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01/02/2026


Hay momentos en los que, al observar el tejido profundo de los acontecimientos humanos, siento que no estoy contemplando hechos aislados sino una vasta urdimbre de causas y efectos que se rozan, se superponen y se repliegan sobre sí mismos, como si la historia no avanzara en línea recta sino en espirales que regresan transformadas, y en esa contemplación surge inevitablemente la pregunta sobre si somos testigos de un devenir espontáneo o partícipes de un diseño que se nos escapa, un diseño que no necesita ser malévolo para ser implacable, ni visible para ser eficaz, por lo que desde esta perspectiva íntima, advierto que las corrientes de pensamiento que atraviesan nuestro tiempo no nacen de la nada ni se oponen de manera absoluta, ya que incluso aquellas que parecen enfrentadas comparten una raíz común, que es el intento desesperado del ser humano por otorgar sentido a una realidad cada vez más compleja, más veloz y más difícil de abarcar con categorías tradicionales, y es allí donde la sospecha, la fe, la razón y el temor conviven en una tensión constante que define nuestra época.

Cuando algunos hablan de fuerzas ocultas que mueven los hilos del mundo, no puedo reducir esa idea a una fantasía pueril ni aceptarla de manera literal, porque lo que percibo detrás de esa narrativa es una intuición más profunda, una sensación colectiva de haber perdido el control sobre los mecanismos que rigen nuestra vida cotidiana, como si la dirección del barco hubiera sido delegada a sistemas tan vastos que ningún individuo puede ya comprenderlos en su totalidad, y esa impotencia se traduce en símbolos, metáforas y relatos que intentan nombrar lo innombrable.

Así, las crisis globales recientes no se presentan ante mí como simples accidentes ni como pruebas concluyentes de una conspiración absoluta, sino como manifestaciones de un sistema que ha alcanzado un nivel de interdependencia tal que cualquier perturbación hace eco en todos los niveles, desde lo biológico hasta lo económico, desde lo psicológico hasta lo espiritual, y en ese contexto la reacción organizada, coordinada y masiva no resulta tan sorprendente como podría parecer a primera vista.

La imagen de una humanidad dividida en bandos, enfrentados no solo por ideas sino por percepciones de la realidad, me remite a antiguos relatos donde el conflicto no era entre el bien y el mal en términos simples, sino entre distintas formas de comprender el orden del mundo, y esa división no necesita de una entidad suprema que la arbitre de manera consciente, porque el propio sistema, al complejizarse, genera tensiones internas que actúan como jueces silenciosos del devenir colectivo. No obstante, reducir todo a una lucha entre sombras sería una simplificación peligrosa, ya que al hacerlo se pierde de vista la dimensión estructural del cambio que estamos atravesando, un cambio que no se impone únicamente desde arriba sino que se filtra desde abajo, desde nuestras prácticas cotidianas, nuestros hábitos de consumo, nuestras formas de comunicarnos y de vincularnos, hasta configurar una nueva normalidad que aceptamos no por imposición directa sino por adaptación progresiva.

La interconexión global, potenciada por avances técnicos que hace apenas unas décadas parecían ciencia ficción, ha generado una red tan densa que cualquier intento de aislamiento resulta ilusorio, y en esa red cada acción se traduce en datos, cada decisión en información procesable, cada comportamiento en un patrón susceptible de ser analizado, lo cual redefine la noción misma de intimidad, de autonomía y de libertad, no como valores abolidos sino como conceptos que mutan de significado.

En este escenario, las proyecciones sobre el futuro no operan tanto como profecías cerradas sino como narrativas orientadoras, relatos que preparan psicológicamente a la sociedad para transformaciones profundas, y cuando se anuncia un mundo donde la posesión deja paso al acceso, no escucho necesariamente una amenaza velada sino la descripción de un modelo que ya se está gestando, impulsado por la lógica de la eficiencia, la optimización y la reducción de fricciones en un sistema saturado.

A lo largo del tiempo, he advertido que incluso aquellas estructuras que históricamente se presentaron como ajenas a las cuestiones técnicas o económicas, terminan involucrándose en debates sobre el orden social, no por oportunismo sino porque el cambio las atraviesa de manera inevitable, y allí se revela una verdad incómoda, que ninguna esfera humana permanece intacta cuando las bases materiales y simbólicas de la sociedad se reconfiguran de forma radical. Y la fuerza que impulsa esta transformación no responde únicamente a intereses particulares ni a voluntades individuales, sino a una necesidad sistémica de adaptación, porque los modelos que sostuvieron el desarrollo durante décadas comienzan a mostrar signos de agotamiento, y aquello que alguna vez fue el motor indiscutido del progreso cede su lugar a formas más abstractas de valor, donde la materia se vuelve secundaria frente a la información. Este desplazamiento hacia lo digital no es meramente tecnológico sino existencial, ya que nos obliga a replantear la manera en que concebimos el trabajo, el tiempo, la presencia y la identidad, y en ese tránsito se deja ver un espacio híbrido donde lo físico y lo virtual se mezclan, no como mundos separados sino como capas superpuestas de una misma experiencia humana ampliada. Y aquí, la vida cotidiana, en este nuevo paradigma, se desmaterializa progresivamente sin desaparecer, porque las acciones siguen existiendo pero mediadas por interfaces que las traducen en señales, y así comprar, aprender, sanar y producir se convierten en actos que ya no requieren desplazamiento físico, lo cual redefine la noción de comunidad y transforma el hogar en un nodo activo de la red global.

Este cambio, lejos de ser trivial, nos propone profundos desafíos en términos de sentido, porque cuando el espacio y el tiempo pierden sus límites tradicionales, el ser humano se enfrenta a la necesidad de reconstruir su anclaje simbólico, de encontrar nuevas formas de presencia que no dependan exclusivamente del contacto directo pero que tampoco lo anulen, y en esa búsqueda se juegan tensiones aún no resueltas.

Al avanzar en esta reflexión, me descubro preguntándome si aquello que solemos llamar plan maestro no es, en realidad, una proyección de nuestra necesidad humana de orden frente a un contexto que se manifiesta cada vez más complejo, y si esa complejidad no exige algún tipo de planificación para evitar el colapso, del mismo modo en que un organismo vivo regula sus funciones para no sucumbir al caos interno, porque incluso lo espontáneo, cuando alcanza cierta escala, parece requerir estructura.

