2/5/14

El universo está repleto de misterios... de fuerzas ocultas y a la vista, que hacen de aquel, un lugar en donde la energía y la materia son, en esencia, la misma cosa. Aquellos misterios, velados por la inconsciencia de la materia, permanecen ocultos para las personas que no tienen ojos para ver, o bien para quienes no quieren ver mas allá de lo evidente. Misterios que no son otra cosa que las diferentes formas en que el universo ha jugado con sigo mismo, produciendo entre sus entrañas finitas, una casi interminable mescolanza de misterios dispuestos a que el ser humano los pueda develar. Pero esta acción de quitar el velo para que los misterios se vuelvan conocimiento consciente para nuestra psique, implica un esfuerzo intelectual e introspectivo en nosotros y para nosotros, sumados a una fuerte base de hábito en el trabajo, para que, aquellos misterios puedan ser revelados, cuando menos lo esperemos, ante nuestra consciencia, conciencia ésta, que en incontables casos, se halla muy hambrienta de saber y de conocer.


El ser humano, es simplemente, universo concentrado en un cuerpo material, es universo comprimido por una fuerza oculta a nuestras percepciones, es universo devenido en un cúmulo aglutinado de partículas esenciales, es universo que llegó a conformarse de tal inteligente manera que logró concebir algo tan maravilloso como la génesis de la vida, el ser humano es universo que intenta conocerse a si mismo, es universo que siente, que se expresa, que piensa, que intuye, que razona, que cuando mira las estrellas se está mirando a si mismo, por mas que éste no se percate de tal maravilla, que cuando trata de entender lo que hay arriba no hace mas que estar razonando respecto de lo que se encuentra abajo, que cuando intenta con mucho esfuerzo reemplazar lo inconsciente por lo consciente solo está realizando un acto de entendimiento de la mente universal que todo lo impregna, que cuando el ser humano es presa de la ira, del odio, del temor, de la ansiedad, de la envidia, de la tristeza, de los deseos de violencia, y cuando además genera discordias, reparte mentiras, y ostenta hipocresías, no está haciendo otra cosa que extrapolar, proyectar, contagiar, exhalar, y emitir aquellas sensaciones anteriormente descritas, en forma de vibraciones esenciales de partículas en constante disonancia con las demás, y hacia todas las direcciones espaciotemporales del universo, sea éste el propio Macrocosmos, como también el microcosmos, evitando que ambos estén en una biunívoca armonía. 



El Macrocosmos y el microcosmos, el universo externo y el universo interno, ambos, para que de una manera colectiva funcionen como una única mente egregórica universal, el microcosmos, el ser humano, deberá vibrar tal como el Macrocosmos lo necesita, polarizando sus mas bajas pasiones en altas vibraciones emitidas por la Luz de la razón, polarizando la ira en autocontrol, el odio en amor, el temor en precaución y confianza, la ansiedad en calma, la envidia en conformidad, la tristeza en alegría, la violencia en paz, la discordia en concordia, la mentira en verdad y la hipocresía en sinceridad.



El universo, indudablemente esta repleto de misterios, misterios que podrán ser revelados por nuestras percepciones, revelaciones éstas, que obtendremos cuanto mas conozcamos al otro universo moldeado por las manos del infinito... al de nuestro propio ser.

Nelson J. Ressio

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