1/3/14

¿En que momento los sueños, por sus propias características constitutivas, pueden llegar a considerarse como una realidad externa, -la cual deja un fuerte recuerdo de por vida-, y no solamente uno más de los múltiples universos oníricos, que por medio de los cuales, nuestra profunda psique, -el inconsciente-, intenta contactar con nosotros, con nuestro consciente?

Por medio de este artículo, -y como lo son la mayoría de mis anteriores publicaciones, aunque aquí lo haré con mas énfasis en mi mismo y en mi propia experiencia-, intentaré responder, o por lo menos, poner en tela de juicio de los lectores, -así como de mi mismo-, un escalofriante, pero a la vez un muy bello suceso onírico que me ha tocado vivir hace muy poco tiempo, desde que escribo estas líneas.

Hace menos de un mes atrás, unos minutos antes del amanecer, tuve la muy grata oportunidad de ser "receptor" de un sueño que jamás había tenido antes. Un sueño que, aunque breve, logró ser la génesis de un gran cambio en mi vida... otro cambio más. Dicho evento onírico, no transcurrió de manera normal, es decir que, no fue un mensaje más, -de entre tantos sueños-, enviado por mi inconsciente, con destino a mi consciencia, para que yo, de ese modo, pudiera entenderlo, descifrar sus símbolos arquetípicos, para luego comprender qué fue lo que mi profunda psique me ha estado tratando de decir. No, no fue un simple sueño más, de esos que cuando despertamos, tenemos la certeza de que ocurrió dentro de nuestro límite craneal, dentro de nuestro cerebro. ¿Y porque digo límite craneal? Porque cada vez que recordamos nuestros sueños, somos conscientes en primera fila de que todo sucedió allí, en una clara comunicación entre los tres niveles de consciencia de nuestra psique.

Lo que imperiosamente quiero contar aquí, lo que realmente me ha marcado para siempre, fue que ese supuesto sueño, creado por mi inconsciente con el objetivo de "comunicarme algo" respecto a mi propia vida, -interna y externa-, tuvo características de las que jamás en mi vida había sido receptor, nunca, hasta ese momento, había tenido la maravillosa experiencia de esta especie de sueño por fuera de mi límite craneal, así lo sentí en ese momento, y lo sigo sintiendo de esa manera, es decir que dicho evento, "aparentemente onírico", fue tan real, pero tan real, que fui partícipe de algún tipo de sueño (y que no lo relaciono con pesadillas) que genera nuestra psique, como si fuera un evento externo al Yo soñante, es decir, a mi mismo en este caso.

Además, lo increíble de este hecho, es que todo ocurrió en el mismo lugar, momento y posición en el que me encontraba en la realidad. Es decir que, este maravilloso sueño, o símil sueño vívido, ocurrió como un agregado a la realidad en la que estaba situado en ese instante, o sea, dentro de mi habitación, un momento antes de que amanezca, y recostado sobre el lado izquierdo de mi cuerpo. Ese sueño externo y maravilloso tomó mi realidad y la supo unir a la perfección con lo onírico, resultando en una vivencia externa a mí mismo con una doble característica, y contrapuestas al mismo tiempo, a saber: escalofriante al principio y maravilloso después, y hasta el día de hoy.

Y voy ahora directamente a detallar la parte del sueño que mi inconsciente supo agregar, -con maravillosa maestría-, por sobre la realidad en la que me encontraba en ese momento. Realidad y "ficción" mezcladas en una única entidad simbólica, en una sola forma arquetípica, como un mega mensaje proveniente desde mi profunda psique, y no así un simple sueño delimitado por nuestro cráneo.

Esta especie de sueño vívido externo del que que he sido receptor, no solo estaba compuesto por imágenes, -como en la mayoría de los sueños-, sino que, el sonido fue el condimento extra para que, realidad y ficción se mezclaran en una sola masa uniforme, la cual no me fue posible, -ni lo es hasta ahora-, distinguir de la propia realidad debido a que dicho suceso ocurrió como si realmente hubiera estado despierto. Imágenes -de la realidad y de lo onírico- y sonidos -de la realidad y de lo onírico- fueron mezclados en un único componente indiferenciable, -por lo menos por mi mismo-, de la realidad.