Si nada fuera anticipado, si ningún horizonte orientara las decisiones colectivas, el objeto expuesto a esa ausencia de previsión quedaría librado a la entropía pura, y la entropía, aunque natural, no distingue entre lo que debe preservarse y lo que puede perderse, por lo que la planificación emerge no como un acto de dominación sino como una estrategia de supervivencia frente a sistemas que ya no pueden sostenerse por inercia. Por lo tanto, desde esta óptica, resulta inevitable comparar la organización del mundo con la lógica de cualquier proyecto complejo, donde existen fases, retroalimentaciones, correcciones y redefiniciones constantes, y aunque la analogía pueda parecer reductiva, ilumina un aspecto esencial, que es la necesidad de pensar a largo plazo incluso cuando las variables parecen incontrolables, porque renunciar a planificar equivale a delegar el destino al azar más crudo. Por lo cual, la pregunta entonces no es si todo debe planificarse, sino hasta qué punto esa planificación puede convivir con la libertad, y aquí emerge una tensión fundamental, ya que el exceso de control asfixia la creatividad mientras que su ausencia total conduce a la disolución, y en ese delicado equilibrio se juega la posibilidad de un futuro que no sea ni rígido ni caótico, sino dinámico y adaptable.

La economía digital, en este ámbito, no se presenta como una elección entre muchas, sino como una consecuencia lógica de un mundo saturado de información, donde el valor ya no reside tanto en la posesión de objetos como en la capacidad de acceder, procesar y reinterpretar datos, y esta mutación redefine la noción misma de riqueza, desplazándola desde lo tangible hacia lo relacional y lo simbólico. Pero este desplazamiento, sin embargo, no ocurre sin fricciones, porque al mismo tiempo que se abren posibilidades inéditas de conexión y eficiencia, se dan preocupaciones legítimas vinculadas a la privacidad, la vigilancia y la pérdida de control sobre la propia huella existencial, y no se trata de temores infundados sino de síntomas de una transición que aún no ha encontrado su equilibrio ético.

Lo que observo es que la sociedad se encuentra en una etapa de redefinición permanente, donde cada avance tecnológico obliga a revisar acuerdos implícitos sobre lo que consideramos aceptable, justo o deseable, y en ese proceso las normas no se imponen de una vez y para siempre, sino que se negocian constantemente en un terreno movedizo donde lo técnico y lo humano se fusionan.

La conectividad extrema, lejos de unir automáticamente, pone en evidencia nuevas formas de aislamiento, porque estar conectado no garantiza estar en relación, y aquí aparece un desafío silencioso, que es el de preservar la profundidad del vínculo en un entorno que privilegia la velocidad, la síntesis y la reacción inmediata, y donde la reflexión lenta corre el riesgo de volverse un acto contracultural. Y al respecto, recuerdo antiguas reflexiones que advertían sobre el peligro de confundir el medio con el fin, porque cuando las herramientas se autonomizan, el ser humano corre el riesgo de adaptarse a ellas en lugar de utilizarlas conscientemente, y esa inversión de prioridades no ocurre de manera abrupta sino gradual, casi imperceptible, hasta que se naturaliza como si siempre hubiera sido así.

La virtualización progresiva de la experiencia no elimina la realidad, pero la filtra, la traduce y la reconfigura, y en ese proceso la percepción del tiempo se acelera mientras que la del espacio se diluye, generando una sensación de simultaneidad constante que pone a prueba nuestras capacidades cognitivas y emocionales, obligándonos a desarrollar nuevas formas de atención y presencia.

Este escenario no debe ser leído únicamente como una amenaza, porque también contiene un potencial transformador enorme, capaz de democratizar el acceso al conocimiento, descentralizar la producción y redefinir la colaboración humana más allá de fronteras físicas, aunque ese potencial solo puede realizarse si se acompaña de una conciencia crítica que evite caer en la fascinación acrítica por la novedad.

Así, el verdadero desafío no reside en la tecnología en sí misma, sino en la forma en que decidimos integrarla a nuestra vida colectiva, porque cada herramienta amplifica tanto nuestras virtudes como nuestras sombras, y sin una reflexión profunda sobre sus implicancias, corremos el riesgo de reproducir viejas desigualdades bajo formas aparentemente más sofisticadas.

La sociedad, en este punto de inflexión, no se dirige hacia un destino fijo sino hacia un proceso continuo de autoajuste, donde cada decisión abre y cierra posibilidades simultáneamente, y comprender esta dinámica resulta esencial para no caer en lecturas simplistas que reducen la complejidad a un relato único, ya sea de salvación absoluta o de condena inevitable.

Al llegar a este punto, comprendo que hablar de determinación no implica aceptar un destino rígido e inmutable, sino reconocer que toda forma compleja tiende a reorganizarse frente a las condiciones que la atraviesan, y que esa reorganización no es consciente ni inconsciente en términos humanos, sino sistémica, como si el mundo mismo se pensara a través de nosotros mientras creemos pensarlo desde afuera, con lo cual, y desde esta mirada, la sociedad no avanza porque alguien la empuje desde las sombras ni porque una voluntad suprema la conduzca como a un rebaño, sino porque la acumulación de decisiones individuales y colectivas genera patrones que, al consolidarse, adquieren una inercia propia, y esa inercia se percibe luego como una fuerza externa cuando en  el reflejo amplificado de nuestras propias acciones pasadas.

La idea de que el mundo se determina a sí mismo una y otra vez me resulta cada vez más evidente, porque cada intento de fijar una estructura definitiva termina siendo erosionado por nuevas variables, nuevas sensibilidades y nuevas tecnologías, y en ese proceso el orden no desaparece sino que muta, obligándonos a soltar certezas que hemos creido inamovibles.

El ser humano, inmerso en esta dinámica, ya no puede pensarse como un observador externo de la historia, porque su vida cotidiana se ha vuelto un nodo activo dentro del sistema global, y cada gesto, cada elección y cada omisión contribuyen a moldear un futuro que no se presenta como una promesa lejana, sino como una construcción que ocurre en tiempo real. Esta conciencia puede convertirse en una forma más madura de responsabilidad, porque entender que no existiría un guion cerrado libera de la angustia del cumplimiento perfecto y abre la posibilidad de una ética basada en la adaptación consciente, donde la pregunta no es qué está predestinado a ocurrir, sino cómo responderemos a aquello.

El mundo digital, actúa como un espejo amplificador, ya que expone con crudeza nuestras contradicciones, nuestras aspiraciones y nuestras sombras, y al hacerlo nos confronta con una verdad incómoda, que no hay tecnología capaz de resolver dilemas que son, en esencia, humanos, y que toda herramienta exige un sujeto dispuesto a reflexionar sobre su uso. Por lo tanto debemos aceptar la ambigüedad como condición permanente, porque ya no es posible aferrarse a relatos únicos que expliquen la totalidad de lo real, y en su lugar se muestra una pluralidad de interpretaciones que conviven, se superponen y se contradicen, obligándonos a desarrollar una tolerancia activa a la incertidumbre. Y con esto, no se trata entonces de elegir entre creer o desconfiar, entre aceptar o resistir, sino de aprender a discernir sin caer en la ingenuidad ni en el cinismo, cultivando una mirada que reconozca tanto los riesgos como las oportunidades, y que entienda que toda transformación profunda conlleva pérdidas y ganancias imposibles de separar con claridad absoluta.

