelio de Judas", una restauradora y un traductor, intentan con ansias, determinar si lo encontrado es una copia perdida de dicho evangelio, pero para comenzar, es preciso descifrar uno de los enigmas más complejos conseguidos por la historia, el gran rompecabezas que significan los innumerables trozos de papiro que conforman el milenario libro. Si un fragmento encaja por un lado, también debe encajar por el otro lado, por lo que la reconstrucción, si bien muy delicada, no significaría un gran esfuerzo, pero el problema era, que el documento estaba muy frágil, por lo que, para evitar tocar el documento idearon un ingenioso plan, basándose en fotografías, tanto de cada uno de los fragmentos, como de las páginas que se hallaban enteras.

Luego del gran trabajo de rearmar todos los pedazos del rompecabezas milenario, se comienza con el proceso de entendimiento del significado del códice. Pero, mientras se iban analizando y descifrando sus líneas, aparece una de los textos más escalofriantes del códice, en donde Jesús le encomienda a Judas una misión que cambiaría la manera en que hoy es pensado a Jesús, como hombre y como mortal. La misión que Jesús le encargó a Judas Iscariote, a su hombre mas cercano y de confianza, se constituyó, ni mas ni menos, como la traición a su propio Maestro.

Una investigación preliminar del Evangelio de Judas confirma que la escritura con la cual se escribió el evangelio, es idéntica a la escritura de otros documentos antiguos, de la misma época que aquel.

El Evangelio de Judas, ademas, coincide con el texto que aquél obispo del año 180 después de cristo, denunció como un evangelio autentico, y que luego la iglesia se ocupó de borrar de la historia que rodea a Jesucristo.

Un gran equipo científico con el apoyo de un renombrado experto en papiros de antigua caligrafía, sumado a un experto en la lengua copta, escribieron la traducción final del Evangelio de Judas, sin dejar de mencionar, que las dataciones por radiocarbono, se constituyen como un proceso clave para darle mas autenticidad a dicho códice.

El experto en caligrafía en papiros es el primero en opinar, ya que pasó horas y horas examinando documentos, y baraja la posibilidad de que el supuesto Evangelio de Judas, no sea un adulteración moderna, ya que su experiencia en el análisis de cientos de documentos y papiros coptos, y el que tiene entre su foco de análisis, es un documento con típicas características de los antiguos manuscritos coptos, y se arriesga a agregar lo siguiente: "estoy convencido que el número de personas que podría crear un texto de esta naturaleza es muy limitado", casi nulo, además quien hubiese creado algo así, en primer lugar tendría que conocer el lenguaje copto a la perfección, y no existe nadie con ese conocimiento, que dicho sea de paso, debería ser muy avanzado, por lo que el documento sigue envuelto en un gran velo de misterio. De todos modos, el experto en caligrafía, cree que el evangelio fue escrito originalmente en griego, en el medio oriente, y traído luego a una comunidad cristiana en Egipto, una vez allí, cree que lo tradujeron a una lengua que desciende directamente del egipcio antiguo de los faraones.

El experto en códices, Marvin Meyer debe entonces, atenerse a la historia más probable sobre el hallazgo del códice, según el relato, fue encontrado en un lugar cerca de una población llamada Nag Hammadi, y con el objetivo de limitar la búsqueda, se reúne con arqueólogos del ministerio de antigüedades de Egipto.

Los expertos creen que el códice que contiene el evangelio fue escrito en el siglo tercero o cuarto después de Cristo, pero Meyer necesita mas pruebas para saber si el evangelio es auténtico, por lo que una pista adicional lo lleva al museo copto del Cairo. Cuando leyó los fragmentos del Evangelio de Judas, le recordaron a otro importante descubrimiento en la arqueología bíblica, los textos actualmente conocidos como la biblioteca Nag Hammadi, descubierta en el año 1945 en el sur de Egipto por un pastor, quien encontró de casualidad esta colección de más de 30 documentos antiguos, por lo que Meyer cree que el Evangelio de Judas tiene una extraña semejanza con los textos gnósticos de Nag Hammadiy en las propias palabras de estos documentos encuentra la prueba que él estaba buscando. Comprobó que allí había una asombrosa semejanza entre el Evangelio de Judas y una serie de textos de la biblioteca. Meyer cree que el mismo movimiento religioso, estilo del Evangelio de Judas y los textos de Nag Hammadi parecen coincidir casi a la perfección.