Y dirijámonos al sueño de lleno entonces; el cual, aunque duró muy poco, el mismo valió, creo yo, por todos los sueños que tuve y que tendré en mi vida, debido a la alta carga emocional del mismo. Y al estar yo en la posición, que los médicos denominan: decúbito lateral izquierdo, y ya en el sueño, con la realidad y la "ficción" mezcladas, mi psique supo agregar al mismo, la característica de que me encontraba con los ojos abiertos y mis oídos atentos, ya que, lo que ella puso delante mío, en forma, en movimiento y en sonido, fue una especie de figura humana, un tanto indistinguible, en cuanto a detalles, pero muy distinguible en esencia, lo cual pude comprobar que era una forma humana la que se presentó delante mío, justo parada en el suelo del costado de la cama hacia el cual yo estaba "mirando". En ese instante, y yo sin poder moverme de la posición en la que estaba acostado, esa figura; vestida -y visible desde mi perspectiva, solamente la parte superior de su "cuerpo"- con lo que se asemejaba a una camisa, remera, o algo similar de mangas largas, y de color blanco, un tanto entremezclado con el propio cuerpo de dicha "presencia humana onírica"; pues esta figura antropomorfa no solo se digna a extenderme su brazo izquierdo para luego colocar su mano encima de mi hombro derecho (ya que yo estaba recostado con mi lado izquierdo sobre la cama) sino que ese movimiento de este "Ser creado por mi psique" se complementó con un sonido escalofriante, lo confieso, y no por sus características sonoras en si mismas, sino que, por la manera suave en el que el sonido acompañó al viaje de su mano izquierda hacia mi hombro derecho. Dicho sonido tuvo características muy similares a cuando uno arroja aliento a un vidrio o a un espejo, para luego limpiarlo con una tela o un papel suave, es decir que, fue como lo antedicho, pero con un poco más de énfasis en esa "a" guturalmente acompañada por un tono semejante a aquel mismo sonido que hacemos al arrojar nuestro aliento hacia un cierta superficie, es decir, en definitiva, fue un sonido salido desde el propio estómago de ese Ser, revestido de un tono parecido a cuando se dice la letra "a", de una manera constante, y con un acompañamiento de otro sonido más agudo, semejante a una brisa o viento leve. Todo esto, -movimiento del brazo izquierdo y sonido gutural semejante a una larga "a"-, ocurrió en el mismo momento y durante el tiempo que transcurrió la llegada de su mano izquierda, hacia mí, para luego posarse sobre mi hombro derecho.

Este suceso maravilloso (aunque después de que ocurriera, por cierto) fue percibido por mí, como un clarísimo evento externo (aunque no lo haya sido), recordando casi a la perfección todo lo que "vi" y lo que "oí", como si hubiera sido un hecho real y externo al mundo de los sueños, y no como lo que "realmente fue", como un nuevo, -y "simple"-, evento creado por mi propia psique, haciendo honor a la inherente, evolucionada y conocida misión de la mente humana, de expresar algo que, en este caso, atañe a mi propia realidad; evolución aquella, que proviene desde las llamadas Reminiscencias Arcaicas.

Ahora, en tanto, no deberé hacer caso omiso a la manera en que reaccioné a todo lo ocurrido, y detallado en los párrafos de mas arriba. No podría yo omitir mi reacción instintiva a esa "presencia humana", ya que estaría omitiendo una importantísima parte de aquel sueño increíblemente real, percibido en su totalidad como si hubiera sido un evento externo, mezclando mi realidad de ese instante con la "ficción" del sueño.

Dicha reacción, aunque bastante difícil de describir con palabras, ya que no fue de miedo, sino mas bien, de sorpresa, proseguida de una especie de escalofrío en la parte de la nuca y espalda (aunque muy distinto al miedo), piel de gallina y por último un movimiento corporal similar a cuando uno se quiere sacar de encima un insecto de nuestro cuerpo, con ese mismo movimiento, pero no así con la misma intención que con el ejemplo del insecto, intenté despegarme de esa entidad "creada en lo profundo de mi mente", y que había colocado su mano izquierda sobre mi hombro derecho. Inmediatamente después de ésta última reacción, esa presencia antropomorfa vestida de blanco desapareció, así como también el estupor que yo había sentido durante el momento de ese sueño con matices de realidad, transformándose dicha vivencia, -ahora ya despierto-, en un sentimiento de sorpresa primero, y de alegría después, debido a todo lo anteriormente comentado. La alegría en mi ser y la sonrisa en mi boca, dijeron presente al unísono, un instante después de despertarme y de analizar todo lo sucedido.

Ahora bien, ¿que causó que yo tuviera el sueño detallado en los párrafos precedentes? Y la respuesta a ello, pienso yo, se puede desprender de dos artículos que he escrito, ambos muy cercanos en el tiempo entre sí, -solo días-, que se corresponden con percepciones propias de la realidad, comparadas con eventos repetitivos que se han sucedido en el mundo y en el mismo momento de escribir las mencionadas dos publicaciones, y también se corresponden con vivencias propias de una situación muy especial, relacionada con mi adolescencia, y muy significativa con el concepto de Egregor.

Dichos dos artículos que, creo yo, fueron partes importantes a la hora de ser el protagonista pasivo del "sueño" respecto de esa presencia humana vestida de blanco, detallado en este escrito, los cuales se los adjunto en este link y en este otro link.

De todas maneras, mas allá de como entendamos lo que nuestra profunda psique nos quiera transmitir por medio de sus sueños, -o eventos vívidos, como el que ocupa el tema central de esta publicación-, debemos, en todo momento posible, estar atentos a dichos mensajes provenientes desde ese mundo onírico, aunque no los podamos decodificar completamente, pero sí el estar atentos a ellos, además de mantener el hábito enfocado en tratar de recordarlos siempre, ya que nuestra psique profunda, el inconsciente, -de los tres estadíos psicológicos-, es el que más sabe de nosotros mismos y es el que, indefectiblemente, nos dará los consejos necesarios, mediante el inevitable mecanismo de los sueños, a la hora de desenvolvernos de la mejor manera, en nuestra vida de vigilia... en nuestra vida real. 


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