En este tiempo histórico, la tentación de buscar culpables o salvadores resulta comprensible, pero también limitada, porque desplaza la atención del proceso hacia figuras abstractas, cuando lo verdaderamente desafiante es asumir que el cambio no ocurre sin nosotros, ni contra nosotros, sino a través de nuestras decisiones, incluso cuando no somos plenamente conscientes de su alcance.

Así, el futuro se convierte en una práctica cotidiana, un ejercicio continuo de ajuste entre lo que somos, lo que creemos y lo que hacemos, y en ese ejercicio se juega la posibilidad de una sociedad que no se limite a reaccionar, sino que aprenda a pensarse mientras se transforma.

Comprender este movimiento constante, esta autodeterminación que se reescribe sin cesar, no ofrece certezas tranquilizadoras, pero sí una forma más honesta de habitar el presente, porque nos lleva a abandonar la ilusión del control total sin renunciar a la responsabilidad, y a reconocer que, aunque no elegimos todas las condiciones, siempre elegimos la manera de atravesarlas.

Y es en ese preciso momento, donde la percepción se afina y la conciencia se vuelve activa, que el mundo deja de ser un escenario impuesto para revelarse como una construcción compartida, una trama viva que se redefine instante tras instante frente a nuestra mirada, mientras nosotros mismos nos redefinimos con ella.

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20/03/2024


Dentro de mi particular entretejido mental respecto de la política global, quiero expresar una reflexión, un tanto profunda creo yo, respecto del verdadero poder que yace tras las cortinas del escenario democrático.

Todos los seres humanos nos hallamos frente a un tablero en el cual los actores políticos se ordenan como meros peones dependientes de una fuerza superior, una sinarquía global que trasciende las fronteras nacionales y los espectros ideológicos. Esta compleja red de influencias corporativas, revestida con el ilusorio manto de la democracia, opera en las sombras, trazando los destinos de naciones enteras mientras los políticos, ya sean de derecha, izquierda o centro, actúan dentro de los límites establecidos por esta élite invisible.

Es fundamental comprender que la dicotomía política tradicional, entre izquierda y derecha, es más una construcción conceptual que una realidad palpable. Así como los hemisferios cerebrales trabajan en armonía para coordinar las funciones del cuerpo, los supuestos opuestos políticos colaboran en la perpetuación del status quo impuesto por la sinarquía global. En este vasto escenario geopolítico, la democracia se convierte en un velo tras el cual se oculta la verdadera maquinaria del poder, donde los políticos son simplemente actores en una representación preestablecida.

El concepto mismo de democracia se ve cuestionado cuando se comprende que su existencia es más una idea que una realidad palpable. Así como los colores blanco y negro son interpretaciones del cerebro humano sobre el espectro lumínico, la democracia y los países son construcciones mentales que sirven para mantener el orden establecido por la sinarquía. Esta Noocracia, o gobierno de la mente, se erige como la verdadera fuerza detrás de las decisiones políticas, mientras los líderes visibles son simples ejecutores de un guion preestablecido.

En mi ideograma enmarañado de poder, algo complejo diría yo, al menos para mí, cada movimiento político es parte de una coreografía predefinida, donde los políticos actúan como marionetas en manos de una élite invisible. Desde las altas esferas del poder, se diseñan los destinos de naciones enteras, mientras la población se debate en una ilusión de libre albedrío. Protestas, elecciones y debates políticos son parte del teatro diseñado para mantener la ilusión de participación ciudadana, mientras la verdadera toma de decisiones queda en manos de unos pocos.

La reacción impulsiva ante memes políticos sin un análisis profundo es sintomática de la complacencia en la que nos sumerge el sistema. Los medios de comunicación, lejos de ofrecer información imparcial, son instrumentos de manipulación al servicio de la sinarquía. Es necesario cuestionar las narrativas preestablecidas y buscar más allá de la superficie para comprender la complejidad de las fuerzas que moldean nuestro mundo. La comprensión de esta realidad compleja e intrincada invita a una profunda reflexión sobre el verdadero alcance del poder político. Más allá de las apariencias, se encuentra una red de influencias y estructuras que trascienden las fronteras y las ideologías. Solo al despojarnos de las ilusiones creadas por la sinarquía global podemos comenzar a vislumbrar la verdadera naturaleza del poder en el mundo contemporáneo.

Como dijo Maquiavelo en su obra 'El Príncipe': 'Los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio'. Y como afirmaba Montesquieu: 'Cuando el poder legislativo y el ejecutivo están reunidos en una misma persona o en un mismo cuerpo de magistrados, no puede haber libertad'.

Por lo tanto, después de reflexionar sobre las palabras de Maquiavelo y de Montesquieu, podemos ser dueños de una perspectiva que al menos nos intriga, sobre el entramado de poder que gobierna nuestros destinos. Por encima de las corporaciones y de las estructuras políticas visibles, se alza la figura de la Noocracia, una entidad de entidades, invisible, y que con el paso del tiempo, y desde épocas inmemoriales, moldea cada vez más -yo diría al 100% a estas alturas-, el curso de la historia humana. Es de suma importancia entender que esta fuerza no necesariamente busca dañar al ser humano, sino más bien dirigir su evolución hacia un futuro prediseñado, tal como lo haría un arquitecto al derribar una pared antigua para erigir una nueva, usando materiales más avanzados y duraderos. La sinarquía global y la Noocracia operan como los arquitectos del destino humano, trabajando en las sombras para remodelar la estructura misma de la sociedad. Su objetivo no es simplemente mantener el statu quo, sino más bien guiar la evolución de la especie hacia un estado superior de organización y conciencia. Así como aquel arquitecto ve más allá de la estructura actual para visualizar el edificio futuro, estas entidades vislumbran un destino más elevado para la humanidad, uno en el que las limitaciones del pasado son reemplazadas por nuevas posibilidades y potenciales.

Y es en este laborioso proceso de construcción y reconstrucción, la inevitabilidad de un punto de inflexión, es decir, de que algunas estructuras antiguas deban ser derribadas, por más arraigadas que estén en la sociedad. Sin embargo, es menester el comprender que este proceso no busca la destrucción por sí misma, sino la transformación hacia algo mejor y más adecuado para el futuro de la humanidad. Así como ese arquitecto elimina una pared vieja para dar paso a la nueva, la Noocracia y la sinarquía trabajan para eliminar las barreras del pasado y construir un futuro más sólido y prometedor. Y es aquí, en este punto de entendimiento, cuando aumenta nuestra comprensión de lo que nos rodea, la cual se hace cada vez más profunda cuando nos acercamos más y más respecto de nuestra particular introyección semántica en cuanto al papel que cumplen estas fuerzas invisibles, y es en esta etapa en donde podemos encontrar una visión más esperanzadora del futuro. Aunque puedan parecer ominosas desde la superficie, su objetivo último es el progreso y la evolución de la humanidad hacia un estado superior de existencia. Al igual que aquel arquitecto que trabaja en la oscuridad para luego dar brillo y belleza, la Noocracia y la sinarquía trabajan en las sombras para esculpir un destino digno de la grandeza humana.