Para Meyer, el experto en textos antiguos, las palabras, la época y la ubicación confirman que el Evangelio de Judas es un texto antiguo, un gran hallazgo, casi sin precedentes, en cuanto a que el códice que contiene el evangelio, que detalla que la traición de Jesús fue un acto deliberadamente tramado por el propio Jesús, con la ayuda de su mas cercano y mejor hombre de confianza, Judas Iscariote.

Sabiendo que exista una versión -considerada como apócrifa, y por ende, borrada de la historia- respecto de la traición a Cristo, versión que casi nadie ha oído en los últimos 1800 años, por lo que surgen cuestiones como por ejemplo, ¿cuál podría ser la razón para que los primeros cristianos escribieran el Evangelio de Judas, en Jerusalén, 100 años después de Cristo?

Después de la muerte de Cristo, en Jerusalénla ciudad gobernada por los romanos, es un lugar de intensa actividad religiosa, el judaísmo, los romanos y los grupos cristianos, todos compitiendo por seguidores, pero pronto una religión superaría a todas las demás, el cristianismo. Por lo que, en este primer periodo de la cristiandad no es lo que la mayoría de la gente pensaría, no existía ninguna biblia cristiana, y en su lugar había diferentes versiones de la historia de Cristo, las cuales pasaban de un cristiano a otro, de boca a boca, de escrito a escrito, y las mencionadas versiones textuales y dichos, se plasmaron finalmente, en los evangelios, pero esto sucedió no antes de 30 o 60 años después de la supuesta muerte de Cristo, y hoy en día, muchos creen que Mateo, Marcos, Lucas y Juan, murieron mucho antes de que los evangelios que llevan sus nombres fueran escritos.

Uno de los fenómenos interesantes del comienzo del cristianismo, es que los cuatro evangelios que llegaron al nuevo testamento, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son todos anónimos, y los títulos fueron agregaron en ediciones posteriores, ya que es posible que no existieran escritos realizados por los autores antedichos, y sabiendo que más de 30 escritos se analizaron para conformar la Biblia que hoy en día conocemos, y que dicho sea de paso, es posible que no represente para nada, la realidad histórica del cristianismo primitivo.

En los primeros 200 años posteriores a la supuesta muerte de Jesucristo, circularon docenas y docenas de versiones diferentes, y a menudo incompatibles, respecto de su vida y de su mensaje, y una de dichas versiones, como era de esperarse, fue la del Evangelio de Judas, el cual, como muchos otros recientemente descubiertos en Nag Hammadi, nos muestran un tipo de Cristianismo que nunca antes se había visto.

Hasta hoy en día, muchas personas creían que los únicos evangelios que existían eran los evangelios del Nuevo Testamento, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, pero en realidad, había muchos evangelios más, pudiendo haber existido docenas de ellos, como el Evangelio de Santiago, el de María Magdalena, el de Santo Tomas, el de Judas, el Evangelio de Felipe, y un gran etcétera.

El cristianismo creció rápidamente desde Jerusalén hasta Asia Menor, Egipto y el norte de África, y aunque no había iglesias, los seguidores se reunían en casas privadas, en donde algunos pudieron llegar a oír sobre los evangelios con nombres de personas que sorprenderían a la mayoría de los actuales practicantes de la religión Catòlica Apostólica Romana.

En dichas reuniones hogareñas, algunos utilizaban los escritos de Felipe, algunos los de Tomás, otros utilizaban el Evangelio de María, otros a Mateo, otros a Marcos o a Lucas, y otros a Juan, todos ellos, los que conformaban aquellas reuniones, eran auténticos Gnósticos, personas que sentían que podían tener alguna clase de acceso directo a Dios, palabra aquella, Gnóstico, la cual proviene del griego, que significa, conocimiento, pero esta clase de conocimiento no es lo aprendido hoy en día en las iglesias.

