24/6/13

La adversidad; esa suerte que nos juega en nuestra contra, por medio de una aplastante tenacidad y con un ímpetu imparable, la cual acecha a todas y cada una de las almas de nuestra madre tierra; no es mas que un proceso necesario para la maduración psicológica del ser humano. Sin la adversidad, no existirían las ideas, sin la adversidad, no existiría la innovación, sin la adversidad, no descubriríamos las inmensas potencialidades dormidas que posee el ser humano, sin la adversidad, no podríamos embarcarnos en nuevos desafíos, sin la adversidad, no seríamos capaces de enfrentar los problemas "imposibles de resolver", sin la adversidad, nos dormiríamos en un sueño eterno y autodestructivo de inacción e indecisión, sin la adversidad, no seríamos capaces de tener la mente enfocada en nuestra meta -mas allá de nuestros objetivos-, sin la adversidad, nuestra vida se reduciría a solo un simple y pasivo transitar por este mundo, sin la adversidad, este planeta, solo tendría sobre su superficie, interminables senderos formados por millones de pisadas indecisas e inactivas, que van y vienen desde y hacia todas las direcciones, sin saber cual es el fin del camino, de manera de poder llegar a comenzar uno totalmente nuevo, el de las propias decisiones y el de las propias acciones.

Aunque, la adversidad se presenta disfrazada de muchas maneras, una de las peores formas que tiene de acecharnos es cuando se muestra doblemente adversa respecto de un mismo suceso.

Ese suceso, como el que se detalla en el título de esta publicación, se caracteriza por ser doblemente adverso, y que relaciona al desempleo -y toda su problemática implícita- con la edad del desempleado -dejando de lado, por ahora, la experiencia y el profesionalismo del desocupado-.

Por lo tanto, esta doble condición adversa, llega a tal punto, de traer a su lado a otro sentimiento destructivo, y que es el de la incertidumbre. Entre los dos, conforman un cóctel explosivo, respecto del cual deberemos estar atentos al momento en que tal "conflagración" suceda, para saber como protegernos y actuar en consecuencia, o dejarnos "morir" en el intento.

Entonces -y lo he sentido, y lo sigo sintiendo, en mi propia carne- al suceso adverso de no tener trabajo, se le suma aquella incertidumbre, la que comienza a actuar con mas fuerza luego de los 40 años de edad, debido a que, nos vamos dando cuenta de que las empresas prefieren a personas mas jóvenes, sin importar -respecto de aquellas y no de estas- su maduración psicológica, su experiencia de vida, su experiencia laboral, su profesionalismo, su honestidad y el nivel de instrucción autodidacta y académica de la persona mayor de 40.

¿Para que sirve la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) entonces? ¿Para cumplir con las características que debe tener una determinada organización, de modo de tener mas impacto en la decisión de compra por parte de los potenciales compradores? ¿Pero, no es que este área está en las empresas para que sean SOCIALMENTE RESPONSABLES? Por lo que, para hacerle frente a esta doble adversidad, como la nombrada mas arriba, es que el ser humano construye ideas de donde "no existen" y de donde es "imposible sacarlas". Con lo cual, aquella afirmación "científica" de que el ser humano utiliza solo el 10% de su cerebro, nunca me lo he creído, y nunca cambiaré mi manera de pensar sobre ello. Y hasta es muy irrisorio ese concepto del 10%, ya que millones de años de evolución, dentro de los cuales se generaron 3 niveles o cortezas cerebrales, arribando al actual Neocortex o cerebro humano de nivel superior, para que solo utilicemos el 10% de éste!!! No lo acepto en absoluto.

Con todo esto, aunque continuemos eternamente con el trabajo de buscar trabajo, indefectiblemente debemos despertar, sin miedos ni límites, ciertas funciones cerebrales dormidas, que nos podrán dar, en primer lugar, una fuerte coraza para soportar el desempleo y la incertidumbre de los 40, y en segundo lugar, las alternativas a las que ya teníamos, para enfrentar a esta doble adversidad.