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13/12/2023


Adentrándome en las profundidades conceptuales, me encuentro reflexionando sobre un tema que ha ocupado extensos capítulos de mis escritos: el Infinito o Multiverso. Este vasto conjunto alberga un sinfín de Universos, siendo el nuestro uno entre ellos. La finitud de nuestro universo, actualmente experimentando una desaceleración en su expansión, plantea la intrincada pregunta: ¿existe un límite tangible en el Infinito o es una entidad que se extiende ilimitadamente? La noción de una barrera con un letrero que proclama "Fin del Infinito" desafía nuestra comprensión. Si tal barrera existiese, ocuparía un lugar específico, y al traspasarla, nos enfrentaríamos a más Infinito. Esta sucesión infinita de barreras hipotéticas nos sumerge en la complejidad de entender la naturaleza de este vasto contenedor que alberga incontables universos, cada uno con sus particularidades únicas.

Explorando la diversidad de universos colindantes, surge la fascinante posibilidad de que nuestros vecinos cósmicos hayan experimentado Big Bangs distintos, generando materia de maneras únicas. En este entramado infinito, los universos adyacentes podrían variar en la proporción de materia densa y energía, creando un mosaico cósmico infinitamente complejo. La especulación se intensifica al contemplar la posibilidad de que, más allá de nuestro universo, la nada se extienda, configurando un vasto espacio sin materia, antimateria, energía ni fuerzas cohesivas.

La teoría de simulación por computadora ha sido esgrimida, sugiriendo que nuestra realidad es un producto de una programación avanzada. Sin embargo, este argumento colapsa bajo su propia lógica, ya que la simulación también debe residir dentro de algún entorno, llevándonos nuevamente a la búsqueda de un contenedor último. En este continuo juego de especulaciones, la persistente tendencia al orden, a pesar de la omnipresente Entropía, revela un patrón organizativo en la vastedad cósmica.

Desde la escala galáctica hasta los supercúmulos, la jerarquía de contenedores se asemeja a una red neuronal cósmica. Nuestra galaxia contiene sistemas estelares, los cúmulos engloban galaxias, y así sucesivamente hasta llegar al universo, el contenedor supremo de supercúmulos. La interconexión de estos contenedores recuerda la complejidad de una red cerebral humana, donde cada nodo representa una entidad cósmica. La existencia de múltiples universos fuera del nuestro sugiere una estructura organizativa que abarca más allá de nuestra comprensión.

La idea de la nada, como ausencia total, plantea una paradoja intrigante. Si la nada implica la ausencia de todo lo conocido, ¿podría estar contenida en algo más? La posibilidad de supracúmulos, contenedores de múltiples "Todos" o infinitos, abre un abanico de posibilidades. La nada, en su vacío absoluto, podría ser el componente primordial que da lugar a una estructura jerárquica de contenedores, creando una sucesión interminable de infinitos dentro de infinitos.

En fin, esta especulación sobre la existencia, ya sea del Todo o de la Nada, nos sumerge en un abismo de interrogantes. ¿Hasta dónde se extiende la cadena de contenedores cósmicos? ¿Existe una última nada que da paso a nuevas dimensiones? En este viaje conceptual, mi cerebro se enfrenta a un ejercicio mental alucinante, explorando la posibilidad de que, más allá de nuestras percepciones, la realidad se despliegue en capas infinitas de existencia organizada.

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12/12/2023


La exploración de la existencia y la naturaleza fundamental del universo es un viaje fascinante que ha intrigado a la humanidad a lo largo de la historia. Desde los filósofos antiguos hasta los científicos modernos, la búsqueda de respuestas sobre el origen y la estructura del cosmos ha llevado a reflexiones profundas que se han entrelazado con teorías científicas y filosóficas a lo largo del tiempo.

Aristóteles, en su obra "Metafísica", estableció las bases para la indagación filosófica sobre la existencia y la realidad. Sus reflexiones sobre el ser y la esencia han permeado el pensamiento occidental y han influido en las discusiones sobre la naturaleza de la realidad.

Galileo Galilei, con sus observaciones astronómicas, desafió las concepciones tradicionales y propició la revolución científica. Al dirigir su telescopio hacia el cielo nocturno, expandió nuestra percepción del universo, señalando que la realidad cósmica podía ser diferente de lo que se pensaba.

En el ámbito filosófico, Immanuel Kant exploró la relación entre la experiencia y el conocimiento. Su obra "Crítica de la razón pura" abordó la influencia de la mente humana en la interpretación del mundo, planteando interrogantes sobre la naturaleza de la realidad percibida.

La teoría de la relatividad de Albert Einstein, en el siglo XX, trajo consigo una reconfiguración radical de nuestras nociones de espacio y tiempo. Einstein sugirió que estas dimensiones son entidades flexibles, y la gravedad es la curvatura de un tejido cósmico interrelacionado.

Niels Bohr y Werner Heisenberg, pioneros en la mecánica cuántica, introdujeron la dualidad onda-partícula y la incertidumbre cuántica, cuestionando las bases mismas de nuestra comprensión de la realidad. Sus contribuciones abrieron una ventana a lo desconocido y desafiaron las intuiciones clásicas sobre la existencia.

Más recientemente, Stephen Hawking exploró las complejidades de los agujeros negros y especuló sobre la existencia de múltiples universos. Su obra, como "Breve historia del tiempo", llevó las maravillas y los misterios del cosmos a un público más amplio, generando un renovado interés en las preguntas fundamentales de nuestra existencia.

La tendencia al orden, observable en la formación de estructuras a diversas escalas, sugiere una fuerza organizadora inherente al universo. A pesar de la entropía que tiende hacia la dispersión y el caos, emergen islas de complejidad y orden, revelando una danza cósmica entre el caos y la organización.

En el intrincado tejido que une la física, la filosofía y la especulación, nos encontramos en una constante búsqueda de respuestas a las preguntas fundamentales de nuestra existencia. Las teorías contemporáneas, en su diversidad y complejidad, ofrecen visiones fascinantes del universo que nos rodea. Sin embargo, en medio de este fascinante panorama, también somos conscientes de la limitación inherente a nuestro entendimiento. Reconocemos humildemente que la evolución del conocimiento es un proceso continuo, y que la frontera entre lo conocido y lo desconocido siempre está en constante expansión. En este entrelazamiento de disciplinas, contemplamos el universo desde diversas perspectivas, buscando una comprensión más profunda y holística de nuestra existencia.