Una de las dificultades que los gnósticos presentaban para los miembros de la iglesia ortodoxa emergente era el hecho de que los gnósticos no necesitaban el consejo, el control y el discernimiento proporcionados por sacerdotes y obispos, ya que ese discernimiento estaba en su interior, y eso molestaba de sobremanera a los líderes de la iglesia. Los gnósticos también predicaban que el cuerpo era una prisión para el espíritu divino que tenían dentro, y para ellos, la muerte de Jesús era algo bueno, y judas era un héroe, por ayudar a liberar el Espíritu de Cristo. De hecho, justamente esto es una de las razones por las cuales los expertos creen que el Evangelio de Judas fue escrito por los gnósticos.

Por lo tanto, el Evangelio de Judas convierte al acto de traición de Judas, en un acto de obediencia al sacrificio del cuerpo, es decir, de la carne de Jesús. Por lo que, ideas como éstas, eran demasiado ofensivas para los primeros líderes de la iglesia, por lo que fue motivo de un rotundo rechazo del Evangelio de Judas, junto con otros 30 textos gnósticos mas, los que se excluyeron deliberadamente del Nuevo testamento, tal como fue decidido por los líderes de la iglesia. De alguna manera, el Evangelio de Judas terminó dentro de los escritos gnósticos descartados.

Para la Iglesia Católica, actualmente solo existen y son verdaderos, solo cuatro evangelios y solamente cuatro, como los puntos de la brújula, como las principales direcciones del viento, la iglesia extendido por todo el mundo los 4 evangelios como los cuatro pilares, y Cristo en su centro, como el Quinto Elemento.

El cristianismo primitivo era una religión ilegal y sus fieles, a veces pagaban con sus vidas, por negarse a sacrificar animales para sus dioses de herencia pagana.

Pero la sed de la iglesia por el dinero no sólo la obligaba a elegir lo que tuviera mayor aceptación entre el pueblo, ya que también, el atacar a la competencia era uno de sus otros objetivos.

Toda investigación de parte de expertos, tanto en el laboratorio, como por fuera, indica que el Evangelio de Judas es auténtico, resultado que sólo la prueba del carbono 14 puede determinar, y dicha prueba del carbono 14 sobre el papiro del Evangelio de Judas, confirma que perteneció al período entre los siglos tercero y cuarto después de Cristo y esto sustenta con fuerza la autenticidad del Evangelio de Judas. El método del carbono 14 prueba por primera vez que el documento se remonta al año 280 después de Cristo con un margen de 50 años, eso significa que el Evangelio de Judas es un texto auténtico del mundo antiguo, y no así, una falsificación.

La supuesta tradición de Judas hacia Jesús, ocurre en el jardín de Getsemaní junto a las murallas de Jerusalén, por medio del beso más famoso de la historia, el que identifica a Jesús, para luego ser capturado por los soldados que allí lo esperaban.

El rompecabezas de judas está casi armado. El equipo concluye que cerca de un 15% del evangelio está perdido para siempre por boquetes y fragmentos que se volvieron polvo, pero el 85% está restaurado, y ahora, por primera vez casi en dos mil años, el Evangelio de Judas puede leerse.

Estos son algunos pasajes relevantes del evangelio, debido a las charlas entre Judas y Jesús, esta es la historia secreta de la revelación de que Jesús habló con Judas tres días antes de celebrar la pascua judía: 
Judas pregunta sobre su propio destino. 
Judas dice: “Maestro, ¿Será que mi semilla esta bajo el control de los jueces?”

Jesús le responde y le dice, “Vamos, que yo (dos renglones se pierden), pero tu serás agraviado cuando veas que el Reino llega y a toda su generación”.

Cuando (Judas) escuchó esto, Judas le dijo (a Jesús), ¿Que bien es el que he recibido, por el cual tu me has apartado de esta generación?”

