14/7/14

En el pasado Solsticio de Invierno, justo en la madrugada, tuve una inolvidable y muy grata visita desde el mundo de lo onírico... justo en ese día del Solsticio, mientras desde Oriente comenzaba a deslumbrar el amanecer.

Y fue entonces, cuando me sobrevino un fuerte impulso de dedicarle las siguientes palabras de mi autoría, a mi abuelo, basadas aquellas, exactamente en lo que sucedió durante ese sueño.


A mi Querido abuelo.


Mi Querido abuelo, 
al amanecer me visitaste, 
con pasaje desde Oriente.
Te vi descender muy despacito, 
por la escalera de un viejo tren a vapor candente.
Mientras yo, al otro lado del túnel de ladrillos, 
te divisé con enmudecida alegría.
Y hacia ti me lancé imparable, 
impulsado por una inmensa fuerza de Vida.


Diciéndote, luego de mucho tiempo, 
mientras me miraste nuevamente,
"Mi Querido abuelo, también he muerto, 
y al igual que tu, ya vivo para siempre".
Que nos dimos fuertes abrazos 
de inigualable y fraterna camaradería.
"Pues ven conmigo" me dijiste, 
con tu inalterable voz de fuerza, belleza y sabiduría.


Y me trasladaste bajo un Templo, 
precedido por Justas columnas de Bronce,
entre las que, dos puertas se abrieron, 
por el ímpetu de tus nobles golpes.
Pero antes me dijiste, 
"debes despojarte de toda superficialidad e impurezas,
para que entiendas la Luz a la que acudes, 
que remediará tus asperezas".


Me quitaste la capa, me susurraste al oído, 
y yo sin ver, pude percatarme del olvido.
Fue entonces, cuando confiado ingresé, 
pues guiado fui por tu candor y seguridad.
Que en los viajes que juntos recorrimos, 
siendo tu fuerte presencia, mi único destino.
Me hicieron abrir los ojos enceguecidos, 
mientras tu retornabas a la Eternidad.


Gracias Querido abuelo, por visitarme en mis sueños, en ese día tan especial como lo es el Solsticio de Invierno en esta parte del mundo. Para ti fueron estas humildes líneas.


Copyright @ 2013 - by Nelson J. Ressio.

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