En el umbral de lo convencional, nos sumergimos en una reflexión audaz que nos lleva más allá de los límites familiares de nuestra comprensión. La vastedad del universo, un lienzo cósmico en constante expansión, se despliega ante nosotros. Imaginamos un tejido cósmico, donde cada galaxia, cada estrella, cada partícula es un hilo interconectado en una danza perpetua de creación y destrucción. Nuestro universo, con su inmensidad, se convierte en un nodo dentro de una red cósmica, cada elemento conectado de manera intrínseca, como las células en el cuerpo de un ser cósmico. En esta aventura mental, exploramos la interconexión de todas las cosas, permitiéndonos vislumbrar la complejidad y la armonía inherente a esta vasta red cósmica.

La mente se sumerge en una espiral de especulación al contemplar la posibilidad de que nuestro universo, vasto en sí mismo, sea solo una pequeña parte de algo aún más grandioso. Nos embarcamos en la hipótesis de capas infinitas de existencia, como las capas de una cebolla cósmica que se despliegan en una complejidad sin fin. La idea de un contenedor cósmico que alberga nuestro universo se convierte en una entrada a un reino de posibilidades infinitas. Podemos visualizar niveles superiores de realidad, cada uno conteniendo multiversos dentro de multiversos, como fractales de la existencia que se extienden hacia lo desconocido. En esta espiral de especulación, nos enfrentamos a la maravilla de lo ilimitado, desafiando nuestras percepciones y ampliando los límites de la imaginación.

En este esquema mental intrigante, la nada deja de ser simplemente la ausencia de todo. Se convierte en la frontera dinámica entre capas de realidad, un espacio entre multiversos, donde la ausencia total coexiste con el potencial ilimitado. Este vacío cósmico se transforma en un lienzo en blanco, una paleta donde las posibilidades se entretejen en una sinfonía infinita de creación. La nada, lejos de ser

Esta especulación nos lleva más allá de las limitaciones de nuestras concepciones convencionales, hacia un reino donde la realidad y la imaginación se fusionan en una danza eterna. En este viaje mental, recordamos que la búsqueda de respuestas es un viaje sin fin, un proceso continuo de exploración que desafía nuestras percepciones y nos invita a contemplar los misterios profundos de la existencia.

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12/08/2023


Cuando suelo explorar los confines de la realidad mediática contemporánea, puedo llegar a esgrimir una reflexión que ha sido gestada y fortalecida dentro de mi, a lo largo de varias décadas. La idea de que ciertos sucesos son cuidadosamente orquestados con anticipación, como el incendio en Hawaii, se entrelaza con otros elementos que, a primera vista, parecen converger en el escenario público. Este mosaico de circunstancias resuena de manera innegable con el Mito de la Caverna, una alegoría propuesta por el filósofo Platón. En esta analogía, las sombras proyectadas en la pared encapsulan la percepción limitada que la mayoría de las personas tienen de la realidad, enfocándose únicamente en las apariencias y pasando por alto las complejidades subyacentes. El desafío consiste en contemplar tanto las sombras como los agentes que las engendran, un punto de vista que requiere abrazar la dualidad inherente a nuestra existencia.

Dentro de este enfoque, la sociedad moderna personifica un papel análogo al cautivo en la caverna, confinando su mirada a las sombras que son proyectadas por la pantalla de los medios de comunicación. Las noticias, en calidad de intermediarios entre el mundo exterior y las masas, actúan como las representaciones en la pared. Sin embargo, al igual que el prisionero de la caverna desconoce el origen de las sombras, las personas a menudo se contentan con una visión superficial, depositando su confianza de manera ciega en la veracidad de lo que se les presenta. La llave que abre las puertas de la comprensión en profundidad radica en la aceptación plena de ambas caras de la dualidad: la lógica y la ilógica, la verdad y la mentira, lo observable y lo especulativo.

No obstante, esta perspectiva de aceptación no implica negar el discernimiento crítico. Más bien, se trata de elevarse por encima de las restricciones de la percepción unilateral. En el ejemplo hipotético de un árbol que supuestamente fue derrumbado por una tormenta, la verdad no reside únicamente en una versión de los acontecimientos. Más allá de la primera impresión, cuando otro medio de comunicación presenta una versión distinta, como por ejemplo, la afirmación de que ese mismo árbol siempre estuvo torcido, creció de esa manera, emerge la necesidad de abrazar ambas interpretaciones. La verdad no está confinada a un único bando; la dualidad alberga la multiplicidad de perspectivas que conforman el entramado mismo de nuestra realidad, más allá del constructo verídico o no, respecto de aquella hipotética noticia del árbol caído o del mismo árbol que ha crecido torcido.

Aceptar la dualidad es análogo a observar una pintura desde distintos ángulos. Las sombras en la pared representan una perspectiva, una versión de la realidad, mientras que los seres y objetos que las generan constituyen otra dimensión. Al adoptar esta visión holística, emergen las manos del "Arquitecto", la fuerza que da forma a nuestra percepción colectiva. Sin embargo, la identidad de este Arquitecto permanece oculta, al igual que los actores detrás del telón de sombras en la alegoría de Platón. Los individuos públicos, aquellos cuyos rostros son reconocidos, no poseen la autoridad última. Aquellos que han internalizado la dualidad, que han abrazado tanto lo lógico como lo ilógico, emergen como los visionarios que captan la complejidad del tejido social.

El conflicto inherente a la dualidad es una fuente de crecimiento. La humanidad avanza cuando los extremos chocan y, finalmente, colaboran para encontrar terreno común. Mientras que la mayoría oscila entre los extremos, aquellos que han abrazado la dualidad acceden a una perspectiva panorámica, capturando una visión más amplia y trascendental. Al aceptar las verdades incómodas junto con las cómodas, se encuentra la clave para acceder a la esencia misma del intrincado plan que rige nuestro futuro como especie.

Y para concluir este análisis sostenido por mi entendimiento respecto de la complejidad que le da estructura a este planeta, el paradigma de abrazar la dualidad surge como una luz en la oscuridad de la percepción limitada. Como aquel que emerge de la caverna, el individuo que acoge tanto las sombras como sus fuentes, tanto a la noticia del árbol devastado por una tormenta como a la noticia del mismo árbol que ha crecido a ras del suelo, desarrolla la agudeza para percibir más allá de la superficie. El tejido mediático se convierte en un enigma en constante evolución, tejido por fuerzas tanto visibles como invisibles. Los "otros", aquellos que comprenden que la realidad es un caleidoscopio de interpretaciones, asumen el rol de navegantes en este mar de dualidades, guiando a la humanidad hacia un futuro donde la auténtica comprensión trasciende las apariencias.

Lic. Nelson J. Ressio.