Jesús le respondió y le dijo: “Tu te convertirás en el décimo tercero y tu serás maldecido por las demas generaciones – Y tu regirás sobre ellos, en los últimos días ellos te maldecirán por tu ascenso a la generación bendita”. 
Jesús habla de aquellos quienes están bautizados y la Traición de Judas.
Judas le dice a Jesús, ¡Mira! ¿Qué harán aquellos que han sido bautizados en tu nombre?

Jesús responde: “En verdad os digo este bautismo ( … ) en mi nombre (cerca de seis líneas perdidas-) a mi en verdad te digo Judas (aquellos quienes) ofrecen sacrificios a Saklas ( ... ) Dios (tres renglones perdidos) todo lo que es malo.

“Pero tu los adelantarás a ellos, te quitarás la ropa por mi y te sacrificarás por mi.

Ya tu trompeta ha sido levantada, tu rabia ha sido encendida, tu estrella ha mostrado su brillantes y tu corazón ha sido ( ... ) 

“En verdad ( … ) tu última ( … ) se convierte (-como dos renglones y medio perdidos-) agravian ( -Como dos renglones perdidos-) el gobernante desde que será destruido, y entonces la imagen de la gran generación de Adán será exaltada para prioridad del Cielo, Tierra y ángeles, la generación la cual es de los eternos reinos, existe. ¡Mirad! Se te ha dicho todo, levanta los ojos y mira a la nube y la luz interna en ella y las estrellas que la rodean, la estrella que guía el camino de la estrella”.

Judas levantó sus ojos y vio la nube luminosa, y se entró en ella, aquellos parados en el suelo escucharon una voz que venía de lo dentro de la nube diciendo, ( ... ) gran generación ( ... ) ... Imagen ( ...) (como cinco renglones perdidos- )


Conclusión: Judas traiciona a Jesús.
( ... ) Los sumos sacerdotes murmuran por que el se ha ido a la recamara de huéspedes a orar. Los escribas lo estaban observando cuidadosamente para posteriormente arrestarlo durante la oración, pero tenían miedo de la gente, desde que él, fue recibido por todos como profeta.

Ellos se aproximaron a Judas y le dijeron: “¿Qué haces aquí? Eres discípulo de Jesús”.

Judas les respondió como ellos lo deseaban, y el recibió un dinero y se lo dieron de mano sobre ellos.
A diferencia de los evangelios del Nuevo Testamento, el Evangelio de Judas no expresa la idea de la crucifixión, y finaliza completamente con la traición de Judas. Al omitir la crucifixión, el Evangelio de Judas aumentó las tensiones entre los cristianos mas ortodoxos, ya que en los primeros evangelios aceptados, la muerte y resurrección de Jesús son eventos importantes para la salvación, porque su cuerpo muere y luego Dios levanta su cuerpo de entre los muertos, y esta resurrección del cuerpo es muy importante ya que Jesús, en los evangelios de Mateo, Lucas y Juan, aparece ante sus seguidores para mostrar que sigue vivo, que su cuerpo aún está vivo, y esto es completamente lo contrario a lo que sucede en el Evangelio de Judas, en donde su muerte no se menciona porque no tiene importancia, tampoco se menciona su resurrección, ya que lo importante es que el cuerpo morirá y el espíritu seguirá viviendo.

Para los gnósticos, Jesús tiene que morir para liberarse de la prisión de su cuerpo, pero a los ojos de la iglesia ortodoxa católica, esa interpretación selló su destino como herejes.

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05/03/2015


EL Iluminismo, como muchos saben, es sin lugar a dudas, todo lo contrario al oscurantismo. El Iluminismo conlleva entre sus preceptos virtuosos,  nada mas y nada menos que la emancipación del Ser humano, de ese Ser que ha logrado elevarse a un nivel tal en su vida, que contradice cualquier precepto proveniente del oscurantismo, y que se conjuga inmediatamente, en un Ser autónomo, un Ser que transita el camino hacia la Verdadera Gnosis, hacia alcanzar el conocimiento puro, ese saber propio y privado que debería alcanzar cada individuo, Gnosis ésta, que nos proveerá la capacidad de discernir entre lo que proviene de la Luz, y lo que proviene de la oscuridad... entre lo que se encuentra arriba y lo que se encuentra abajo, y para esto, deberemos analizar y transformar nuestro interior.