Cuando las nuevas ideas salgan a la luz, cuando nos digamos a nosotros mismos que tal o cual cosa lo podemos hacer, cuando nos convenzamos de que todos en este mundo -en mayor o menor medida- tenemos la misma capacidad cerebral, cuando aceptemos la idea de que si, antes de esta doble adversidad, éramos un administrativo, un matemático, un vendedor, un constructor, un programador de computadoras, y un largo etcétera, de ahora en más, podremos ser también, artistas de cualquier rama del arte, como ser, dibujante, pintor, músico, escritor, cantante, escultor, y otro largo etcétera. Con esto quiero decir que, lo que de algún modo éramos, y lo que de otro modo deberemos agregar a lo que éramos, lograremos utilizar un 99,9% de  nuestro cerebro, ya que en este mismo proceso de cambio, no solamente logramos usar las funcionalidades alojadas en los hemisferios derecho e izquierdo de nuestro cerebro, sino que también conseguimos adicionarle algo mas a lo que fuimos antes de quedarnos sin empleo, algo espiritual, y que tiene que ver con el propio autoconocimiento. El intentar ser mas de lo que ya somos por costumbre, por tradición, o por decisión propia o externa, sumado al conocimiento de nosotros mismos, estaremos utilizando nuestro cerebro al 100% y no al 10%. Pareciera que esa idea del 10% solo sirve como un efecto placebo, de manera de "tranquilizar" a las masas repitiendo mil y una veces esa mentira del 10%, con el objeto de mantenernos controlados, sin que sobresaltemos o nos superemos a nosotros mismos por medio de nuestros pensamientos y acciones. De ninguna manera debemos aceptar esa irrisoria idea.

Por supuesto, que tendremos voces y acciones en contra, ya que al querer superarnos a nosotros mismos, también, en alguna u otra medida, estaremos superando a los demás, o sea, solo a aquellos que alzan su voz de "¡Alto, no te superes!". Y paradójicamente esas personas son las que nos dan la fuerza, sin quererlo e indirectamente, para nuestra autosuperación. Si hacemos caso a estas voces, aquella doble adversidad, pasará a ser triple. Debemos saber también, de que aquellas voces o acciones en contra de nuestro camino hacia el 100% de potencialidad, solo quedan dentro de quienes las originan, y que no viajan volando hacia nosotros para hacernos el daño deseado. Y esas personas que nos quieren -posiblemente a veces sin desearlo- mantener en el 10%, en lugar de apoyarnos para llegar al 100%, a través de sus palabras y acciones, esas mismas palabras y acciones son las que los mantienen a ellos mismos en el 10%, ya que se autolimitan en su intento de limitar a los demás. Son los que lanzan el bumeran, pero también a los que éste retorna.

Entonces -y expresando todo lo anterior, desde mi punto de vista actual, sumido en esa doble adversidad y sin sentarme cómodamente en un sillón forrado con terciopelo azul comprado con "mis ingresos", mientras escribo esto- es que les expreso, por medio de estas humildes palabras, que no debemos parar de intentar de hacer cosas nuevas, ya que el único límite somos nosotros mismos -o bien, si hacemos nuestras aquellas palabras de los que nos quieren mantener en ese 10%- por lo que, el miedo no es una opción, y el límite nos lo pondremos nosotros mismos, y no los demás.

Y para finalizar, pongo un ejemplo práctico. Cuando comencé a escribir mi primer libro, tuve, además de las bienvenidas palabras de aliento, las antagónicas. Por ejemplo, una de las frases fueron: "...¿estás escribiendo un libro?... difícil que lo lea che... actualmente suelo leer a grandes escritores como García Marquez, Mario Benedetti, etcétera...", con lo que yo les respondo lo siguiente: "... aquellos autores que nombraste, si o si en algún momento de sus vidas han escrito la primer letra de la primer palabra de su primer libro o ensayo, y sumado a que no me considero para nada inferior ni superior a ellos, es que voy a escribir los libros que yo desee, y evolucionando e innovando durante ese proceso. Además, el hecho innegable de ser Grandes Escritores, es porque tienen una trayectoria desde que escribieron aquella primer letra de la primer palabra de su primer libro".

Yo elijo el 100%. ¿Y vos?



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