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26/06/2023


La infidelidad, ese acto tan controvertido y condenado por la sociedad, ha sido objeto de reflexión y de debate a lo largo de la historia. Muchas veces se ha argumentado que la infidelidad es una característica presente únicamente en el reino animal, excluyendo al ser humano de esta conducta. Sin embargo, surge la interrogante de si la infidelidad es realmente una condición natural en todas las especies y si su presencia obedece a una estrategia evolutiva para preservar la diversidad y mejorar las especies a lo largo del tiempo.

Desde tiempos remotos, el ser humano ha buscado establecer normas y reglas que rijan la conducta en las relaciones de pareja. La fidelidad ha sido considerada como un pilar fundamental en el ámbito del compromiso y la confianza, mientras que la infidelidad ha sido juzgada y condenada por la sociedad en muchas culturas. Sin embargo, resulta intrigante preguntarse si esta visión moralizante de la infidelidad es acorde con la realidad de la naturaleza humana.

Al explorar la diversidad de formas de apareamiento y relaciones en el mundo animal, nos encontramos con una amplia gama de comportamientos sexuales. Desde la monogamia estricta hasta la poligamia, pasando por la promiscuidad y la infidelidad genética, cada especie presenta estrategias reproductivas adaptadas a su entorno y necesidades particulares. Esta variabilidad nos lleva a cuestionar si la infidelidad es una característica inherente a la naturaleza biológica de los seres vivos, incluyendo al Ser Humano. Además, cabe destacar que la teoría de la evolución propuesta por Charles Darwin nos proporciona una base sólida para comprender cómo los comportamientos evolucionan en el tiempo. Según esta teoría, los individuos con características que les brindan ventajas reproductivas tienen más probabilidades de transmitir sus genes a las generaciones futuras. En este contexto, surge la pregunta de si la infidelidad es una estrategia evolutiva que permite maximizar las posibilidades de supervivencia y adaptabilidad de una especie.

En este artículo, exploraremos más a fondo estas cuestiones, adentrándonos en las bases biológicas y sociológicas de la infidelidad para comprender mejor su papel en el mundo natural. Analizaremos diversos estudios científicos que han abordado el tema desde diferentes enfoques, considerando tanto la perspectiva biológica como la cultural. A través de esta exploración, buscamos arrojar luz sobre la complejidad de la infidelidad y promover una reflexión más amplia y comprensiva sobre esta conducta humana tan debatida.

La infidelidad es un fenómeno ampliamente documentado en el reino animal, desde insectos hasta mamíferos, lo cual indica que su presencia trasciende las barreras de la especie. Sin embargo, es menester el destacar que la infidelidad no se manifiesta de la misma manera en todas las especies. En algunos casos, la infidelidad puede ser una estrategia de apareamiento, permitiendo a los individuos tener descendencia con diferentes parejas para aumentar la diversidad genética y mejorar la adaptabilidad de la especie frente a cambios ambientales. En las aves, por ejemplo, se ha observado que ciertas especies son monógamas en apariencia, pero que en realidad pueden presentar casos de infidelidad genética. Esto significa que, aunque una pareja estable sea formada, uno de los progenitores puede engendrar crías con otros individuos. Esta conducta se explica por la necesidad de maximizar las posibilidades de supervivencia de los descendientes, al introducir variabilidad genética que aumente sus habilidades adaptativas.

En el reino de los mamíferos, encontramos una diversidad de estrategias de apareamiento. Algunas especies son monógamas, formando parejas estables a largo plazo, mientras que otras son polígamas, permitiendo a un individuo tener múltiples parejas. En estos casos, la infidelidad puede estar presente como una forma de buscar oportunidades reproductivas adicionales. Un ejemplo notable es el caso de los leones, donde los machos dominantes tienen acceso exclusivo a las hembras en su territorio, pero a su vez pueden encontrarse con desafiantes que buscan arrebatarles su posición. Estos desafiantes, al tomar el control de la manada, suelen matar a las crías existentes, forzando a las hembras a entrar en celo nuevamente y así asegurando su propia descendencia. Esta dinámica demuestra cómo la infidelidad puede estar relacionada con estrategias de supervivencia y reproducción en el reino animal.

No obstante, es muy justo el tener en cuenta que no todas las especies muestran este comportamiento. Hay casos de especies monógamas en las que la fidelidad es una característica dominante. Por ejemplo, los lobos forman parejas monógamas que perduran a lo largo del tiempo, mostrando un alto grado de cooperación en la crianza de sus crías. En estos casos, la fidelidad puede estar relacionada con la necesidad de asegurar la supervivencia de los cachorros, ya que ambos padres desempeñan roles fundamentales en su cuidado y protección.

En el caso del ser humano, la infidelidad es un tema complejo y multifacético. A diferencia de otras especies, los humanos poseen una estructura social y cultural más desarrollada, lo cual influye en las dinámicas de pareja y en la percepción de la infidelidad. Si bien es cierto que existen casos de infidelidad en las relaciones humanas, no se puede afirmar categóricamente que sea una condición natural en todos los individuos. La infidelidad puede ser resultado de una combinación de factores individuales, relacionales y contextuales, como la insatisfacción emocional, la búsqueda de novedad o la falta de compromiso, más allá de tener en consideración, únicamente, la mera acción evolutiva.

En la sociedad humana, el concepto de infidelidad ha evolucionado a lo largo del tiempo y varía entre diferentes culturas. Las normas y valores sociales influyen en la definición y percepción de la infidelidad, y lo que puede considerarse como una transgresión en una sociedad, puede ser tolerado o incluso aceptado en otra. Además, la infidelidad no se limita exclusivamente al ámbito sexual, sino que también puede manifestarse en la confianza emocional y en la lealtad dentro de una relación.

La comprensión de la infidelidad en el ser humano implica explorar no solo las causas individuales, sino también los aspectos culturales, psicológicos y sociales que influyen en su manifestación. Factores como la comunicación deficiente, la falta de satisfacción emocional, la presión social o la disponibilidad de oportunidades externas pueden desempeñar un papel en la predisposición a la infidelidad. Además, la evolución de las tecnologías de la comunicación ha abierto nuevas vías para el contacto y la conexión con personas fuera de la relación, lo que plantea desafíos adicionales en términos de fidelidad.

Entonces, desde mi entendimiento, la infidelidad es un fenómeno complejo y multidimensional que ha sido objeto de debate y reflexión a lo largo de la historia. Y aunque es una certeza, que la infidelidad se encuentra presente en diversas especies del reino animal, su manifestación y su función varían significativamente. La infidelidad puede ser considerada como una estrategia evolutiva en algunas especies, permitiendo la diversificación genética y mejorando las posibilidades de supervivencia y adaptabilidad, y creo que, respecto del proceso anteriormente dicho, el Ser Humano no se encuentra ausente de ese grupo. Y es una verdad, en el caso del Ser Humano, que la infidelidad adquiera un matiz diferente al resto de las especies. Aunque existen casos de infidelidad en las relaciones humanas, no se puede generalizar su presencia solamente como una condición natural en todos los individuos. Las complejidades de la sociedad y la cultura humana influyen en la definición y percepción de la infidelidad, y las normas sociales y valores personales desempeñan un papel importante en la determinación de lo que se considera como una transgresión en una relación.