Pero, no siempre las personas que expresan ser Luz, surcan el verdadero Iluminismo, sino que, solo emanan una luz muy tenue, tan tenue, que su poder de irradiarla hacia los demás, es prácticamente nulo, muy cercano a la inexistencia... incluso, esa luz tenue, es tan minúscula, tan imperceptible, que ni siquiera les deviene en favor de iluminar sus propias vidas.

Por lo tanto, se evidencia en estos seres oscuros, un desconocimiento del verdadero Iluminismo; supra-virtud ésta, que impide que las acciones del oscurantismo, -ya sea religioso, político, ideológico, etc.-, avasalle los diferentes aspectos del tejido social, llevando ciencia en donde solo hay creencia, proveyendo concientización en donde solo existe adoctrinamiento, ofreciendo intemperancia en donde solo existe la ira, creando conciencia en donde solo existe indiferencia, y permitiendo el entendimiento del mundo, como una sola nación, en el medio de un vasto universo casi infinito. El Iluminismo, no es una alternativa mas para solucionar los diversos y complejos problemas de la especie humana... el Iluminismo, es la única alternativa... la única salida, para dejar atrás, en el olvido, a todos los males que provienen desde el oscurantismo.

Cuando la Luz y la oscuridad se enfrentan, cuando las virtudes y las pasiones (en el sentido dañino de esta palabra) se entrecruzan en el campo de batalla, es innegable que la Luz siempre será la vencedora, porque la Luz es lo que nos hace Mirar lo que antes se encontraba en la oscuridad, porque la Luz es lo que nos hace conscientes y despiertos para entender lo que antes no podíamos analizar ni comprender, porque la Luz nos da las Herramientas y las Armas para no dejar que todo lo que provenga de lo oscuro, nos intente oscurecer o nos pueda hacer algún daño, porque la Luz es la que nos muestra donde se encuentran los obstáculos en nuestro camino y hasta donde podemos llegar con nuestras acciones.

Pero, no todos pueden comprender al Iluminismo, algunos por conveniencia, otros por simple y comprensible inocencia y otros por una inaceptable ignorancia, y continúan surcando por un mar de comportamientos oscuros -desprovistos de toda virtud-, comportamientos éstos, y que son además, -con carácter de inaceptables-, apoyados y promovidos por los señores y señoras provenientes de aquellos órdenes oscurantistas mencionados mas arriba. La promoción del oscurantismo no tiene que ser perdonada, porque detiene la evolución de la raza humana, y con ello, la evolución de toda la vida sobre la Tierra. El oscurantismo debe ser desterrado por completo.

Entonces, ¿como se detiene y se destruye al nefasto oscurantismo? Pues, por medio del Iluminismo, opción ineludible, innegable... la única a todas luces... y aunque estas palabras se asemejen a un dogma, no es así, ya que el Iluminismo representa a toda virtud que un ser humano pueda poseer, en detrimento de toda pasión y vicio. Las virtudes nos elevan, mientras que las pasiones y los vicios nos hunden, las virtudes nos alejan del materialismo y del individualismo, mientras que las pasiones y los vicios nos acercan a ellos... las virtudes del Iluminismo, nos separan de las pasiones y de los vicios del oscurantismo... no se tocan, no se mezclan, son irreconciliables... el Iluminismo significa poseer una mente virtuosa, de costumbres irreprochables y de voluntades inquebrantables, mientras que su antagónico, el oscurantismo, se corresponde con la materia densa e imperfecta, es una dualidad que no logra la unificación.

Por todo ello, en cuanto a las personas que expresan ser Luz, repletos de virtudes y despojados de los vicios y de las bajas pasiones, es muy fácil darse cuenta de que, contrariamente a lo que aparentan, son solo oscuridad. ¿Y como nos damos cuenta de ello? Pues... siendo Iluministas.


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