19/2/15

¿En que momento, las mentes se vuelven brillantes? ¿Bajo que condiciones podemos llegar a brillar, a esparcir la Luz de las virtudes? 

Desde mi punto de vista, pienso que las respuestas a las cuestiones anteriores, pasan principalmente por esa inigualable conexión con el tan preciado -pero poco visitado- Silencio, ese Silencio que nos conecta con la quintaesencia, es decir, con una manera muy especial de razonar, que va mas allá que cuando lo hacemos desprovistos del Silencio. Estas palabras, de esta publicación, como en la mayoría de las palabras escritas, nacen del Silencio. Las palabras escritas, nacidas del ruido -interior, desde nuestros egos y exterior, desde la humanidad-, son oscuras, no brillan, no poseen fuerza, son carentes de una semántica enriquecedora, son bañadas por un manto opaco de ideologías en lugar de un velo transparente de ideales, palabras que, en su conjunto, conllevan violencia y derivación de responsabilidades, actos éstos, que tienen su génesis en las mentes que no brillan, por mas que aparenten lo contrario.  

Entonces, indudablemente, una mente será brillante, si sabe aprovechar el Silencio, una mente irá mas allá de los límites de ella misma, cuando se encuentre en la temporal -y a veces atemporal- soledad del Silencio. Posiblemente una mente brillante no se corresponda tanto con lo asocial, sino que, con ese maravilloso concepto acuñado por Carl Jung, -concepto que, por el cual, deberían basarse la mayoría de las mentes de este mundo-, acepción que nos conduce directamente hacia el Centro de la Tierra, y que es la Introversión (opuesto a la Extraversión) y que nos ayuda a explorar entre los mas recónditos intersticios del pensamiento, de una manera progresiva y creciente, y cuanto mas Silencio haya a nuestro alrededor -interior y exterior-, mas y mas brillaremos. 

Por lo tanto, una persona, luego de tanta vida introvertida, de tanto practicar en el acceso a ese mundo del Silencio y de las ideas, cuando emerge hacia la muchedumbre extrovertida, a ese mundo de las apariencias y de los Egos, además de continuar inmerso en un estado mental introvertido, además de formarse un halo mental de Silencio, por simple acostumbramiento derivado de la práctica de la virtud del Silencio, deseará volver a él lo antes posible.

El Silencio nos conecta con nosotros mismos, y con el Universo, con el Microcosmos y con el Macrocosmos, con ese cada vez mas perceptible Egregor, con esa Mente Universal, con esa mente colectiva que todo lo impregna, y es allí -en el establecimiento de dicha conexión- en donde brillamos, en donde somos Luz. Entonces, pienso que, esa aparente forma a-social de las mentes que brillan, se correspondería con aquel hábito, con aquel acostumbramiento a la virtud, a la introversión, y directamente proporcional, con el alejamiento del ruido proveniente de la extraversión. 

El habito, inevitablemente, es lo que nos lleva a valorar lo que nos construye por dentro y a querer volver a él por sobre todo lo que nos destruye, por sobre todo lo que nos banaliza, por sobre este mundo ruidoso repleto de Egos exaltados que nublan el discernimiento, y nos llevan a tomar decisiones oscuras, y ese hábito del Silencio, hará realidad el que las mentes que estén sumidas en la oscuridad de los vicios y de las bajas pasiones, al fin sepan encontrar la Luz y puedan brillar en la virtud.

Y, pensar que todo ser humano se encuentra a la distancia de una decisión, para alcanzar a brillar ¿no es cierto? Pero, este sistema fallido, dedicado a exaltar los Egos, es decir, a realzar todo aquello que roce con la oscuridad (los vicios y las bajas pasiones), le impide a muchas personas que brillen por si mismas en la virtud, por el triste hecho de mantenerlas constantemente en la extraversión, he impidiéndoles ingresar a la introversión, porque si se diera esto último, este mundo dominado por el consumismo desmedido, desaparecería tal y como lo conocemos.

Imagínense un mundo en donde la mayoría de las personas fueran introvertidas. 

Nelson J. Ressio


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