Es crucial entender que la infidelidad en los Seres Humanos es un fenómeno multifactorial y subjetivo. Factores individuales, como las necesidades emocionales insatisfechas o la búsqueda de novedad, así como factores relacionales y contextuales, como la calidad de la comunicación y la influencia social, pueden influir en la propensión a la infidelidad. Además, los avances tecnológicos han introducido nuevas dinámicas y desafíos en el ámbito de la fidelidad, facilitando el contacto y la conexión con personas externas a la relación.

Para abordar la complejidad de la infidelidad en las relaciones humanas, creo que es necesario fomentar una comunicación abierta y sincera, así como fortalecer los lazos emocionales y la confianza mutua. La comprensión y el respeto de las normas y valores compartidos en una relación pueden ayudar a prevenir y superar situaciones de infidelidad. Además, es fundamental considerar la importancia del diálogo y la búsqueda de soluciones constructivas para abordar los problemas subyacentes que puedan llegar a conducir a la infidelidad.

Pero no debemos ser ajenos al ser conscientes de que la infidelidad es un tema complejo, que nos invita hacia reflexiones profundas y hacia una comprensión compasiva de las dinámicas humanas. Explorar las bases biológicas, sociológicas y culturales de la infidelidad nos permite adquirir una perspectiva más amplia y enriquecedora sobre este fenómeno. Al hacerlo, podemos trabajar hacia relaciones más sólidas y satisfactorias, basadas en la honestidad, el respeto y el compromiso mutuo.

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31/07/2019



Alguien me dijo una vez, -Nelson..., me he dado cuenta de que eres un ser Complejo..., ¿estoy en lo cierto?-

A lo que yo respondí, sin dudarlo ni un instante. -Por supuesto que sí; soy un ser Complejo..., ahora bien, me apronto a devolver vuestra pregunta, por medio de una nueva pregunta, y es la siguiente: ¿cuál es el inconveniente en ser Complejo?

Y como consecuencia inevitable, aquella persona me responde; no sin mostrar, de manera inconsciente, unas facciones desencajadas, unos extraños movimientos de su cabeza, y unos inesperados re-acomodos de sus brazos; -No, estimado Nelson..., solo te preguntaba..., ya que, te he observado mucho, y por eso es que me da la sensación, muy poderosa por cierto, de que eres un ser Complejo..., nada mas..., y creo que mi duda, tampoco es nada importante.

Con lo que, de inmediato me dispongo a responderle. -Sí que es importante lo que has expresado..., al menos para mi punto de vista, quien es el que soy el Complejo, según tú.

¿Me podrías explicar, entonces..., si es que no tienes inconveniente alguno, estimado Nelson?.

Por supuesto, será un placer. Es que, también a mi juicio sobre mi mismo, efectivamente, soy Complejo, tu lo dijiste antes, así que..., efectivamente, no tengo inconvenientes en responderte, y gracias a lo anterior, no perderé la Realidad de las cosas, por lo que pasaré, a intentar aclarar a tu pregunta inicial..., y es que..., sí..., efectivamente, soy un ser Complejo, tan Complejo, que traspaso los límites de lo que es Imaginario, y de lo que es Real, para hacer todo lo que hago..., y lo que seguiré haciendo el resto de mis días en este tiempo y espacio en el que todos convergemos.

Entonces..., explícame, porque me has dejado mas intrigado que nunca..., explícame Nelson, ya que veo que tienes predisposición a responder mi pregunta inicial.

Bueno..., como te decía, y te has dado cuenta, efectivamente, soy un ser Complejo, porque en todo momento, traspaso los límites de lo que es Imaginario, y de lo que es Real, para arribar a un resultado lo mas determinado que mis uso de Razón sea capaz, en razón de que, de otra manera, no sería posible..., es decir, soy..., como decirlo..., ah, si..., como un invento de la Mente Universal, de manera tal de balancear lo Imaginario que posee la Realidad..., o bien, la Realidad que posee lo Imaginario..., o quizás..., para nivelar los resultados de la Imaginación de la Realidad, como para arribar a una mejor comprensión de la Realidad de la Imaginación..., mmm..., o bien..., y quizás, pensándolo desde otra perspectiva..., soy un ser Complejo, -como ya lo has dicho y me lo has preguntado-, con el objetivo de que la Realidad de la Imaginación, se manifieste en la Imaginación de la Realidad..., ¡ah!..., aunque, no me convence, ni mi propia definición de un ser Complejo..., por lo que, veré entonces, si te la puedo expresar de una mejor manera..., ehhh, esteee..., sí..., ¡ya sé!; soy un ser Complejo, por cuestiones que me obligan a intentar Unir la Imaginación de la Imaginación, con el mero motivo y el arduo propósito, de llegar a un resultado manifestado en la Realidad de la Realidad..., pero, me pregunto a mi mismo, ¿qué es la Imaginación de la Imaginación; y de la misma manera; qué es la Realidad de la Realidad, como para que me conviertan, ambos argumentos, en un ser Complejo?

Bueno, Nelson, yo pienso que tu...

No, no, estimado, como decía, no era una pregunta dirigida hacia ti..., sino que, una pregunta hecha por mi y para mi mismo, con el objetivo primordial de responder la pregunta que tu me has hecho al comienzo..., entonces, retomando mi intento de responder mi propia y última pregunta, creo que estoy en la potestad de afirmar, sin mucho temor a equivocarme, que soy un ser Complejo, -tal como me has preguntado-, porque la Imaginación de la Imaginación, en principio, se encuentra separada de la Realidad de la Realidad, por lo tanto, si yo, únicamente me fundamento en Imaginar a la Imaginación, no podré convertir, de ninguna manera, lo Real en otra Realidad; con lo que, si bien, en este preciso instante, me encuentro en una gran disyuntiva; de todas maneras, pienso que podré arribar a explicar el porqué me consideras, -y yo lo acepto-, como un ser Complejo; por lo cual, me imagino que, dicha explicación provendría desde la siguiente afirmación existencial de mi parte..., y que es la siguiente..., mmm..., si yo, Nelson; quien concuerda contigo, de que soy un ser Complejo; me Imagino la Imaginación, de manera constante continuaré surcando el terreno de los pensamientos, sin siquiera concretar absolutamente nada de lo que mi Imaginación pudiera llegar a Imaginar..., por lo que..., deberé crear la Realidad de la Realidad de alguna manera..., deberé hacer Real lo que ya es Real..., pero, ¿cómo podría yo, hacer Real lo que ya es Real, teniendo en cuenta de que, lo que ya es Real, se desprende de la simple lógica de que, previamente eso que yo llamo como Real, ya ha sido Imaginado por una Imaginación precedente a todo lo antedicho, es decir, al propio proceso inmediato e indeterminado de Imaginar una determinada Realidad, para luego hacer Realidad una determinada Imaginación, teniendo en cuenta de que, la determinación de la Imaginación no es lo mismo que la determinación de la Realidad; así como también, la indeterminación e inmediatez de la Imaginación no es lo mismo que la "indeterminación determinista" sumada a la aceptable "inmediatez mediata" de la Realidad (ya que nada es absolutamente determinado y absolutamente mediato, debido a que siempre hay algo que se nos escapa a nuestro poder determinístico, siempre existirá algo que no sera adjetivado en su totalidad..., siempre), sabiendo entonces, que ninguna Realidad, por mas demostrativa que ella sea, en lo que respecta a sus propios atributos; en frente de nuestras percepciones provenientes desde nuestro mundo sensible, y en frente de nuestras capacidades lógicas e intuitivas, provenientes desde la Razón; pueda llegar a ser totalmente determinada por ninguna Imaginación, por mas poderosa que esta última sea, debido a que, una Realidad determinada, no es lo mismo que una Realidad en absoluta determinación?..., mmm..., una pregunta demasiado extensa, y la cual, que ciertamente no me convence todavía, está fundamentada por la pregunta anterior, en dirección hacia atrás en el tiempo, hasta llegar a tu propia pregunta inicial..., de que soy un ser Complejo..., lo cual lo acepto..., pero..., me estoy dando cuenta de que, durante el precedente proceso, el de intentar comprender el porqué de la afirmación y el porqué de la coincidencia entre ambos de nosotros, de que soy un ser Complejo, no me deja arribar a la respuesta de la prosiguiente pregunta, la cual expresa que..., yo, Nelson, ¿porqué soy un ser Complejo, sabiendo que la Realidad es una consecuencia de la Imaginación; mientras que la Imaginación, por otro lado, es un producto -igual de consecuente-, desde la Realidad de un mismo tipo de Imaginación, como la precedentemente mencionada, pero con características superiores? Entonces, ¿"quien" me ha Imaginado, para que yo sea un ser Real, y como consecuencia, Complejo; y al mismo tiempo, al ser yo, un ser Complejo, porqué no puedo arribar a la Imaginación de la Imaginación Primordial o Primigenia, la cual ha sabido "el como" transformarme en un subproducto determinado y mediato, de ella misma? Esta imaginación Primordial..., la que me ha hecho un ser Real..., ¿será el tan aclamado Dios?..., mmm..., ¡no!..., no puedo ni siquiera Imaginar que dicha respuesta, a la última pregunta, sea una Tautología, debido a que, si bien soy un ser Real, producto de la Imaginación de un Todo mas Supremo que mi propia Imaginación Suprema, no existe concordancia con ninguna lógica, el hecho de terminar de definirme como un ser Real, por el supuesto hecho de que a un determinado Dios, se le haya ocurrido Imaginarme, debido a que, al igual que ese supuesto Dios, yo también podría Imaginar la Realidad existencial de ese hipotético Dios, y por lo tanto, estaría yo, Imaginándome Realmente, la mismísima Complejidad de otro ser, aunque diferente a mí, y al que le podría colocar el nombre de Dios, a modo de mero ejemplo, pero que nada de ello me indicaría, de que un Dios con su Mente munida por medio de su arsenal Imaginario, pudiese siquiera determinarme, darme entidad, y constituirme en un ser Real..., ¡no!..., no lo concibo de esa manera, de que una Imaginación Superior a mi Realidad determinista, pudiese haber Imaginado tamaña Complejidad, como es mi ser..., mi existencia..., unida a mi autodeterminación y a mi "autonomidad". Entonces, ¿que es aquella aparente existencia Imaginaria que logra que yo sea un ser Real? Y debo aclarar que, a la pregunta inmediata anterior, no podría yo, -y ni siquiera me atrevería-, a comenzarla con la palabra "Quien", porque, con el solo hecho de comenzar dicha última pregunta, por medio de la mencionada palabra, inmediatamente, me encontraría encerrado en la peligrosa semántica apócrifa, de generar un ser..., desde la nada..., sin siquiera asignarle, al menos, un determinado conjunto de atributos que lo definan; por lo tanto, la pregunta precedente, seguirá comenzando con la palabra "que"; y por lo tanto, ¿qué es aquella existencia Imaginaria que logra determinarme de manera mediata, en un ser Real?..., ¡mmm!..., ¿sabes qué, mi amigo?..., creo que ya encontré la respuesta a esta última pregunta, y por lo tanto, y como consecuencia, he arribado a la respuesta de tu pregunta inicial, de que lo Imaginario y lo Real condicionan la existencia de la Complejidad, en este caso, de un ser Complejo..., y creo haberla hallado, en relación a mi persona, tal como tu me lo habías planteado al principio.

Bueno..., Nelson..., excelente entonces, estoy ansioso y a la espera; luego de escucharte, e intentar entender lo que has dicho..., quiero que me digas la respuesta..., dímela por favor..., ¡dime la respuesta!..., ¡la necesito!

Y..., ¿por qué la necesitas con tanta celeridad mi amigo? Si dicha respuesta, no es una respuesta que esté condicionada, ni por la vida, ni por la muerte.

Nelson..., ¡¡¡Dime la respuesta!!!

¡Ok!, no te airees que me vas a descentrar, ¡EH! Pues, te diré la respuesta; pero, antes que ello, deberé formularme otra pregunta, la cual es la siguiente..., y tu también escúchala; ¿soy un ser Imaginariamente Real, o bien, soy un ser viviendo en una Realidad Imaginaria?

Lo que yo pienso, Nelson, es que tu eres un se...

No, no, no, mi amigo..., otra vez..., solo me estaba formulando una pregunta hacia mi mismo, y aunque expresé que la escuches, no era para ti..., por lo que, debes saber, que tanto a ti, como a mi mismo, solo nos debo la respuesta a la pregunta inicial, la originaria pregunta proveniente desde vuestra motivación primaria..., pero, en esta última pregunta que mencioné..., para vuestra sorpresa..., quizás..., se encuentra la respuesta.

Bueno, Nelson, ¡entonces dímela ya! ¿Cuál es, teniendo en cuenta las dos partes de tu última pregunta existencial, así y de una vez por todas, podré responder a la mía?

Ambas..., mi amigo..., ambas..., porque, sin la manifestación de lo Imaginario y sin la manifestación de lo Real, en todas las direcciones posibles, no existiría nada que tuviese siquiera un mínimo de Complejidad..., ya sea, en este Universo, como en cualquier otro, fuera de este.



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